Viernes, 30 de mayo de 2008

DOMINGOO 9 DEL TIEMPO ORDINARIO / A

1 de junio de 2008

 

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros.

 

El domingo 11 de mayo concluimos el tiempo de Pascua, con la solemnidad de Pentecostés. Luego, en los dos últimos domingos, hemos celebrado las fiestas de la Santísima Trinidad y el Corpus. Y hoy, al comenzar el mes de junio, comenzamos también la larga serie de domingos que reciben el nombre de "tiempo ordinario", y que iremos siguiendo hasta que a finales de noviembre volva­mos a empezar el tiempo de Adviento.


En el tiempo ordinario no celebramos ningún acontecimiento ni ningún aspecto concreto de nuestra fe. Sino que celebramos lo que nos reúne aquí todos los domingos en la Eucaristía: que Jesús resucitado nos convoca, para escuchar su palabra y para participar de su mesa. Domingo tras domingo, escucharemos su evangelio y nos alimentaremos de su cuerpo y su sangre, para ofrecer en el mundo, con nuestra vida, el testimo­nio de su amor.

 

A. penitencial: En silencio, oremos y preparémonos para esta celebración.

 

Tú, que eres el camino que nos conduce al Padre. SEÑOR, TEN PIEDAD.

Tú, que eres la verdad que ilumina a la humanidad entera. CRISTO, TEN PIEDAD.

Tú, que eres la vida que renueva el mundo. SEÑOR, TEN PIEDAD.

 

1. lectura (Deuteronomio 11,18.26-29.32): En los domin­gos del tiempo ordinario, vamos siguiendo, página tras página, la lectura de uno de los evangelios. Este año corresponde el de Mateo. Y ahora, esta primera lectura del Antiguo Testamento, nos prepara para el mensaje de Jesús que luego escucharemos. Hoy es una potente invitación a seguir los caminos de Dios, los caminos que nos ha enseñado Jesús.

 

2. lectura (Romanos 3,21-25a.28): En los domingos del tiempo ordinario, en la segunda lectura, vamos leyendo los fragmentos principales de las cartas apostólicas. Hoy comenzamos la lectura de la carta de san Pablo a los Romanos, que escucharemos durante bastantes domingos, y nos ayudará a reflexionar sobre nuestra fe y sobre la salvación que hemos recibido.

 

Oración universal: Presentemos al Padre nuestras plegarias, com una mirada muy amplia hacia el mundo entero. Respondamos diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE:

 

Para que la Iglesia sea siempre, en medio del mundo, semilla de fraternidad y de esperanza. OREMOS:

 

Para que crezcan entre nosotros las vocaciones a la vida sacerdotal, diaconal y religiosa. OREMOS:

 

Para que nuestros gobernantes, y los gobernantes de todo el mundo, tengan como primera preocupación el bienestar de los pobres y necesitados. OREMOS:

 

Para que los enfermos se sientan acompañados en su dolor. OREMOS:

 

Para que todos nosotros experimentemos, cada día más, el gusto de la oración y de la relación personal con Dios. OREMOS:

 

Escucha, Padre, nuestra oración, haz que nuestra vida se sostenga sobre la roca firme del evangelio, y derrama tu amor sobre los hombres y mujeres del mundo entero. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Padrenuestro: Fieles a la enseñanza de Jesucristo, ahora, antes de comulgar, nos atrevemos a decir:


Publicado por verdenaranja @ 23:08  | Liturgia
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