Domingo, 01 de junio de 2008

Comentario a las lecturas del domingo noveno del tiempo ordinario publicado en el Diario de Avisos el 1 de Junio de 2008, bajo el epígrafe "el domingo, fiesta de los cristianos.

La joya falsa

DANIEL PADILLA

No recuerdo en este momento títulos concretos. Pero todos hemos  visto películas, de mayor o menor suspense, en que unos ladrones, creyendo llevarse una joya de gran valor, se llevan una copia, una imitación.

 

Hay cosas verdaderas y falsas. Los directores de pelí­culas nos engañan a menudo. Cuando en un plano vemos la destrucción de una torre -"El coloso en llamas"-, o de una población entera, lo que allá en realidad se derrumba es una maqueta. Pues bien, de estas cosas habla el evan­gelio de hoy.

 

Jesús decía: "El que escucha mis palabras y las pone en práctica, se parece a aquel hombre prudente que edi­ficó su casa sobre roca". Naturalmente, nos estaba previ­niendo contra ese riesgo que tenemos los hombres: el de engañarnos a nosotros mismos y el de engañar, encima, a los demás. Ya que, el que no edifica así, "cuando venga la lluvia y se salgan los ríos y sople el viento y rompan con­tra la casa, se hundirá". Los ejemplos están a la orden del día: viviendas humildes, grandes edificios o presas mayúsculas que se derrumban estrepitosamente, por no haberse utilizado ni los materiales ni las técnicas apropia­das.

 

Ahí andamos los hombres: queriendo ser "auténticos", queriendo ser "nosotros mismos", queriendo poseer una rica personalidad.

¿Qué es tener personalidad? -pregunta el profesor.

No dejar que me manipulen -contesta el alumno.

 

Y, sin embargo, aunque todos lo sabemos y lo procla­mamos, nunca como en el día de hoy hemos tenido tanto la sensación de ser manipulados, de ser utilizados como "conejillos de indias".

 

Vean el mundo del consumismo. Y el de la política. Y el de la sociedad del bienestar. Nos lanzan sus tentáculos en llamadas insistentes y embriagadoras. La propaganda invade nuestra vida de tal manera que "en ella vivimos, nos movemos y existimos". Dejarnos arrastrar en ese "tio­vivo" ¿es construir "sobre roca" o será, más bien "sobre arena"? ¿Cómo distinguir la joya verdadera de la falsa?

 

Escuchen a Jesús: "El que escucha mis palabras y las pone en práctica es el que construye sobre roca".

 

"Conocer sus palabras" lo primero. Es decir, estar atento a la Palabra de Dios. Poco a poco va llegando la Bi­blia a nuestras casas. Hemos aprendido ya que "la liturgia de la palabra" es una parte sustancial de la eucaristía, en la que Dios nos habla e interpela. No es extraño ver que nuestras reuniones se centran, cada vez más, en un pasaje bíblico que nos lleva a la reflexión. Van surgiendo también grupos de oración, vigilias entusiasmadas y concentracio­nes de jóvenes que "escuchan la Palabra de Dios". Pero hace falta, "ponerla en práctica". Porque "no entrará en el reino de los cielos el que dice "Señor, Señor" sino el que cumple la voluntad de mi Padre". Nos enseñaron a hacer meditación, sí. Como medio de unión con Dios y como alimento de nuestra alma. Pero nos recalcaron hasta la sa­ciedad que no la termináramos nunca sin haber hecho an­tes un propósito de vida, un propósito concreto. Más to­davía. Para que ese propósito no quedara en "agua de bo­rrajas" nos urgieron el posterior "examen de conciencia". En él, al final de cada jornada, constataríamos si nos habíamos quedado en el “Señor, Señor” o habíamos llegado a “hacer su voluntad”.

 

Ese es, amigos, el “a Dios rogando y con el mazo dando” del evangelio de hoy. Eso es “construir sobre roca”. Lo demás es ir por la vida con “la joya falsa”.


Publicado por verdenaranja @ 11:19  | Espiritualidad
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