Martes, 03 de junio de 2008

Testimonios de una vida ejemplar, como homenaje a este hombre singular, enviados por Carlos Peinó Agrelo Peregrino, Cursillista, Colaborador en la redacción de la Positio super virtutibus del Siervo de Dios.



La Fe, como experiencia de Dios

 

Manuel Aparici Navarro es un hombre de profunda vivencia de Fe. La alegría de su fe está fundamentada en la Divina Revelación contenida en las Sagradas Escrituras. En sus meditaciones en torno a la Palabra de Dios asume una actitud de búsqueda de la verdad en todo aquello que se refiere a Dios, a la Iglesia, al Magisterio Pontificio. Es el hombre que se deja conducir por la ley divina y a pesar de sentirse indigno ante la mirada de Dios decide consagrar su vida en un auténtico seguimiento a Jesucristo; en una conversión profunda que le lleva al compromiso de dedicarse generosamente al servicio de Cristo en la Juventud de Acción Católica.

Fruto de la autenticidad de su fe es la gran motivación de su vida: «Hacer de la juventud de España e Hispanoamérica Vanguardia de Cristiandad». En el crecimiento espiritual de su vida destacan estas motivaciones: servir con alegría, compartir con generosidad, ser víctima concrucificado con Cristo, comunicar el amor y el entusiasmo de su experiencia íntima con Cristo a los jóvenes.

 

Fe vivida, Fe celebrada

 

Su fe es robustecida por la participación y celebración de la liturgia que viene a ser como el culmen de su actividad apostólica y al mismo tiempo la fuente donde mana toda su fuerza espiritual. El centro de su vida es la Eucaristía. En este sacramento ve el medio propicio para alcanzar la perfección y perseverar en la amistad de Dios. Para ello, establece la frecuencia de recibir la Sagrada Comunión diariamente, porque recibir a Jesucristo en la Eucaristía significa para él adentrarse en una paz interior que le convierte en fácil y deleitoso el camino de la perfección y su deseo de santidad.

 

Fe alimentada por la Oración

 

Las verdades de fe las va descubriendo y asimilando en sus momentos de meditación, y alta contemplación, en la oración mental inspirada en el diálogo amoroso con el Amado. Sus momentos de oración son como el gran espacio de una comunicación confidencial en el que brotan pensamientos santos, se enciende su devoción y afecto por sentirse víctima del amor de Dios, se fortalecen sus grandes deseos, ideales en particular de responder al grito de dolor de Jesús en la Cruz: «SITIO». Es en la intimidad de la oración en la que se forman sus propósitos inquebrantables de entregarse del todo a Dios; en ella su alma sacrifica a Dios todos los afectos terrenos y todos los apetitos desordenados. Lo único que a Manuel Aparici Navarro le conforta en la oración es buscar continuamente la manera de cómo agradar a Dios; es decir, sólo conocer cuál sea su voluntad y pedirle la necesaria ayuda para cumplirla.

Tenemos que destacar especialmente sus retiros espirituales, el deseo de retirarse para vivir momentos de oración, para tratar a solas con Dios y en actitud de escucha contemplativa delante del Sagrario.

 

Fe en la Iglesia y Obediencia al Magisterio Eclesiástico

 

Manuel Aparici Navarro es un hombre de su tiempo. El amor a la Iglesia nace en el corazón de Manuel Aparici bajo el impulso de  su amistad con Jesucristo. Es el peregrino que quiere abrir camino en una Iglesia peregrina en medio del mundo, considerada sacramento de salvación para todos los hombres. Su visión universal del misterio de salvación, es su gran preocupación; tienen especial mención los pueblos Hispanoamericanos que esperan la gran cruzada de evangelización.

Como se puede ver en sus escritos hay un apasionado sentimiento y servicio de la Iglesia concreta y peregrina de esta tierra; pero también con una gran visión de futuro. De ahí que cuando leemos la Carta Apostólica «Tertio Millennio Adveniente» de Juan Pablo II también podríamos decir con certeza que esta afirmación fue su gran inquietud:

 

«En el camino de preparación a la cita del 2000. (...). El tema de fondo es el de la evangelización, mejor todavía, el de la nueva evangelización (...) nacen de la visión conciliar de la Iglesia, abren un amplio espacio a la participación de los laicos, definiendo su específica responsabilidad en la Iglesia, y son expresión de la fuerza que Cristo ha dado a todo el Pueblo de Dios, haciéndolo partícipe de su propia misión mesiánica, profética, sacerdotal y regia.

... La preparación del jubileo del Año 2000 se realiza así en toda la Iglesia, a nivel universal y local, animada por una conciencia nueva de la misión salvífica recibida de Cristo. Esta conciencia se manifiesta con significativa evidencia en las exhortaciones postsinodales dedicadas a la misión de los laicos, a la formación de los sacerdotes, a la catequesis, a la familia, al valor de la penitencia y de la reconciliación en la vida de la Iglesia y de la humanidad y, próximamente , a la vida consagrada».

 

Todas estas afirmaciones que hace su Santidad el Papa Juan Pablo II, en su Carta Apostólica, son actitudes asumidas y realizadas por Manuel Aparici inspirado en la escucha atenta y respetuosa al Magisterio de la Iglesia promulgado por los Pontífices, entre ellos: Pío XI y Pío XII.

Por ello, precisamente, en el momento de aportar nuestro informe sobre el Siervo de Dios, cabría insistir en que, a pesar de ser un hombre de su tiempo,  su actualidad para la Iglesia no ha decrecido en esta difícil coyuntura de finales de siglo.

Sí, Aparici, siendo hombre de su tiempo, es, a la vez, actual por la urgencia con que nuestra sociedad necesita de esa «Vanguardia de Cristiandad» que en aquellos años de guerra y postguerra él alentó. Bien claramente exponía dicha necesidad cuando escribía:

 

«Los caminos de la gracia son semejantes a los del pecado. El pecado lo penetra todo: Estado laico; la gracia debe informarlo todo: Estado católico. En España vino el comienzo de la regeneración por una institución que era: individuo, familia, orden social, y nación ..., la regeneración del mundo debe venir por España, una Cristiandad».

 

La actitud de Manuel Aparici, en este aspecto como en otros, se inspiró siempre en la escucha atenta y acogida generosa de las directrices del Magisterio de la Iglesia. Directrices que condujeron al compromiso de «Cristiandad ejemplo», compromiso que desde entonces movería la peregrinación a Santiago. A punto de celebrar el 50 aniversario de aquella magna concentración juvenil a los pies del Apóstol de los Peregrinos, constatamos cómo la actual llamada de Juan Pablo II a la Nueva Evangelización coincide con ese ideal peregrinante, del cual Manuel Aparici es modelo acabado y actualísimo.

En sus escritos encontramos ya el concepto de Iglesia Cuerpo Místico de Cristo, Pueblo de Dios que peregrina en el mundo hacia el encuentro del Padre; y la figura de Iglesia Reino de Dios que crece y se renueva en santidad.

Profesó siempre un amor grande y un respeto sagrado y especial al Ministerio Jerárquico, a todas la autoridades de la Iglesia: desde el Sumo Pontífice, los Obispos, Párrocos, sacerdotes, superiores, director espiritual, seglares y laicos comprometidos al servicio de la Iglesia considerada como Madre e instrumento universal de salvación, Maestra inefable y depositaria de la verdadera fe; dispensadora de la gracia de los sacramentos; por esta Iglesia se sentía miembro vivo, activo y luchador.


En cuanto a la fidelidad al Magisterio Eclesiástico, su mística y preparación intelectual, filosófico-teológico le conducía a observar las Constituciones y Decretos promulgados por la legítima autoridad de la Iglesia, para proponer de esta manera una sana doctrina a las almas sedientas de autenticidad. Tienen sus escritos especial mención a Santo Tomás, San Agustín, Santa Teresa, a quien llama la Madre de España, y San Juan de la Cruz, entre otros. Toma de ellos su doctrina para iluminar sus mensajes y reflexiones en favor de la Acción Católica.



Publicado por verdenaranja @ 23:57  | Espiritualidad
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