Domingo, 08 de junio de 2008

Testimonios de una vida ejemplar de sacerdotes, religiosos y religiosas, enviados por Carlos Peinó Agrelo Peregrino, Cursillista, Colaborador en la redacción de la Positio super virtutibus del Siervo de Dios

  

MANUEL APARICI


Testimonios de una vida ejemplar de sacerdotes, religiosos y religiosas como homenaje a este hombre singular

 

 

Junio, 2008

Mes del Sagrado Corazón de Jesús

 

 1.      Ilmo. Sr. D. Rvdo. D. Francisco Parrilla

Vicario General del Obispado de Málaga en nombre del Sr. Obispo, convaleciente entonces de dos operaciones quirúrgicas

 

         «Cuenten con nuestras oraciones para que pronto podamos tener la alegría de ver como nuevo Beato de la Iglesia a Manuel Aparici» .

 

2.      Mons. Jesús Espinosa Rodríguez

Protonotario Apostólico

 

         «Le he visto por primera vez y lo he tratado con motivo de una Asamblea Diocesana de la Juventud de Acción Católica, de Túy, celebrada en la villa de Bayona. La Asamblea se celebró dentro de la espaciosa Iglesia Colegiata de la Villa en el verano de 1.935. Había entonces un ambiente de persecución que se conoció por la asistencia de algunos guardias de asalto en el templo.

         »Allí habló Aparici, como Presidente Nacional de la Juventud, y me llamó poderosamente la atención por su palabra ardiente y decidida en la defensa de los intereses del Reino de Cristo.

         »Más tarde se hizo sacerdote. Le he visto y saludado en un Colegio de Salamanca. Siempre me llamó la atención su criterio sobre la marcha del apostolado.

         »El recuerdo más grato e inolvidable para mí ha sido una tanda de Ejercicios que ha dado en la Casa Diocesana de Túy a los sacerdotes del Obispado. Con gran claridad y una cierta novedad en la exposición, dejaba una impronta de celo sacerdotal y espíritu apostólico dignos de admiración.

»Guardo con interés unos datos de las ideas por él expuestas y que me sirven de reflexión.

         »Más tarde, en un viaje que hice a Madrid, me enteré de su enfermedad, que me parece que fue la que le llevó al sepulcro, y me dijeron que sus padecimientos fueron singularísimos, soportando él con gran paciencia el malestar y las dolencias correspondientes».

 

SANTOS EJERCICIOS


Casa de Ejercicios «Nuestra Señora de Fátima», de Túy

Del 19 al 26 de enero de 1.953

Dirigidos por el Rvdo. D. Manuel Aparici

Consiliario del Consejo Superior de los Jóvenes de Acción Católica

 

*       «Muchas veces una vida ya larga que, espiritualmente hablando, ha sido perdida es una permisión de Dios y sirve de base profundamente humilde para una vida después santa».

*       «Cristo, en la tentación, no dobló su rodilla ante Satanás; pero, en el Cenáculo, ante Judas (que tenía a Satanás en el corazón) la dobló para ganar aquella alma».

*       «En pleno sol del mediodía no pueden verse las manchas del sol. Así, al contemplar el sacerdocio en la plena luz de su grandeza no podremos reparar en las pequeñas manchas de algún sacerdote».
*       «No soy para las criaturas. Son las criaturas para mí».

*       «Tenemos que hacernos indiferentes porque no lo somos».

*       «El amor de Dios nos sale a cada paso, en cosas, circunstancias, penas, etc. Acostumbrémonos a verlo así».

*       «Gracias a Dios, en España todos se rinden ante una sotana bien llevada». (Pensamiento de D. Ángel Herrera).

*       «¿Cuántos mueren cada día ? …

          »¿Cuántas Misas se celebran? …

          »¡Qué consuelo! …».

*       «Si quedan pocas páginas del libro de nuestra vida podemos escribir en ellas todo lo que debería haberse escrito antes con tal que se haga con letra más apretada, CON MUCHO AMOR DE DIOS».
*       «Servir a Dios con paz y alegría».

*       «Dios es el Dios de la paz».

*       «Obedecer, sonreír, callar».

*       «Que sólo el amor es mi ejercicio» (S. Juan de la Cruz).

*       «Mi alma se ha empleado

»y todo mi caudal a su servicio:

                   »ya no guardo ganado,

                   »ni tengo ya otro oficio,

                   »que sólo el amar es mi ejercicio».

*       «¡El Apostolado! Es el rayo de sol (amor de Dios) que se recibe en nuestra alma, y, desde ella, limpia y bruñida, se lanza sobre las almas que se deslumbran así».
*       Dijo el Cardenal Mercier: «Si sembramos Dogma recogeremos virtudes».

*       «Necesidad de sobrenaturalizarlo todo en la vida.

                   »Hay que dejarse amar de Dios.

                   »Hay que pensar más en el amor de Dios a mí que en el mío a Él».
*       «Juzgar benévolamente a los demás.

»Si ellos dan fruto como cuatro yo debo pensar que no recibieron gracias más que para eso. En cambio, si yo doy fruto como 450, pero recibí gracia para 500, quedo por debajo».

*       «La impaciencia es divina. Nace del amor. La prisa, no, porque nace del temor y se mide contra reloj. El Espíritu Santo nunca llega tarde».

*       «Dios nos revela sus verdades valiéndose del modo de hablar y demás elementos humanos del hagiógrafo. Así nosotros debemos actuar con el prójimo cuando queremos llevarle al conocimiento de Dios. Valernos de su lenguaje, etc.».

*       «¡El estudio! No lo abandonemos nunca».

*       «La vida cristiana no es propiamente la imitación de Cristo, sino la reproducción en nosotros de la vida santísima del Redentor».

*       «La santidad consiste en la unión del alma con Dios por el amor».

*       «En las penas y aflicciones pensar en la agonía de Jesús, ahondando en este misterio. Nos sentiremos confortados».

*       «Tres posturas ante la agonía de Jesús: a) ángel consuelo; b) apóstol traidor; c) apóstol dormido. De los apóstoles dormidos, sin embargo, uno dio la vida por Jesús y no quiso ser crucificado sino cabeza abajo por considerarse indigno de morir igual que el Maestro; otro, fue el primero que derramó su sangre por el Señor; y otro quedó constituido custodio de María, apóstol del amor y sufrió el martirio de aceite hirviendo.

»El gran pecado de Judas fue no creer en el amor de Jesús. Si al ser llamado amigo se hubiera echado a los pies de Jesús … seguramente, ¡qué santo hubiera sido!».

*       «Pío XII dice que hagamos sólo lo que podemos hacer bien, y que hagamos todo el bien posible».

*       «En el Congreso de Pax Romana, el Sr. Obispo de Málaga, D. Ángel Herrera, dijo que para dar solución al problema de la situación actual del mundo hacen falta místicos, porque son necesarias prudencia infusa y caridad infusa».

*       «A MARIA quiero profesar devoción profunda, constante, ardiente, con base teológica que procuraré ir estudiando atentamente».

*       «Seguir siempre las directrices del director espiritual».

*       «”Diligente»”, participio activo del verbo “diligere” (amar), indica que el que ama debe estar dispuesto a hacer lo que el amado quiera, pronto».

*       «Jesús mío: ¿Quid me vis facere?

»Que viva yo siempre de tu fe y de tu amor. Sino, llévame a Ti, que la vida no la quiero sino para ser tuyo.

*       »Virgen  Santísima,  San José, Santos Protectores, Ángel de mi guarda, interceded por mí».

 
3.      Ilmo. Sr. D. José Luis Huéscar Cañizal

                   Vicario Episcopal de la Archidiócesis de Madrid

 

         «[...] Estoy seguro de que su vida y testimonio son un estímulo para que muchos sigan la llamada del Señor con fidelidad y entrega siempre renovadas».

 
4.      Ilmo. Sr. D. Jesús Martín

                   Vicario Episcopal y Párroco de San Julián, Toledo

 

         «Con mucho gozo recibí hace tiempo el libro sobre D. Manuel Aparici “Capitán de Peregrinos” [...] y otros documentos de gran interés para mí. Se lo agradezco de veras. Yo siento un cariño y una especial valoración sobre Aparici. ¡Qué gran apóstol seglar, que extraordinario sacerdote! Me ha hecho mucho bien su lectura y “meditación”. ¡Ojalá todo lo proyectado y su próxima glorificación sea una realidad! Servirá de testimonio para la evangelización que hoy tanto  necesitamos  y  de  un  profundo estímulo y acicate en nuestro camino hacia la santidad [... ]».

 

5.      Ilmo. Sr. D. José Antonio Navarro Marín

                   Canciller Secretario del Obispado

                   de Alcalá de Henares en nombre del Sr. Obispo

 

         «Deseando que la Causa de Canonización llegue a feliz término, por el bien de la Iglesia Universal y, en especial, por la de Madrid [... ]».

 
6.      Ilmo. Sr. D. Manuel Cuesta Palomero

                   Obispado de Salamanca

 

         «[...] Sigue él haciendo el bien después de su muerte. Pido al Señor que la Causa de Beatificación avance [...]».

         «[...] Encomendándome siempre a “Manolo Aparici!, que su recuerdo aún perdura en la ciudad de Salamanca [...]».

         «A todos los que con tanto celo trabajáis en la Causa de Beatificación y Canonización de Manolo Aparici, os deseo unas santas fiestas de Navidad [...] y pido al Señor que pronto veamos a este apóstol de la Acción Católica en los Altares [...]. ¡En Roma estaremos! Con un fuerte abrazo».

 

7.      M.I. Felipe Tejederas Porras

                   Canciller Secretario, Delegado de Liturgia y Maestro de

                   Ceremonias. Canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba

                  

         Trató a Manuel Aparici desde 1952 hasta prácticamente su muerte. En 1956 fue llamado por el Siervo de Dios para ocupar la Consiliaría Nacional de Aspirantes. Así estuvo trabajando al lado del Siervo de Dios durante 13 meses hasta que en marzo de 1957, por la muerte de su padre, su Obispo dispuso que se quedase en la Diócesis. Durante ese tiempò participó con él en varios Cursillos de Cristiandad, y desde 1957 hasta casi su muerte le visitó varias veces, al principio en el Consejo Superior y después en su casa.

         No obstante, aunque cercana y prácticamente diaria durante trece meses y relativamente frecuente durante ocho años, su relación con él no fue íntima ni profunda, dada su juventud e inexperiencia y el respeto que le imponía su figura, gigantesca para él, a pesar de la confianza que éste le brindó desde que le conoció, pero en aquel tiempo la diferencia de edad (23 años) distanciaba mucho, al menos en su caso y por su carácter tímido.

«Considera al Siervo de Dios entre las personas virtuosas que conoció a lo largo de su vida sacerdotal, y lo prueba el hecho de que le ha servido de referencia y lo ha citado en muchas ocasiones, tanto en la conversación privada como en la dirección espiritual de jóvenes, como en la predicación [...].

»Le oí contar en más de una ocasión que, estando ya “tocado” por el Señor, consultó a su director espiritual […] sobre si podía asistir a cierto baile (ya sabemos como se valoraba este tema en el ambiente juvenil/religioso de entonces) y que el sacerdote le dijo: “Sí, con tal de que antes estés una hora de oración ante el Sagrario”. Así lo hizo, y el contraste que experimentó entre una cosa y la otra, fue muy decisivo para él [...].

»También le oí contar varias veces que hizo Ejercicios Espirituales, él solo, bajo la dirección del célebre P. Nieto, S.J.; y que a cada cosa que el ejercitador le decía, el Siervo de Dios comentaba para sus adentros: “Esto no lo dice para Fulano o para Mengano, porque no hay nadie más que yo. Esto es para mí”. Y que le hizo gran fruto.

»Le oí referir elogiosamente la frase de aquel joven de Acción Católica que hallándose en el paredón para ser fusilado, preguntó: “¿Quién va a disparar sobre mí?” a lo que uno de los milicianos del piquete, adelantándose, contestó: ¡Yo! Y el joven de Acción Católica: “No sólo te perdono, sino que te abrazo, porque hoy me vas a abrir las puertas del cielo”. Y el Siervo de Dios vivía intensamente estos rasgos de sus compañeros, como se apreciaba visiblemente en la emoción con que los relataba. Como cuando refería, para resaltar la eficacia del sacramento de la Unción de enfermos, la frase -creo que también del Ángel del Alcázar-: “Yo estoy mal, no hay parte de mi cuerpo que no me duela; pero a ti, Jesús, te encuentro muy bien. SOY FELIZ”. Difícilmente olvidaré (y han pasado unos 40 años) la emoción con que Manolo Aparici vivía esos relatos.

»[...] Lo vi celebrar con gran unción y fervor la Santa Misa y con igual unción hacía las abundantes citas bíblicas en los “rollos” de Cursillos de Cristiandad.

»De su personalidad humana y cristiana, puedo destacar su espíritu de trabajo y de sacrificio. En cuanto al apostolado laical, comprobé que lo valoraba grandemente, así como la obediencia a la Jerarquía, que subrayaba con frecuencia, impartiéndonos criterios válidos entonces y ahora.

¿Razones para ver oportuna su canonización, más aún, para desearla? Aparte del afecto, la admiración y veneración (salvo lo dispuesto por Urbano VIII) que le profeso, y el estímulo que podría suponer para los jóvenes en un tiempo de renovación de la Acción Católica y del espíritu peregrinante, el testimonio de su entrega: primero como Militante y Dirigente de la Juventud de Acción Católica Española y después como Consiliario. Y como enfermo.

»En su modo de hablar (tanto en la conversación privada como en la predicación) se le notaba un gran espíritu de fe. Podría decirse de él que era “un amasijo de fe”.

»Siempre le aprecié gran afición a la oración y la práctica asidua de ella. La recomendaba vivamente y en su propia oración y oraciones se le notaba gran fervor y devoción.

         »No recuerdo quién (pero sí que se trataba de una persona cualificada y que le conocía bien) me dijo: “Manolo quizá no sepa mucha Teología, pero la vive profundamente”.

»Le oí varias veces esta frase (no sé si original suya o tomada de alguien): ”No merece el nombre de apóstol quien no haya llorando pensando en las almas que se pierden”. Y ciertamente su modo de vivir estaba en línea con eso. Más de una vez lo vi emocionarse profundamente al tocar este tema.

»Su oración y su modo de celebrar la Santa Misa eran ejemplares. Muchas veces me ha servido de estímulo el recuerdo de sus palabras y ejemplos para mi oficio de Consiliario de la Juventud de Acción Católica, de Acompañante espiritual de jóvenes (en mis ya 44 años de sacerdocio ministerial) y sobre todo en mis 9 años (1983/92) de director espiritual de los Seminarios Diocesanos Menor y Medio.

»Resplandecían en él los motivos sobrenaturales en el ejercicio de la prudencia, de la que varias veces le oí hablar con encarecimiento y lo vi practicar en situaciones delicadas [...].

»Quiera el Señor [...] que podamos venerarlo siquiera como Beato».

 

         «Pero esta ampliación que les envío [foto de Manolo con un grupo de jóvenes de nuestro Consejo Diocesano de Acción Católica, al terminar unos Ejercicios que les dirigió en la Cuaresma de 1952 (yo todavía no me había ordenado)] es la misma que tuve enmarcada y colgada en mi despacho de Consiliario Diocesano hasta mayo de 1959, que cesé en el cargo. Desde entonces la he tenido guardada.

         »Como mi enfermedad es irreversible, estoy repartiendo muchas de las cosas que tenía. Y creo que esta foto donde mejor puede estar es en poder de ustedes.

         «Aprovecho para pedirles que, por favor, me envíen unas cuantas estampas con reliquia de Manolo [tela tocada a su cuerpo], que será bueno repartir entre antiguaos conocidos».

         «Acabo de recibir su anunciada y esperada carta [...]. Y que decir tiene que mientras la leía he tenido colocada la reliquia sobre la parte de mi brazo donde más suele apretar el dolor; y que no he podido evitar las lágrimas durante todo el rato.

         »Les agradezco inmensamente este obsequio, que se puede calificar de reliquia insigne [...].

         »Esta misma tarde encargaré a mi sobrina que me haga un dispositivo especial para podérmela colgar al cuello, al menos durante bastante rato al día.

         »Al leer la frase que me transcribe dirigida por Manuel Aparici de la Hna. Rivera, me ha venido a la memoria otra idea paralela que escuché de sus labios en más de una ocasión. Era aproximadamente así: “La Cruz de Cristo, mirada por nosotros, al revés, nos parece oscura, negra; pero cuando la miramos por la verdadera cara, es blanca y luminosa”.

         «No cabe duda que la vida de Manolo despide desde Cristo luz suficiente para iluminar la nuestra [...]» [10].

 

         Varias veces ha celebrado la Santa Misa en la capilla de nuestra sede donde descansan los restos del Siervo de Dios.

 

8.      Rvdo. D. Miguel Benzo

                   Consiliario de la Junta Nacional

 

Y «aquel hombre de cuarenta años –escribe en ECCLESIA– emprendió alegremente la trabajosa subida de las declinaciones latinas, los razonamientos escolásticos y los textos teológicos [12]. De la habitación helada, y los largos pasillos recorridos en dos filas. De las escaleras trabajosamente barridas, y de los grasientos mandiles en el servicio del comedor. De la silenciosa hora en la capilla y de los ingratos exámenes, que a sus compañeros, en plena edad de estudios, les eran más fácil superar con brillantez».


9.      Rvdo. D. Demetrio Pérez Ocaña

 

         Conoció a Manuel Aparici cuando éste ingresó en el Seminario y lo trató hasta el año de su ordenación sacerdotal en 1947. Son de la misma promoción.

«Quizá no era muy inteligente, pero era muy constante y asiduo en el estudio. La dificultad para él era el latín [...], luego ya se defendía. La disciplina del Seminario [...] era dura para todos; debería de serla más para él dada su edad y el haber vivido en el mundo con independencia y libertad en el actuar, en el trabajo; sin embargo, se adaptó muy bien a la vida y la disciplina del Seminario, y era verdaderamente ejemplar en el cumplimiento de sus deberes como seminarista.

»Deseaba prepararse lo más completamente posible en su formación espiritual y en su formación doctrinal. Se preparó con la ilusión con que todos los seminaristas nos preparamos para ese momento tan deseado de la ordenación sacerdotal y la primera Misa.

»Era un hombre de fe evangélica, manifestada en sus palabras y en sus obras. Yo le vi siempre, en el Seminario, un hombre muy equilibrado, sin cambios, siempre buscando la santidad y la perfección, y esto movido por su espíritu de fe [...]. Además, proyectaba su fe en los demás, y ayudó a seminaristas en crisis, con su oración y con su testimonio de fe.

»La tónica dominante de toda su vida fue un acto de fe continuo. Podríamos aplicarle las palabras de San Pablo: “El justo vive de la fe”.

»Dio testimonio de [...] esperanza con palabras y obras; para él su vida era llegar al ministerio sacerdotal, y su esperanza la tenía puesta en la posesión de Dios, como fruto de la pasión y muerte de Jesús [...]. Era un hombre de gran ilusión, de gran esperanza.

»Si destaco la fe y la esperanza [...], de forma especial tengo que destacar la virtud de la caridad: amaba a Dios con todo su ser y con todas sus fuerzas. Estoy convencido de que él trabajó para que toda su vida fuera un acto de amor de Dios, que se manifestaba en su vida interior, su vida de oración; vivía esa presencia de Dios y era ejemplar por su vida y espíritu de oración, por el recogimiento que se veía en su expresión, recogimiento de sentidos, y le gustaba meditar, sobre todo, la Sagrada Escritura [...]; se alimentaba con la lectura espiritual, sobre todo de Santa Teresa, de San Juan de la Cruz y de San Juan de Ávila, al que tenía una gran devoción.

»Lo que más destacaría de D. Manuel Aparici es su amor a Dios y su amor a la Santísima Virgen.

»Vivía los problemas de los demás seminaristas. Por su edad y por su madurez se ganó la confianza de muchos seminaristas, que acudían a él para expresarle o manifestarle sus problemas vocacionales y recibir de él su ayuda y consejo. Recuerdo el comentario de alguno de sus compañeros que decían: “Hace competencia al director espiritual del Seminario, D. José María García Lahiguera”, de quien actualmente está abierto el proceso de beatificación; pero puedo asegurar que no estaba en su mente invadir el campo de D. José María.

»Puedo decir que en el Seminario era prudente en sus juicios [...]. Cuando en el curso había alguna decisión de los Superiores que no nos agradaba o no entendíamos, él siempre puso su nota y consejo prudentes [...].

»Fue ejemplar en el cumplimiento del Reglamento del Seminario; por su edad, y debido a los cargos tenidos, pudo tener algún privilegio en el Seminario: de habitación, de horario, y sin embargo él no quiso, y cumplió el Reglamento como un simple seminarista. Cuánto más, los Mandamientos de Dios y de la Iglesia.

»Era un hombre equitativo y justo, siempre sabía quitar importancia a las faltas que pudiéramos cometer los seminaristas, manifestando con esto su caridad y también su justicia.

»Aunque físicamente no podemos decir [...] que era un hombre fuerte, espiritualmente tenía la virtud de la fortaleza, y sabía afrontar los problemas propios de la vida de comunidad con un tono de alegría cristiana; no se amedrentaba ante los problemas, era un hombre fuerte ante las dificultades que se le presentaban en el estudio, en la salud y en el trato con la vida de comunidad. Hay que tener en cuenta que, quizás, a los “revalidistas” (vocaciones tardías) no se les acogió con caridad y espíritu abierto pensando que ellos por su edad, por sus estudios, iban a eclipsar la vida de los seminaristas que a corta edad habíamos ingresado en los Seminarios; sin embargo, Manuel Aparici supo ser paciente y fuerte y nos hizo cambiar esta mentalidad, aceptándoles en plenitud, y supo granjearse la estima y admiración de los seminaristas jóvenes.

»Por su edad y por su formación había temas que, podríamos decir, que Manuel Aparici tenía superados, logrando un dominio de las propias inclinaciones naturales, de sus pasiones. Era parco y austero en la comida y en el descanso y seguía el régimen de alimentación que teníamos en el Seminario, que por las circunstancias de la época, final de nuestra Guerra Civil y años de la segunda guerra mundial, fueron más bien escasos, hasta el punto de que los Superiores permitían que los familiares enviasen a los seminaristas bolsas con alimentos. No recuerdo que [...] que hubiera recibido bolsa alguna [...].

»Tenía espíritu de pobreza, y no manifestaba apego a las cosas.

»Era [...] obediente al Reglamento del Seminario y a las normas que los Superiores daban; obedecía los distintos tiempos de estudio, de oración y de recreo. Además, como en él buscaban consejo los seminaristas, siempre influía en nosotros para que viviéramos la obediencia, virtud vivida por el Señor, y recuerdo que citaba la frase de la Escritura: “Fue hecho Jesús obediente hasta la muerte y muerte de cruz”.

»Su vida [...] fue limpia [...]. En esta virtud era ejemplar. Nunca en conversaciones se le oyó una frase o un chiste que pudiera quebrantar la virtud de la castidad.

»Era un hombre muy sencillo.

»En el Seminario, entre los seminaristas que más lo trataron tenía fama de santidad, y esto se oía en comentarios: “Aparici es un santazo”».

 

 


Publicado por verdenaranja @ 18:30  | Espiritualidad
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