Domingo, 08 de junio de 2008

Testimonios de sacerdotes, religiosos y religiosas de una vida ejemplar, enviados por Carlos Peinó Agrelo. Peregrino, Cursillista. Colaborador en la redacción de la Positio super virtutibus del Siervo de Dios.

MANUEL APARICI
TESTIMONIOS DE UNA VIDA EJEMPLAR

Junio 2008

34.    P. Llanos, S.J.

 

«[...] Recuerdo lo mucho que quise a Manolo, desde cuando en el 39 le conocí en Conde de Xiquena, con mis hermanos. Le consideré como la continuación de ellos. Le ayudé en el Secretariado de la Juventud de Acción Católica; le defendí siempre.

»Después le visité en Salamanca …; ordenado le oí tantas veces recomendarme lo de los Cursillos de Cristiandad. Después su ida al Padre. Y siempre, siempre el mismo, aquel talante del joven en 1939; le acompañé siendo sacerdote; siempre él, inigualable en aquella paz y sinceridad tan suya. Le llevo tatuado en el corazón [...].

         »Fue algo más que un hombre de Dios, fue él».

         Al día siguiente de su muerte le dedicó unas encendidas palabras de elogio.

         «[...] Manolo me escribía. Manolo me pedía colaboración para la nueva revista. LA FLECHA –donde escribía entonces mis primeros artículos– daba paso a SIGNO. Porque SIGNO habría de llamarse [...]. Manolo insistía: “Ha de denominarse SIGNO. Porque tan sólo en el SIGNO  y  nombre  del Señor deberemos luchar. SIGNO y nada más que SIGNO de Jesús [...] ”.

»Para él la Juventud de Acción Católica había de ser edificada sobre Cristo y nada más que sobre Cristo. Era intransigente y vivió ¡en aquel Burgos y aquella España! sin hacer la más pequeña política. Así siguió.

»[...] Por entonces fue la magna peregrinación a Zaragoza. Fue el éxito grande de Manuel Aparici, su momento triunfal. Le llamaron el “Capitán de la juventud española”. Su elocuencia llegó entonces a su cenit. Le rodeaban uniformes e insignias. Manolo no se apeó del nivel sobrenatural. Aquellos momentos eran de borrachera nacional. Manolo en su cúspide llevaba la cabeza fresca. Y el corazón encendido […].

»[...] Fue en el Seminario. Manuel Aparici llevaba ya sotana. Se había entregado. Esta preocupación por la entrega le acompañó siempre. Para llevar la juventud a Cristo había que entregarse. No cabían posiciones intermedias. Ni apostolados que no llegasen hasta el fin. Manuel Aparici seminarista era entonces el mismo que había conocido diez años antes, el mismo que conocería diez años después. La “constante” de Manuel Aparici, su tema, su preocupación, Cristo.

»Fue en Salamanca. Era ya cura. Vivía en aquel Colegio frío y antiguo con otros compañeros de estudio. Le vi ya viejo y gastado en torno de una chimenea y de unos libros. Hablaba –¿cómo no?– de la juventud, de Cristo, de la entrega. Sus fórmulas y sus aspiraciones, las de siempre. Apenas había planes en su plan. No sabía qué sería de él. No le importaba demasiado el futuro. Pensaba en aquellos mártires del 36 que habían dado su vida. Ellos acertaron. Había que entregarse como ellos … Y se entregó.

»Le encontré en un viaje a no sé donde. Hablamos en el pasillo del tren durante toda una noche. Era ya Consiliario Nacional. Le había nacido una preocupación y tarea nueva. Había encontrado su arma para el fin y propósito de siempre. Los Cursillos [de Cristiandad]. Iba de unos y se dirigía a otros. Por los Cursillos veía entregarse a la juventud para Cristo. Manolo se estaba quemando literalmente en esta su última cruzada. Mejor dicho, la penúltima. Su vía crucis llegaba a la décima estación. Vendían sus vestiduras.

»En junio de 1964 le vi por última vez. Durante sus siete años de agonía no fueron frecuentes mis visitas. Tendría excusas de esas, pero había una que no le confesé. Manolo, crucificado en un sillón de enfermo, era como una acusación a todos nosotros. Una enseñanza, un sermón demasiado elocuente. Manolo crucificado era, sin embargo, el mismo de siempre, llevado allí por una de esas escalofriantes lógicas de Dios. La entrega desnuda y radical. Todo nuestro movimiento, ¿qué valor cobraba ante aquella realidad? Me despedí como siempre con un “hasta el cielo”. Ya en la tierra, ¿qué más tenía que decirnos?

»El 29 de agosto el responso del viejo amigo. Y el funeral entre los viejos amigos [...]. Le rodeaban los de ayer, sus discípulos y compañeros de aquellos veinte años atrás [...]. Los había ministros, obispos, hombres importantes en todos los campos. Manolo había muerto no siendo más que un cura absurdamente enfermo. Nada más y nada menos. Su marcha silenciosa nos dejaba inquietos a todos. Su lección de estos ocho años coronaba una  vida  integra, total. Empequeñecidos, avergonzados  por su vida y por su muerte ... Manolo, ruega por nosotros».

         Una vida de cruz ofrecida día a día a Dios, como víctima. Hizo inmolación de sí mismo por este ideal. A los seis meses de su fallecimiento escribe en SIGNO: «Así como en la estampa bendita. Nos dijeron: “Hemos encontrado al Mesías”. Era como una consigna que se transmitía. Acudíamos como Natanael, como Felipe y le encontramos bajo formas diversas. Allí junto al lago. Yo, en forma de vocación y abandonando las redes; Antonio Rivera y mis hermanos en forma de martirio; Herrera, Romero de Lema y Mauro Rubio, en forma de mitra; Artajo, Ruiz Jiménez y Mariano Rubio, como camino político; Manuel Aparici, tras un sillón de enfermo y la cruz [...]. Todos fuimos encontrando al Mesías en aquella hora romántica, juvenil [...]». «Amarrado a un sillón y con permanentes dolores, dando consejos y testimonio».

 
35.    P. Veremundo Pardo, Paúl

 

         «No traté personalmente con el candidato a ser santo, pero sí por medio de SIGNO y de su gran Obra de Acción Católica juvenil, de su estilo de vida peregrinante a la Casa del Padre, y especialmente en la Santa Perdonanza de 1948, edificado siempre por su vida santa y apostólica.

»Durante los años 1940 a 1978 propuse a MANUEL como Caballero de Honor, y la santidad activa a miles de jóvenes de “Cruzados y Juventudes Misioneras de la Milagrosa” en los Colegios de Paúles e Hijas de la Caridad, que le admiraban y seguían con mucho entusiasmo y gran fidelidad […]. Ahora, lo encomiendo a toda persona que dirijo.

         »En la ejemplarísima Peregrinación juvenil a Santiago en 1948 fui con un pequeño grupo de Juventudes Misioneras, en un camión destartalado, y en la “Herradura” y en la Basílica de Santiago, no pude ver a D. Manuel pero sí “sentir” su apelación ferviente por una vida santa de peregrinación a la Caridad apostólica y a la austeridad en tiempo de hambre […].

»En un Cursillo de Juventudes Misioneras de la Milagrosa, en la Basílica de la Milagrosa, de Madrid, le invité a que hablara a la juventud de toda España (no recuerdo el año), pero SÍ el fervor misionero que suscitó en aquellos jóvenes, suscitando verdaderas vocaciones […].

         »Viví y vivo intensamente sus siete años de SACERDOTE Y VICTIMA, donde labró a hachazos de dolor corredentor su santidad definitiva».


36.    Fray Fernando Mata Grande, O.P.

 

         El Siervo de Dios le visitó varias veces en el noviciado interesándose por su vocación y animándole a perseverar. Antes pertenecía a la Juventud de Acción Católica.

«Durante la Guerra Civil y como Presidente Nacional tuvo la genialidad de seguir promoviendo actividades apostólicas de los Centros que estaban en la zona llamada nacional, visitando las Diócesis, entre ellas la de Valladolid, donde yo era Presidente Diocesano, y nos animaba a no decaer en nuestro apostolado [...].

»Mención especial que quiero destacar es la creación de los Centros de Vanguardia en los diversos frentes de guerra, lo cual contribuyó no sólo a que los militantes conservaran su entusiasmo, sino a que muchos soldados conociesen a Cristo, a la Iglesia y recuperasen la fe.

»También quiero resaltar sus trabajos entusiastas en la peregrinación que organizó a Santiago de Compostela con motivo del Año Santo de 1937, que resultó magnífica y a la que yo asistí y estuve con él en los diversos actos organizados. Especialmente recuerdo que en la vigilia de Adoración Nocturna que tuvimos en la Basílica Compostelana la noche del 25 al 26 de julio de 1937 (ya que no pudo ser en la noche del 24 de julio por razones de seguridad, pues estábamos en plena guerra) estuvimos juntos y allí le comuniqué mi decisión de entrar religioso. Y otro dato que revela también su condición humana: recuerdo que en los intervalos que teníamos entre los turnos de adoración, le oí contar chistes y animar nuestras conversaciones.

»Su concepto del apostolado seglar, o laical, sigue siendo válido actualmente y siempre nos inculcaba la obediencia a la Jerarquía eclesiástica y a nuestro Consiliario, insistiéndonos en la frase «Nihil sine episcopo».

»[...] La fe fue el móvil principal que impulsó sus actividades apostólicas [...]. Siempre le vimos como hombre de fe intensa [...]. La oración a la que recurría y que nos recomendaba fue el motor principal de su vida cristiana y apostolado.

»[...] Su esperanza era fruto de su fe y consecuencia de ella, por eso nos animaba a tener confianza en Dios, aún en los momentos difíciles de la guerra.

»[...] Era amable y simpático con todos, lo cual creo que era fruto de su caridad con Dios que se manifestaba así con nosotros.

»Siempre nos manifestó ser prudente en sus decisiones.

»[...] Siempre cumplió bien las leyes de Dios y de la Iglesia.

»Nunca se dejó llevar de desaliento o, al menos, no lo manifestó.

»En sus visitas a Valladolid siempre le vimos como una persona normal; su aspecto físico y vestimenta fueron normales, así como su comportamiento en la comida y bebida. Puedo declarar que nunca le vimos protestar por la incomodidad que en aquellos tiempos de la guerra suponían los viajes y, aunque suponía una gran mortificación hacerlos, no dejó de visitar las Diócesis [...]. La austeridad me pareció una norma de su vida. Y nunca le vi ni oí hacer alarde de ello. Nunca le vimos hacer alarde de lujo, antes bien vestía modestamente. Era amante del trabajo y a mí me resultó muy servicial en sus consejos y ayudas.

»Nunca se enalteció de su cargo de Presidente, sino al contrario se nos presentaba como uno de tantos y no se avergonzaba de realizar trabajos que rebajaran su dignidad. Era muy sencillo en el trato con nosotros.

»Siempre nos inculcó la práctica de la oración y nos insistía en la práctica del primer lema de nuestra trilogía: PIEDAD.

»Practicó las virtudes con gran equilibrio y alegría espiritual, sin hacer ningún alarde ni presunción.

»Creo que va en aumento la fama de santidad del Siervo de Dios, al menos entre los que le tratamos en vida. Yo mismo me encomiendo a él todos los días rezando la oración que pide su beatificación».

 
37.    P. Francisco Javier Almanza Terrazas, CCR

 

         «[...] Les agradezco la atención [...]. Con sumo gusto haré conocer a nuestras comunidades y a nuestros amigos la estupenda noticia del proceso de canonización, ya en su “fase romana”».

 
38.    Opus Dei

 

                   1.      A Manolo Aparici, que tanto sabe de juventud

                            vibrante y de apostolado

 

D. Pedro Rodríguez, autor del Libro Josemaría Escrivá de Balaguer, CAMINO, Instituto Histórico Josemaría Escrivá, Edición crítico-histórica, 2ª Edición corregida, Junio de 2002, Ediciones Rial, S.A., Madrid, escribe en la página 140:

«Como sabemos, el “original” de C (Camino) llevado a la imprenta no era un “manuscrito”, sino el texto mecanografiado que hemos visto escribir al propio Autor  [...].

»Recordemos que la hoja nº 1, que falta, es la que contenía el título originario del libro (Consideraciones Espirituales) y la dedicatoria a Manolo Aparici. La hoja 2, que tiene arriba la palabra Camino, [...]».


Antes, en la página 83, había escrito:

«En los días finales de la redacción decidió el Autor dedicar el nuevo libro –todavía con el título antiguo: Consideraciones Espirituales– a Manolo Aparici, Presidente de la Juventud de Acción Católica (1). Así quedaba la hoja 1 del libro:


A Manolo Aparici


Unas páginas más adelante (89-90) escribe de nuevo:

«[...] De la conversación de Calatayud salió un título más breve para el libro: sencillamente “Consideraciones”, como de hecho se le llamaba en la conversación [...]. En todo caso, el Autor, al regresar a Burgos, elimina la hoja primera del manuscrito  y la sustituye por esta otra con el nuevo título y la dedicatoria:

 

CONSIDERACIONES


A Manolo Aparici, que tanto sabe


«Hay que partir del manuscrito original, que se acaba el 2 de febrero y  el día 11 se entrega a Mons. Lauzurica para el prólogo –escribe en la página 97–. En ese breve espacio de tiempo, como sabemos, el libro pasó de llamarse Consideraciones Espirituales a llamarse, sencillamente, Consideraciones. Así consta en las dos versiones mecanografiadas de la hoja primera del manuscrito, que se conservan (3), ambas  con la dedicatoria a Manolo Aparici. Con este último título se entrega el manuscrito a Mons. Lauzurica. En los dos casos, la hoja 2, con las palabras del Autor al lector, permanecía intocada.

»Cuando fue retirada la segunda hoja nº 1 –al decidir el Autor el nombre de Camino y que el libro no llevara dedicatoria–, para sustituirla, no se hizo una tercera versión con el nuevo título [...]».

 

__________________________________________________

 

 (1)    Manuel Aparici Navarro (1902-1963) nació en Madrid. Hombre abnegado y piadoso, de profunda fe, se confesaba con el Autor ya desde antes de la guerra y continuó haciéndolo en Burgos y después. Presidente de la Juventud de Acción Católica en los difíciles años que preceden y siguen a la guerra civil. Ordenado sacerdote en 1947 (vid en AGP, sec A, Leg 50-5, carp I, carta invitando al Autor a su ordenación), fue nombrado Consiliario de la JAC. Promovió la famosa Peregrinación a Santiago de Compostela de 1948, cuya «mística peregrinante” Aparici plasmó en el lema «peregrinar es caminar hacia el Padre». Murió en olor de santidad. Está en marcha el proceso de canonización. En los días de la redacción de visitaba frecuentemente al beato Josemaría y a los que le acompañaban (Diario de Burgos, 20-I-1939); Francisco Botella: «Llega Ricardo Fernández Vllespín, que mañana se va a San Sebastián. Por la tarde viene Aparici. Estos días viene con frecuencia».

(2)     Botella da la noticia de la dedicatoria en el Diario de Burgos del 4 de febrero: «Ha dedicado el libro al joven-viejo Aparici». Una broma de Paco Botella, que tenía 22 años y le parecía muy viejo, como representante de los jóvenes, un hombre de 37 años. Efectivamente, en el texto mecanografiado terminado el 2 de febrero el libro aparece con la dedicatoria en la portada. En Madrid el Autor cambió de opinión y le pareció mejor que el libro saliera sin dedicatoria alguna, y así fue efectivamente. Esta hoja nº 1 del manuscrito C con la dedicatoria a Aparici se encuentra en AGP, sec A, leg 50-4, carp 5, exp 4, doc. 2.

Esta hoja, que era, como digo, la nº 1 de la numeración consecutiva del original de Burgos, contenía el título del libro, en lo alto de la página, y en el centro la dedicatoria a Manolo Aparici, que hemos trascrito, en su doble versión, supra 5.2 (pgs. 83 y 90).

 

2.      Dr. D. Ramón Herrando Prat de la Riba

Vicario Regional de la Prelatura de la Santa Cruz y

Opus Dei en España

 

«Es una coincidencia bellísima [amistad San Josemaría/Manuel Aparici] en que se ve la mano de Dios»

«Será un motivo de alegría para todos y un bien para la Iglesia de España el día que suba a los altares el Siervo de Dios Manuel Aparici».

         «Me uno a vuestras oraciones para que la Causa siga su curso, y pronto podamos verle en los altares. Por lo pronto me acojo a su intercesión para impetrar delante de Dios tantas gracias como necesitamos para proseguir la tarea de evangelización que acaba de recordarnos, con tanta fuerza, el Santo Padre Juan Pablo II».

«Los anteriores envíos que me han hecho con otras publicaciones sobre el Siervo de Dios, han contribuido a conocer más profundamente la figura de Manuel Aparici, este hombre de Dios que hizo tanto por la Iglesia y la Acción Católica de España, y que esperamos ver un día en los altares».

 

3.      D. José Benito Cabaniña Majide

Vicario de la Delegación de la Prelatura de la Santa Cruz y

Opus Dei en Madrid-Oeste

 

«Les agradezco mucho su carta y me alegro, con toda la Iglesia, del Centenario del Siervo de Dios Manuel Aparici Navarro, hijo muy fiel de la Iglesia a la que sirvió de modo tan ejemplar.

         »Conocía ya las referencias que citan en su carta al que fue Presidente y Consiliario Nacional de la Juventud de Acción Católica y la amistad que le unió a San Josemaría Escrivá, como testimonian elocuentemente esas páginas de la Edición crítico–histórica de Camino.

         »¡Quiera Dios que pronto podamos celebrar, además de su Centenario, su Beatificación!».

         «Me uno, en la alegría y en las oraciones, al Sr. Cardenal con la figura de D. Manuel, hijo fiel de la Iglesia, para que sea un claro ejemplo y estímulo constante a todos los grupos y movimientos del Apostolado Seglar.

         »Vuelvo a repetirlo, como hace unos meses, de todo corazón: ¡Quiera Dios que pronto podamos celebrar, además de su Centenario, su Beatificación».

 

 4.      D. Javier Contrera

Vicario de la Delegación de la Prelatura de la Santa Cruz y

                            Opus Dei en Madrid-Este

        

         «He leído con gran alegría su cariñosa carta donde me hacen partícipe de la noticia sobre la marcha del proceso de Canonización de Manuel Aparici y deseo que muy pronto podamos acudir a su poderosa intercesión como santo de la Iglesia universal.

         »Además de las menciones que se relatan en la edición crítico–histórica de Camino, tenía referencias de su ejemplar vibración apostólica a través del Boletín informativo “El BORDÓN DE PEREGRINO” y la Hoja informativa que se acompaña como suplemento. Les felicito con todo el corazón por la celebración del Centenario de su nacimiento, tan cercano al de San Josemaría –en el cielo están, siempre amigos–, y acudo a la intercesión de Manuel, que tanto sabe de juventud vibrante y de apostolado, para que obtenga del Señor abundantes frutos para la Juventud de Acción Católica» [13].

         «Le agradezco que me haya enviado el programa del Congreso sobre el Siervo de Dios Manuel Aparici [...] que servirá, sin duda, para dar a conocer más su egregia figura y su vida ejemplar».

 

D. Javier de Mora Figueroa

Rector del Santuario de Torreciudad

 

«Cómo me ha gustado tu carta y las referencias a la relación entre S. Josemaría y ... Manolo Aparici [...]».

 

 6.      Rvdo. D. Miguel Silva Tapia

Estudiante mexicano en la Universidad de Navarra,

Facultad de Teología, España

 

         El día 19 de noviembre de 2004 nos decía: «Soy estudiante de la licenciatura en Historia de la Iglesia y tengo como tema la formación a través de la revista LA FLECHA, de la que el Siervo de Dios es su fundador. Estoy muy interesado en tener datos sobra la revista y documentos de ella. He visto que se acaba de publicar el libro con las actas del Congreso sobre Aparici, quiero preguntarles como puedo conseguirlo y si hay alguna documentación a la que podría acudir. Sin más por el momento agradezco todas sus atenciones quedando de Vds. [...]». Le facilitamos amplia documentación para su trabajo y quedamos a su disposición por si en algo más le podías ayudar.

         «Te agradezco mucho y espero poder agradecerlo en primer lugar con un buen trabajo y ayudando también a conocer más la figura de D. Manuel Aparici».

La Juventud de Acción Católica Española. La Revista LA FLECHA (1932-1936)», fundada por el Siervo de Dios Manuel Aparici en 1934 y un tiempo su director, ha sido el tema de la tesis de su licenciatura y doctorado (entonces diácono, hoy sacerdote).

         Presenta un estudio sobre la espiritualidad de la Juventud de Acción Católica mediante una fuente primaria: el órgano oficial de esta Juventud en los años 1932 a 1936: La Flecha. Asimismo, detiene su atención en la figura de Manuel Aparici Navarro , quien –asegura–  fue el gran impulsor de la Juventud en la década de 1930, el promotor de la revista y su director a partir del segundo año de publicación.

         «El conocimiento de su persona –añade– es clave para la comprensión de la Juventud de Acción Católica en los años treinta, la marcha e impulso del Consejo Central, y la fundación y dirección de la revista».

«Ayer me llegó la carta por la que me dais las gracias por los ejemplares. Yo soy el que está agradecido pues vuestra ayuda me ha sido muy valiosa para el trabajo que realizado. Qué gusto que en algo haya podido colaborar en el proceso de don Manuel Aparici [...]. Les envío un saludo,  encomendándole  a  Dios  por la próxima elevación a los altares del Siervo de

«[...] Me di cuenta de que tenían una relación próxima. Sé que don Manuel Aparici invitó a San Josemaría a su ordenación sacerdotal, pero él ya estaba en Roma y no pudo asistir, pero demuestra el afecto que se tenían».

 

39.    Compañía de Jesús

 

         El P. Prepósito General de la Compañía de Jesús, Peter-Hans Kolvenbach, nos dijo: «Cuenten con mi oración para que el Señor conceda a su Iglesia la gracia de poder celebrar la santidad de este eminente hijo suyo, asegurándole que haré todo lo posible por colaborar en la difusión de su vida y santidad».


40.    Conventos de Clausura

 

*       «Quiera Dios verle pronto en la Gloria de Bernini [...]. Nos encomendamos a la intercesión de D. Manuel Aparici Navarro. Quiera el Todopoderoso su pronta beatificación [...]» (Sor María Jesús García, Monasterio de Santa María de la Cruz, (Santa Juana), MM. Clarisas, Cubas, Madrid).

*       «[...] Dios quiera que pronto podamos verle en los altares y que muchas almas al conocer esta figura preciosa, se abran al amor de Jesucristo y que a ejemplo de este auténtico cristiano y ejemplar sacerdote se decidan por Jesucristo, para vivir tan solo para su gloria trabajando en la viña del Señor con entusiasmo y fervor [...]. Nos encomendamos y pedimos por su intercesión nos bendiga con buenas vocaciones» (Sor María Catalina de Jesús, Monasterio de Santa Catalina de Siena, M.M. Dominicas, Madrid).

*       «Manuel Aparici es una gran figura. Dios quiera lo veamos en los altares en no muy largo plazo de tiempo» (H. Liliana M. Campos, Monasterio de la Encarnación, M.M. Carmelitas, Antequera, Málaga).

*       «Damos gracias a Dios por su vida santa y su obra y rogamos para que muy pronto la Iglesia, reconociendo sus virtudes, lo presente como modelo a seguir por todos los fieles y lo glorifique aquí en la tierra como, sin duda, ya lo está en el cielo» (Sor María Lucía Rodríguez, Monasterio de la Purísima Concepción, Villafranca del Bierzo, León).

*       «[...] D. Manuel Aparici, figura gigante por su santidad en la entrega a la buena orientación de los jóvenes. Mucho pedimos a Dios no cesen sus sucesores en esta tarea tan importante en la Iglesia y que tanto bien ha de reportar a todos [...]» (Sor Beatriz del Corazón de María, M.M. Concepcionistas, Monasterio de la Purísima Concepción, Fuente del Maestre, Badajoz).

*       «Gran Obra la que inició y puso en práctica, mejor dicho, en marcha, ojalá siga creciendo, sobre todo en la juventud y dé mucho fruto» (Priora Dominicas Montesión, Esplugues de Llobregat, Barcelona).

*       «[...] Ciertamente este hombre fue un “Coloso de Cristo, de su Iglesia y del Papa” como bien le calificara el Cardenal Ángel Herrera Oria» (Franciscanas T.O.R., Fuensalida, Toledo)

*       «[...] Vemos que en el seno de la Santa Madre la Iglesia van surgiendo constantemente almas de Dios, y para Dios [...]. Nos encomendaremos a ese nuevo Apóstol de la Iglesia [...]» (Sor Margarita María del Corazón de Jesús, Monasterio Santa Bárbara, Monjas Clarisas, La Coruña).

*       «[...] Pedimos al Señor lo podamos ver pronto en los altares» (Sor Ana María Rojo, Concepcionistas, Logroño).

         *       «[...] Pedimos que pronto sea beatificado este gran hombre de este tiempo, del siglo que acabamos de terminar y que ha sido un siglo de grandes persecuciones y por ello, de grandes santos [...]. Deseamos y pedimos que el ejemplo de estos santos del siglo XX nos impulse a los cristianos a una vida más generosa» (Sor María Sagrario Zárate, Abadesa, Monasterio Santa Clara, Castrojeriz, Burgos).

*       «[...] Nos alegramos de esta vida entregada a Dios y a la Iglesia, un intercesor más en el Cielo. Oramos para que [...] podamos ver en los altares a este celoso sacerdote» (Sor María Pilar Galdeano, Monasterio Cisterciense de la Purísima Concepción y San Bernardo, Villarrobledo, Albacete).

*       «Dios quiera [...] llegue pronto al honor de los altares, para Gloria de Dios y de la Iglesia» (Sor María Piedad del E.S. Falero, Madres Concepcionistas, Olmedo, Valladolid).

*       «[...] Con sumo gozo hemos recibido la gran noticia de que un miembro tan destacado de la Acción Católica, Manuel Aparici Navarro, llegue al honor de los altares [...] Hemos pertenecido a la Acción Católica y por lo tanto es una gozada ver que un hermano nuestro alcance las cumbres para gloria de Dios. Que sea pronto una realidad» (Teresa Margarita, Monasterio de Carmelitas Descalzas, La Virgen del Carmen y San José, Sabaris, Vigo).

*       «[...] Me llena de alegría saber que un miembro tan destacado como fue Manuel Aparici y tan santo se trabaje para que nuestra Santa Madre la Iglesia lo beatifique para que sirva de modelo a la juventud de hoy día» (Sor María Luisa Valdés, Monjas Clarisas del Monasterio de la Purísima Concepción, Villaviciosa, Asturias).

*       «[...] Apóstol incansable de la juventud, sacerdote ejemplar, auténtico santo. A través del pequeño folleto se va perfilando su rica personalidad, su heroísmo y su entrega incondicional a Cristo y a los hermanos. A su intercesión nos encomendamos» (Sor María Pilar Lorente, Monasterio Nuestra Señora del Rosario, Madres Dominicas, Daroca, Zaragoza).

*       «[...] Es hermosa su vida, toda entregada a Dios, con un ideal de santidad grande y una vida de oración maravillosa. Nos unimos a vuestro entusiasmo por la beatificación de Manuel, que vivió y murió como Jesús. Vida de Apostolado con el Señor y vida de Hostia–Víctima, agradable a Dios, inmolado por las almas. Cuántas gracias habrá repartido Dios a través de ese Amor–Dolor ofrecido junto con los méritos de Jesucristo. Eso es lo que salva al mundo el Amor–Dolor. ¡Bendito sea Dios en sus santos! Adelante, Dios les ayudará en todos sus trabajos. Vale la pena. Unidos en la oración y la vida» (La Madre Superiora del Monasterio del Santísimo Cristo de la Victoria, MM. Agustinas Recoletas, de Serradilla, Cáceres).

         *       «[...] Las hermanas, que miran con ojos menos técnicos y quieren figuras con santidad, están deseando se les lea [la Positio de Manuel Aparici] a la Comunidad, cosa que haremos muy pronto en la lectura del refectorio. Además, no sólo conocemos a Manolo Aparici por su santidad y porque muchas personas que testifican nos han hablado de él en el locutorio, como Mons. Cerviño y el Cardenal Rouco, sino porque además en nuestra Comunidad fueron muchos los miembros que en Santiago eran de la floreciente Acción Católica, y no sólo las hermanas, sino también los hermanos carnales, y todo se hace de familia. De ahí nuestro pequeño conocimiento de la figura» (MM. Carmelitas Descalzas, Santiago de Compostela).

         *       «Jesús y María sean siempre en nuestras almas, muy apreciado en Cristo Jesús: Ante todo pedirles disculpas por no haber acusado antes el recibo del precioso Diario de D. Manuel Aparici y hacerle llegar nuestro profundo agradecimiento por tan hermoso regalo [...]. Toda la Comunidad agradece este envío y nos dio mucha alegría y fue saludado en la recreación con entusiastas ovaciones, sobre todo por las Hnas. que pertenecieron a la Acción Católica en sus momentos de mayor apogeo y que vibran con estas grandes figuras y se alegran de modo especial por este proceso de canonización» (Ana de la Esperanza, Priora. Carmelitas Descalzas, Santiago de Compostela)».

*       «¿Qué tal la lectura del Diario? Suponemos su alegría y admiración, aunque si lo conocieron personalmente no les extrañará ver tanta sed de almas y de sufrimientos [...].

         »Fue en el invierno o primavera del año pasado (1975), cuando nos comenzaron a llegar algunos objetos piadosos de un sacerdote que no teníamos más referencia, que el haber muerto en olor de santidad, habiéndose ofrecido víctima  [...].

» [...] No sabíamos a ciencia cierta quien era Aparici, pero a través de la vida de Antonio Rivera se traslucía que era una figura excepcional en la Acción Católica de entonces. Él tenía una estima tal de las consignas u orientaciones de Aparici, que se vislumbraba un alma no vulgar y de gran ascendencia. Seguimos mirando y dimos con los cuadernos del Diario. Aquello nos emocionó. ¡Qué grandeza de alma! ¡Qué amor a la Cruz! Es lo más destacado de Aparici, al menos en los últimos cuadernos de su Diario. Certeramente desdobló el Sr. Obispo D. Ricardo Blanco la personalidad de D. Manuel Aparici en tres facetas: el humilde converso, el apóstol infatigable y la gran víctima.

         »Era un tesoro todo aquello y desde entonces así lo miramos [...].

         »Luego vino el encomendarnos a él, el coger sus fotos y sus estampas como reliquias y el leer sus escritos con fruición. Allí está su alma toda abierta a Dios en la intimidad de una confesión. Sobresale –ya lo dijimos– la humildad del convertido, la sed de almas y como consecuencia, la sed de sacrificio, de concrucificarse con Cristo.

         »Le encomendamos las vocaciones y como él cantó su primera Misa y oró muchas veces en San Ginés, nuestra Parroquia, vimos ya algo de providencia o de milagro el que precisamente de San Ginés fueran viniendo jóvenes con deseos de consagrarse a Dios. No porque pertenezcan a esa Parroquia, sino a la Legión de María implantada ahí  hace poco.

         »Ahora, ya oficialmente en marcha todo esto, seguimos pidiéndole muchas cosas e importantes, como nos dijo D. José Manuel; sobre todo cosas de tipo espiritual: conversiones, vuelta a la fe, almas de jóvenes, que él tanto amaba. Creo que son más difíciles estos milagros por cuanto entra en juego la libertad humana, pero Dios lo puede todo y si quiere que el P. Aparici llegue a los altares, oirá nuestras oraciones y una vez más será glorificado el Señor en sus santos» (Madre Abadesa del Monasterio de Religiosas Franciscanas Clarisas. Descalzas Reales. Madrid).

Publicado por verdenaranja @ 19:23  | Espiritualidad
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios