Jueves, 12 de junio de 2008

Comentario al evangelio (Mt 5, 27-32) del viernes de la décima semana del tiempo ordinario publicado en el libro "Enséñame tus caminos" de Gustavo Gutiérrez.


No cometer adulterio

 

 Aborda Jesús en profundidad el conflictivo problema de las relaciones sexuales. La ascética pagana de la antigüedad abordaba el problema desde el punto de vista de la pureza y del autocontrol personal, como lo hizo más tarde, por ejemplo, Gandhi. En la sociedad de hoy se considera como un caso más de las relaciones interpersonales sin otra peculiaridad que la de producir placer.

 

Jesús condena con su autoridad todo acto de adulterio y la decisión tomada en el corazón aunque no llegue a consumarse (v. 28). Fiel a su intento de interiorizar la religión y de considerar el mal en sus mismas raíces, llega Jesús a lo más profundo del ser, donde se fragua todo lo bueno y lo malo que sale al exterior y hace bueno o malo moralmente al hombre. Cualquier acción verdaderamente deseada, aunque no llegue a ser ejecutada, es ya un acto humano valorable ante Dios que lee en el corazón.

 

Un caso pertinente es el divorcio. Suele tratarse desde la perspecti­va de la virtud de la castidad y debe tratarse más y primero desde el punto de vista de la fidelidad y caridad. ¿Puede un ser humano considerarse justo sin fidelidad a una promesa dada ante testigos y sellada con un sacramento? Muchos que buscaron con ilusión su felicidad en el matri­monio quedan muy pronto dolorosamente decepcionados. Ironizando sobre el tema se dijo que el matrimonio es un lugar donde los que no es­tán quieren entrar y los que están quieren salir. Es una observación sagaz pero limitada a los matrimonios mal hechos. Se puede perseguir un falso concepto de dicha y un falso concepto de enriquecimiento huma­no, pero nunca un amor verdadero se nutrirá de fantasías ni de egoís­mos. Y cuando se habla con verdad de la felicidad en el amor debe entenderse siempre del amor verdadero como acto libre, no del mero impulso instintivo o sentimental, que no lo es. Quien ha cometido un error en esta materia piensa enseguida que el divorcio es una sabia y fá­cil corrección del error.

 

El pasaje evangélico es de quemante actualidad. En fuerza del «proceso de contrarios» se ha instalado la sociedad erotizante en un extremo antagónico al de las épocas no lejanas, pero igualmente inexacto. No parece ser un verdadero logro la sexualización social, degradante del amor, que debe ser ennoblecido. Y luego lo de vaciarse el ojo...


Publicado por verdenaranja @ 23:17  | Espiritualidad
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