Viernes, 13 de junio de 2008

Carta de Mons. Juan Antonio Reig Pla, obispo de Cartagena (España)  dirigida a todos los sacerdotes, religiosos y fieles cristianos laicos con motivo del año Paulino que comenzará el próximo 28 de junio.




"LLAMADOS A LA MISIÓN"

 

CARTA DEL OBISPO DE CARTAGENA SOBRE EL AÑO PAULINO

 

 

Queridos hijos:

 

El Señor nos regala, por medio de su Iglesia, un nuevo tiempo de gracia.

 

Hace casi un año el Santo Padre nos sorprendió con el anuncio de un año especialmente dedicado a San Pablo, con motivo de los dos mil años de su nacimiento. Es un tiempo oportuno para que toda la Iglesia, con los ojos puestos en la vida y en los escritos del Apóstol de los gentiles, crezca en el conocimiento de su Señor y en el deseo de comunicarlo a todos los que todavía no lo conocen.

 

Debe ser, en esta querida Iglesia de Cartagena, un momento fuerte de conversión. Para todos nosotros este año se ha de convertir en un nuevo Damasco. Un tiempo especialmente propicio para dejarnos derribar de las alturas en las que nosotros mismos nos hemos subido. Para bajarnos hasta el conocimiento de nuestro pecado. Para dejarnos reconciliar con Dios.

 

Por eso será éste un año para celebrar mejor y con más frecuencia el Sacramento de la Reconciliación. Es importante que los sacerdotes estéis disponibles, en la medida de lo posible, para que todo el que os necesite os pueda encontrar. Será bueno cuidar también la celebración comunitaria de la Penitencia, como un signo visible de todo un pueblo en busca de conversión. Es mi deseo tener un gran signo, en torno a la Fiesta de la Conversión de San Pablo, una gran celebración en la Iglesia Catedral en la que toda la Iglesia Diocesana, encabezada por el Obispo y su presbiterio, celebre con seriedad y con alegría el perdón sacramental.

 

Este año debe ser también, un momento propicio para hablar de vocación. En el mismo momento en que Cristo se cruzó con el Apóstol, salió de sus labios la lógica pregunta: ¿Qué he de hacer, Señor? Cada uno de los miembros de la Iglesia, lógicamente, también tienen que hacerle esa misma pregunta. A todos nos ha llamado. A todos nos ha salido al paso derribándonos al suelo. Para todos tiene una misión concreta que realizar. Desde los niños hasta los ancianos, sin excluir a nadie por enfermedad o por situación familiar, todos tienen que buscar su sitio.

 

Es necesario que, con el mismo valor que tenía Pablo de Tarso, así también nosotros vayamos despertando a los que se nos crucen por el camino. El sacerdocio y la vida religiosa no son algo que pertenezcan al pasado o a un grupo pequeño de privilegiados. El Señor sigue llamando, y necesita de nuestra voz para hacerse oír. Si nos dejamos llevar por el Espíritu de Dios, Él hablará por medio de nosotros, y su palabra siempre es eficaz.

 

En este año nuestra Diócesis ha de ser verdaderamente una Iglesia en misión. Igual que el Apóstol dedicó su vida entera a anunciar a todo el mundo a Cristo, y éste Crucificado, así también nosotros. Ese fuego que le quemaba por dentro y que no le dejaba estar quieto, fijo en un solo lugar, nos ha de quemar a todos: ¡Ay de mí si no predicara el evangelio! En muchos detalles, nuestro mundo se parece al que San Pablo recorrió. Incluso nuestra vieja Europa está volviendo a los antiguos tiempos del paganismo a pasos agigantados.

 

Todos tenemos que salir al encuentro de nuestros conciudadanos. Muchos de ellos todavía no han conocido al Único que ha entregado su vida por ellos. Todos, toda la Iglesia está llamada a ponerse en pie en medio de las plazas para anunciar el evangelio que es fuerza de salvación para todo el que cree. Los jóvenes comenzaron el año pasado dándonos ejemplo a los demás. Este año somos todos, cada uno a su modo, los que hemos de gritarles a nuestros vecinos, con la vida primero, pero también con nuestra palabra valiente. Dios ha enviado a su Hijo al mundo para hacernos libres a todos y ellos todavía no lo saben.

 

En este año el Santo Padre nos ha pedido un cuidado especial de la dimensión ecuménica. A ejemplo de aquél que luchó con todas sus fuerzas por la unidad de la Iglesia de Cristo también nosotros tenemos que hacer lo posible por recuperar la unidad perdida, con oraciones y con gestos.

 

Es un momento de renovación de cada una de las parroquias de la Diócesis. Cada una en su realidad propia, con los medios que tenga a su alcance, con las formas tradicionales y con las nuevas realidades con que el Espíritu ha ido enriqueciendo a su Esposa, la Iglesia, en estos últimos tiempos. Cada parroquia, con sus sacerdotes al frente, en estado continuo de misión, anunciando a todos la alegría de la salvación.

 

Estamos trabajando para poder ofreceros ayudas que faciliten la tarea de conocer mejor los escritos del Apóstol para así poder presentarlos mejor. Soy consciente de la gran vitalidad y creatividad de cada una de las parroquias que seguro pondrá en marcha modos antiguos y nuevos de renovarse con motivo de esta ocasión de gracia.

 

La Solemne apertura del año será el próximo día 28 de Junio, sábado, en la Santa Iglesia Catedral, a las 11.00 de la mañana, coincidiendo con la Ordenación de cinco nuevos presbíteros, un precioso regalo para nuestra Iglesia tan necesitada de sacerdotes.

 

En cada parroquia se abrirá solemnemente el año en las misas de ese sábado 28 y del domingo 29, en las que se leerá esta carta. La clausura tendrá lugar el día 29 de junio del año próximo.

 

En su momento oportuno se publicará un decreto concretando las indulgencias que el Santo Padre ha querido dejar a designación del Obispo Diocesano, sin olvidar que en las celebraciones solemnes de apertura y clausura se pueden ganar la indulgencia plenaria, con las condiciones acostumbradas.

 

Queridos hijos, no descuidemos este regalo que nos concede Dios, rico en misericordia, una oportunidad única para sacudirnos la rutina y el polvo que se nos ha ido pegando en nuestro caminar, a veces dificultoso, por los caminos de este mundo. Una oportunidad para renovarnos y salir con un nuevo ardor por los caminos de nuestra sociedad anunciando a tiempo y a destiempo a Jesucristo, el Señor, vencedor del pecado y de la muerte.

 

Con mi bendición y afecto.

 

 

 

Mons. Juan Antonio Reig Pla,

Obispo de Cartagena


Publicado por verdenaranja @ 23:01  | Hablan los obispos
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