Lunes, 16 de junio de 2008

Benedicto XVI a la Plenaria del Consejo Pontificio para el diálogo interreligioso: "el amor exhorta a todo creyente a escuchar al otro y a buscar áreas de colaboración. Anima a los interlocutores cristianos en el diálogo conl os seguidores de otras religiones a proponer, pero no a imponer, la fe en Cristo".



DISCURSO DEL SANTO PADRE A LA PLENARIA DEL CONSEJO PONTIFICIO PARA EL DIÁLOGO INTERRELIGIOSO

 

Me agrada tener la oportunidad de saludaros al final de la Décima Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso. A todos vosotros que tomáis parte en esta importante reunión os doy cordiales saludos. Doy las gracias en particular al Cardenal Jean Louis Tauran por sus atentas palabras.

 

“Diálogo en la verdad y caridad: Orientaciones Pastorales” – este es el tema de vuestra Asamblea Plenaria. Me alegra saber que durante estos días habéis buscado llegar a un  más profundo entendimiento del acercamiento de la Iglesia Católica a las gentes de otras tradiciones religiosas.  Habéis considerado el más claro propósito  de diálogo –  descubrir la verdad – y la motivación para ello, que es  caridad, en obediencia a la misión divina confiada  a la Iglesia por Nuestro Señor Jesucristo.

 

En la inauguración de mi pontificado afirmé que “la Iglesia quiere continuar construyendo puentes de fraternidad con los seguidores de otras religiones, en orden a buscar el bien verdadero de cada persona y de la sociedad como un todo” (Discurso a los Delegados de Otras Religiones y Comunidades Eclesiales de Otras Tradiciones Religiosas, 25 de Abril 2005). A través del ministerio del Sucesor de Pedro, incluyendo el trabajo del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, y los esfuerzos de los Ordinarios del lugar y del Pueblo de Dios a través del mundo, la Iglesia continúa dirigiéndose a los seguidores de diferentes religiones. En este sentido expresa aquel deseo de encuentro y colaboración en la verdad y libertad. En palabras de mi venerable Predecesor Pablo VI,  la principal responsabilidad de la Iglesia es servicio a la Verdad – “verdad acerca de Dios, verdad acerca del hombre y de su  oculto destino, verdad acerca del mundo, verdad que descubrimos en la Palabra de Dios”  (Evangelii Nuntiandi, 78). Los seres humanos buscan respuestas a algunas de las cuestiones existenciales fundamentales: ¿Cuál es el origen y destino de los seres humanos? ¿Cuál es el bien y el mal? ¿Qué esperan los seres humanos al final de su existencia terrena? Todas las personas tienen un deber natural y una obligación moral a buscar la vedad. Una vez  que es conocida, están obligadas a adherirse a ella y a ordenar todas sus vidas de acuerdo con sus exigencias (cf. Nostra Aetate, 1 y Dignitatis Humanae, 2).

 

Queridos amigos, “Caritas Christi urge nos” (2 Cor 5,14). Es el amor de Cristo que impulsa a la Iglesia a buscar a cada ser humano sin distinción, más allá de los límites de la Iglesia visible. La fuente de la misión de la Iglesia es el Amor Divino. Este amor es revelado en Cristo y hecho presente a través de la acción del Espíritu Santo. Todas las actividades de la Iglesia deben estar imbuidas con amor (cf. Ad Gentes, 2-5); Evangelii Nuntiandi, 26, y Diálogo y Misión, 9). Así es el amor el que urge a cada creyente a escuchar al otro y a buscar áreas de colaboración. Anima a compañeros cristianos al diálogo con los seguidores de otras religiones a proponer, no a imponer, la fe en Cristo que es “el camino, la vedad, y la vida” (Jn 14, 16). Como dije en mis recientes Encíclicas, la fe cristiana nos ha manifestado que “la verdad, justicia y amor no son simples ideales, sino realidades enormemente importantes (Spe Salvi, 49). Para la Iglesia “la caridad no es una especie de actividad de asistencia social que pudiera igualmente bien dejarse a otros sino es un parte de su naturaleza, una expresión indispensable de verdadero ser” (Deus Caritas Est, 25). La gran proliferación de encuentros interreligiosos por todo el mundo hoy día clama por un discernimiento. En este aspecto, me agrada notar que durante estos días habéis reflexionado sobre las orientaciones pastorales por un diálogo interreligioso. Desde el Concilio Vaticano Segundo, se está orientando la atención sobre los elementos espirituales que las diferentes tradiciones religiosas tienen en común. En muchos sentidos, esto ha ayudado a construir puentes de entendimiento a todos los niveles religiosos. Tengo entendido que durante vuestras discusiones habéis estado considerando algunos de estos temas de preocupación práctica en las relaciones interreligiosas: la identidad de los compañeros en diálogo, educación religiosa en las escuelas, conversión, proselitismo, reciprocidad, libertad religiosa, y el papel de líderes religiosos en la sociedad. Estos son temas importantes a los que los líderes  religiosos viviendo y trabajando en sociedades plurales deben estar muy atentos.

Es importante hacer hincapié en la necesidad de formación para aquellos que promueven el diálogo interreligioso. Si él debe ser auténtico, este diálogo debe ser un viaje de fe. Cuán necesario es para sus promotores estar bien formados en sus propias creencias y bien formados en la de los otros. Es por esta razón que animo los esfuerzos del Consejo Pontificio por el Diálogo Interreligioso en organizar cursos de formación y programas en el diálogo para  los diversos grupos cristianos, especialmente seminarios y personas jóvenes en instituciones educacionales superiores.

 

La colaboración interreligiosa provee oportunidades de expresar los más altos ideales de cada tradición religiosa. Ayudando a los enfermos, llevando consuelo a las víctimas de desastres naturales o violencia, cuidando de los ancianos y del pobre: estas son algunas de las áreas en las que personas de diferentes religiones colaboran. Animo a todos aquellos que son inspirados por la enseñanza de sus religiones a ayudar a los miembros sufrientes de la sociedad.

 

Queridos amigos, al llegar al final de vuestra Asamblea Plenaria, doy gracias por el trabajo que habéis hecho. Os pido que toméis el mensaje de buena voluntad del Sucesor de Pedro a vuestra grey cristiana y a todos nuestros hermanos de otras religiones. Gustosamente os imparto mi Bendición apostólica  como señal de gracia y paz en nuestro Señor y Salvador Jesucristo.


(Traducción particular no oficial desde el Inglés)


Publicado por verdenaranja @ 18:06  | Habla el Papa
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