Jueves, 19 de junio de 2008

 Artículo semanal del Arzobispo de Valencia Don Agustín García-Gasco Vicente para el   Domingo 20 de Abril de 2008.


 

El Evangelio es fecundo para el progreso

 

  

   La educación católica arranca de una convicción profunda: el mensaje cristiano es especialmente fecundo para la cultura, de la que el hombre vive.

Quien pretende eliminar a Dios y a la dimensión religiosa del hombre concluye en alguno de los distintos tipos de materialismos que someten al ser humano. La luz de Cristo reivindicando el amor y el perdón como fuerzas transformadoras de cada ser humano es capaz de producir las mejores energías de cada persona y de cada cultura. La educación católica, y de modo singular la Universidad Católica, permite a la Iglesia establecer un diálogo de profundidad con todos los hombres de cualquier cultura y convicción.

En el mundo de hoy, caracterizado por un progreso acelerado en la ciencia y en la tecnología, las tareas de la Universidad Católica asumen una importancia y una urgencia crecientes, especialmente en lo que se refiere a la búsqueda del significado de los descubrimientos científicos y tecnológicos. La aplicación de la ciencia resulta susceptible de valoración ética y moral. No es lo mismo inventar un veneno mortal que descubrir un antídoto o vacuna. Lejos de ser compartimentos estancos e incomunicados, la ciencia y la cultura son permeables a la promoción de la dignidad de cada ser humano y de sus derechos fundamentales, tal como defendemos los cristianos.

El Evangelio no puede ser confinado al estrecho margen de las convicciones privadas, a la que se les intenta prohibir penetrar en el campo de la acción pública ciudadana y del progreso científico y cultural. No hay una cultura de lo público y una cultura de lo privado que puedan ser contradictorias. Sólo hay una única cultura merecedora de este nombre: la que ayuda a todos los seres humanos, de toda raza y condición, a disfrutar de su verdadera dignidad humana.

Las escuelas y las universidades católicas tienen como finalidad, por un lado, hacer que se logre una presencia pública, continua y universal del pensamiento cristiano en todo su esfuerzo por promover la cultura superior. En segundo lugar, las escuelas y las universidades católicas están llamadas a formar a todos los estudiantes de manera que lleguen a ser personas insignes en el saber, preparadas para desempeñar funciones de responsabilidad y a testimoniar su fe ante el mundo.

No hay contradicción entre la función docente y la función investigadora de la Universidad. Nunca habrá verdadero progreso de la investigación sin personas bien formadas en todas sus dimensiones que sepan conseguir y comunicar sus resultados para el bien de la persona y del conjunto de la sociedad.

El I Congreso Internacional de Educación Católica que se desarrollará en la Universidad Católica de Valencia «San Vicente Mártir» es una magna ocasión para expresar la confianza y la esperanza que merece la insustituible tarea de las universidades y escuelas católicas. Su misión aparece cada vez más necesaria para que la fuerza del Evangelio renueve el encuentro de la Iglesia con el desarrollo de las ciencias y con las culturas de nuestro tiempo.

Durante siglos, la Iglesia ha propiciado la creación de Universidades y centros de enseñanza y el siglo XXI depara importantes retos en los que la enseñanza católica tiene mucho que aportar en las sociedades avanzadas en las que si embargo nacen peligrosos brotes de violencia en múltiples ambientes que ponen de manifiesto la pobreza de miras, las frustraciones y contradicciones evidentes que se generan. En educación, nada solucionan los parches. Es preciso y urgente una intervención educativa completa capaz de seducir por la fuerza atractiva de la razón y de la responsabilidad a los jóvenes y adultos. La educación es una medicina preventiva necesaria para evitar muchas de las enfermedades que sufren las sociedades del siglo XXI.

Con mi bendición y afecto,


Publicado por verdenaranja @ 0:55  | Hablan los obispos
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