Mi?rcoles, 25 de junio de 2008

Artículo publicado en la revista "Iglesia Nivariense", número 83 ABRIL 2008.



HOY TENGO UN MAL DÍA

 

 

 SALVADOR FERNÁNDEZ



Quién no ha pasado unos días con "mal cuerpo", días en que haces las cosas sin ana, donde todo lo que puedes lo dejas para mañana? Días grises, oscuros, donde las preocu­paciones te hacen ver todo el futuro en negro, especialmente al llegar la noche.

 

Tu paz se ve arrollada por diversas preocupaciones, tu esposa, tus hijos, la paz mundial, el mañana de tus nietos, la desesperanza...

 

Pienso que tal vez la causa prin­cipal es mi poca Fe, acaso motivada por mi escasa oración, por mi poco dialogo con Jesús, por las desgracias que diariamente llegan a nuestros oídos, por la difícil y peligrosa situa­ción de diversos países que están dando lugar a sangrientos enfrenta­mientos. con el serio peligro de terminar en una brutal contienda que puede terminar con la Humanidad.

 

Dicen que casi todos pasamos por situaciones depresivas, que normal-mente se resuelven sin necesidad de acudir a un profesional que te ayude a salir de ella. Y creo que es verdad, y, por mi experiencia, he contado con la ayuda del mejor especialista, de ese Espíritu Santo que en los evan­gelios te va dando tratamientos para descubrir la felicidad pese a las preocupaciones, donde en mis visitas al Santísimo dialogo con El, le escucho, y sales de la visita confortado.

 

Un Dios que tenemos cercano, no solo en la Eucaristía sino también en el Sacramento de la Reconciliación, donde sus gracias te hacen sentirte perdonado, en paz.

 

Y que paz siento también cuando pongo en manos de nuestra Madre, la Virgen, a nuestra familia.

 

Pienso que si los medios de difu­sión, en lugar tanto concurso insulso, dedicaran más tiempo a que la cató­lica España conozca y viva la doctrina de Jesús, las riquezas espirituales que encierra, la felicidad que tenemos al alcance de la mano, nuestro vivir de cada día mejoraría sensiblemente..

 

Se acercan días de Primeras Comuniones y acaso el mejor regalo que se puede hacer a ese hijo es el vivirlo en familia, donde lo impor­tante no es el ágape o los regalos sino recibir a Jesús, acompañado de sus padres y su familia, de forma que no se dé esa pobre celebración de "la Primera y Última Comunión".

 

Comprendo que cuando nos estamos moviendo en una sociedad tre­mendamente materialista, remar solo contra corriente, tener otros fines y principios, resulta difícil, y para ello la solución está en apoyarse en un grupo que tenga los mismos fines, insertarse en un grupo de iglesia donde, además de formarse y crecer como cristiano, poder resistir y ser luz y fermento allá donde se vive: familia, trabajo, y ciudad, algo que a todos debe preocuparnos.

 

Corremos el grave peligro de dejarnos llevar por el "todo el mundo lo hace", dejando que otros intereses —normalmente económicos- mani­pulen nuestras vidas y, cuando perdemos la escala de valores que debe presidir nuestra vida de cada día, no debe extrañarnos el deterioro social que se está viviendo en nuestras islas.

 

Hoy tengo un mal día ¿y mañana? ¡Mañana será otro día!


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