Lunes, 30 de junio de 2008

Comentario al Evangelio (Mt 8, 28-34) del miércoles de la décimo tercera semana del Tiempo Ordinario, publicado en el libro "Enséñame tus caminos" de Guillermo Gutierrez.

 

Conflicto de intereses

 

Dos hombres violentos sembra­ban en toda la comarca un terror semejante al del legendario «Lobo de Gubbia». Nadie se atrevía a transitar por el camino. Jesús predicaba por allí y esta circunstancia le hizo vivir de cerca la situación para demostrar su poder sobre el mal.

 

Existen muchos males y el malo que los inspira. El malo aparece aquí como un ser concreto, dotado de capacidad para descubrir en Jesús un poder contra el que nada puede. Los demonios de este mundo tienen la extraña facultad de afirmar a Dios en el momento mismo en que le niegan. ¿A qué blasfemar o indignarse contra quien dicen estar seguros que no existe? Sobre Dios o el demonio es incompetente cualquier incrédulo.

 

La exégesis se encuentra ante un extraño episodio teñido de magia al que no parece fácil dar una explicación literal coherente. Los espíri­tus liberan a los dos energúmenos pero se apoderan de los puercos y és­tos se precipitan en el mar. ¿Es esto serio? Como ya hemos indicado (4 Semana: lunes), la explicación más coherente y plausible es la facilitada por C. Gagnon:

 

Probablemente se trata de dos acontecimientos acaecidos indepen­dientemente en distintas fechas pero yuxtapuestas en el relato para ex­plicar el uno por el otro y sacar una conclusión de orden moral. Sucede algo así como cuando, vgr., después de una larga sequía llega de visita un amigo y llueve. Se le dice: «¡Nos has traído la lluvia!». Una manada de cerdos muere ahogada. Aparece Jesús por allí y libera a los energúme­nos. La gente relaciona los dos acontecimientos como causa y efecto. Por eso los damnificados piden a Jesús que se aleje.

 

Para llegar a Dios es preciso liberarse del mal que aparca y posee. Desearíamos un mundo más justo, pacífico, fraternal... Lo difícil no son los deseos sino la lucha contra el mal que nos hace injustos o agresivos. Jesús viene en ayuda de nuestra debilidad porque él se demuestra superior a todas las fuerzas del mal.


Publicado por verdenaranja @ 22:56  | Espiritualidad
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