Jueves, 10 de julio de 2008

Comentario a la lecturas del domingo décimo cuarto del tiempo ordinario – A, publicado en Diario de  Avisos el domingo, 6 de Junio de 2008, bajo el epígrafe “el domingo, fiesta de los cristianos”.

 

¡Anda niño, vete a jugar!

 

DANIEL PADILLA

 

Dos cosas quedan muy claras en el evangelio de hoy. Primera. Que "los caminos de Dios no son nuestros caminos". Por ejemplo, en la catalogación, admiración y se-lección que hacemos de las personas. Así solemos doblegar-nos ante las más influyentes, mire Usted. Y ante las que están encumbradas por la popularidad y ante las asentadas en el po­der. Más o menos conscientemente, a su alrededor giramos como satélites serviles. Queramos confesarlo todo o no, somos seguidores del refrán que dice: "El que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija". Por el contrario, ignoramos a los hu­mildes, a los desposeídos, a los niños. Por eso, cuando nos sentimos importantes y queremos hablar "cosas serias", o quizá "poco serias", solemos decir: "¡Anda, niño, vete a ju­gar!". Efectivamente, ¿quién llama a un mendigo para consul­tarle nada? ¿Quién a un niño? Pero he aquí que Jesús dice: "Te doy gracias, Señor, porque escondiste estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla".

 

Y no piensen que era una frase para "impactar", para lla­mar la atención, una especie de "golpe psicológico". Es la constante más repetida de la acción de Dios con respecto a los hombres. ¿Quién era, en efecto, Moisés, en la segunda etapa de su vida? Un "don nadie", alguien que, huyendo de las iras del Faraón, tuvo que refugiarse como pastor en las montañas de Madián. Un desheredado. Pues, bien, a ese desheredado, a pesar de sus muchas limitaciones –"yo no tengo facilidad de palabra, soy torpe de boca y de lengua", decía-, a ese pastor del rebaño de Jetró, eligió Dios para liberar de Egipto a su pue­blo.

 

¿Quién era Samuel? Un párvulo, un pequeñito de Dios. Pues a ese mínimo servidor de Dios en el Templo, Dios lo con­virtió en instrumento indispensable de sus designios. Y fue sa­cerdote. Y juez. Y profeta. Y por él pasaban los destinos de Is­rael.

 

¿Quién era David? Cuando Samuel, enviado por Dios fue a Belén, para elegir un nuevo rey, no pensaba que, de los siete hijos de Jesé, apuestos y de buena presencia, fuera elegido el mas pequeño, un pastorcillo que cuidaba ovejas, "de buen co­lor y ojos hermosos". Pero Dios le dijo: "No te fijes en las apa­riencias, ni en la buena estatura. Que yo no veo las apariencias, sino el corazón".

 

Y, ¿quién era Maria? ¿Quiénes los apóstoles? Vayan reco­rriendo, por favor, la historia del cristianismo y se encontrarán. una galena de "pequeños", a los que Dios "reveló sus miste­rios, mientras los ocultaba a los entendidos".

Y segunda reflexión. –"Dios aprieta, pero no ahoga". Jesús exige, pero a la vez se pone a nuestro lado como dulce "cireneo". En efecto, El dijo: "El que quiera venir conmigo, que tome su cruz...; el que no abandone a su padre y a su madre, no es digno...", etc. El pobre corazón, naturalmente, se asusta. "Temo a Jesús cuando pasa", dice como San Agustín. Pero he aquí que luego ese mismo Jesús, y no otro, nos lanza estas palabras cálidas y fragantes: "Vengan a mí todos los que están cansados, que yo les aliviaré". Y todavía añadió: "Porque mi yugo es suave y mi carga ligera".

 

Esa es la lección de este día. Cuando uno entra en esa diná­mica del evangelio, cuando acepta esa constante paradoja, sabe que todo es posible: el poder de los "humildes" y la alegría de la "cruz". Decía San Pablo: "Sobreabundo de gozo en mis enfermedades". Y San Juan de la Cruz, emparedado y zaheri­do por los suyos, se extasiaba:

"¡Qué bien sé yo la fuente que mana y corre, aunque es de noche¡


Publicado por verdenaranja @ 23:09  | Espiritualidad
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios