Lunes, 21 de julio de 2008

Entrevista que hace Juan Hernández a Agustín Yanes Valer, publicada en la revista de la diócesiss de Tenerife "Iglesia Nivariense" MAYO 2008 núm 84.

  

 

Juan Hernández

 

«Me decían que no podía ser cura porque no oía»

 

El sacerdote Saturnino Agustín Yanes Valer, ha sido nombrado por el Papa Benedicto XVI, Prelado de honor, como reconocimiento a su medio siglo dedicado a la atención pastoral de las personas con discapacidad auditiva. Don Agustín quedó sordo a los cinco años y a los treinta y tres ingresó en el seminario. Se ordenó sacerdote el 30 de abril de 1967.

 

Ha realizado su trabajo pastoral no sólo en esta Diócesis, sino en toda España, a través de la Conferencia Episcopal. Tam­bién ha hecho más de treinta viajes apostólicos y misio­neros a distintos países de Latinoamérica, ocupándose siempre de los más pobres y necesitados. Por todos estos motivos don Agustín recibió un homenaje en Madrid y en su tierra natal de los Silos.

 

-Yo fui a Madrid para operarme del oído, pero la operación fue un fracaso. Pasé muchas dificultades, pero pensaba que prefería caer luchando allí que volver al pueblo, para ser un inútil.

 

Y así, siempre con un enorme esfuerzo personal por superarse, don Agus­tín fue intentando y consi­guiendo un camino personal de formación y superación. que le llevó a estudiar hasta seis carreras universitarias.

 

-Yo no me tengo por muy inteligente, soy una persona normal con mucha fuerza de voluntad y mucha fe. Y siempre, aunque tenía que trabajar y estudiar, alter­nando ana cosa con otra, iba alcanzando metas. Recuerdo que a veces, por la noche, llegaba a la pensión, no tenía más que un trozo de pan para cenar, y me encontraba un sobre de una tía, y dentro un billete de cien pesetas que me permi­tía bajar de nuevo a la calle a cenar. Pero me había propuesto terminar los estudios de Bellas Artes, y encontré mucha gente buena alre­dedor: Compañeros que me pasaban apuntes, profesores que me daban clases particulares, y yo estudiaba a veces toda la noche. Tan sólo cortaba a las ocho de la mañana, hora en la que me iba a misa, a eso no fallaba nunca. Yo sentía que el Señor era mi fuerza y mi salvación. Esos fueron mis primeros estudios, los (le Bellas Artes, luego me hice profesor de educación espe­cial Me fui a Salamanca, para hacer la licenciatura en Teología. En el Año de la discapacidad, una Universi­dad de Washington me nom­bró Doctor Honoris Causa, y el Ayuntamiento de los Silos me hizo Hijo Predilecto.

 

Agustín Yanes Valer nació en La Habana, Cuba. el 26 de febrero de 1929. hijo de padres españoles que regresaron a Tenerife cuando el niño tenía siete meses. A los cinco años tuvo una enfermedad infecciosa y quedó sordo. A los siete años empezó el colegio del pue­blo, y el maestro, teniendo en cuenta su discapacidad, le sentaba en su mesa para que pudiera entenderle. Eso suponía un gran esfuerzo, pero él quería aprender y se pasaba las horas leyendo libros que le prestaba el maestro. En aquellos años, y en el ambiente de su pueblo, ser sordo equivalía era una minusvalía grave, equipara­ble casi a una discapacidad psíquica, tal y como refleja una anécdota de su infancia, que nos recuerda don Agus­tín.

 

-Era el tiempo de la emigración a Venezuela, en el que todos los jóvenes del pueblo se marchaban. Yo fui a cortarme el pelo a la barbería, y me dice el peluquero: "Ahora, todos se van. Los únicos que no ve pueden marchar son Jua­nito el Bobo y tú, porque son los inútiles del pueblo". La suerte es que él tenía la navaja de afeitar en la mano, porque si no...

 

Terminó la escolarización y le pusieron a trabajar en el comercio de un tío, pero por las tardes asistía a clases par­ticulares, y así pudo terminar el Bachillerato Superior.

 

En su familia hubo varios sacerdotes, y cuando Agustín tenía once años, al saber que uno de sus primos ingresaba en el Seminario Diocesano, él también quiso seguir este camino, y fue con su madre a hablar con el párroco, pero el cura del pueblo, un buen sacerdote que siempre le acogió con cariño y le animó, le dijo que no era posible debido a su sordera. A los catorce años se celebraron en Tenerife unas misiones populares, y volvió a surgir en él la idea del sacerdocio, pero los padres jesuitas que daban la misión le hicieron ver la imposibilidad debido a que no oía.

 

Tuvo contacto con fran­ciscanos, jesuitas, escolapios, y en todas las puertas donde llamó se las cerraron con una negativa. Don Agustín nos recuerda el final feliz de esa lucha per­sonal de muchos años.

 

- Yo, desde pequeño, tuve la ilusión de ser sacerdote, porque en mi familia ha habido siete curas, pero siempre me decían que no podía ser porque no oía. Luego, el Concilio Vaticano 11 quitó ese impedimento, y el Arzobispo de Valladolid, después de escucharme, me dijo que podía presentar la solicitud personalmente en Roma, y al mes me llegó la autorización para poder entrar en el Seminario.

 

Y ahora, cuando debemos llamarle Monseñor, pues es Prelado de Honor, se sigue viendo a sí mismo corno "un cura barato". Los que le conocemos sabemos muy bien de cuales son sus muchas riquezas.

 

- Cuando el Obispo anunció el nom­bramiento me dejó en fuera de juego, porque no lo esperaba. Después, yo he seguido siendo igual. Antes, era Agus­tín. Y ahora sigo siendo Agustín. Creo que soy "un cura barato": Si el Papa o la Comisión Episcopal piensan que soy merecedor de esto, yo lo acepto, pero a mí me dejan en el mismo sitio donde estaba.

 

En la actualidad, Don Agustín, como cariñosamente le llamarnos todos, desa­rrolla su labor en Tenerife, atendiendo a la formación de personas con discapaci­dad auditiva. Entre las últimas iniciativas que ha puesto en marcha destaca el blog que se puede visitar en la página Web  ww.pastoraldelsordo.blogspot.com, donde se ofrecen las lecturas de la misa en lenguaje sencillo y la homilía de cada domingo en lenguaje de signos.

 

La Pastoral del Sordo de Tenerife está ubicada en el Convento de Las Clarisas de La Laguna y ofrece cate­quesis de Primera Comunión o de Con­firmación, preparación al Bautismo o al Matrimonio, formación catequé­tica de adultos, cursos de Orientación Familiar, visitas a enfermos, celebra­ciones exequiales y asistencia social, entre otras.


Publicado por verdenaranja @ 23:30  | Entrevistas
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