Lunes, 21 de julio de 2008

Reseña de entrevista realizda a Don José Sánchez, presidente de la Comisión de MIgraciones de la Conferencia Episcopal Española, publicad en revista "Iglesia Nivariense" - MAYO 2008 Núm 48.

 

«Si la sociedad próspera no tiene respuestas para

la inmigración, es que algo falla»

 

EI periódico "Diario de Avisos" ha publicado, en su edición del 28 de mayo, una entrevista a José Sánchez, presidente de la Comisión de Migraciones de la Conferencia Episcopal. En la misma, Sánchez indica que "la Iglesia intenta pro-clamar la máxima evangélica de "fui extranjero y me aco­gisteis". Para nosotros, todo extranjero es un hermano. y el servicio al hermano es el servicio al Señor, que se identifica con él, y además es el mandato supremo de hacer con los demás lo mismo que él hizo con nosotros."

 

A preguntas de José Luis Cámara en relación a si las actuales medidas migratorias son más restrictivas, Sánchez sostuvo que "Todos los paí­ses, incluido el nuestro, han votado en esa dirección. Por ejemplo, hablar de internamiento no deja de ser un eufemismo, porque hablar de internamiento, retención, detención, etc, es similar a hablar de campos de concentración; son palabras que se intercambian, porque el hecho es que son personas privadas de libertad y rete­nidas hasta solucionar su expulsión. Esto no es más que la demostración evi­dente de que el mundo está mal organizado, porque si la sociedad próspera y desarro­llada no tiene otra respuesta para estas personas, que sólo buscan un futuro mejor, es que algo no funciona. La solución es difícil y muy a largo plazo, pero no se están dando los pasos adecuados. Hay que arreglar las inmensas diferencias que hay entre el mundo pobre y el próspero, que son las que generan estos flujos de los países de abun­dancia demográfica sobre los que ofrecen ofertas de trabajo que no pueden cubrir los propios nacionales".

 

En cuanto a qué se puede hacer, el Obispo, José Sán­chez insistió en que

"Al menos hay que reclamar que estas perso­nas siempre tengan un trato humano, que se respeten sus derechos y que se controlen mejor estos flujos, para evi­tar la proliferación de mafias y minimizar los riesgos que conlleva esta peligrosa aven­tura. En los últimos años ha habido una gran generosidad de apertura, que dio lugar a regularizaciones, y ahora que las cosas empiezan a ponerse un poco más oscuras se endu­recen las medidas del trato a las personas. Es una actitud hipócrita. No es fácil encon­trar soluciones, pero si no se hayan en origen, difícilmente las habrá en llegada".

 


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