S?bado, 02 de agosto de 2008

Carta semanal del Arzobispo de Velencia Don Agustín García-Gasco Vicente para el domingo 18 de  Mayo de 2008


 

Educar la libertad en libertad

 

 

 

Una de las metas fundamentales de la educación católica hoy es “educar la libertad en libertad”. No es una redundancia. No basta con reclamar la libertad en educación, sino que hay que proponer la educación de la libertad y de la voluntad.

Para educar en libertad es necesario que los padres tengan libertad, tanto para crear y sostener centros educativos como para elegir el tipo de educación que quieren para sus hijos. Las ayudas o subvenciones de los Estados para que todos puedan ejercer este derecho elimina discriminaciones de tipo económico o social. La democracia se hace más efectiva cada vez que el Estado respeta la libertad de opción de las personas y no la sustituye, ni fomenta monopolios.

En fecha reciente, Benedicto XVI señalaba en su viaje a Estados Unidos su preocupación por un desequilibrio en los objetivos de la educación. Quizá, apuntaba el Papa, hemos buscado diligentemente atraer la inteligencia de nuestros jóvenes a precio de haber descuidado su voluntad.

La consecuencia de esta falta de atención a la educación de la voluntad es que la noción de libertad se ha distorsionado. Para muchos jóvenes, e incluso para algunos adultos, la libertad aparece como la facultad para “desentenderse de”, para romper cualquier lazo o compromiso. Se observa que se confunde lo que es la libertad con una especie de rebeldía romántica que rechaza asumir cualquier tipo de responsabilidad o compromiso estable.

Sin embargo, en su sentido más pleno, la libertad es la facultad de “comprometerse con”, una participación en el Ser mismo, en la propia naturaleza de Dios, cuya imagen está impresa en el ser humano. La libertad es una facultad activa y constructiva, cuyo ejercicio responsable resulta imprescindible para el bien común de una sociedad.

Benedicto XVI insiste en que, cuando se comprende adecuadamente en qué consiste la libertad auténtica, Dios no es una carga. Pretender contraponer a la libertad con Dios, tiene como consecuencia final descuidar la genuina verdad que necesitamos para comprendernos a nosotros mismos. Los cristianos proclamamos que el ser humano es libre porque Dios lo ha hecho así, y en consecuencia —y esto es lo importante— respetar su libertad nace de un designio divino. Lejos de ser enemigo de la libertad humana, Dios es su creador y su mejor garante.

Nada revela mejor la profundidad de la libertad humana que el acto de fe. ¡El hombre puede aceptar a su Creador, reconocerlo y amarlo, o puede no aceptarlo, desconocerlo, rechazarlo! Así ha querido Dios elevar y respetar al ser humano y su dignidad.

El Santo Padre anima a suscitar entre los jóvenes el deseo de un acto de fe, animándolos a comprometerse con la vida eclesial que nace de este acto de fe. Los jóvenes podrán experimentar así que la fe, lejos de ser una imposición, es una profunda experiencia de libertad que alcanza la certeza de la verdad. Quien elige vivir de acuerdo a esta verdad, abraza la plenitud de la vida de fe, que se nos da en la Iglesia.

La identidad católica de las escuelas y universidades está directamente relacionada con lo que fue la metodología del acompañamiento y la predicación de Jesús con sus discípulos. Sus hechos y palabras muestran que la verdad solamente puede encarnarse en la fe y en la razón, cuando son auténticamente humanas. Así están en condiciones de dirigir la voluntad a través del camino de la libertad.

De este modo, la educación católica ofrece una contribución vital a la misión de la Iglesia y sirve eficazmente a la sociedad. El Papa nos indica con claridad que las escuelas y las universidades católicas son lugares en los que se reconoce la presencia activa de Dios en los asuntos humanos y cada joven descubre la alegría de entrar en “el ser para los otros” de Cristo.

Educar la libertad en libertad ayuda a cada ser humano a descubrir lo mejor de sí mismo y a hacerlo valer en la entrega generosa a los demás. Este es el tesoro que la educación católica ofrece a la sociedad y que nadie debería ser ajeno a su reconocimiento, valoración y aprecio.

Con mi bendición y afecto,


Publicado por verdenaranja @ 22:56  | Hablan los obispos
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios