S?bado, 16 de agosto de 2008

Artículo del Padre Giovanni Salerno, sptm, publicado en Boletín 2008 "LOS SIERVOS DE LOS POBRES DEL TERCER MUNDO" ,  de  Opus Christi Salvatoris Mundi.

Una Fraternidad de amor misionero

 

En Andahuaylillas, una Fraternidad de Matrimonios "Misioneros Siervos de los Pobres del Tercer Mundo"

 

Han pasado ya varios años desde que el Papa Juan Pablo II recordó en su Exhortación Apostólica "Christifideles Laici" la urgencia de la nueva Evangelización, debido a que millones de personas no conocen todavía a Cristo.

 

Decía el Santo Padre que «ésta es la responsabilidad más específicamente misionera que Jesús ha confiado y diariamente vuelve a con-fiar a su Iglesia» (Christifídeles laici, n. 35). Unas líneas más adelante, también recuerda que en la Historia de la Iglesia se han dado matrimonios cristianos, como Aquila y Priscila que acompañaron a S. Pablo en su infatigable misión en Corinto y en Siria (cf. Hch 18). Este hecho sorprenden-te de que un matrimonio haya dejado todo y se haya entregado por completo a dar a conocer a Cristo el Señor, junto con el Apóstol de los gentiles, suscita en nuestro corazón las siguientes preguntas: ¿Puede un matrimonio dejarlo todo y entregarse al Señor en la misión? ¿Por qué este matrimonio se volvió misionero?

 

Para responder a estos interrogantes, hace falta recordar el don que el Señor Jesús hace a los esposos por medio del Sacramento del matrimonio. En él se les infunde el Espíritu Santo para que, renovado el corazón del hombre y de la mujer, el amor conyugal alcance la plenitud a la cual está ordenado interiormente, es decir, «el modo propio y específico con que los esposos participan y están llamados a vivir la misma caridad de Cristo que se dona sobre la cruz» (Familiaris consortio, n. 11). Con este corazón nuevo, la entrega que mutuamente se hacen, es conjuntamente obra de su mutuo amor y del amor que movió a Cristo a entregarse en la Cruz. Es por este don de Dios en el sacramento por el que son asociados al Misterio de la Cruz, en el cual Cristo se entrega por todos los hombres. Así también los esposos están llamados a que su amor mutuo sea irradiación del amor de Cristo por todos.

 

Desafortunadamente el ambiente social, cultural y económico de muchos países, constituye un gran obstáculo para que los matrimonios vivan con fidelidad este amor de Jesús y a Jesús, en definitiva, que vivan fielmente el Evangelio. Hoy muchos viven como "si Dios no existiera". Es por esto que en nuestro Movimiento, algunos matrimonios han encontrado  un ambiente propicio, incluso con sus hijos, para emprender un verdadero camino de santidad, donde pueden ser irradiación del amor de Cristo por todos, especialmente por los más pobres y esto según el don que han recibido con el Sacramento. ¡Esta es la Buena noticia que hoy quisiera anunciarles!

 

Nunca voy a olvidar que, desde el inicio de la fundación del Movimiento, fueron precisamente matrimonios jóvenes los primeros que, dejando trabajo, país y comodidades, respondieron con generosidad al llamado de Cristo. Yo inicié solo, pero ellos fueron los primeros en venir e incluso con 

(sus hijos. Ellos fueron para mi la caricia del Buen Dios, con la que me mostraba que no me había abandonado. En este gesto de celo evangélico de esos jóvenes esposos, vemos hechas realidad las palabras del Papa Juan Pablo II, cuando dice que la familia «como comunidad de amor, encuentra en el don de sí misma la ley que la rige y la hace crecer» (Familiaris consortio, n. 37). En verdad debemos muchísimo a estos matrimonios jóvenes que, ensanchando los horizontes del amor en su familia, acogieron y guiaron a las primeras Hermanas misioneras y también a nuestros primeros jóvenes seminaristas. Fue gracias a ellos que estos recién llegados encontraron el calor del hogar de Nazaret. Fue gracias a ellos, que pudimos empezar a servir a los más pobres desde los primeros años del Movimiento.

 

El Santo Padre Juan Pablo II, recordó en su Encíclica "Redemptoris Missio" que todos los fieles son misioneros por la fuerza del bautismo (cf. n. 71), es decir que comparten la responsabilidad de la Iglesia en la Evangelización y en la misión, para que todos conozcan a Cristo. En efecto, «el sacramento del matrimonio que plantea con nueva fuerza el deber arraigado en el bautismo y en la confirmación de defender y difundir la fe, constituye a los cónyuges y padres cristianos en testigos de Cristo "hasta los últimos confines de la tierra", como verdaderos y propios "misioneros" del amor y de la vida» (Familiaris consortio, n. 54). Queridos matrimonios, ¡no tengan miedo de abrir su amor a los más pobres! ¡no tengan miedo a dejarlo todo y ser misioneros! Ya el Señor les ha dado el don de ser signo de la fecundidad y de la maternidad de la Iglesia, que da vida por medio del Evangelio a los más necesitados y marginados y que enriquece a los pobres con sus "tesoros de gracia". Es por esto que siempre he dicho que servir a los  pobres es un gran privilegio, nos permite vivir santamente lo propio de nuestra vocación y nos volvemos instrumentos de la ternura del Padre, imágenes de Cristo, el Siervo por amor, en especial para con los pobres y testimonios de la fuerza del Espíritu Santo.

 

En nuestro Movimiento tenemos ejemplos de quienes lo han dejado todo para servir a los pobres, actual-mente entre nosotros tenemos incluso gente con carreras profesionales: arquitecto, ingenieros, administradores, etc. Ellos, dóciles al Amor de Cristo por los más necesitados, han venido para vivir fielmente el Evangelio, incluso con sus hijos, convirtiéndose en una verdadera Iglesia doméstica, «espacio donde el Evangelio es transmitido y se irradia» (Evangelii Nuntiandi, n. 71). Muchos podrían pensar que el hecho de que una familia escoja la misión sería forzar a los hijos a aceptar esta vocación, sin embargo la experiencia nos ha mostrado justo lo contrario. El ejemplo de los padres, que como fruto de su amor mutuo buscan la perfección en el completo seguimiento de Cristo, crea una gran admiración de los hijos hacia los padres. Además que se siembra en ellos el germen del amor incondicional a Cristo, que después florece en santas vocaciones, sea para la vida matrimonial que para la vida misionera.

 

Muchos jóvenes matrimonios que han conocido la realidad de los pobres y la grandeza de su vocación como Iglesia doméstica, han solicitado incorporarse en nuestro Movimiento. Desafortunadamente, por falta de espacio u otros motivos, hemos tenido que aplazar o incluso rechazar muchas peticiones de jóvenes matrimonios. Pero ahora, la Providencia Divina ha puesto en nuestras manos un terreno cercano a la "Ciudad de los Muchachos", donde podremos acoger a más jóvenes matrimonios que con sus hijos deseen ardientemente convertirse en verdaderas hogueras de amor misionero. Además que el Señor mismo nos ha mostrado esta exigencia, porque los pueblos de la alta cordillera necesitan cada vez más una verdadera evangelización que vaya acompañada de un testimonio viviente de lo que es y cómo se vive el matrimonio redimido por Cristo.

 

En este terreno cada matrimonio puede disponer de un apartamento particular. De este modo cada familia puede mantener su intimidad. Cada familia, en efecto, es una pequeña comunidad. Esto no impide que, viviendo cerca los unos de los otros, compartan un mismo ideal de vida y compartan también su trabajo, testimoniando así poder tener como una sola alma y un solo corazón.

 

Queridos matrimonios, si ustedes creen tener el don de la vocación misionera y desean incorporarse a nuestro Movimiento en la fraternidad de matrimonios misioneros, envíenos por escrito sus motivaciones y así podrán venir y vivir una breve experiencia misionera en el Cuzco, para conocer el carisma del Movimiento y el campo de trabajo que les espera. Esta experiencia también les ayudaría a discernir si es su verdadera vocación. Después de esto podrán ser aceptados para vivir como misioneros en una experiencia, que duraría corno mínimo dos años.

 

No podemos ignorar, ni permanecer indiferentes, a este llamado que Cristo dirige a los matrimonios católicos, a través de la Iglesia. Sólo cabe una respuesta generosa, el amor de Cristo nos urge a poner manos a la obra ya que él «con las familias y por medio de ellas, [...] sigue teniendo "compasión" de las multitudes» (Familiaris consortio, n. 41).

 

P. Giovanni Salerno, sptm

 


Publicado por verdenaranja @ 0:29  | Misiones
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