Martes, 02 de septiembre de 2008

Extracto de DOSSIER FIDES “El desafío de la educaciónLAS UNIVERSIDADES CATÍOLICOS EN EL MUNDO” publicado por Agencia Fides el mes de  Agosto de 2008.



Universidades Católicas

 

“Nacida del corazón de la Iglesia, la Universidad Católica se inserta en el curso de la tradición que remonta al origen mismo de la Universidad como institución, y se ha revelado siempre como un centro incomparable de creatividad y de irradiación del saber para el bien de la humanidad. Por su vocación la Universitas magistrorum et scholarium se consagra a la investigación, a la enseñanza y a la formación de los estudiantes, libremente reunidos con sus maestros animados todos por el mismo amor del saber. Ella comparte con todas las demás Universidades aquel gaudium de veritate, tan caro a San Agustín, esto es, el gozo de buscar la verdad, de descubrirla y de comunicarla (San Agustín, Confes., X, XXIII, 33: «La vida feliz es, pues, gozo de la verdad, porque éste es un gozo de ti, que eres la verdad, ¡oh Dios mio, luz mia, salud de mi rostro, Dios mio!»: PL 32, 793-794. Cf. Santo Tomás de Aquino, De Malo, IX, 1: «Es, en efecto, natural al hombre aspirar al conocimiento de la verdad») en todos los campos del conocimiento. Su tarea privilegiada es la de «unificar existencialmente en el trabajo intelectual dos órdenes de realidades que muy a menudo se tiende a oponer como si fuesen antitéticas: la búsqueda de la verdad y la certeza de conocer ya la fuente de la verdad»”.

 

Con estas palabras se abre la Constitución Apostólica “Ex Corde Ecclesiae”, emanada por Juan Pablo II el 15 de agosto de 1990; el Pontífice aquí sigue explicando el por qué de esta Constitución para las Universidades católicas y las Instituciones católicas de enseñanza superior, una especie de Magna Charta enriquecida por la experiencia secular de la Iglesia en la instrucción universitaria. La Constitución explica que en un mundo “caracterizado por unos progresos tan rápidos en la ciencia y en la tecnología, las tareas de la Universidad Católica asumen una importancia y una urgencia cada vez mayores. De hecho, los descubrimientos científicos y tecnológicos, si por una parte conllevan un enorme crecimiento económico e industrial, por otra imponen ineludiblemente la necesaria correspondiente búsqueda del significado, con el fin de garantizar que los nuevos descubrimientos sean usados para el auténtico bien de cada persona y del conjunto de la sociedad humana. Si es responsabilidad de toda Universidad buscar este significado, la Universidad Católica está llamada de modo especial a responder a esta exigencia; su inspiración cristiana le permite incluir en su búsqueda, la dimensión moral, espiritual y religiosa, y valorar las conquistas de la ciencia y de la tecnología en la perspectiva total de la persona humana”.

 

La misión de los ateneos católicos debe promover el encuentro de las culturas con el desarrollo de las ciencias, buscando – a través de la enseñanza y la investigación – aquello que de más precioso existe en la cultura, para “encontrar de un modo adecuado a los tiempos modernos los tesoros antiguos y nuevos de la cultura, «nova et vetera», según la palabra de Jesús (Mt 13,52)”. La Constitución insiste en la tutela de los derechos y de la libertad de estas Instituciones en la sociedad civil, alentando a un apoyo económico donde haya mayor necesidad, con el deseo de que “estas disposiciones, fundadas en la enseñanza del Concilio Vaticano II y en las normas del Código de Derecho Canónico, permitan a las Universidades Católicas y a los demás Institutos de Estudios Superiores cumplir su imprescindible misión en el nuevo Adviento de gracia que se abre con el nuevo Milenio”.

 

Antes de hacer un elenco de las normas a las que deben responder las instituciones católicas, hay una primera parte de esta Constitución en la que son especificadas la identidad y la misión de las Universidades y de los Institutos católicos de estudios superiores. En esta sección, a propósito de la identidad de las instituciones católicas, se especifica que “la Universidad Católica, en cuanto Universidad, es una comunidad académica, que, de modo riguroso y crítico, contribuye a la tutela y desarrollo de la dignidad humana y de la herencia cultural mediante la investigación, la enseñanza y los diversos servicios ofrecidos a las comunidades locales, nacionales e internacionales”. Sin embargo, se especifica que por cultura se entiende un ámbito que se asocia a una doble dimensión: “la humanística y la socio-histórica”, evidenciando como no se pueda separar el contenido del tiempo y del lugar en el que se desarrolla, teniendo en cuenta el mensaje cristiano. Los fundamentos de la enseñanza son así: a) la consecución de una integración del saber; b) el diálogo entre fe y razón; c) una preocupación ética y d) una perspectiva teológica. Fundamentos a los que se vincula la actividad de docentes y del personal administrativo, reconociendo el papel fundamental desarrollado en estas instituciones también por laicos y académicos pertenecientes a otras Iglesias, a otras comunidades eclesiales y religiones, o quien no profesa ningún credo religioso, o todos aquellos hombres y mujeres que “contribuyen con su formación y su experiencia al progreso de las diversas disciplinas académicas o al desarrollo de otras tareas universitarias”.

 

En lo que se refiere a la misión fundamental de las Universidades Católicas, ella consiste en una “constante búsqueda de la verdad mediante la investigación, la conservación y la comunicación del saber para el bien de la sociedad. La Universidad Católica participa en esta misión aportando sus características específicas y su finalidad”. Otro punto particularmente significativo es el diálogo entre las culturas, del cual las instituciones católicas deben hacerse cargo, en el deber de dirigir una atención adecuada a las varias tradiciones culturales existentes dentro de la Iglesia, para “promover un constante y provechoso diálogo entre el Evangelio y la sociedad actual. Entre los criterios que determinan el valor de una cultura, están, en primer lugar, el significado de la persona humana, su libertad, su dignidad, su sentido de la responsabilidad y su apertura a la trascendencia”.


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