Jueves, 04 de septiembre de 2008

Guatemala (Agencia Fides) – “Madre tierra, vida de los pueblos” es el titulo del Mensaje firmado por Mons. Álvaro Ramazzini, Obispo de San Marcos y Presidente de la Pastoral de Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal de Guatemala con motivo de la celebración del Día Nacional del Migrante que la Iglesia de Guatemala celebra el próximo domingo 7 de septiembre.

 

MENSAJE

de la Pastoral de Movilidad Humana

de la Conferencia Episcopal de Guatemala

 

Madre tierra, vida de los pueblos

“Era migrante y me recibiste en tu patria" ( cfr. mt 25,35)

 

Estimados hermanos y hermanas, amados sacerdotes, religiosos, religiosas, catequistas, laicos y laicas comprometidos: a todos los saludo fraternalmente con el amor de Jesús, el Buen Pastor.

 

La Iglesia de Guatemala, año tras año, celebra en el primer domingo de septiembre el Día Nacional del Migrante. Siempre, pero particularmente en este día, recordamos sus esperanzas, valoramos sus luchas, y denunciamos los atropellos a sus derechos.

 

En este año queremos llamar la atención, nacional e internacional, sobre el drama vivido por la población migrante al recibir el impacto inhumano de las deportaciones y señalar en el contexto guatemalteco, la íntima relación existente entre la injusta distribución de los bienes de la tierra y el aumento de la pobreza, causa fundamental de las migraciones forzadas. Para ello hemos escogido el lema: MADRE TIERRA, VIDA DE LOS PUEBLOS.

 

1. La globalización económica factor decisivo de la creciente brecha entre ricos y empobrecidos.

 

Los flujos de emigrantes de los países pobres hacia los países ricos, están

determinados actualmente por factores de índole económica.

 

El aumento de la pobreza, la falta de oportunidades y la deficiente implementación de procesos de desarrollo integral y sostenible, son causa y efecto de la brecha creciente entre los países ricos y los países pobres y entre los sectores ricos y los empobrecidos de cada país.

 

La brecha de la desigualdad entre pocos ricos y grandes mayorías empobrecidas, es fruto de la globalización en la cual “la dinámica del mercado absolutiza con facilidad la eficacia y la productividad como valores reguladores de todas las relaciones humanas. Este peculiar carácter hace de la globalización un proceso promotor de inequidades e injusticias múltiples….Ella no es capaz de interpretar y reaccionar en función de valores objetivos que se encuentran más allá del mercado y que constituyen lo más importante de la vida humana: la verdad, la justicia, el amor, y muy especialmente, la dignidad y los derechos de todos, aún de aquellos que viven al margen del propio mercado” (Documento de Aparecida, No. 61).

 

2. Las injusticias múltiples de la globalización debe ser superadas desde una perspectiva humana y cristiana.

 

Los problemas surgidos de una situación de injusticia estructural, que golpea siempre con mayor fuerza a los pobres, tienen que ser resueltos desde los criterios éticos “poniendo todo al servicio de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios” (cfr. Aparecida No.60).

 

En este sentido no podemos silenciar el apoyo enorme que los migrantes dan a una visión solidaria de la vida y su enorme contribución a evitar catástrofes mayores cuando a través de las remesas enviadas, sostienen la economía de sus propios países. México, Guatemala, El Salvador, Honduras, son ejemplo vivo de ello. Esta es “por lo general, la ayuda de los pobres a los pobres, que evidencia la capacidad de sacrificio y amor solidario a favor de las propias familias y patrias de origen” (Aparecida, No. 416).

 

Con su ejemplo y sus sacrificios los migrantes, en el extranjero, demuestran ante los demás que el amor y la preocupación por una vida mejor para sus familiares, son los mejores remedios para superar las exclusiones y desigualdades.

 

3. El doloroso vía crucis del migrante y de sus familiares empieza cuando tiene que abandonar su país. 

 

Independientemente de las razones que el migrante haya tenido para tomar la decisión de emigrar, sean laborales, académicas, políticas o económicas, forzadamente atraviesa por un duelo o drama profundamente humano, que afecta definitivamente su vida emocional y efectiva. Las situaciones que generan traumas y duelos en la vida del migrante son: la separación familiar, la pérdida de su lengua materna, la pérdida de las raíces culturales, vivir el rechazo dentro de la nueva cultura, la pérdida de los lazos afectivos con la naturaleza, madre tierra, los paisajes y entre otros.

Las actitudes de xenofobia y el abuso de la mano de obra de los migrantes, profundizan ese trauma.

 

4. La zozobra de las injustas detenciones y deportaciones irregulares de migrantes.

 

Las condiciones reales en que se producen las detenciones y deportaciones de migrantes, en México y Estados Unidos, conlleva siempre el riesgo de vulnerar los derechos humanos. Y así sucede en muchísimos casos.

Para ejecutar los procedimientos de deportación se recurre a las legislaciones nacionales. El hecho es que tales legislaciones no siempre están apegadas a los convenios y tratados internacionales y muchos menos a los principios de una ética en la que el ser humano sea plenamente respetado. Cuando las deportaciones de migrantes sin documentos separan las familias, se realizan con todo lujo de fuerza y prepotencia, se disfrazan con la convicción de proteger la seguridad de los ciudadanos, cortan los sueños legítimos de un futuro mejor, no podemos menos de concluir que aquí como en otros países del mundo, los procesos de irrespeto al ser humano y la crisis de humanismo han aumentado gravemente.

 

Esto es triste y presagia un porvenir aún más sombrío para la humanidad entera.

 

5. Las fronteras que lloran sangre por las violaciones.

 

Una muestra clara de ello son las distintas formas y grados de violencia que sufren los migrantes en los momentos en que tienen que cruzar los países de tránsito. Las fronteras ponen de manifiesto el alto grado de vulnerabilidad que ellos enfrentan y el alto grado de inseguridad que afecta particularmente a las mujeres, niños y niñas. Estas situaciones favorecen los delitos de la trata de personas a través de la explotación sexual, prostitución, trabajo o servicios forzados, la esclavitud, o las prácticas análogas a la esclavitud y la servidumbre.

 

6. La frontera de la pesadilla, muerte de migrantes.

 

La migración indocumentada no ha disminuido, sino que se ha desplazado por nuevas rutas, usando vías más peligrosas debido a las políticas y leyes de migración, cada vez más restrictivas. Esto, ha provocado muertes en las fronteras por los cruces en áreas geográficas de clima hostil o con infraestructura peligrosa. La vulnerabilidad de los migrantes se agudiza, aumenta el número de muertes, mayor dependencia de los coyotes y un mayor costo para llegar al destino. Los gobiernos de México y Estados Unidos comparten la misma responsabilidad al no buscar soluciones humanas a estos problemas.

 

La identidad cristiana de la que hacen gala estos países se ve disminuida considerablemente.

 

Los problemas humanos de los migrantes deben ser resueltos desde los principios de un sano humanismo que encuentra en el cristianismo y en otras religiones un fuerte apoyo, teniendo la capacidad de ir más allá de criterios estrictamente legales.

 

7. Madre tierra, vida de los pueblos.

 

El lema del afiche preparado para la celebración del Día del Migrante es: Madre tierra, vida de los pueblos. No podemos negar que la gran mayoría de migrantes hacia Estados Unidos y México, en el caso guatemalteco, son guatemaltecos que viven en el área rural. En el vigésimo aniversario de la carta “El clamor por la tierra”, la situación de la gran mayoría de campesinos indígenas y ladinos, es peor. Así también lo constató la Quinta conferencia general del episcopado en Aparecida, Brasil: “los campesinos en su mayoría, sufren a causa de la pobreza, agravada por no tener acceso a tierra propia. Sin embargo, existen grandes latifundios en manos de unos pocos. En algunos países, esta situación ha llevado a la población a demandar una Reforma Agraria, estando atentos a los males que puedan ocasionarles los Tratados de Libre Comercio, la manipulación de la droga y otros factores” (Aparecida, n. 73).

 

En el día del migrante, vale la pena recordar cómo y cuánto la problemática agraria no ha sido debidamente atendida y resuelta en nuestro país, y se ha descuidado analizar y verificar la estrecha relación existente entre ella y el aumento de la pobreza.

 

8. Hermanos y hermanas en nuestro Señor Jesucristo:

 

Como discípulos de Jesucristo no debemos ni podemos dejar pasar el dolor injusto y la exclusión que sufren a diario nuestros hermanos y hermanas migrantes. Ante esta realidad de detenciones injustificadas, de muertes, de deportaciones masivas, de violaciones a los derechos humanos, de pobreza creciente, quedarnos indiferentes es hacernos cómplices. “No podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos, sino urge acudir en todas direcciones para proclamar que el mal y la muerte no tienen la última palabra, que el amor es más fuerte, que hemos sido liberados y salvados por la victoria pascual del Señor de la historia” (Aparecida, No. 548).

 

Por ello, invito a las diócesis, parroquias, congregaciones religiosas y comunidades a escuchar el clamor de los emigrantes. Así mismo, los motivo a hacer algún gesto de solidaridad a favor de la población migrante, porque en el “corazón de la Iglesia nadie es extranjero”, y “la Iglesia como madre es una Iglesia sin fronteras”.

 

Exhorto a las autoridades guatemaltecas y a todos los guatemaltecos y guatemaltecas a que promuevan y defiendan la dignidad y el respeto a los derechos humanos de los migrantes y refugiados en nuestro país. La Iglesia puesta a disposición de los pueblos, con actitud fraterna de servicio, comparte su experiencia en humanidad, a favor de la justicia y la paz en el mundo de las migraciones.

 

Que María, Madre de los Migrantes y el Beato Juan Bautista Scalabrini acompañen a todos los y las migrantes en esta hora tan difícil en la historia de las migraciones.

 

Guatemala, septiembre 2008

Mons. Álvaro Ramazzini

Obispo de San Marcos

Presidente de la Pastoral de Movilidad Humana

Conferencia Episcopal de Guatemala


Publicado por verdenaranja @ 23:20  | Hablan los obispos
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