Mi?rcoles, 10 de septiembre de 2008

Extracto de escrito sobre Manuel Aparici enviado por Carlos Peinó Agrelo  bajo el título "Vocación, Seminario, Ordenación Sacerdotal y Salamanca".  Según su Diario Espiritual y otros escrito y testimonios

(1941-1950)



CURSO 1944/1945

(Desde el 1/10/1944 hasta el 30/9/1945).

 

 

 

         Su cuarto año de seminarista y su primer curso de Teología.

 

         PRIMER TRIMESTRE

 

         «Desde el propósito que en Ejercicios me hizo tomar el Señor de ofrecer todas mis obras por sus almas han pasado doce días en los que por su gracia, dentro de mi flaqueza, todo mi obrar lo ha regido esa intención; salvo dos días festivos, todos los demás he llevado cilicio y sobre todo he procurado ofrecer clases, estudios, comidas, recreos, descanso y las fatigas de refitolero y disponible, pero aún no he iniciado la crucifixión que Jesús me pide.

         »Hoy por medio del Director, en la plática, me ha dado excelentes consejos:

         »1º    Ver en todo la acción de su amor y su gracia.

         »2º    Meditar ante el Sagrario semanalmente lo que Jesús me está pidiendo.

         »3º    Creer en su amor y dejarme amar de Él.

         »4º    Y mendigar su ayuda convencido de que sin Él todo fallará» [1].

 

         «¡Qué infinito es el amor de Dios! Siempre, siempre, me está amando y me está amando infinitamente; cada una de la palpitaciones, infinitamente amorosas del Corazón de mi Señor Jesús, es por mí; Él tiene contados hasta los pelos de mi cabeza; Él hace latir mi pobre corazón; Él me ama desde el millón de Sagrarios que hay en la Tierra y desde el Corazón de mi Madre María y de mi madre en la carne Elena, desde el corazón del Papa y de todos y cada uno de los sacerdotes y sus seminaristas y de sus apóstoles de la Acción Católica; Él me acaricia con los tibios efluvios que parten del sol y hace germinar para mí las plantas que me servirán de alimento y de vestido; Él como Padre amoroso me tiene en su regazo y con todo quiere declararme su amor. Y tanto llega su amor que llega a entregarme su propio Corazón para que con Él le ame. ¡Oh Amor Divino qué desconocido eres de mis hermanos los hombres! Abrásame en tu fuego para que mi vida toda publique tus misericordias y se emplee en dar a conocer tu amor para que los hombres te amen» [2].

 

         «En Ejercicios el Señor me hizo ver que ahora tenía que ser mi entrega total; que todos y cada uno de mis días debía de vivirlos concrucificado con Él por sus almas. Conferí todas estas mociones de la gracia con mi Director Espiritual y me las aprobó. La verdad de las palabras “una penitencia total” exige, en primer término, suprimir todos los gustos voluntarios, empezando por el fumar.

         »Pero es que desde entonces Jesús me ha visitado con una nueva gracia: Me ha hecho, por mediación de mis superiores, Celador del Coro del Apostolado de la Oración, que ha de fomentar entre los seminaristas el conocimiento y amor a la Acción Católica. Mis hermanos de Seminario han respondido con toda generosidad, Jesús, los superiores y mis hermanos, todos mejores que yo, se confían a mí. Veo claro que, si al fin mi alma se entrega a las solicitaciones de la gracia que quiere hacerme totalmente de Cristo, estos hermanos míos, incomparablemente más generosos que yo, pueden dar un paso gigantesco en su santificación con lo que la Diócesis de la Capital de España, podría llegar a ser, efectivamente, Cabeza de un pueblo español Vanguardia de Cristiandad ...

         »¡Dios  mío,  no  puedo  decir que no! ¡Ayúdame tú a darte ese sí que me pides ... ! [...]» [3].

 

         «Don José ha dado una magnífica plática. Su esquema es: Preocupación continua por nuestra santificación, la propia y la de los hermanos. Esta preocupación llevará al estado de oración o continua comunicación con el Señor. Este continuo descansar en el Señor producirá el recogimiento interior y exterior; recogimiento que se manifestará en la observancia del Reglamento, que es su defensa, y en el buen ejemplo con lo que, merced a la doble actuación de la oración y el ejemplo, crecerá en santidad la Comunidad.

         »Creo que, por la misericordia de Dios, este es mi modo de obrar consciente y que, por lo tanto, no debo de preocuparme demasiado del Reglamento, sino de lo que me hace amable el Reglamento: de Dios y de sus almas [...].

         »Y creo también que las cosas marcharían mejor si en lugar de fijarnos en si los hermanos aman mucho o poco al Señor, nos fijáramos en el infinito amor que Jesús les tiene; pues entonces cumpliríamos su mandamiento “ut diligatis invicem, sicut et ego dilexi vos”» [4].

 

         «La infinita caridad de Dios ha querido concederme una vigilia de adoración a la Divina Majestad en el Santísimo Sacramento del Altar. Cuatro horas me ha tenido atado a en su Corazón haciéndome gustar la inefable ternura de su amor. ¡Pobres almas que no conocen el amor de Dios en Jesucristo!

         »Le he pedido que me quite la vida antes que dejarme pecar y que me haga brazo de su cruz» [5].

 

         Dentro de unos momentos el santo retiro espiritual: Introducción a las virtudes sacerdotales.

 

         «El Buen Jesús quiere retirarme del cotidiano quehacer para adoctrinarme en la ciencia de su amor. Me retira y recoge en le más hondo de su amoroso Corazón.

         »¡Él ... a mí! [...], a mí, que fui su verdugo, quiere abrumarme con sus beneficios a fin de que de una vez me entregue a su Amor.

         »¡Oh María, Auxilio de los Cristianos! [...] alcánzame la gracia de la fidelidad a la gracia, pues tan claro veo que debo de entregarme que si no lo hago no podré decir a tu Hijo que le amo [...].

         »Plena actualización de la virtud intelectiva: Conocimiento amplio o vasto, hondo y ordenado o armónico y vivido.

         »Plena actualización de la virtud afectiva; modelo el Buen Pastor, conoce a sus ovejas, llama a cada una por su nombre, va delante y le siguen y las conduce a pasto.

         »Y el saber y el amar ligado en la vida, en el acto. Plena actualización de la virtud del celo sacerdotal. No encerrarse en la inacción por la soberbia del temor al fracaso, o por comodidad perezosa, o por timidez. Ni tampoco caer en el extremo opuesto de la agitación.

         »Indicó que la caridad es el vínculo de la perfección.

         »Me ha sido útil, pues he oído fuera de mí mismo lo que hace diez años venía practicando [...].

         »Y ahora me quedan algo más de dos horas para hacer, con la ayuda de Dios, “mi retiro”» [6].

 

         Días después escribe:

 

         «Después de haberme recogido el Señor dos horas y media en su Corazón el último día de retiro y de haberme hecho sentir durante todos estos días su amor infinito sigo casi igual, sin acabar de entregarme.

         »Hoy, María, en los cultos a Ella dedicados, ha vuelto a alcanzarme gracia de su Hijo para urgirme a la entrega. En el fondo del alma me decía el Señor: ¿Ves la infinitud de mi amor? Por mucho que te conceda verlo, nunca podrás verlo del todo: en el infinito no hay límite. Toda la creación: mi Madre, los ángeles, los santos, los viadores que me aman hasta morir de amor, son impotentes para declarar mi amor; ni en el cielo podrás comprenderlo, duran-te toda la eternidad estarás adentrándote en el conocimiento y en el gozo del océano de mi amor y jamás podrás llegar a sus riberas, porque el océano de mi amor no las tiene; pues así amo yo a todas y a cada una de las almas. Con ese amor omnipotente e infinito quiero unirlas a mí, pero exijo la cooperación de la libertad humana. ¿Quieres entregarme del todo la tuya para sustituir a la de los que resisten? Señor, tú sabes todas las cosas, tú sabes que sí; pero tengo miedo a mi miseria. Y con las palabras de ayer en mi oración me dijiste: Hijo ¿crees que te amo infinitamente? Creo, Señor. ¿Crees que soy omnipotente? Creo, volví a decir. Pues entonces ¿qué temes? ¿No podrá mi omnipotencia al servicio del amor infinito que te tengo col-mar el abismo de la miseria tuya? Ciertamente que sí, ¡oh Jesús! Pues entonces no dudes más, confía plenamente en mí.

         »No dudo más, Señor. El día de la Inmaculada, por manos de tu Madre y Madre mía, me entregaré del todo a ti» [7].

 

         «Ahora sí  que debe de llegar el momento de mi entrega total a Jesús por manos de su Madre. Jesús tiene sed. Él hace que la vea palpitar en el fondo del alma de mis hermanos, los que me rodean inmediatamente y los que están esparcidos por el universo mundo: Jesús tiene sed de que me deje amar de Él y Él comunica su amor en la cruz. Luego desde mañana debo, dejándome llevar de su gracia, abrazarme con amor loco a la cruz» [8].

 

         Casi a finales del año escribe:

 

         «El Señor me concede entrar en el año 43 de mi vida y siento que Él quiere que sea de verdad víctima. Para cooperar a sus deseos necesito tener muy a la vista los motivos que me impulsaron a hacer mi ofrenda de víctima:

         »1º    El amor infinito que Dios nos tiene en su Cristo.

         »2º    El desconocimiento por parte de los hombres de su amor [...].

         »3º    La necesidad urgente de anunciarles ese amor [...].

         «4º    Yo debo amar a Dios por todos los que no le aman y como el amor [...] necesita mostrarse en obras, debo ser obediente por los desobedientes, mortificado por los inmortificados, etc.» [9].

 

         Y en la noche de Navidad anota:

 

         «El Señor ha venido a mi alma [era la noche de Navidad de 1944]. Le he pedido nacer para Él, para su Cuerpo Místico, para esos millones y millones de almas que no le conocen y que no tienen alegría y paz.

         »[...] Mi vida tiene que ser toda suya en la cruz, sólo ella podrá darme gozo; Él me pide que sea pobre brasa de negro carbón que arda en el Corazón suyo, que sobre ella su Amor derramará el incienso de todas las virtudes para honrar al Padre, y, pues me lo pide Él y ya no tengo más gusto que agradecerle a Él, así será por su gracia».

 

         «Fin del año 1944; en él mi Señor Jesús ha derramado sus favores y dones sobre mí. Se me dio a conocer como abismo infinito de amor; allá en Pascua de Resurrección Él vino a mí para inundarme con la luz de su amor. Yo le azotaba, perseguía, crucificaba y Él me amaba.

         »Después Él me susurraba su Amor tras de todas las criaturas en las que está siempre obrando.

         »Luego, me dio a conocer la razón de su mandamiento “ut diligatis in invicem sicut et ego delexi vos”. Su Amor, como es infinito, produce la tendencia a la unidad en todo lo que arraiga [...]. También me enseñó que [...] quien tiene caridad halla siempre disculpa para las flaquezas del prójimo.

         »Hoy me ha dicho que cuando Él me lleva hasta la Sagrada Mesa para que le comulgue toma la gotita de agua de mi nada y la deja caer en el cáliz de su Corazón divino.

         »Y, finalmente,  que  le  entristece  que  pensemos tan poco en su pasión de Getsemaní [...].

         »Termina el año y siguen odiándose los hombres. Duro batallar de guerra: ¡Cuántos niños sin padre, cuántos prisioneros, cuántos heridos, cuántos desgraciados! Mil cuatrocientos millones de hombres sin saber nada de Él y los demás como si jamás hubieran conocido su amor, puesto que tan cruelmente se odian.

         »Pero todo esto me obliga a ser la víctima que Jesús me está pidiendo que sea hace años; si no lo soy es que desprecio su gracia pues hasta ha llegado a decirme: ¿Qué temes? ¿No soy omnipotente y mi amor a ti es infinito? Pues entonces,  amado mío, ¿cómo mi amor no te transformará en llaga de amor vivo?» [10].

 

         SEGUNDO TRIMESTRE

 

         «Señor Jesús, tu gracia me vuelve de nuevo a ti. Sé que me has perdonado porque me amaste hasta el fin pero me apena haberte ofendido con esa laxitud de mi espíritu desde la fiesta de tu Natividad; pues si bien es cierto que durante las vacaciones no disminuyó mi oración y aún en las cartas que escribí no supe hablar de otra cosa que de tu amor, también lo es que me retracté de mi voto de víctima, que decidí suspenderlo durante esas fiestas volviendo a fumar, y aunque me desdije de la promesa de considerar todo quebranto del voto como pecado venial, sin embargo sentía en el fondo del alma que esta conducta mía no os agradaba, que yo mismo estaba formando en mi entorno una niebla de ingratitudes que me impedía veros; y, finalmente, en la última semana entre preparar el examen escrito, el frío intenso y el comienzo de catarro, disminuí la oración. Pero [...] tú, buen Jesús [...] rasgaste la niebla de mis ingratitudes y volviste a mirarme con tu mirada de amor diciéndome: Fidelidad y prontitud.

         »Y a la noche tomé el Santo Crucifijo entre mis manos y cobijándome en la llaga de tu costado empecé a echar cuentas conmigo mismo: ¡Tanta promesa, tanta palabra de amor y qué poco  sacrificio! ¿Qué  he hecho  durante  estos  días por los amados de Jesús ... ?

         »Y lloré, tú me diste lágrimas para llorar mis infidelidades, las almas a quienes desamparé al hurtarme al sacrificio. Y me decía: ¿Y yo soy el que hace pocos días escribía que no concebía cómo pudiera decirse que vivir unido a ti, que eres el Supremo Bien, fuera sufrir? ¿Soy yo el que decía que no concebía más sufrimientos que el de la propia limitación humana para amar y sufrir? ¿Qué no había más sufrimiento que el de ver y sentir que el amor no es amado? En ti creo, Señor; creo en tu amor infinito y en tu divina omnipotencia; pero no creo en mí, mas aún temo a mi miseria, a esta libertad sensual y viciada que tiende a pegarse a lo que le agrada al sentido.

         »Tengo miedo a mi libertad. Ayúdame a entregártela de veras ...  Mucho lloré y suspiré temiendo no amarte. Y esta mañana, cuando al comulgar yo moraba en ti y tú en mí, se levantaba en mi alma la voz de la fe diciendo; pero ¿podrás creer que este Dios omnipotente que ha sacado un universo de la nada y que te mantiene a ti mismo en el ser no ha de tener poder bastante para vencer las resistencias de tu hombre viejo? ¿Acaso ha hecho tantos milagros maravillosos para descender a tu alma y luego cruzarse de brazos? No seas bobo, haz caso a los ángeles que cantan: “Et in terra pax hominibus bonae voluntatis” y ten paz, confía en su amor.

         »Pero hoy tu gracia me vuelve a ti. Mañana acudirá al santo tribunal de la penitencia para pedirle perdón no sólo de las infidelidades de estos días, sino también de las resistencias que he puesto a la gracia, puesto que en el fondo de mi alma tu ponías como una luz que no quería ver: Sentía que si acudía a la confesión no debería callar estas infidelidades y que si las confesaba había de ser para arrepentirme con propósito firme de no volver a incurrir en ellas, y por gozar un día más de laxitud, decía mañana ...

         »Tú, Señor, que me amas infinitamente me ayudarás a la pronta fidelidad, a cuanto me pides que te prometa. Amén.

 

         Propósitos.

 

               No dejar pasar más de diez días sin confesar.

               Volver a la práctica del voto de víctima.

               Llevar examen particular sobre la oblación en todo por las almas y examen general del voto.

               No dejar nunca de hacer una hora de oración “ut sic” y tender a la hora y media.

               Volver a contemplar en la oración todo cuanto me rodea in Corde Jesu» [11].

 

         «El Señor me ha concedido asistir al retiro espiritual. Ha venido a mirarme con amor para urgirme a la entrega. Ahora es menester que sea [...].

         »He visto, con gran alarma de mi espíritu, que empezaba a adaptarme a dejar de vivir la angustia y agonía de Cristo por las almas que se pierden; a dejar de tener ansias universales; y a preocuparme sólo de mí.

         »Y al mismo tiempo que rehusaba vivir a lo víctima.

         »He suplicado y rogado mucho; pero aún lo he de hacer más, hasta que mi vida sea una continua súplica de su cruz» [12].

 

         «¡Señor, mi corazón sangra y está lleno de amargura! Me duelen tus amados. Comprendo qué razones graves tendrán los que han tomado decisiones de trascendencia; pero se confiaron a ellos y ¡qué han hecho, Señor, qué han hecho!

         ¿Domine quid me vis facere? Desahogarme contigo sólo, pues sólo tú eres amigo fiel, y abrázame con toda el alma a tu cruz para que estas desdichas no sigan [...]» [13].

 

         «Desde hoy [Miércoles de Ceniza] empezaré, con la gracia del Señor, a hacer efectiva la crucifixión que tantas veces le he prometido a Jesús.

         »Hoy empieza la Santa Cuaresma [...].

         »Él, en la oración y en la santa comunión, me ha dado seguridades de que me ayudará a morir del todo a mi hombre viejo para que su Vida se dilate y extienda más y más en mi alma.

         »Precisamente porque me quiere totalmente suyo me preparó desde la eternidad el santo retiro que tendremos esta tarde a fin de que, abriéndome del todo a la acción de su amor durante todos los días de la Santa Cuaresma que hoy empieza, recupere el tiempo poco aprovechado y consume en ella los frutos de santificación de mi primer año de Sagrada Teología.

         »Desde hoy mismo al comenzar el retiro dejaré de fumar y consideraré el quebrantamiento de esta promesa como pecado leve; y también le pediré gracia para, en imitación suya, abrazar a toda la humanidad en mi corazón y hacer la más continua penitencia por ella» [14].

 

         El día después del santo retiro escribe:

 

         «¡Qué infinito es tu amor, Señor y Dios mío! Pues tu infinita caridad ha querido concederme gracia para que percibiera alguna parte de las gracias que hoy, día primero de la Santa Cuaresma, tú me has concedido y has querido que las percibiera para que confíe plenamente en ti y me deje adentrar por tu amor en el Divino Sagrario de la liberalidad y caridad de Dios, el Corazón Sacratísimo de vuestro Hijo y mi Señor Jesús, a fin de que en ese Corazón aprenda y conozca el amor que vos Padre eterno tenéis a todas las almas y pueda como futuro partícipe del sacerdocio de vuestro Hijo dar a conocer a las almas ese amor que las tenéis en vuestro Hijo y que vuestro Hijo, juntamente con vos, quiere darles a conocer por medio del Santo y Divino Espíritu que procede de entrambos.

         »¡Y  esta  pobre  humanidad  perece  entre  odios  porque  no  conoce  vuestro  amor! Concédeme ya, Señor mío, que viva como víctima de caridad desagraviándoos de todos ellos con una penitencia total. Amén» [15].

 

         Desde luego hoy –escribe– no he dado ejemplo de seminarista de Vanguardia de Cristiandad.

 

         «Día malo el de hoy. A la mañana, distracciones y disipación en la oración y en la Misa. Luego, ruido y mareo de cabeza toda la mañana y ninguna intención actual en el estudio y clases.

         »En el recreo, después de la comida, una discusión con poca caridad [...] Y todo el día gris y triste y desganado del todo.

         Desde luego hoy no he dado ejemplo de seminarista de Vanguardia de Cristiandad.

         Esta noche tenemos Adoración Nocturna. ¡Ayúdame, oh Jesús, a serte útil!» [16].

 

         «Gracias Señor porque has oído mis ruegos; tú sabes con cuanto cansancio, desolación y aridez me hiciste orar ante el trono de tu amor eucarístico esta noche pasada; tú sabes cómo mendigué a tu caridad infinita que me ayudaras a ser todo tuyo y esta tarde has venido a decirme en tu ministro chino que cuatrocientos setenta millones de almas de su país tienen sed de ti y sed también de mi entrega total, de ese vivir concrucificado contigo que tantas veces, urgido por tu gracia, te prometí. Ahora sí, ahora sí siento que tu amor infinito desciende hasta mi nada para hacerme tuyo. Gracias Jesús por haberme clavado el grito de tu sed en el alma» [17].

 

         «Todo es palabrería y promesa incumplida. Mi alma es un mar de dudas. ¿Cómo curar mis llagas? ¿Examinándolas solo? No. En el fondo de mi alma siento que no; que el examinar mis llagas no es remedio a no ser que me vea como a miembro de Cristo y que estas llagas que hay en mí debilitan, afean y enferman su Cuerpo Místico. Pero entonces lo que me ha de hacer desear la salud no son mis llagas sino el amor que le tenga a Cristo, y contemplando mis llagas no creceré en amor. Sólo contemplándole a Él, que se abaja hasta mí, creceré en su amor y su amor es el que me dará fuerzas.

         »¿Soy soberbio, envidioso, egoísta? No lo sé; pero si dejo de tener mi vista puesta en Él lo seré ...

         »El único remedio es la oración, la oración confiada, persistente y humilde» [18].

 

         «He aquí que está finalizando la Santa Cuaresma y que mi pobre alma sigue casi igual, si no peor; pues no avanzar es retroceder.

         »Deficiente, muy deficiente es mi cooperación a la gracia del Señor. Jesús quiere unirme totalmente a Él a fin de que viva como víctima que continuamente se inmole por amor en su Corazón por los pecados de los hombres; once años hace que me lo está pidiendo y cada día mi vivir, aunque externamente se ajuste al Reglamento, está menos informado por esa vocación de víctima a la que Jesús me llama. No renuevo en cada obra mi oblación por las almas que se presentan ante Él ni siquiera por la santificación de estos queridos hermanos. Él me colma de atenciones y muestras de amor; pero yo apenas si hago otra cosa que amarle de palabra. Mi estudio es flojo y desganado; mi penitencia vulgar, mi oración superficial y desordenada, la lectura espiritual discontinua. Y, sin embargo, no puedo decir que no le amo, pues pese a tanta flaqueza, negligencia y miseria, Él lo es todo para mí.

         »Ayer acudí al santo tribunal de la penitencia; me arrojé a sus pies pidiéndole que me lavara de tanta infidelidad. No. No me apena el verme infiel a su amor, me apena ser causa de que no sea conocido y amado; me apena el haber soltado o casi soltado, al no vivir continuamente abrazado a su cruz, a las almas que Él ama infinitamente.

         »Pero en medio de esta desventura Él no cesa de amarme y de invitarme a que confíe en su amor. Así, pues, desde ahora, suplicándole su ayuda con toda mi alma, trataré de no cerrarme a la acción de su gracia y de dejarme amar por Él.

         »¡Ayúdame, oh Jesús, a qué viva en ti tu agonía de amor por las almas y a que vuelva a este examen escrito de la correspondencia de mi libertad a tu amor!» [19].

 

         «Fisiológicamente me encuentro mal; una noche de insomnio, dolores de piernas y rodilla, fuerte catarro, abombamiento de cabeza. Espiritualmente, una pena inmensa me invade. Jesús no es amado. Junto a nuestro Seminario discurre la canción del trabajo y de la vida totalmente ajena a la festividad del día [Jueves Santo]; más allá en las riberas del Rhin y del Oder lucha a muerte dura y cruel, canción del cañón y de la ametralladora, canción del odio entre hermanos; y más allá aún en los campos del Asia, del África y de la Oceanía tinieblas y sombras de muerte y paganía; y tras del océano una América que un día la fe de nuestros mayores trajo a la fe de Cristo y en la que ahora se extiende la herejía, la irreligión y el ateísmo.

         »Y entretanto aquí ¿qué hacemos? ¿Nos llenamos el alma del amor que Dios tiene en su Hijo a esas pobres almas para que la caridad nos urja al apostolado?» [20].

         «Murió de amor, por amarnos ... [Viernes Santo] y, sin embargo, ¡qué poco apreciamos y conocemos su amor! [...].

         »Murió para vencer mi desamor con su amor. Pues toda la historia de mi vida ¿qué es, sino un pretender desentenderme de su amor? [...].

         »Me has vencido, Señor, me has vencido. Tú sabes todas las cosas, tú sabes que te amo, que eres mi Vida, mi único y mi todo; tú sabes que en mi alma no hay más que un afán: que vuestro amor sea conocido para que sea alabado y honrado.

         »Me has vencido dejándote azotar, coronar de espinas y clavar en cruz; porque fui yo; fueron mis pecados los que te hicieron padecer, y tú, a tu mismo verdugo, lo cobijabas con amor infinito en tu Corazón y en el abismo de tu misericordia y de tu amor se hundió el desamor mío; preferiste sufrir hasta el desamparo del Padre y la muerte afrentosa de cruz antes que desampararme del amor tuyo.

         »Y al morir tú yo estaba en tu Corazón y como no me soltaste vivo, menos podías soltarme muer

Publicado por verdenaranja @ 0:27  | Espiritualidad
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios