Jueves, 11 de septiembre de 2008

Extracto de escrito sobre Manuel Aparici enviado por Carlos Peinó Agrelo  bajo el título "Vocación, Seminario, Ordenación Sacerdotal y Salamanca".  Según su Diario Espiritual y otros escrito y testimonios

(1941-1950)


Verano 1945
Ejercicios Espirituales


Quinto día de Ejercicios

 

         Meditación de la huida a Egipto

 

         «“Levántate toma al Niño y a su Madre y huye a Egipto”. He aquí el gran aviso del Espíritu Santo. Cuando vea en peligro mi vida de gracia, cuando la tentación me cerque, abrazado a Jesús y bajo el cobijo de la Madre huiré a Egipto, a la tierra de la penitencia y la oración. Eso debe ser para mí el Seminario en el curso que va a comenzar: oración y penitencia, pues aunque espiritualmente he seguido a la Sagrada Familia, el peso de mi indignidad me impedía besar los pies de mi Salvador; sólo me atreví a besar el suelo que Él había santificado con sus pisadas. Pero confío en ti que me amas. Tú, con el fuego de tu caridad, purificarás esta pobre alma mía para que pueda recibir el hábito de la santa religión dentro de pocos meses. Amén.

 

         Meditación de la vida oculta en Nazaret

 

         «Me adentré de arrodillas en aquel santuario de Nazaret para ver, oír, tocar, oler y gustar, y vi que ya estaba allí [...] Sí, pensaba en mí y me amaba, estaba viendo este momento en que conducido de su gracia entraba en espíritu en su casa de Nazaret. Todas estas obras mías, me dijo, aunque parecen insignificantes, las hago para declararte mi amor, ese amor que tengo apretujado en mi pecho hasta que de amor se me rasgue en la cruz.

         »Solicité de María [...] que tejiera con su mediación una  túnica de virtudes: humildad, caridad, sacrificio para poder acercarme a su Divino Hijo; también le pedí su ayuda a San José y, alentado por la sonrisa de amor de los dos, me arrodillé en un rinconcito de su humilde casa y me puse a contemplar a Jesús.

         » Le vi en oración, le vi con los ojos llenos de lágrimas; estaba viendo mi Jesús esta terrible apostasía de las masas [...]; veía en peligro las almas de sus predilectos, de sus hermanos de trabajo, y con los ojos cargados de lágrimas oraba al Padre pidiendo operarios para esa inmensa mies, y como yo estaba allí, en su Corazón, y arrodillado en un rinconcito, mi miró y sin palabras me dijo: ¿Me amas? Señor, le contesté, tu lo sabes todo, tú sabes que mi vida eres tú. Pues ámame en los predilectos de mi Corazón, dales a conocer el amor que mi Padre los tiene en mí a fin de que se unan conmigo en la alabanza al Padre y tengan el mismo gozo que tengo yo.

         »Aprende de mí, amado mía, me decía. Estas obras: arreglar el marco de una ventana, cepillar una puerta, arreglar un arado son al parecer insignificantes, pero no lo son porque, al ser el medio escogido por el Padre y por mí y realizadas al impulso del Espíritu Santo para declarar a los hombres el amor divino, queremos convertir vuestros trabajos cotidianos en fuente de amorosísimo goce; porque cada vez que te abrume la fatiga dirás: ¡Señor, cuánto me amas! Pues este mismo trabajo lo quisiste tú pasar para declararme tu amor y ahora también me concedes aquella gracia que te pedí en Ejercicios: conocimiento interno de lo que Jesús pasó por mí para que más le ame y le siga.

         »¡Bendita voluntad de Dios!; no tiene más que una finalidad y una esencia: el hacernos partícipes de su propia Vida bienaventurada. A los ojos de carne hoscas y molestas parecen la fatiga, la cruz, la humillación y el desprecio de los hombres; pero a los ojos cristianos son los medios que hacen inteligible tu amor y lo que nos arrebata en amor para ya no ser dos, sino uno en ti.

         »Señor Jesús, no soy digno de estar en tu presencia; pero tú eres la Vida y estoy enfermo, déjame que te contemple junto a ti, pues tan sólo con verte sanarán las llagas de mi alma.

         »Dame gracia para que no olvide la lección amorosa de tu vida escondida, haz que los tres años que me restan de vida de Seminario sean para mí y todos mis hermanos en vocación años de casa de Nazaret en los que con oración y obediencia sacrificada y trabajo humilde, escondido, te ayudemos a salvar almas.

 

         Meditación: El Niño o Adolescente Jesús en el templo

 

         «Lloré a tus pies por los dolores tuyos y te amé rogándote que termines de hacerme todo tuyo, para que seas tú quien en mí viva, sufra, obre y predique. Y como eso es lo que tú le pediste al Padre: que se atrajera a ti, pues creo Jesús, creo que me harás todo tuyo. Amén.

 

         Meditación de las dos banderas

 

         «Con toda mi alma le he pedido a tu Madre que me alcance plaza bajo tu bandera pero para vivir hecho llaga de penitencia y amor por ti.

         »Después te lo pedí a ti mismo diciéndote: Señor, puesto que me envías a tu siervo Ignacio y a sus hijos para invitarme a militar bajo tu bandera, no te vuelvas atrás, dame plaza; pero no ya sólo bajo tu bandera sino enclavado en tu cruz. Ya sé que soy indigno y que no lo merezco; pero, Señor, por esos millones y millones de almas a quienes amas y que no saben nada de ti, acéptame, que si me aceptas ante la omnipotencia de tu gracia poco podrán los resabios de hombre viejo que aún quedan en mí.

         »Y por fin me dirigí al eterno Padre y con el Corazón de Jesús en las manos de mi fe le dije: Padre santo que tanto amor nos tuviste que nos diste a tu Unigénito Hijo para que todo el que crea en Él no perezca, sino que alcance la vida eterna, mira al Corazón de tu Hijo. Por todas las almas que tu Cristo ama, atráeme de tal forma a su Corazón que sea en Él llaga de amor que viva incesantemente en cruz para reparar el desamor de tanto infeliz hermano que aún no ha conocido que vuestro Hijo es el Camino, la Verdad y la Vida. Dios omnipotente, acéptame bajo la bandera de mi Señor Jesús concrucificado con Él.

         »Y así con esa triple petición terminó mi oración.

         »Pero esto es serio. Con Dios no se juega. Ya le he hecho esperar bastante; la crucifixión tiene que comenzar enseguida. Al par que veo si queda algo en mí que todavía milita bajo la bandera de Lucifer, he de señalar la virtud contraria, para empezar por ella mi crucifixión.

         »Veamos las redes de Lucifer.

         »Riqueza. Es verdad que me hice pobre por seguirle, renunciando a mi carrera y sus emolumentos y que vivo de limosna, pero ¿paso estrechez? Creo que estoy en el deber de procurarle a mi madre los medios para que pueda vivir; pero yo debo de sentir el frío de la pobreza. Convendrá consultar esto.

         »Vanagloria. Sí, tal vez en mis conversaciones sale demasiado el “yo”. Pero cuando he hablado en público ¿he buscado el aplauso? No; decían de mí que no les dejaba aplaudir y la inmensa mayoría de las veces preparé mis discursos ante el sagrario buscando que amaran más a Jesús. Eso, la sed de que Jesús sea amado, es lo que ha impulsado mi vida desde hace quince años.

         »Pero la crucifixión debe empezar: Suprimiré el fumar, buscaré siempre en el asiento la postura más incómoda, trazaré con el Director Espiritual un plan de mortificaciones corporales; haré mi obediencia activa, confiada y alegre; seguiré escrupulosamente el Reglamento del Seminario; estudiaré todo lo más que pueda; haré por lo menos hora y media de oración todos los días; llevaré el examen particular sobre mi oblación de víctima por las almas que incesantemente pasan del tiempo a la eternidad.

         »Pero hay algo que me preocupa: las características de mi vocación. Los Pontífices dicen que hay que renovar la vida cristiana y esta es mi misión: cooperar a esa renovación, por algo me concedió el Señor su bendición para llevar la “Cruz Pro Ecclesia et Pontifice”. Mas en esta vocación sí que hay peligro de caer en soberbia. Debo exigir a mi Director que me vigile y después hacer el pacto con el Sagrado Corazón» [1].


 [1]  Diario 28/8/1945.


Publicado por verdenaranja @ 0:01  | Espiritualidad
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