Jueves, 11 de septiembre de 2008

Extracto de escrito sobre Manuel Aparici enviado por Carlos Peinó Agrelo  bajo el título "Vocación, Seminario, Ordenación Sacerdotal y Salamanca".  Según su Diario Espiritual y otros escrito y testimonios

(1941-1950)

 


CURSO 1945/1946

(Desde el 1/10/1945 hasta el 30/9/1946).


Ejercicios Espirituales 1ª y 2ª día 

  

«Durante él curso –escriben los Peritos Teólogos en su Informe [1]– intensifica sus Santos Ejercicios. Notaremos cómo va mostrando cada vez más el espíritu de disponibilidad para cumplir la voluntad de Dios. Recordemos que está cerca la fecha de su Ordenación Sacerdotal.

 

»“Amén. Así sea, Señor, así sea: cuanto me pidas y en cuanto me lo pidas. Ya desde ahora, al comenzar, te pido tu gracia para darme todo, sin reservarme nada” [2].

 

Entrega de oblación

 

»“Señor, no puedo ofrecerte más que lo que tengo: Un alma mísera y ruin, llena de imperfecciones y de llagas, pero voy a ti lleno de la fe en tu amor, que tú me das y te la entrego toda. Tómala, Señor (...). Tómame todo Señor, ponme en tu cruz. Nunca seré digno de ser tu sacerdote, pero siquiera hazme víctima contigo para que las llagas que tu caridad abra en mi ser atraigan más y más tu amor de misericordia a mi pobre alma” [3].

 

         En la meditación, especialmente de sus pecados, siempre experimenta el perdón y la justificación ante Dios.

 

»“Y si no fuera porque le contristé mucho, aún debería decir ¡Oh feliz culpa que me sacó de la tibieza y me hizo conocer la infinita ternura de Jesús! ¡Oh feliz culpa que me hace estremecer ante la posibilidad de volver a pecar! ¡Oh feliz culpa en la que caí meses antes de recibir la tonsura clerical si de ella me nace el ardiente anhelo de comenzar concrucificado con Cristo mi nuevo vivir de clérigo! ¡Oh feliz culpa que me ha hecho despertar de mi falsa paz!” [4].

 

Propósito de seguir adelante a pesar de las adversidades

 

»“Pero he aquí que con la gracia de Jesús que no solo me perdona y salva mi alma del infierno, sino que me invita a entrar en el grupo de sus escogidos, va a comenzar una nueva etapa de mi vida y es menester que en ella no dé un solo paso atrás” [5].

 

Entre la meditación de los novísimos, el tema de la muerte es de gran importancia en un alma como la de Manuel Aparici que a lo largo de su vida nos hace ver su lucha continua de dejarlo todo, para ganarlo TODO. La muerte para él tiene una dimensión sagrada.

 

»“¿Cómo quiero ahora que sea mi muerte? ¿Amiga del esposo que viene a anunciarme su llegada o alguacil del justo juez que venga a anunciarme mi condena?

»Quiero poderla sonreír y que me llegue estando muerto a todo lo humano y viviendo sólo para la alabanza de la gloria de mi Amado.

»Quiero que encuentre en mi cuerpo y en mi alma las señales de mi desposorio con la cruz” [6].


Meditación del Reino de Cristo. Concrucificado

 

»“ ... El que yo sea pecador tan grande no me debe importar para pedirte que me hagas vivir concrucificado contigo a fin de que, en cuanto sea de mi parte, sean más y más santos mis hermanos en vocación y no caigan más almas amadas por ti en el infierno” [7].

 

»“No te pido premio, te pido sólo que me dejes sufrir y ser despreciado por ti, que me dejes vivir en cruz a tu lado para que las almas te amen, que me dejes ser llaga de amor tuyo que proclame con su vivir en cruz cuan excelsas e infinitas son tus caridades para con las almas” [8].

 

Víctima de amor

 

»“Señor, he aquí tu esclavo, hágase en mí según tu palabra, hazme todo tuyo, úngeme con la gracia de tu Cruz para que puedas ungirme con la de tu sacerdocio. Toma mi carne, crucifícala como quieras; toma mi sangre, derrámala cuándo y cómo tú quieras, pero hazme servir a los designios redentores de tu amor” [9].

 

Identidad sacerdotal

 

»“Esto es lo que el sacerdote debe de hacer: abrir a las gentes el sentido de las Escrituras, iluminar la doctrina del Evangelio con el fuego del amor de Dios, entonces también les arderá el corazón y volverán a Cristo” [10].

 

Fidelidad al magisterio de la Iglesia

 

Oración de Oblación

 

»“Ya desde ahora, Señor, quiero vivir en tu cruz; no más contemplaciones con mi cuerpo de muerte. Concédeme por el amor que me tienes en el Padre, satisfacer tu sed de sufrir. Te entrego mi vida toda, cuerpo y alma, para que sea como una humanidad suplementaria en la que tu amor abra llagas que griten a los infelices pecadores que les amas infinitamente.

»Confiado en tu gracia desde ahora buscaré en todo lo que más me asemeje a ti hecho Varón de Dolores. Amén” [11].

 

Diálogo de Amor

 

         »“Ahora, me has dicho que sólo en la cruz podrás hacerme las confidencias más íntimas e inefables de cuanto oíste del amor del Padre, que sólo con el lenguaje de la cruz podrás expresarme algo de ese amor inexpresable que te apretuja el Corazón. Señor, ¿seré tan necio que no me apresure a poseer a la perfección ese lenguaje?

         »Lo aprenderé, lo poseeré en seguida, porque tú me amas y tu amor todo lo puede (...). Puesto que me llamas al sacerdocio y no es posible ser sacerdote según tu Corazón sin vivir en tu Cruz te exijo, Señor, tengo derecho a ello, que me claves en tu cruz” [12].

 

Emociones por las Órdenes recibidas

 

»“Y Jesús se ha dignado bendecirme; y siento que me pide aquello mismo que en su nombre pedí a los jóvenes de Acción Católica cuando la Cruzada: “vivir santamente para  amparar  con la santidad de nuestra vida la vida de gracia de todos los hermanos” [13].


Concrucificado

 

»“Decididamente ahora tiene que ser, pues cuando se tiene 43 años ya no se puede esperar más y hay que llegar al altar concrucificado” [14].

 

Frases o pensamientos célebres que expresan la filosofía espiritual de su vida

 

»Hambre de santidad

 

“¡Para qué quiero la vida si no he de ser sacerdote santo!” [15].

 

         »En este periodo desarrolla los últimos años de vida de Seminario que culminan con la realización de su gran ideal en la recepción de las sagradas Órdenes. Estudia segundo Curso de Teología. Tiene especial importancia la teología de la Cruz y su vocación de crucificado es la gran verdad de su vida.

 

         »[...] Para esto me predestinó el Señor para hacerme morar en la cruz de su divino Hijo y que así mi ser sea como una humanidad suplementaria suya que le represente y le exprese ante el Padre y ante los hombres ... » [16].

 

         PRIMER TRIMESTRE

 

         Casi a finales de octubre tienen lugar los Ejercicios de Órdenes.

 

         «Domine, quis me vis face?

         »Amén. Así sea, Señor, así sea: cuanto me pidas y en cuanto me lo pidas. Ya desde ahora, al comenzar, te pido tu gracia para darme todo, sin reservarme nada.

         »Son mis Ejercicios de Órdenes. Dentro de dos meses y unas horas me llamarán por medio de tu Obispo para que suba al presbiterio pronunciando ante tu ministro: “Induat Dominus novum hominen qui secundum Deus creatus est in justitia et sanctificate veritatis”. Comenzaré a ser ya “gens electum” para terminar siendo “regale sacerdotium” cooferente contigo y covíctima contigo.

         »Muchos años hace que tu amor me está llamando a que me clave en tu cruz para en ella revelarme las inefables dulzuras de tu amor divino. Con ingratos regateos me he conducido contigo; pero desde ahora, confiando en la infinitud de tu caridad para con mi alma, te prometo no reservarme nada; quiero ser, impulsado por tu gracia, todo tuyo en tu cruz. Crucifica, Señor, mi alma y mi cuerpo; hazme llaga de tu amor de misericordia a fin de que pueda anunciar tu amor a las almas».

 

         «Ser sacerdote santo o no ser sacerdote» [17].

 

         «Señor, cuando mil cuatrocientos millones de almas siguen en las tinieblas del paganismo, cuando el mundo que fue cristiano perece en el odio, tú me escoges a mí para regalarme con tu amor en estos santos y santificadores días de Ejercicios. Me escoges a mí y a mis hermanos de Seminario. ¡Oh caridad y misericordia la tuya, que quiere revelarnos lo que tú amas a esas pobrecitas almas para que atormentados por ese fuego del amor que las tienes ya no sepamos vivir sino para darlas a conocer esas infinitas dulzuras y exquisiteces de amor que quieres mostrarnos, triunfa en nosotros, Señor, triunfa en tus amados seminaristas!

         »Si para que tu Corazón se vuelque sobre esta amada Comunidad en que tu amor me ha integrado ¿quieres una víctima? Tómame a mí, Señor, soy el más vil, tú lo sabes bien; pero ya que yo no te amé cuando tenía la edad de mis jóvenes hermanos, acéptame cómo víctima propiciatoria, a fin de que tu amor dilate más y más sus puras y hermosas almas y pueda amarte con los corazones de ellos, ofreciéndotelos en mi oración de pecador arrepentido.

         »Por todas las almas de la tierra que no te conocen, y no conociéndote no te aman, derrama el fuego de tu amor y la luz de tu verdad en nuestras almas, a fin de que tu amor nos santifique segregándonos de lo que aún quede en nosotros de hombre viejo e incorporándonos plenamente a tu Corazón Santísimo» [18].

 

         «El Señor me ha creado para la alabanza de su gloria [...].

         »Para esto me creó mi Dios: para revelarme toda la infinitud de su amor y de sus perfecciones todas, en cuanto mi alma es capaz de conocerlas, a fin de que extasiado con su infinita belleza fuera bienaventurado en y con la alabanza de su gloria.

         »Creado por Dios, sustentado por mi Dios, penetrado y ayudado por su omnipotencia en mis operaciones todas de mi vida vegetativa, sensitiva, intelectiva y de amor divino. Nada tan íntimo a mi ser como mi Dios y Señor, absolutamente en todos los momentos de mi existencia. Su todo está atento y pendiente a mi nada. Su todo, que es amor, manifestándose en mi ser: e el latir de mi corazón, en las actividades físico-químicas de mi organismo, en los deseo, apetencias y aspiraciones de mi alma. ¡Oh Señor, que amor infinito el tuyo! Cierro mis ojos, me recojo en lo más hondo de mi ser y te encuentro a ti acariciándome, amándome, dándome vida. Siempre, siempre, solicito de mi bien: que es conocerte y amarte entregándome del todo a ti.

         »Tú eres amor u sólo podías crear por amor, y como lo propio del amor es querer hacer partícipe de todos sus bienes al amado, tú quieres hacerme partícipe de tu propia vida infinita. Y me la participas mostrándote a las fuerzas cognoscitivas de mi alma, para que así tu excelencia infinita, en cuanto es posible, se pinte y dibuje en mi alma y en toda ella se abrase en una apetencia infinita de entregarse a ti para ser uno contigo.

         »[...] En cuanto el alma empieza a conocerte se apega a ti por el amor y ya no desea, ni quiere, ni siente más afán que cantar todas tus amabilidades y perfecciones. Y como aquí en la tierra siente el peso de su limitación para amarte, desea con toda su alma volar junto a tu trono para, hecho una sola voz con tu Jesús, poder amarte con su mismo Corazón y en Él, con Él y por Él, con el de María Santísima y todos los moradores del cielo, ángeles y santos [...]..

         »Si he sido creado para la alabanza de su gloria, y todas las otras cosas han sido creadas para que me ayuden a la consecución de mi fin, todas las cosas han sido creadas para que me manifiesten el amor de Dios.

         »Todas. Las que el mundo llama agradables e ingratas; todas: la salud y la enfermedad, el honor y el deshonor, la riqueza y la pobreza, el consuelo y la desolación, la de las tierra y las del cielo; en todas como obras de un Dios amor lo que resplandece es su amor a mi alma. Toda la creación es el don y presente de su amor infinito, con todas las criaturas me requiebra de amores a fin de que más y más crea que El es amor y que me amó en caridad perpetua y que me sacó del no ser para anegarme en las delicias de su plenitud de ser.

         »¡Oh Señor!, danos tu luz a todos tus amados seminaristas para que, conociéndote más y más en la luz de tu Verbo y sabiduría infinita, seamos arrebatados por Él [...].

         «Gracias, Señor, que me das inteligencia del plan de los Ejercicios Espirituales que nos propones por tu siervo Ignacio [...].

         »Y si el hombre ha sido creado para la alabanza de la gloria de su gracia ¿para qué habrá sido creado el sacerdote? La alabanza de la gloria de su gracia es su único fin [...].

         »Y para el sacerdote, más que para nadie, todas las otras cosas han de representarle y descubrirle las perfecciones de su Dios [...]. Mas todas las otras cosas le descubrirán a Dios si el sacerdote está lleno de la luz de su amor, pues esa luz beata del Verbo, por quien todas las cosas han sido hechas, se proyectará sobre ellas y sacándolas de las tinieblas del error y de la pasión del conocer sensitivo se las mostrará en esa luz admirable de su providencia amorosa.

         »Pero hay que tener una santa e inmensa pasión en el alma: la de la gloria de Dios y la de la fe en su amor. Sólo así, me haré indiferente a todas las cosas, porque todas serán para mí medios y entre ellas elegiré las que más me sirvan para pregonar la alabanza de su gloria.

         »¿He sido de verdad indiferente para todas las criaturas?

         »Temo al ridículo, me duelen las humillaciones, no vivo la pobreza ... y, sin embargo, todo esto: la pobreza, la humillación, el dolor son las criaturas que la sabiduría de Dios escogió para declararme su amor. ¿Cómo podré adelantar en el conocimiento de la caridad de Dios si no me abrazo a las criaturas mediante las cuales Él me la quiere declarar?

         »Mi alma está apegada a sus gustos y contentos propios; por eso inconscientemente elige siempre las criaturas que más vano honor pueden reportarla. En manjares, vestidos, muebles, amigos, etc. busco siempre que me dan a elegir lo que más halaga a mi sensualidad.

         »Gracias, Señor, que me ayudas a descubrir mis miserias; cúramelas con las riquezas de tu gracia.

         »Ejercicios preparatorios de las Órdenes. Escribía ayer: dos meses faltan tan sólo, y ¡qué indigno me encuentro! ¡Cuántos pecados en el pasado de mi vida! ¡Cuánta ofensa, cuánta ingratitud ... ! Es verdad que mi Señor me dio lágrimas para llorar mis pecados y que creo que me ha perdonado, y que cuando él perdona, purifica las almas con la aspersión de su sangre purísima dejándolas más blancas que la nieve; pero ¿qué alma voy a ofrecerle al Señor para que haga de ella un santo clérigo primero y luego un santo sacerdote?

         »Señor, no puedo ofrecerte más que lo que tengo: Un alma mísera y ruin, llena de imperfecciones y de llagas, pero voy a ti lleno de la fe en tu amor, que tu me das y te la entrego toda. Tómala, Señor. Puesto que viniste desde el cielo a la tierra y quisiste padecer muerte de cruz para sanarla y hacerla tuya y fundaste tu Iglesia y te quedaste en la Eucaristía para llegar hasta mí, no me rechaces ahora, tómame todo Señor, ponme en tu cruz. Nunca seré digno de ser tu sacerdote, pero siquiera hazme víctima contigo para que las llagas que tu caridad abra en mi ser atraigan más y más tu amor de misericordia a mi pobre alma.

         »Tú me lo inspiraste ayer: Ya que tanto te ofendí en mis años juveniles y aún en los años en que las gracias de predilección trabajaban mi alma, sólo me queda un medio para rescatar el amor que no te tuve y es vivir concrucificado contigo impetrando de la infinita misericordia de tu Corazón santísimo que santifiques más y más las almas de mis jóvenes hermanos de éste y de todos los Seminario y Seminario de la tierra, para que así viviendo hecho víctima por su santificación en ti, tenga cierto derecho para tomar en las manos de mi fe y mi caridad, los corazones de todos ellos para amarte al par que con el amor penitente, que tu me das, con el amor inocente de sus hermosas almas.

         »Señor, tú que te compadeces de los pecadores no me niegues esta gracia, dame vivir concrucificado contigo por la santificación de tus seminaristas, novicios y sacerdotes para que te pueda amar con el amor de ellos y así reparar, siquiera en los deseos que tu siembras en mi alma, mi desamor pasado.

         »Cristo Jesús fundamento de mi vida de seminarista.

         »¿He herido con la vara de mi oración llena de fe la piedra de aguas vivas cuando tenía sed?

         »¿He reclinado mi cabeza sobre el Corazón de Cristo para llenarme de sueños y afanes de su gloria?

         »¿He antepuesto siempre el amor a Jesús a todas las criaturas?

         »¿He escogido siempre los medios que mejor me podían ayudar a descubrirme su amor para así unirme a Él por la caridad ... ?

         »¡Cuántas infidelidades y cuántas inconsecuencias!

         »Aún antes de ayer me hiciste ver claro que no debo de desperdiciar ni un momento para llenarme de la ciencia que tú quieres darme para que pueda servir a tus amados.

         »Demasiadas veces he olvidado que desde que entré en el Seminario ya no me pertenecía a mí, sino a las almas que me esperan. ¡Ayúdame, Señor, a rescatar el tiempo perdido haciéndome totalmente fiel a tu voluntad santa!

         »Nada debe importarme aparentar ciencia ante los hombres, sólo debe preocuparme el que  Jesús vea que le entrego toda mi mente, mi corazón y mis fuerzas» [19].

 

         Segundo día de Ejercicios

        

         Meditación de los tres pecados

 

         «[...] Un solo pecado les trocó [a los ángeles] de gracia en malicia [...]. Y yo no he cometido tan solo un pecado, sino muchos. Allá, en aquellos años tristes, en que creció mi carne sin crecer mi conocimiento de Dios, cometí cientos y cientos, ni siquiera puedo contarlo. Pero no fue sólo entonces, también después cuando era el alma mimada del Señor, cuando su gracia me perseguía y quería hacerme todo suyo, cuando confió al amor que decía profesarle la juventud de mi Patria, también pequé entonces.

         »Adán y Eva pecaron y por un pecado entró la muerte en el mundo [...].

         »Y en el infierno hay almas que cometieron menos pecados que yo.

         »Misterio de tu misericordia, Señor: Que ellos estén condenados y yo haciendo Ejercicios en tu Seminario.

         »Pobre juventud de mi Patria, ¡qué mal cumplí la misión que Jesús me confió cerca de ti! ¡Cuántos jóvenes españoles habrán muerto en pecado porque yo no fui fiel y cuántos vivirán hoy en pecado por mi falta de correspondencia a la gracia!

         »Pero, Señor, ya que tu misericordia es tan infinita e inefable, que no sólo me perdona, sino que me da ocasión de saldar mi déficit, hazme ser todo tuyo para que en el nuevo vivir de clérigo y sacerdote, a que tu amor me llama, no haya en mí sino un continuo ir tras de tu cruz para abrazarme a ella en reparación de mis pasadas caídas y expiación de los pecados de todos los jóvenes de España: Sacerdotes, levitas y seglares».

 

         Meditación de los pecados propios

 

         «Desde que empecé a tener uso de razón, en todos los lugares en que se deslizó mi vida seglar hubo pecado en mí. Su gracia y su amor comenzaron a arrebatarme de la culpa llamándome al apostolado. Como a la samaritana, un día Jesús me dijo: “Da mihi bibere” para después decirme “Si scires donum Dei et qui est qui dicit tibi da mihi bibere”.

         »Pero aún de Presidente caí una y otra vez, Él me levantó, me hizo llorar mis culpas y encendió en mi la fiebre de su gloria; cinco años me mantuvo en su Corazón, pero triste de mí, empecé a detenerme en su seguimiento, a incumplir mi promesa de ser víctima, a enfriarme en su amor y caí de nuevo […]. Un amado del Señor ofendiéndole. Pero Jesús, que es fiel, me amó y me levantó, y para sacarme de la tristeza en que estaba caído me llevó a Ejercicios. Allí, en Aranjuez, a solas con Él, me dio abundantes lágrimas con que llorar mis pecados.

         »Y si no fuera  porque le contristé mucho, aún debería decir: ¡oh feliz culpa que me sacó de la tibieza y me hizo conocer la infinita ternura de Jesús! ¡Oh feliz culpa que me hace estremecer ante la posibilidad de volver a pecar! ¡Oh feliz culpa en la que caí meses antes de recibir la tonsura clerical si de ella me nace el ardiente anhelo de comenzar concrucificado con Cristo mi nuevo vivir de clérigo! ¡Oh feliz culpa que me ha hecho despertar de mi falsa paz!

         »¿Pero qué trascendencia tiene un pecado en mí?

         »Manolo se ha ido al Seminario para estar como Moisés en oración por su pueblo, por esta Juventud de Acción Católica que el Señor le encomendó presidir, decían los jóvenes desde SIGNO cuando cesé en la Presidencia y yo entonces tomé estas palabras de los jóvenes como una indicación del Señor. Y si esto es así, un pecado en mí es desamparar a todas esas almas; pero aún más, que ahora soy seminarista y debo llevar en mi oración y en mi vivir en gracia a todas las almas de la tierra».

 

         Meditación del infierno

 

         «Hay infierno y a cada momento, en este mismo en que escribo, caen almas en él.

         »¿No es el oficio propio del sacerdocio, al que el Señor me llama, tapar con oración y penitencia verdadera la boca del infierno para que en él no caigan las almas redimidas con la preciosísima sangre del Señor? ¿No era precisamente esto: vivir crucificado a la puerta del infierno para que en él no cayera ninguna alma, lo que hace años le prometí al Señor?

         »Llevo tres años interno en el Seminario, ¿cuántos millones de almas habrán caído en el infierno desde que la gracia de Jesús me trajo aquí? y ¿cuándo he vivido crucificado? Días muy breves tal vez. Pero si el amor infinito de Jesús no se hubiera interpuesto entre la justicia del Padre y mi alma ingrata ahora sabría yo cuan terrible es el infierno de un seminarista.

         »Terrible, terrible: el que Jesús escogió para impedir que las almas cayeran en el infierno, penando en Él; el que Jesús amó con amor de predilección, oyendo siempre en lo hondo de su alma: ¡apártate maldito al fuego eterno!

         »¡Qué desesperación tan inmensa: haber vivido bañado en las gracias más excelsas del Señor y no haberlas aprovechado! Tantas horas de oración, tanto beso eucarístico de Jesús y ya para nada me servirán sino para mayor tormento.

         »Ya sin poder amar [...].

         »Pero, gracias a Jesús, aún tengo vida y espero y creo estar en su gracia. Él sabe que lloré mucho mis pecados en los Ejercicios a que me llevó su amor hace dos meses; Él sabe que ansío reparar mis pecados y mi desamor pasado, pues es Él quien pone en mi pobre alma estas ansias de ser todo suyo y sólo suyo en su cruz.

         »Pero aun así, y para hacer eficaz la inmensa gracia que me está concediendo en estos Santos Ejercicios con los que quiere completar los dones que me hizo en los de Aranjuez, debo pedirle su luz para investigar qué desorden hubo en mis operaciones que estuvo a punto de llevarme al infierno.

         »De los Ejercicios del pasado curso, salí lleno de santos deseos. Sin embargo, en lugar de comenzar inmediatamente la vida de concrucificado que Él me pedía y yo le había prometido, fui difiriendo el comenzarla hasta que ya, urgido por la gracia en la novena de la Inmaculada, el día de la Purísima, me ofrecí con voto; pero el día de Noche Buena comencé a incumplirlo; yo mismo me dispensé del de no fumar y ya desde entonces mi vida espiritual fue floja. Hacía oración, es verdad; ¿pero de qué servían todos aquellos suspiros y aquellas lágrimas, si no era capaz de mortificar mi gusto del cigarro? Toda esta batalla entre la gracia y mi miseria que se libraba en el subconsciente de mi alma, y que yo no quería acabar de ver, me argüía a mí mismo de falta de generosidad con el Señor, dejándome un velo de tristeza en el alma. Realmente no había en mí un verdadero deseo de hacer en todo lo que fuera más grato a Jesús. Y así, también mi estudio estuvo desprovisto casi de espíritu apostólico; mi ofrecimiento de víctima por las almas estaba casi olvidado; el examen era más bien ligero; la lectura espiritual discontinua y desordenada y la oración más buscando el contentamiento propio que el del Señor.

         »El retiro de fin de curso renovó mi fervor; pero bien pronto, las pequeñas dificultades de la vida de familia a las que se sumó un celo por la Acción Católica, que ahora veo era indiscreto, me hicieron acortar la oración y dejar casi por completo el examen y la lectura espiritual.

         »Y así cuando vino la tentación jugueteé con ella hasta que vi demasiado tarde que ofendía al Señor. Y no me bastó una caída para despertar; sí, confesé enseguida y durante unos días apreté en la oración; pero volví a aflojar y volví a caer y entonces sí, me estremecí muy hondo, salté por encima de todo y me dejé llevar por la gracia de Jesús a Ejercicios.

         »Pero he aquí que con la gracia de Jesús, que no sólo me perdona y salva mi alma del infierno, sino que me invita a entrar en el grupo de sus escogidos, va a comenzar una nueva etapa de mi vida y es menester que en ella no dé un solo paso atrás.

 

         ¿Manera de asegurar mi fidelidad a Jesús?

 

         »1º    Tener siempre ante mis ojos para vivirlo el sello específico y propio de mi vocación sacerdotal. Vivir crucificado a las puertas del infierno para que no caigan en él ningún alma y especialmente para que no den un solo paso atrás en su santificación los sacerdotes, seminaristas y novicios de mi Señor Jesús, para así, inmolándome por ellos, poder completar mis pobres actos de amor con los de los corazones de todos ellos.

         »Le pediré a mi Director Espiritual que me recuerde siempre este propósito que el Señor me pide le ofrezca y que se sirva de él para urgirme a la total crucifixión.

         »2º    Cuidar muy bien el examen general y particular. Este último lo llevaré sobre mi oblación de víctima.

         »3º    Hacer como mínimo hora y media de oración.

 

        


Publicado por verdenaranja @ 0:15  | Espiritualidad
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