Jueves, 11 de septiembre de 2008

Extracto de escrito sobre Manuel Aparici enviado por Carlos Peinó Agrelo  bajo el título "Vocación, Seminario, Ordenación Sacerdotal y Salamanca".  Según su Diario Espiritual y otros escrito y testimonios

(1941-1950)


CURSO 1945-1946
Ejercicios Espirituales (Días 3º al 6º)


Tercer día de Ejercicios

        

         Meditación del hijo pródigo

 

         «Dejé de mirar y de hablar con mi Amado, me fui alejando de Él hasta que caí; pero Él puso en mi alma el grito: “Surgam et ibo Patrem meum”.

         »Y Jesús estaba deseando que volviera su amado seminarista; me estrechó en sus brazos, me acogió en su Corazón y tanto, tanto me amó que para lavarme me dispuso en el espacio de dos meses las gracias inmensas de llevarme a hacer dos veces los Santos Ejercicios. Los primeros, que me hizo hacer a solas con Él, para hermosear mi pobre alma y que no desentonara de la hermosura de las de mis hermanos, los segundos, en el seno de mi amada Comunidad para terminar de disponerla para la Sagrada Tonsura y que en ellos me concretara su deseo de que me haga víctima por la santificación de todos mis hermanos.

         »Qué bueno has sido conmigo, Amado Jesús, que tu amor infinito quiere convertir mi tibieza del pasado curso y mis caídas del pasado verano en leña que haga crecer la hoguera de mi amor hacia ti, pues has hecho que me duela profundamente del dolor que te causé, a fin de que sepa cuan inmenso es tu amor a tus seminaristas.

 

         Meditación del Reino de Cristo

 

         »“Regnum meun intra vos est”.

         Este es el reino que tu amor quiere conquistar: el de mi alma, quieres arrebatárselo del todo a los amores infieles que aún quedan en mi alma para así hacerme entrar contigo en el Reino de tu Padre y que el él vea la infinitud del amor divino.

         »Señor, tú sabes cuan grande es mi miseria, pero como tú has venido a buscar no a los justos, sino a los pecadores, el que yo sea pecador tan grande no me debe importar pedirte que me hagas vivir concrucificado contigo a fin de que, en cuanto sea de mi parte, sean más y más santos mis hermanos en vocación y no caigan más almas amadas por ti en el infierno.

         »Mas no sólo, Señor, es que me has llamado, sino que me has traído aquí a tu Seminario y dentro de 58 días harás que las manos de mi Obispo tonsuren mi cabeza y desde entonces llevaré una corona que significa ante los hombres y los ángeles que soy uno de tus escogidos, que me he alistado bajo su estandarte real: la Santa Cruz y que como tú, mi Señor y mi Dios, llevo corona de espinas abrazándome a la pobreza, la deshonra, las humillaciones y los menosprecios para así dar a conocer a los hombres la altísima paga o soldada que me das, que es tu mismo amor.

         »Señor, cuán inmensa es la miseria de tu siervo; nadie tan vil e indigno como yo; merecía por mis muchos pecados estar en el infierno; por mis regateos e ingratitudes y por mi deslealtad para contigo deberías haber desechado de entre los tuyos. Tú sabes, Señor, cuan indigno me siento, tanto que si no fuera porque sería añadir a mis muchas ofensas la de dudar de tu misericordia y del poder infinito de tu amor, no me atrevería a pedir a tu Obispo la Sagrada Tonsura; pero al mismo tiempo que siento un inmenso temor por mi radical indignidad, que me haría alejarme del servicio de tu altar, siento también una atracción inmensa; siento que me llamas, que me pides que vaya a ti, que me entregue del todo [...].

         »¡Oh Jesús!, perdona a tu siervo que se atreve a acercarse a ti, ¿a quién iré si tú sólo eres la Vida y has puesto en mi alma esta sed infinita de vivir tan sólo para la alabanza de tu gloria?

         »No te pido premio, te pido sólo que me dejes sufrir y ser despreciado por ti, que me dejes vivir en cruz a tu lado para que las almas te amen, que me dejes ser llaga de amor tuyo que proclame con su vivir en cruz cuan excelsas e infinitas son tus caridades para con las almas.

 

         Contemplación de la Encarnación del Verbo

 

         »Ante la Beatísima Trinidad estaban patentes y descubiertas todas las iniquidades de los hombres [...].

         »Y también estuvo patente a sus ojos este pobre corazón mío, tan infiel e ingrato a sus beneficios, tan apegado a la basura de si y precisamente por eso, porque me vio tan mísero, tuvo misericordia de mí y pidiéndole su consentimiento a María el Verbo se hizo carne y vino a salvarme;; pero en su infinito amor no se contentó con darme y ofrecerme su Vida, sino que quiso más, quiso hacerme partícipe de aquella unción sacerdotal con la que la Divinidad ungió a la Sacratísima Humanidad que asumió en el seno purísimo de María.

         »Señor, he aquí tu esclavo, hágase en mi según tu palabra, hazme sólo tuyo, úngeme con la gracia de tu cruz para que puedas ungirme con la de tu sacerdocio. Toma mi carne, crucifícala como quieras, toma mi sangre, derrámala cuando y cómo tú quieras, pero hazme servir a los designios redentores de tu amor» [1].


         Cuarto día de Ejercicios

 

         Meditación: La Epifanía del Señor

 

         La vocación de los gentiles.

 

         «Qué lejos geográfica y espiritualmente estaban aquellos Magos de Israel y del que había de venir pero tenían hambre del Mesías [...].Conocían sin duda la profecía de Daniel de las setenta semanas de años y la de que luciría una estrella que anunciaría su nacimiento y esperaban la Consolación de Israel.

         »Y lució una estrella y la vieron y la gracia les hizo conocer que era la anunciadora del Rey de los Judíos. Mas si vieron la estrella es porque vivían más de noche que de día, vivían pendientes de su esperanza oteando todas las noches el firmamento por si aparecía la estrella.

         »Primer ejemplo a imitar: Vivir de noche, muerto a todas las cosas exteriores volcando toda la atención de mi ser al firmamento interior en el que brillan las luces de Dios.

         »Pero no se limitaron a ver la estrella, sino que se pusieron en camino. ¡Qué fe la de aquellos gentiles! Ven la estrella y lo dejan todo, bienes, familia, morada, costumbres. Y cuantos obstáculos tendrían que vencer dentro y fuera de sí mismos; sus familiares y vecinos y amigos les llamarían locos y visionarios: ¿Porque veis una estrella os ponéis en camino? ¿Dejáis lo cierto por lo dudoso? ¡Insensatos, no veis que os podéis engañar! Y estas voces de tentación encontrarían algún eco dentro de sus propias almas; pero la gracia les sostiene y acometen aquel camino largo y fatigoso, tal vez de dos años, en busca del Mesías.

         »Pero al llegar a Jerusalén, aquella estrella que había guiado sus pasos desaparece y se van al que ejerce el poder a preguntarle: “¿Ubi est qui natus est Rex Judaeorum? Vidimus unum stellam ejus in Oriente et venimus adorare eum”.

         »¡Qué ejemplo de valor y de entereza! No temen decirles a Herodes que se titulaba Rey de los Judíos, que hay otro que ha nacido Rey y que llegan dispuestos a adorarle.

 

         Contemplación del nacimiento

 

         »El Señor me concedió abundantes lágrimas al considerar mi semejanza y desemejanza con María. La Virgen pura caminaba hacia Belén para alumbrar, allí en una humilde cueva de la ciudad de David, al que es la luz, y yo pobre pecador camino también hacia un místico Belén, hacia una Ordenación Sacerdotal que me conferirá poderes para hacer nacer a Jesús en esa otra más mísera cueva del alma del hombre caído. Nacerá en él por el Santo Bautismo y renacerá por la absolución sacramental; pero también vendrá como a nacer en mis manos consagradas en las especies sacramentales en las que bajo el velo y pañales de los accidentes comenzará a ser Jesús lo que antes era pan. Pero María era la Virgen pura y yo soy el pobre pecador que tantas veces quebranté la fe jurada en el Bautismo adulterando e impurificándome con toda clase de pecados. Y, sin embargo, Jesús me escogió desde el seno del Padre en aquellas elecciones, que como Verbo hizo de los que habían de ser como los brazos de su ser sacerdotal, y confirmó esa elección en el seno de María para que brillara su infinita misericordia y el infinito poder de su gracia. ¡Oh Jesús! ¿qué atrajo tu mirada de amor sobre mi alma pecadora?

         »Sólo pudo ser el abismo de mi miseria, pues los abismos se atraen y el de tu riqueza se sintió atraído por la inmensa indigencia de mi alma.

         »Pero todo es posible a tu gracia y a tu amor, si los méritos de tu Sangre preciosa hicieron Inmaculada a tu Madre y Madre mía, esos mismos méritos pueden purificar por una penitencia continua al que tú has escogido para que sea como padre de tu futura existencia eucarística; hazme caminar como a María profundamente recogido en lo más hondo de mi ser ponderando en mi corazón el infinito amor con que me escogiste y me mantienes en tu amorosa elección.

 

         Meditación de la vida oculta

 

         »Y yo también estaba en la casita de Nazaret, estaba en los pensamientos del Corazón de mi Amado. Si el Verbo se hizo carne por redimirme, y que así pudiera alzarme desde las tinieblas de mi desamor a la luz admirable del amor suyo para no vivir ya sino para la alabanza de la gloria de su gracia, en sus pensamientos tenía que estar. Confortado por este pensamiento de fe me atreví a entrar en aquella bendita casa y postrado en un rinconcillo me puse a contemplar. Allí había silencio. Comenzó a desperezarse la aurora y vi a Jesús en oración: por nosotros orabas, ¡oh Jesús!, por tus amados seminaristas, le pedías al Padre […] que nos diera a conocer en estos nuestros años de casa de Nazaret del Seminario, la infinita ternura de tu Corazón para con los pobres pecadores por cuya salud tú te encarnaste y nos escogiste para perpetuar tu sacerdocio y apostolado. Y tus ojos divinos se llenaron de lágrimas, ¿cómo no llorar al ver el triste cuadro de nuestra época? Cuatro quintas partes de la humanidad fuera de tu Iglesia y la parte restante recayendo en el paganismo; las masa trabajadoras apostatando de ti; las clases dirigentes encerradas en una religiosidad egoísta que sólo busca la falsa paz; y yo, yo, Dios mío, hasta hace bien poco hasta que tu misericordia me sacó de mi inconsciencia, poniendo trabas a tu gracia, con absurdos regateos, puesto que si tu cruz es el modo supremo de darme a conocer tu amor, es absurdo que no quiera dejarme amar por ti; pero también viste que al fin se cuajaban de lágrimas mis ojos, que empezabas a dolerme tú como nunca me habías dolido y diste gracias al Padre porque así atraía hacia ti este mi pobre y enfermo corazón.

 

         Meditación de la subida de Jesús adolescente al templo

 

         »Entonces también íbamos en tu Corazón […] y en primer lugar íbamos nosotros, tus seminaristas, y luego todos los demás hombres por cuyo amor y bien nos habías escogido precisamente a nosotros para aplicadores de tu redención.

         »Ibas pensando en cada uno de nosotros […]. Aquí, pensarías, les dejaré escrito con mis obras y palabras estos pensamientos de amor a mis amados seminaristas [...].

         »¡Oh tristeza infinita de tu Corazón de Redentor! ¡Y que todavía yo, tu amado, te haya estado regateando mi entrega ... !

         »No hay lágrimas bastantes para llorar tanto desamor como te tuve; pero ya que tu gracia me ha vuelto a ti y me amas con amor infinito, y propio es del amor hacer partícipe amado de todos los bienes, particípame, ¡oh Jesús! las agonías de tu Corazón de Redentor, que si tú sufres así es porque sabes cuanto ama tu eterno Padre a esa inmensa grey que se te pierde, por eso tienes hambre de cruz, porque en la cruz, muerto y desgarrado el pecho nos darás entrada a tu Corazón para que en Él podamos empezar a comprender que, como dice tu Apóstol, tu caridad sobrepuja a todo entendimiento. Ya verás, Señor, como si me participas tus agonías de amor tu amado seminarista enloquecerá con la locura de la cruz pues sólo en ella, esa cruz tuya que ya ansía, podrá dar a conocer tus amores para que todas las almas se hagan una con la suya en la alabanza de tu gloria [...].

         »¡Oh María!, puesto que ya sabes qué altísima razón movió a Jesús a hacerte padecer, sé siempre mi Madre, no me dejes perder por el pecado a tu divino Hijo y si, utilizando la ofrenda que le hago de mi alma y de mi cuerpo para que lo crucifique cuando, donde y como quiera, se me oculta totalmente y me deja en las más densas tinieblas del alma, por lo que tú sufriste por mi bien, no me dejes solo, aunque yo no te sienta, cobíjame en tus brazos en las mismas negruras y angustias que tú pasaste, haciéndome buscarte en todas mis obras, como tú le buscaste y trocándome en padre y madre de los infieles pecadores.

         »Y siempre, siempre que algo o alguien pretenda apartarme del cuidado de la alabanza de su gloria, pon en mi alma las mismas palabras de tu divino Hijo: “In his quae Patris mei sunt oportet me esse”» [2].

 

         Quinto día de Ejercicios

 

         El comienzo de la pasión

 

         «Allí, en el Corazón de Cristo estaba también yo [...].

         »Amaste hasta el fin de los siglos, hasta el fin de las ingratitudes y miserias del hombre, hasta el fin de las posibilidades infinitas de un Dios.

         »Y todo esto que haces, lo haces por mí y para mí; por mí para redimirme, para mí para que lo haga un día exactamente como tú o, aún mejor, para que te deje hacer en mí y conmigo lo que entonces hiciste [...].

         »Señor es tu generosidad y bondad eterna; allá, cuando los Patriarcas o los Profetas, también, como que te levantabas del eterno banquete de delicias de tu Trinidad y te vestías de siervo para alzar a tus siervos al conocimiento de tu amor; pero no te bastó este pasar un momento como siervo entre tus siervos y tu Verbo eterno se ayuntó nuestra naturaleza humana en Jesucristo y se nos apareció como siervo para lavarnos de nuestras inmundicias; mas Jesucristo habría de subir a los cielos y sin embargo tu sabiduría y tu amor encuentran el medio de marchar glorioso y de quedarte humillado bajo las especies eucarísticas. Pero te has quedado también, vestido de siervo: en tu Jerarquía eclesiástica, en mis superiores, en mis hermanos de Comunidad, en mi madre y hermanos de carne y sangre, en todos mis prójimos.

         »Y te has quedado para lavarme de mi miedo a no serte fiel, con tu fidelidad en la Eucaristía; y de mis pruritos de independencia con tu velar por mí en la Jerarquía; y de mi egoísmo con tu quedarte en el prójimo.

         »Señor al verte postrado de hinojos a los pies de tus discípulos, como en súplica de que se dejen lavar por ti, te he pedido ser yo, con el vivir en cruz que te he pedido, el agua que tu amor utilice para lavar los pies de todos los sacerdotes, seminaristas y novicios de tu Iglesia.

 

         Getsemaní

 

         »No encuentro palabras para expresar las agonías del amor redentor de Jesucristo [...].

         »Y como no hay palabras, mejor es sentir intenso dolor y lágrimas de lo que Jesús quiso padecer para declararme su amor» [3].

 

         Sexto día de Ejercicios

 

         Meditación: Discipuli Emmaus

 

         «Esto es lo que el sacerdote debe hacer: abrir a las gentes el sentido de las Escrituras, iluminar la doctrina del Evangelio con el fuego del amor de Dios, entonces también les arderá el corazón y volverán a Cristo» [4].

 

         Días después de finalizados los Ejercicios habla en su Diario del sello específico con el que el Señor le ha querido marcar en ellos.

 

         »Esta es la gran verdad de mi vida, que el Altísimo me predestinó para hacerme conforme a la imagen de su Hijo; pero la imagen de Cristo que expresa toda su vocación es la de Cristo crucificado; para esto me predestinó el Señor para hacerme morar en la cruz de su divino Hijo y que así mi ser sea como una humanidad suplementaria suya que le represente y le exprese ante el Padre y ante los hombres.

         »Mas dentro de esta altísima vocación a la que el Señor me llama ha querido marcar en estos últimos Ejercicios un sello específico. Hace once años que me escogió para la cruz; desde aquella Hora Santa sacerdotal en S. Pedro en la que ofició su Vicario, en la que a impulsos de su gracia me ofrecí a ser víctima propiciatoria, pese a mis infidelidades y caídas, no retracté mi oblación; pero ahora al hacerme ver mi miseria Él mismo me dio la solución: Ser víctima concrucificada con Él porque su caridad se vuelque y llene las almas de mis hermanos en vocación de éste y de todos los Seminario y Seminario de la tierra y de todos los sacerdotes y religiosos y religiosas; en una palabra, en todas las almas consagradas a la alabanza de su gloria. Así si con su gracia lleno la vocación a que su amor me llama podré completar mi amor con todo el de las almas consagradas «a la alabanza de la gloria de su gracia». Pero esta vocación me exige una entrega total e inmediata y un buscar continuamente la cruz para enclavarme en ella, pues sólo así seré el adorador que el Padre busca porque lo seré en espíritu y verdad.

         »Hoy he retrocedido: he fumado; pero ya no más. Desde mañana con su gracia volveré a abrazarme a su cruz. Él ya me ha revelado que en ella se manifestará todo su amor y que por ella podré ayudar a mis hermanos» [5].

 

         »El resumen de mi vida por la bondad de Jesús es que estoy en pie y lucho. Su gracia me ayuda a irle ofreciendo todas mis obras por la santificación de mis hermanos en vocación de éste y todos los Seminario y conventos y Seminario y por las almas que incesantemente se presentan ante el Señor.

         »También persevero en la penitencia y en la obediencia, sólo me resta dejar de fumar y con su gracia dejaré de hacerlo desde el día 12. Faltarán entonces cuarenta días para la tonsura y el Señor me pide que le ofrezca esos cuarenta días con oración y penitencia intensa a fin de que Él pueda derramar sus gracias sobre mí y que así toda mi vida de clérigo tenga las señales del amor de Cristo: la cruz más completa posible.

         »Me urge también la crucifixión para ayudar de verdad a mis hermanos. Sólo así tendré derecho a tomar el amor de sus almas para ofrecérselo al Señor y completar la miseria del amor mío» [6].

 

         »No acabo de entregarme; el dejar de fumar me cuesta mucho; lo dejo un día o dos y vuelvo otra vez a fumar y así mi crucifixión no es verdadera. ¿De qué sirve que lleve cilicio y renueve, aunque sea muy somera y superficialmente, mi oblación de víctima si luego fallo en esa satisfacción lícita que me doy? El Espíritu de mi oblación de víctima es procurar sacrificar todos los placeres voluntarios y buscar el mayor número posible de mortificaciones.

         »¿No estará la raíz de estos fallos en el modo de hacer la oración? Tal vez la preparo poco y luego no hago examen diario de ella.

         »[...] Él me hizo ver que deseaba que le comulgaran todos los hombres y que si yo me acerco queriendo llevarle en la mía las almas de los que no le comulgan, debería llevar también una penitencia verdad hecha por ellos.

         »En fin, creo que debo volver a fijar por escrito mi diario espiritual» [7].

 

         Al mes siguiente de haber hecho los Ejercicios tiene el primer retiro. Un mes de experiencia –escribe–. ¿Balance?

 

«Gracias, Señor, por tu infinita bondad para con mi alma; veías que empezaba a olvidarme de los propósitos que me hiciste concebir y has venido amoroso a recordármelo.

         »En verdad después de Ejercicios era el mismo que antes; pero no era lo mismo; tú habías encendido nuevas luces y ansias, y tú sí eres el mismo y lo mismo: Cordero de Dios y León de Judá, Cordero para conllevarme y León para defenderme y guardarme.

         »Un mes de experiencia. ¿Balance? Aun no he empezado a darte la mortificación que siento es clave de mi fidelidad hacia ti y que me abrirá el camino del Calvario que debo emprender, aún no he dejado de fumar, algún día me abstuve; pero encontré pretextos para irlo retrasando. Mas ahora ha de ser en Ejercicios, el Señor me pidió que le cumpliera al fin mi ofrecimiento de “vivir crucificado a las puertas del infierno” para que no caigan en él más almas y se santifiquen más y más los sacerdotes, seminaristas y novicios, y que así pueda con algún derecho ofrecer al Señor los actos de amor de todo su cuerpo sacerdotal para completar los pobres actos de amor míos” y le ofrecí cumplirlo y, aunque aún no lo he cumplido íntegramente, renuevo, con su gracia, mi propósito.

         »Ahora bien, “vivir crucificado a las puertas del infierno” equivale a hacer de mi vida en cuanto al sufrimiento corporal un infierno, a buscar siempre y en todo momento, salvando la guarda de la salud, lo que más me mortifique.

         »Luego en primer término debo suprimir el fumar, pues el fumar es un gusto vano. Luego el vano contentamiento de mi “yo”; no más hablar de lo que hice, salvo que sea necesario para la gloria de Dios.

         »Pero como esta vida de cruz es muy dura, necesitaré una gran ayuda de Dios, y si Él me hizo comprender que “el que, cuanto es de mi parte, no caigan más almas en el infierno y no den un sólo paso atrás en su santificación sus sacerdotes, seminaristas y novicios” valía la pena de vivir así por el grande gozo que podría reportar a su Corazón santísimo; creo que debo pedirle en la oración que me dé a conocer la agonía que le causaron las almas que caen en el infierno y los fallos de sus escogidos. Así, si con su luz veo el grandísimo bien que supone un cuerpo sacerdotal santo y un sola alma que se libre de caer en el infierno, ese bien mantendrá apegada mi voluntad a los medios necesarios para conseguirlo y por la consideración del fin se me harán gratos los medios» [8].

 


         Con motivo del retiro espiritual preparatorio a la recepción de la Sagrada Tonsura clerical escribe en su Diario:

 

         Plática Preparatoria

 

         «Lo que vimos y oímos y palpamos con nuestras manos del Verbo de la Vida, eso es lo que os anunciamos para que tengáis unión con nosotros y nuestra comunión sea con el Padre y su Hijo Jesucristo» (I de S. Juan 1 1-4).

         »1º    La Santa Iglesia durante los 43 años de mi vida me ha venido anunciando cuanto vio, oyó y palpó del Verbo de la Vida, para que, arrebatado del amor divino que el Verbo me vino a declarar, “saliera de mi casa y mi parentela” y me encamine hacia Dios y llegué a decir con toda el alma “Dominus pars hereditatis mei et calicis mei: Tu es qui restitues hereditatem meam nihi”.

         »2º    Y así me una a la Iglesia, mi Madre, en la alabanza y glorificación del santo nombre de Dios.

         »3º    Y nuestra comunión sea con el Padre y su Hijo Jesucristo. Pero si he de estar siempre unido a mi Dios y Él es santidad y yo malicia, y lo mío ha de ser suyo y lo suyo mío, debo entregarle mi pobre ser hecho lágrima de amor y penitencia para que Él, que me ama infinitamente, expurgue toda mi malicia y me llene de su santidad» [9].

 

         Y sigue anotando en su Diario.

 

         «Con la ayuda de su gracia y de su amor decidido estoy a dejarme llenar de su luz para ser “lux mundi”; mas el maligno, que el señor del mundo, tratará de vencerme. No tanto debo de temer al mundo de los malos, de los que descaradamente desprecian y ofenden al Señor mi Dios, sino al mundo de los que parecen buenos.

         »Si por la divina misericordia me dejo hacer otro Cristo, me pasará lo que a Jesús “In propia venit et sui eum non receperunt”. Encontré la incomprensión y oposición de los, que pareciendo buenos, no aman la cruz.

         »De varias formas puede haber sombras en mí:

         »1º    Porque no quiera lo que Jesús quiere.

         »2º    Porque rebaje o tacañeé lo que Jesús quiere.

         »3º    Porque dilate y difiera dar a Jesús lo que me pide.

         »He de estar en guardia:

         »1º    Contra el fondo de miseria y sensualidad que hay en mí

         »2º    Contra el espíritu de mundo que vive en mis familiares.

         »Ya desde ahora, Señor, quiero vivir en tu cruz; no más contemplaciones con mi cuerpo de muerte. Concédeme, por el amor que me tienes en el Padre, satisfacer tu sed de sufrir. Te entrego me vida toda, cuerpo y alma, para que sea como una humanidad suplementaria en la que tu amor abra llagas que griten a los infelices pecadores que les amas infinitamente.

         »Confiando en tu gracia desde ahora buscaré en todo lo que más me asemeje a ti hecho Varón de Dolores. Amén» [10].

 

         Final del santo retiro preparatorio a la Sagrada Tonsura.

 

         «Esta noche la absolución sacramental, mañana la bendición papal. La infinita caridad y misericordia de mi Señor Jesús ha querido purificar mi alma para así poder llevar su corona.

         »El sentimiento dominante de estos días de santo retiro ha sido la gratitud por verme tan infinitamente amado por el Señor siendo yo tan miserable.

         »Hoy renové mi promesa de ayer: buscar la cruz para abrazarme a ella.

         »Y dentro de unas horas diré “Dominus pars hereditatis meae et calicis meis; tu es qui restitues hereditatem meam mihi” y empezaré a ser sólo y todo para Jesús.

         »Ahora voy a nacer para Jesús; 43 años he celebrado que Jesús naciera para mí; ahora, mañana naceré yo para Jesús, pues aunque esto debió de ocurrir ya en mi Bautismo, sin embargo ahora es que me entregaré totalmente a Él para no recobrarme más» [11].

 

         Recibió la Sagrada Tonsura el 22 de diciembre de 1945.



 [1]  Diario 24/10/1945.

 [2]  Diario 25/10/1945.

 [3]  Diario 26/10/1945.

 [4]  Diario 27/10/1945.

 [5]  Diario 1/11/1945.

 [6]  Diario 10/11/1945.

 [7]  Diario 19/11/1945.

 [8]  Diario 24/11/1945.

 [9]  Diario 24/11/1945.

 [10]  Diario 20/12/1945.

 [11]  Diario 21/12/1945.



 


Publicado por verdenaranja @ 0:27  | Espiritualidad
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