Jueves, 11 de septiembre de 2008

Extracto de escrito sobre Manuel Aparici enviado por Carlos Peinó Agrelo  bajo el título "Vocación, Seminario, Ordenación Sacerdotal y Salamanca".  Según su Diario Espiritual y otros escrito y testimonios

(1941-1950)




SEGUNDO TRIMESTRE

 

         Primer retiro después de haber recibido la Sagrada Tonsura

 

         «El balance no es satisfactorio. Paréceme que nada he hecho por el Cuerpo Místico de mi Señor Jesús.

         »El día 22 de diciembre, cuando con mi Obispo pronuncié las palabras: “Dominus pars haereditatis meae et calicis mei: tu es qui restitues haereditatem meam mihi”, su gracia me hizo incluir en ese “Dominus” todos los amados de su Corazón, todos los que redimió con su sangre preciosa, tengan o no noticia de esa Redención; le prometí vivir exclusivamente para sus amadas almas ofreciéndome como víctima de expiación por los pecados de todas ellas. Pero en realidad en estos treinta y seis días nada he hecho por ellas, he vivido casi por rutina, sin ahondar en aquella gracia específica de mi vocación sacerdotal [...]. Jesús quiere sumergirme en su amor para que conociéndolo sepa lo que Él ama a esas almas y urgido por su amor me crucifique por ellas.

 

         Resoluciones

 

         »1ª    Nunc coepi.

         2»ª    Cuidar mucho el examen particular.

         »3ª    Anotar todos los días en mi Diario la marcha de mi alma» [1].

 

         Al día siguiente anota:

 

         «Catorce días han pasado desde el último retiro y ¡qué poco he amado a Jesús en ellos! De los tres propósitos que hice, ninguno he cumplido. Hasta ahora todavía no he comenzado la crucifixión que el Señor me pide, ni he llevado el examen particular sobre vivir a lo víctima, ni siquiera me he enfrentado con mi propia conciencia en las páginas de este Diario.

         »Mas aún, me parece que retrocedo, pues empieza a faltarme la confianza en los que deben de ser mi ayuda.

         »No dudo de la gracia de estado de ninguno de ellos ni se me ocurre pensar que obedeciéndolos me equivoque. Bien sé que por ellos quien obra es el Señor, es Jesús quien por su medio me indica la cooperación que en cada momento debe prestar mi libertad al cumplimiento de sus designios de amor sobre mi alma. Pero ¿es éste el Director que conviene a mi alma? ¿De qué nacen mis dudas? ¿Tienen fundamento objetivo o subjetivo? Desde hace dos años nació en mí la sospecha de que me enjuicia a través de unos prejuicios; temo que se haya forjado un tipo de lo que es el alma de los que procedemos de la Acción Católica y que a través de esa visión enjuicie los datos parciales que le suministra el trato que tiene conmigo.

         »Parecida sospecha ha nacido en mi alma sobre los demás superiores.

         »Me pregunto si se han esforzado por conocer cuales han sido los caminos que ha seguido en mi alma el Espíritu Santo para hacerla recorrer todo el camino que dista entre el año 1925 y 1946.

         »El Señor siguió su norma de confiar en la miseria mía y esto me hizo conocer su amor y que el amor suyo empezara a vivir en mí para amarle a Él y a sus amados. Y aquí más bien siento que se desconfía.

         »Con relación a los superiores, que no son de libre elección mía, veo más claro. Positivamente me consta que quiere el Señor que por tales les tenga y que por lo tanto, aunque se equivoquen al juzgarme [2] y consecuentemente me den orientaciones que no miran a mi auténtica manera de ser actual, esas orientaciones pueden convenir a mi formación porque en definitiva Dios es quien me las da por su medio. Pero en cuanto al Director Espiritual mío, como tengo libertad para elegirlo, si no es el que debo de tener ya no puedo hacer el mismo razonamiento. ¿Por qué creo que no es el que debo de tener? Porque habiendo comenzado por tener con él una confianza plenísima, ante sus reacciones he reaccionado disminuyendo la confianza hasta tal punto que ante el temor de la incomprensión por su parte no me decido a mostrarle las hondas preocupaciones de mi espíritu.

         »Y ante esto creo que lo mejor es buscar otro Director al cual le pueda mostrar hasta mis pensamientos más recónditos» [3].

 

         «Veintidós días sin anotar nada.

         »En ellos Jesús me ha dado un apoyo magnífico en mi antiguo Consiliario. Esto me ha hecho recobrar la paz. Ya tengo un sacerdote que me conoce, que vela por mí, y a quien puedo abrirle plenamente el alma.

         »Dentro de dos días empieza la Santa Cuaresma. Será mi primer cuaresma de clérigo. Es preciso que en ella viva concrucificado con Cristo por la oración, la obediencia y la mortificación. Desde ahora debo empezar a vivir la pasión y muerte de Cristo para conresucitar con Él a un vivir plenamente suyo.

         »¿Si no es ahora ...  cuándo va a ser?

         »¡Ayúdame, oh Jesús, a vivir en ti! Amén»[4].

 

         Segundo retiro después de haber recibido la Sagrada Tonsura

 

         «Cuarenta días han pasado desde el último retiro; en él la gracia de Jesús me hizo concebir muy bellos y santos propósitos; pero ¿los he cumplido? ¡Ay! Temo que no. Desde luego no he practicado el del examen escrito; el examen particular sobre vivir a lo víctima tampoco lo he llevado y la crucifixión activa está por comenzar; la oración en general ha sido intensa, muy pocas noches ha dejado de derramar lágrimas por mis ingratitudes y faltas; el estudio ha sido más bien atento e intenso; la obediencia  pronta, aunque con un poco de murmuración interior; el silencio algo más flojo a consecuencia de un menor recogimiento interior y conversación con el Amado.

»Un acontecimiento vino a turbar mi paz: Las dos pláticas del Director. ¿Cómo reaccionó mi alma ante ellas?» [5].

 

         «Ayer: La oración de la mañana y noche bien. Las gestiones en Aduanas para los libros del Seminario algo me impidieron el recogimiento. Luego todo el tiempo lo consagré al estudio. En el recreo la conversación rozó un poco la caridad.

         »Hoy: Bien la oración de la mañana. Todo el día cilicio. Aprovechado todo el tiempo para el estudio. Frecuentes actos de amor durante el mismo y las clases. En el recreo, en la conversación, he combatido flojamente la hipótesis de la incomprensión. Bastante recogido todo el día. Falté al silencio al subir al cuarto, aunque era tiempo de recreo» [6].

 

         «La oración de la mañana, bien, recogida y fervorosa. El estudio de la mañana no muy aprovechado. Las clases sin actuar la oblación de víctima. La comida morigerada, pero sin sobrenaturalizar. La Visita fervorosa. No dormí siesta para leer el comentario del Sto. Tomás al Evangelio de mañana. El resto dedicado al estudio hasta la clase; pero sin actualizar la intención; la clase de la tarde igual. La Salve bien, con fervor; la merienda maquinalmente; después hice veinte minutos de oración en la capilla; el recreo gris. La plática bien; tres puntos: campaña Seminario, cuaresma apostólica-sacerdotal y día del Papa.

         »El estudio bien; pero también rutinariamente» [7].

 

         «Una semana sin anotar nada. Semana gris. La oración, salvo una noche que estaba agotado, bien, aunque con algunas distracciones a la mañana. El estudio intenso, sin perder casi tiempo; los recreos dedicados a la campaña pro-Seminario. Tres días llevé cilicio; después por si  perjudicaba la salud  lo suprimí. Sigo  sin mortificarme en el fumar ...

         »No estoy contento, aunque no estoy sin paz; pero ésta ¿es la paz de Jesús? ¿O es la paz de la rutina y el hábito?

         »Hoy hace doce años que me ofrecí a Jesús, en S. Pedro del Vaticano, a ser víctima propiciatoria; pero ¿dónde está ese buscar siempre y en todo su cruz, que siento que Él me pide?

         »Otra vez está la humanidad en peligro de guerra y yo, a quien Él me pide sea nuevo Francisco que abrace en la caridad que quiere darme, ¿qué hago?

         »En la plática el Señor, por medio del Director, nos ha propuesto que en el día de nuestro Seminario ahondásemos, por medio de la oración fervorosa y agradecida, en el conocimiento de la infinita caridad de Dios que supone nuestra vocación incoada.

         »¡Qué amoroso es Jesús! Ve mi languidez y quiere poner fuego en mi alma, pues mi vocación supone una predilección infinita de Cristo, y si ahondo en el conocimiento de su amor, su caridad me urgirá a aprovechar a fondo lo que resta de Santa Cuaresma» [8].

 

         «Una semana más. Gracias a Dios en ella he vivido más recogido, más actuado en la divina presencia y mi oración ha sido más fervorosa. Los tiempos de estudio he procurado aprovecharlos y Él me ha hecho dirigir algunas miradas-jaculatorias durante los estudios al santo crucifijo.

         »En una conversación la caridad fue un poco floja.

         »Pero, en general, mi Dios me atrae a vivir en lo hondo de mi alma adorando y amando a la Santísima Trinidad.

         »Mañana, día de la fiesta de la Encarnación, debo de empezar una nueva etapa de mi vivir para El. Siento que me enciende en sed de mortificación y por otra parte el día 6 se medirá, en su nombre bendito: “Sicut materialibus clavibus Ecclesiam visibilem aperitis, et clauditis; sic et invisibilem Dei domun, corda scilicet fidelium, dictis et exemplis vestris claudatis diabolo et aperiatis Deo: ut divina verba quae audierint corde retineant et opere compleant”.

         »Seré constituido en custodio de la casa  de Dios, del Cuerpo Místico de los fieles, y la aspiración que Él puso en mi alma hace tanto tiempo, pero de un modo más concreto hace un año, de ser nuevo Francisco, que, con su vivir de concrucificado, mantenga abrazados al Corazón de Cristo a sacerdotes de ambos cleros, familiares míos, religiosos y seminaristas y todas las almas, debe empezar a cumplirse.

         »Queden a un lado prudencias de carne. Sólo sufriendo se ahonda en el conocimiento de su amor y se predica su amor infinito. No más dilaciones. Jesús cuidará de mí, si de verdad busco identificarme con El en la cruz.

         »Día de la Encarnación. Virtudes de la humildad y la abnegación, del amor y del darse; para mi no es más que una: La caridad» [9] .

 

TERCER TRIMESTRE

 

Retiro espiritual preparatorio a la recepción de las Órdenes de ostiario y lector

 

         «“Quid retribuam Domino, pro omnibus que retribuit mihi”?

         »¡Cuántos propósitos hice al prepararme a recibir la Sagrada Tonsura! Pero en verdad me he parecido muy poco a mi Señor coronado de espinas.

         »Sí, un poco más de recogimiento, más caminar en su presencia; pero ¿qué es eso, sino nada?

         »Desde que dije a una con mi Obispo: “Dominus pars haereditatis mei et calicis mei; tu es que restitues haeriditatem mean mihi” debía haber vivido sola y exclusivamente para el Cuerpo Místico de Jesús y no lo he hecho o si lo hice fue con tan poco fervor que es como si no lo hubiera hecho.

         »Pero Jesús no desiste de su intento; me quiere hacer ahora custodio, portero de su casa espiritual, de la Comunidad de los fieles. Ahora sí que es preciso que viva crucificado a la puerta de la Iglesia de Cristo para que, al menos en lo que de mí dependa, no se pierda ningún alma» [10].

 

         Segundo día de retiro de ordenandos

 

         «[...] “Porque así como el Verbo de Dios para redimir a los hombres con sus dolores y tormentos quiso valerse de nuestra naturaleza, de modo parecido en el decurso de los siglos se vale de su Iglesia para perpetuar la obra comenzada”. Luego hay una analogía de proporcionalidad entre la misión del sacerdote  y la de Cristo [...].

         »¡Oh sabiduría, omnipotencia y amor divino que habéis encontrado en una sola cosa, en el dolor humano asumido por tu Cristo, remedio a todos los males!

         »Aquel granito de trigo que brotó del vientre virginal de María, se irá haciendo en el rodar de los días, triturado entre las muelas del dolor, blanca harina amasada con lágrimas de amor penitente y, cocida en fuego de caridad, se trocará en la Hostia Santa que tu Hijo, sacerdote y víctima, ofrecerá en la cruz.

         »Sí, cada acción de Cristo expresa al Padre y a las almas el divino amor que le abrasa el pecho [...].

         »Pero la cruz, además de tributar al Padre la máxima gloria y de reconciliar al hombre con Dios y descubrir al hombre la inmensidad del amor divino, trueca el dolor humano en fuente de los más inefables goces.

         »Pues bien, veamos cual es la analogía de la vocación sacerdotal a la que soy llamado.

         »En primer lugar por la vida de gracia ya me hace partícipe Jesucristo de su propia Vida y con la Vida me participa sus conocimientos (la fe) y sus amores (la caridad). Pero precisamente en esta mi formación sacerdotal Él quiere hacerme su amigo íntimo; y como amigo quiere hacerme partícipe de todos sus secretos. “Jam non dicam vos servos, sed amicos ...  ”[...].

         »Y entonces, al crecer el conocimiento de la caridad de Dios que me manifiesta en, con y por Jesucristo mi alma se sentirá urgida por sus mismos anhelos: Ansia infinita de alabar, agradecer y adorar al Padre de amor y misericordia, que mi amigo y amado Jesús colmará ungiendo mi alma con la locura de la cruz y mis manos con el poder sacerdotal para que así, hecho víctima como Él todo mi ser crucificado, le exprese al Padre mi amor, y como ni aún así podré expresarle por mi radical impotencia toda la alabanza que su infinita bondad merece, el mismo Jesús se pondrá en mis manos para que Él, que lo completa todo en todos, complete mi acción de gracias. Pero al mismo tiempo ese mi vivir en cruz expresará a las almas el amor infinito que Dios las tiene, a fin de que arrebatadas de las tinieblas de sus pecados vengan a la luz del amor divino y se hagan una sola cosa con su sacerdote en la alabanza del Padre.

         »“Charitas Christi urget nos ... ”. Desde ahora mismo comienzo, confiando en ti, ¡oh mi Jesús!, mi vivir de concrucificado contigo. A las veinte horas del día de gracia 4 de abril de 1946.

         »¡Gracias, oh Jesús, por todas las luces y gracias que me estás concediendo!» [11].

 

         Tercer día de Retiro para Órdenes

 

         «¡Qué absurdo soy, Señor, que absurdo! ¡Tanto tiempo hace que me enseñaste el inefable y embriagor misterio de tu cruz y, sin embargo, no me determinaba a buscarla y abrazarme a ella!

         »Ahora, me has dicho que sólo en la cruz podrás hacerme las confidencias más íntimas e inefables de cuanto oíste del amor del Padre, que sólo con el lenguaje de la cruz podrás expresarme algo de ese amor inexpresable que te apretuja el Corazón. Señor, ¿seré tan necio que no me apresure a poseer a la perfección ese lenguaje?

         »Lo aprenderé, lo poseeré enseguida, porque tú me amas y tu amor todo lo puede. Señor me has llamado a clerical tonsura, mañana me llamarás a oficio de ostiario y de lector, son Órdenes previas que sólo se confieren como preparación y medio de llegar al sacerdocio; puedo, pues, decir: Señor me estás llamando al sacerdocio y no te he dicho que no, sino que con todas mis miserias y flaquezas, con toda mi ruindad, te digo: aquí estoy, heme aquí, tómame. Pero tú sabes, Señor, que el oficio de sacerdote-mediador es dar a conocer al hombre el amor de Dios y ofrecer a Dios la adoración del hombre; y sabes también que sólo viviendo en cruz, hecho llaga y víctima, se pueden tener oídos para oír los secretos más íntimos e inefables de tu amor. Señor, puesto que me llamas al sacerdocio y no es posible ser sacerdote según tu Corazón sin vivir en tu cruz, te exijo, Señor, tengo derecho a ello, que me claves en tu cruz.

         »Y puesto que desde mañana me vas a hacer ostiario y me dices por medio de tu Iglesia: “Invisibilem Dei domun, corda scilitet fidelium, dictis et exemplis tuis claudatis diabolo, et aperiatis Deo: ut divina verba, quae audierint, corde reti-neant et opere compleant”, desde mañana tengo que vivir crucificado para cumplirte lo que te voy a prometer y amparar a todas las almas de la Iglesia militante con mi vivir en cruz» [12].

 

         Recibió estas Órdenes el día 6 de abril de 1946.


         Una vez recibidas éstas anota en su Diario:

 

         «Profundas e inmensas emociones las de las Órdenes recibidas.

         »Jesús no cesa de decirme en lo más hondo del alma que Él es fiel y que Él se constituye en custodio y ostiario de mi alma para que yo lo sea de su Iglesia.

         »Y Jesús se ha dignado bendecirme; y siento que me pide aquello mismo que en su nombre pedí a los Jóvenes de Acción Católica cuando la Cruzada: “vivir santamente, para amparar con la santidad nuestra vida de gracia de todos los hermanos”, sino que ahora Él me ha confiado la custodia de toda su Iglesia fiándose de mi protestas de amor» [13].

 

         Resumen de la primera semana después de Órdenes

 

         «Hasta ahora la gracia del Señor me mantiene en la actitud de víctima; pero tiendo a bajar los brazos de mi crucifixión; estos días he fumado algo.

         »Mas ¡nunc coepit, Domine!» [14].

 

         Retiro espiritual Martes Santo

 

         «Mas volvamos ya la hoja y veamos cómo me he comportado con el Señor durante esta Cuaresma que termina.

         Mucho regateo con el Señor, ese ha sido mi comportamiento durante la Cuaresma. Mas el Señor, que es rico en misericordia, al ver la gran miseria de su amado ha derramado dones y amores sin cuento sobre mi pobre alma. De un modo especialísimo durante el retiro de Órdenes y en  la colación de esas Órdenes. Me ha hecho custodio de su santa Iglesia; es verdad que durante los cuatro últimos días he cedido un poco en mi crucifixión. Pero hoy, en la segunda parte del retiro en la que su gracia me ha hecho hacer, ha vuelto a decirme que me ama, que quiere que yo mismo me ponga en cruz por la santificación de todos sus sacerdotes, seminaristas y novicios, para que así Él pueda darme a conocer la anchura y largura, la alteza y profundidad de su amor.

         »¡Dilexit me et tradidit semetipso pro me!

         »No se limitó a perdonarme y darme su propia vida, a mí que le quité la suya en dura cruz y tras acerbísimos tormentos con mis pecados, sino que me ha escogido para sacerdote suyo. ¡No sólo perdonado, sino trocado en su amigo confidencial e íntimo, en su alter ego!

         »Y hoy, martes santo, ha querido cobijarme en su bendito Corazón para que viva íntimamente recogido en Él toda su santa pasión y muerte.

         »¡Señor, en tu amor confío!» [15].

 

         «Gracias, ¡oh mi Señor Jesús!, porque me has tenido en oración junto a ti esta noche durante cuatro horas y media [Era Viernes Santo].

         »La gracia más fuerte ha sido ese darme a conocer que, pese a todos los sufrimientos que te causaron mis pecados, no sólo me perdonaste sino que me amaste tanto, tanto, ...  que me escogiste para ser tú alter ego, tú alter Christus. Quieres confiarme todo el amor que en tu Corazón tiene el Padre a las almas, a fin de que, abrazado y urgido de ese mismo amor, me entregue totalmente a ti para que tu me uses como humanidad complementaria que vuelvas a poner en la cruz, y por medio de cuyas manos te ofrezcas tú mismo al Padre y derrames sobre las almas, por el cauce de los sacramentos, los infinitos tesoros de gracias de tu Redención infinita y perpetua.

         »¡Y me vio entonces el Señor a mí! Y descendió hasta mi fango y basura para lavarme con su sangre preciosa y convertirme en otro Él a fuerza de besos de Eucaristía.

         »El que fue tu verdugo ...  lo escogiste para que predicara tu amor [...].

         »Y hecho hombre, crucificado y muerto Él que mantiene todas las cosas en el ser por un sólo acto de su voluntad.

         »¡Cuántos millones de almas ignorantes de tu amor y tu cruz!» [16].


         Retiro espiritual

 

         «¡Para qué anotar mis impresiones del retiro si podría repetir casi las del mes pasado!

         »El retiro propiamente empieza ahora, que dejó de hablar el predicador.

         »De los propósitos del retiro de las últimas Órdenes ¿qué he hecho?

         »El propósito implícito de dejar de fumar, no lo he cumplido. Pero lo que sí es verdad es que he vivido casi totalmente consagrado al estudio, con un trabajo intenso y fatigoso.

         »Más ¿qué intención preside ese estudio? ¿Puramente hacer la voluntad de Dios? ¿No se mezcla acaso un estímulo humano menos noble? ¿No es también el deseo de quedar bien ante compañeros y profesores? Tal vez sí; pero también es verdad que en cuanto a los compañeros me preocupa no desedificarlos. Y en cuanto a profesores ¿por qué quiero ir bien preparado a las pruebas de fin de curso? Porque siento que es lo que quiere el Señor.

         »¿En cuanto a la caridad? Cada día siento que hay más amor de Cristo en mi alma para los que me rodean.

         »Lo que tengo poco actualizado es mi papel de víctima; renuevo todos los días mi oblación, pero no en todas mis obras.

         »En cuanto a mi confianza en el amor que Dios me tiene en Jesucristo crece cada día, y cada día espero más firmemente que Él  llegará  a  tiempo y que me hará un sacerdote santo» [17].

 

         Retiro espiritual preparatorio a la recepción de las Órdenes de exorcista y acólito

 

         «Se me han propuesto como virtudes sacerdotales la obediencia, la humildad, la pureza y la pobreza, presentándolas en el marco del Misterio de la Encarnación y en ambiente de confidencias de Cenáculo. Virtudes que nacen de la identificación de mi voluntad con la de Cristo.

         »¿Mas que me ha enseñado Él? “Humilliavit semetipsum” en la Encarnación, pues el Verbo asumió una humanidad de la raza de Adán, y que, aún sin pecado, era tierra. Pero todavía se humilla mucho más el Señor al elegirme para ser su sacerdote, pues entonces tomaba una humanidad que, aunque proveniente de la tierra, era santísima, y ahora me toma a mí que soy tierra y pecado. ¿Mas por qué me has elegido? sino para que en esa misma elección que de mi miseria haces pueda sondear el abismo insondable de tu amor para con los pecadores. ¡Me escogiste a mí! A mí para que nunca pueda dudar de tu amor a los pecadores, pues por amor de ellos me escogiste. A mí, para que brille el poder infinito de tu amor y tu gracia. Pues ¿quién más pecador que yo? y si en un monstruo de bajeza como yo tu gracia triunfa y resplandece ¿quién podrá dudar de tu omnipotencia?

         »Ayúdame, Señor, a conocer la suprema razón en que deben apoyarse las virtudes sacerdotales que quieres que tenga [...].

         »[...] Mas para aplicar esa misma Redención, que tú nos mereciste en la cruz, todavía te humillarías más: me escogerías a mí, descenderías hasta el abismo de mis miserias y mis pecados para sanarme y tomarme como una humanidad complementaria de la tuya, puesto que tú que lo completas todo en todos, hallas el complemento en todos tus miembros. Y ¿cómo querrás tú valerte de mí sino continuando el “humilliavit y el exinanimit”?

         »Ahora empiezo a comprender el valor de la humildad y de la obediencia, porque en tu infinita caridad has querido mostrarme un poco de tu amor infinito y con ese poquitín que mi alma ha entrevisto ya empieza a haber en ella tan sólo una pasión y un deseo y un afán: que ese amor del Padre que se manifiesta en ti por la luz del Espíritu Santo sea conocido de todos los hombres. ¡Oh Señor! ahora, aunque con lágrimas de amor porque contristé tu Corazón, que lo es todo para mí, empiezo a gozarme de mis miserias y hasta de mis pecados pasados, porque ellos en su negrura inmensa ponen más de relieve la infinita gloria de tu gracia. Humildad, sí, humildad. No más encubrir la miseria y basura de esta tierra de mi alma que tú escogiste para hacer de ella un santo sacerdote, pues encubrirla sería también encubrir la caridad infinita que, precisamente con la elección que hiciste, quieres mostrar a los pobres pecadores. ¿Quién podrá desesperar de convertirse a ti y de ser sanado por ti si sabe que a mí, el más vil y despreciable de todos, me convertiste y sanaste?

         »¡Oh santa obediencia! hazme todo tuyo, puesto que la voluntad divina es hacer patente y manifiesto su amor a los hombres utilizando mi miseria como instrumento ¿Qué me podrá dar mayor gozo que obedecer, si ya mi alma no desea, ni quiere, ni busca sino que el divino amor de mi Dios Uno y Trino sea conocido de todos los hombres?

         »¡Oh ni menos Santa Pureza! haz mi ser transparente y limpio como el cristal para que a través de mí la luz y fuego del amor divino del Santo y Divino Espíritu ilumine y dé calor de caridad a las almas. Sólo apegado a mi Dios y Señor, a mi Uno y mi Tres; ningún apego a criaturas, que cada una que se apega a mi alma es mancha y sombra en ese cristal del alma que me impide ver a Dios y que impide a las almas ver las maravillas que el amor divino obró en la más vil de sus criaturas» [18].


Publicado por verdenaranja @ 0:41  | Espiritualidad
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