Viernes, 12 de septiembre de 2008

 

Extracto de escrito sobre Manuel Aparici enviado por Carlos Peinó Agrelo  bajo el título "Vocación, Seminario, Ordenación Sacerdotal y Salamanca".  Según su Diario Espiritual y otros escrito y testimonios

(1941-1950)

 


ORDENACIÓN SACERDOTAL

 

 

 

         Y llegó el día soñado: Su Ordenación Sacerdotal.

 

Al terminar el tercer curso de Teología, con la debida dispensa de Roma, fue ordenado sacerdote a las 11 de la mañana el día 31 de mayo de 1947, Fiesta del Amor Hermoso y de la Mediación Universal de María, en la Capilla del Seminario por el Obispo de la Diócesis, D. Leopoldo Eijo y Garay. Contaba 45 años de edad [1].

 

         «[...] Su Ordenación Sacerdotal –asegura Mons. Maximino Romero de Lema en su declaración– le causó un gran gozo interior inmenso; por ello siguió siendo centro de atracción para muchos jóvenes y sacerdotes ... » ... «[...] Se le veía ilusionado con sus compañeros de Ordenación, declara, por su parte, Ana María Rivera. Grabó todos sus nombres en su crucifijo y el lema “Sitio”» [2].

 

 

         Con motivo de su Ordenación Sacerdotal les dice a algunos de sus amigos:

 

         «¿Verdad qué paga bien la Señora los pequeñillos esfuerzos del Capitán de Peregrinos» [3]... «[...] Estoy seguro que seré la obra de la Mediación de María [...]. Le juré en Zaragoza al frente de nuestros muchachos consagrar mi vida a la defensa de la piadosa creencia en su Mediación y qué bien paga» [4] … «¡Qué piadosa y fiel es María! Como le juré en Zaragoza defender con mi vida su Mediación. ha mediado para que su Divino Hijo me conceda la inmensa gracia del sacerdocio el día en que con nuestra Santa Madre la Iglesia festejamos su Mediación Universal de todas las gracias» [5].

 

Dos meses después, el 10 de julio, le dice a Sor Carmen:

 

         «El “Magnificat”, el “Te Deum” y el “Miserere” se juntan en mi corazón sacerdotal a un tiempo. ¡Cuán admirable es la caridad de Dios! ¡El pobre pecador, que pasó los años de su juventud primera lejos de Él ofendiéndole, trocado en sacerdote suyo! Si yo no hubiera sido, lo que fui, podría creer que soy algo por mí y ahora creo que todo lo soy por Él, por el mucho amor con que me amó y me escogió en su Hijo para ser santo e inmaculado en su presencia por la caridad» [6].

         Por su parte, el Consejo Superior de la Juventud de Acción Católica, en su Memoria General del Curso 1946/47, le dedica estas palabras:

 

         «Otro motivo, asimismo, de hondísimo gozo para el Consejo Superior ha sido la Ordenación Sacerdotal del que fue su Presidente y Rector de la Obra en una etapa inolvidable de heroísmo y martirio, Manuel Aparici [...]. Para la mayor gloria de Dios, Aparici –símbolo y corona de una etapa de la Juventud de Acción Católica– es ya sacerdote de Jesucristo. El gozo del Consejo Superior ha sido reflejo del que en todos los ámbitos de la Patria han sentido los antiguos y los actuales militantes de la Obra, en la que Aparici dejó tan profunda huella».

 

Por su Ordenación de Presbítero quedó la entrega plenamente

                   ratificada y sellada

 

         De su Diario es lo que sigue:

 

         «Por mi Ordenación de Subdiácono el 22 de marzo de 1947, consciente, reflexiva, alegre y libremente, me entregué totalmente a Cristo y Él me aceptó.

         »El Obispo en su nombre nos dijo:

         »“Hijos amadísimos: Habiendo de ser promovidos al Sagrado Orden del Subdiaconado, una y otra vez debéis considerar atentamente cual es la carga que hoy espontáneamente deseáis tomar sobre vosotros. Porque hasta ahora sois libres y podéis a vuestro arbitrio volver a la vida del mundo; pero, si llegáis a recibir este Orden, en manera alguna os será lícito abandonar vuestro propósito, sino que en ese ministerio deberéis servir perpetuamente a Dios, a quien servir es rei-nar, y con su ayuda guardar castidad y estar siempre al servicio de la Iglesia. Por tanto, mientras tenéis tiempo pensadlo bien, y si determináis perseverar en vuestro santo propósito acercaos acá en nombre del Señor”.

         »Y nosotros dimos un paso al frente.

         »Por mi Ordenación de Diácono el 18 de mayo de 1947 ratifiqué mi entrega y Él me concedió el Espíritu Santo: “Accipe Spiritum Sanctum ad robur et ad resistendum diabolo et tentationibus ejus”.

         »Y por mi Ordenación de Presbítero el 31 de mayo de 1947 quedó la entrega plenamente ratificada y sellada, yo soy suyo y Él es mío. Y porque soy suyo extendió sus poderes sobre su Cuerpo físico y místico al nuevo miembro que se había adquirido. Pues Cristo es quien consagra, por boca y manos de sus ministros, Cristo es quien bendice, Cristo es quien absuelve, quien bautiza y quien da unción extrema.

         »Esto hay que comprenderlo bien, pues si soy de Cristo, todo lo que el pasó, libre y voluntariamente, lo tengo que pasar yo. Y Cristo pasó pobreza extrema hasta vivir de limosna y no tener dónde reclinar su cabeza; pasó hambre, frío, sed y fatigas y trabajos fue incomprendido, injuriado y despreciado y al fin murió en la Cruz y todo esto por obediencia al Padre que le había enviado a salvarnos.

         »Todo esto lo he pensado y meditado desde el mes de septiembre de 1932 y aunque sentía y siento toda la repugnancia que todo eso inspira a la naturaleza humana, y que Cristo también sintió, paso a paso me he ido acercando hasta que el 31 de mayo de 1947 consumé la entrega.

         »¿Comprendéis por qué hice bordar en mi cinta de manos, junto a cada fecha, un emblema? [7] En la de Subdiaconado, el de María Santísima, pues a Ella, la Purísima, consa-graba mi voto de castidad; en la de Diaconado, la cruz y la corona de espinas, pues el Diácono es coministro del Santo Sacrificio; y en la del Presbiterado el pelícano, pues el pelícano es símbolo de Cristo, porque alimenta a sus hijuelos con su propia sangre.

         »Fijémonos en el orden ascendente de las entregas:

         »Castidad    =      Mortificación total del cuerpo.

         »Cruz y espinas = Mortificación total del espíritu.

         »Pelícano     =      Morir víctima todos los días para alimentar con la sangre del                                 propio sacrificio a los hijuelos de Cristo cuyo ministro soy.

         »Y por si todo eso expresara poco hice grabar en mi cáliz, como sabéis, la quinta palabra de Cristo en la Cruz: “Sitio”; ¿creéis que yo podría beber todos los días la sangre del Señor en ese cáliz que me habla incesantemente de su sed sin darle a beber en retorno de la suya preciosa mi propia sangre en forma de oración, sacrificio, penitencia, estudio y trabajo? No. Y por eso, como promesa de lo que con su gracia haría por Él, hice grabar debajo de su petición angustiosa “Sitio”, la respuesta que me dictó su gracia con palabras inspiradas por Él a San Pablo: “Adimpleo ea, quae desunt passionem Christi, in carne mea, pro Corpore ejus, quod est Ecclesia”.

         »Todo esto lo pensé, lo medité y lo maduré con la ayuda de su gracia en mis últimos años de Seminario. Su queja la tenía bien grabada porque ella me guió desde el Jueves Santo de 1930, y con arreglo a esto hice mis propósitos de Ejercicios de las distintas Órdenes de Subdiácono, Diácono y Presbítero y entre ellos incluí el que con su gracia acabo de cumplir hacer en el mismo verano de mi Ordenación el mes de Ejercicios.

         »Y lo hice, porque vi que igual que pasó con su Nacimiento, pasaría con el mío a su sacerdocio, que la cruz que era el pesebre podría nublarse con la adoración de los pastores y de los Magos y el cántico de Simeón en el templo, y la cruz de mi sacerdocio se disimularía con el besamanos de mi primera Misa, las enhorabuenas y los obsequios, y así como Él quiso huir a Egipto, quiso también que su ministro huyera de Ejercicios.

         »¿Para qué? Para que así como Él a su regreso de Egipto comenzó su vida de sacrificio oculto, así también su sacerdote comenzara en su nueva etapa de estudios, su vida de sacrificio y cruz oculta.

         »¿Cuáles fueron las características de su vida en Nazaret? Obediencia, oración, pobreza, trabajo hasta la fatiga y ocultamiento humilde y sacrificio. Luego esas deben ser las características de quien se le entregó.

         »Obediencia: Voy a estudiar y completar mi formación  a Salamanca porque lo ha dispuesto Él, por medio de mi Obispo. Y en las épocas de vacación escolar, tan sujeto a la obediencia estaré, como durante el curso; iré y haré lo que me manden.

         »Trabajo hasta la fatiga: El estudio será mi principal cruz. Aprovechando hasta el minuto todo el tiempo posible para completar mi formación, claro es que para esa formación algo de ministerio sacerdotal: confesiones, visita de pobres, enfermos, etc. habré de tener. Pero no hay que olvidar que desde que soy sacerdote el tiempo de que disponga no es mío, sino de Cristo y de sus almas.

         »Pobreza: A mamá no le voy a cercenar nada de lo que en conciencia necesite para subsistir, lo necesario también es voluntad de Dios que se lo procure y facilite, puesto que en lo necesario también mi madre es miembro del Cuerpo Místico de Cristo y estoy atendiendo a Cristo cuando la atiendo a ella; pero en lo no necesario, en lo que pueda suponer cierta prodigalidad, no podré, sería robar a Cristo un tiempo y unas energías que son suyas, para atender a la carne y a la sangre.

         »En cuanto a mí, aspiro a vivir, dentro de la limitación que me imponga el fin principal, para el cual el Señor me envía a Salamanca, que es el estudio, con pobreza lo más semejante posible a la de Jesús, pues siendo Él mi Cabeza y teniendo a mi Cabeza coronada de espinas, sería absurdo que yo me coronara de rosas, y claro es que con la pobreza irá también la mortificación compatible con el estudio, fin principal».

 

2.      Todo su hombre viejo muerto para que sólo viva Cristo

                   en servicio de la caridad sacerdotal

 

         En nota manuscrita sin fecha escribe:

 

         «“Pro eis ego sanctifico me ipsum”.

         »Sentido de verdad y fidelidad en el compromiso contraído con Cristo y con los hermanos sacerdotes.

         »¿De verdad somos fieles? Nos pareció que el Señor nos pedía que estas palabras suyas fueran las inspiradoras de nuestro vivir sacerdotal y en octubre pasado contrajimos con el Señor este compromiso. Y lo contrajimos juntos.

         »Al contraerlo con el Señor buscábamos la paz de nuestras almas. Fue un tiempo de su gracia en nosotros. Mucho tiempo nos lo pidió y al fin nos hizo decir “Ecce adsum”.

         »Al contraerlo juntos, buscamos la ayuda del hermano y cortamos la retirada. Nuestra santificación se ha hecho solidaria: Si yo no cumplo, si yo regateo mi entrega al Señor os perjudico a todos, os resto gracias a las que teníais derecho.

         »Pero no es esto lo más grave, sino que le defraudo al Señor, desde que por su amor y su gracia le dije: “Ecce ad-sum”. Cualquier imperfección de un hermano sacerdote es un aldabonazo de Cristo en mi alma urgiéndome a que se cumpla mi promesa. Puedo y debo pensar que Nuestro Señor vinculó la concesión de esa gracia, con la que desaparecería esa imperfección, a mí fidelidad a vivir la vocación de víctima pro plena santificación sacerdotal a la que Él me llamó.

         »Ponderamos bien en nuestras almas, meditamos bien en la trascendencia de ese “pro eis sanctifico me ipsum”.

         »Por ese profundo misterio del dogma de la Comunión de los Santos el Señor quiere hacernos parte de su propio Corazón sacerdotal, de ese Corazón Santísimo que irriga la gracia a todos los miembros de su Cuerpo Místico sacerdotal. Mientras no seamos totalmente de Cristo-Sacerdote no tenemos derecho a enjuiciar, ni siquiera en nuestro interior, a ningún sacerdote porque posiblemente el único culpable soy yo. Yo sé que Jesús me está llamando a vivir a sí y que mientras no viva como Él quiere estoy poniéndole el obstáculo de mi libertad a sus designios de amor sobre mi hermano.

         »Pero aún más, ese “pro eis ego sanctifico me ipsum” debe orientar mi oración. ¿Cómo me voy a dejar santificar si no oro? Y si no oriento esa oración, a saber cuánto ama el Señor a sus sacerdotes.

         »Porque además para que ese ansia que el Señor pone en nuestras almas, de la plena santificación sacerdotal, no nos haga faltar a la caridad con los sacerdotes es preciso que nazca del objeto primario y perfecto de la caridad, que es Dios mismo, y no del secundario e imperfecto, que son las almas.

         »Que no sea el motivo de nuestro celo ver que las almas se pueden perder, sino que el Corazón de Nuestro Señor estuvo apretujado de las gracias que quería derramar sobre ellas a través del corazón de sus sacerdotes. Que nos duela Cristo, que nos duela que el amor que nos tiene a nosotros y a nuestros hermanos no es debidamente conocido y, por tanto, no puede ser glorificado debidamente. Porque si nos duele el amor de Cristo a sus sacerdotes, insensiblemente nos convertiremos en anunciadores de ese amor con todos los actos de nuestra vida.

         »De otra forma, nuestro celo tendrá ese aspecto hiriente y regañón que en lugar de atraer y unir, distancia y separa.

         »“Pro eis ego sacrifico me ipsum”.

         »¿Qué sacrificios hago? Siquiera en la intención secundaria del Santo Sacrificio, ¿están ellos?

         »Entrega a muerte al servicio de la caridad sacerdotal.

         »¿Cuántas veces he tenido como nuestro mi yo para servir a esa caridad? Cediendo en mis criterios (míos, no de Cristo y manifestados según la prudencia infusa); alternando mis planes; callando mis frases ingeniosas, etc.

         »Todo mi hombre viejo muerto para que sólo viva Cristo en servicio de la caridad sacerdotal».

 

3.      Propósitos personales mínimos

 

         Lo que a continuación se transcribe procede de un texto escrito a máquina, sin fecha ni firma, pero estimamos es de Manuel Aparici dada su similitud con el texto anterior.

 

         «“Pro eis ego sanctifico me ipsum”.

         »“Pro eis ego sacrificio me ipsum”.

 

         Oración

 

»Dirección espiritual activa con los hermanos sacerdotes.

         »Una hora de oración diaria.

         »Una hora de estudio dogmático-moral.

         »Una hora de estudio apostólico.

»Examen particular sobre el ejercicio de la caridad sacerdotal.

         »Retiro mensual.

         »Ejercicios anuales.

         »En los cinco primeros años: mes de Ejercicios.

         »Reunión semestral por grupos diocesanos.

         »Reunión anual de los cabezas de grupos diocesanos.


         Norma de vida

 

         »Pobreza, obediencia, víctima.

»Entrega a muerte al servicio de la caridad sacerdotal.

»Sentido de verdad y fidelidad en el compromiso con Cristo y con los hermanos »sacerdotes.

         »Confianza en la corrección fraterna.

         »Alegría santa».

 

         «Señor y Amigo fidelísimo –escribe en otra ocasión–: Ya que la cooperación de mi libertad a tu gracia te permite satisfacer la sed de la divina gloria que manifestaste en la cruz, satisface tú la sed que tú mismo has encendido en el alma de tu sacerdote; reproduce con tu gracia en esta humanidad, que te entregué el día de mi Ordenación de Subdiácono, los misterios de dolor y de cruz de tu vida mortal a fin de que todo mi ser anuncie las maravillas de tu amor».

 

         4.      Con motivo de su primera Misa quería evitar que se hiciera ruido

 

         No quería que las personas a las que informaba de su primera Misa dijesen nada a nadie. Quería evitar que se hiciera ruido, pues como decía en Burgos: «El ruido no hace bien y el bien no hace ruido» [8] y «prefirió que el dinero destinado a regalarle la Patrología de Migne fuera repartido a los pobres» [9].

 

         «No quiero de ninguna manera –le dice a su buen amigo Joaquín Ruiz-Giménez en carta sin fecha– que mi primera Misa haga ruido, al menos “ante-factum”, “post-factum” si SIGNO quiere decir, que diga lo que quiera. Aspiro a que dentro de lo posible sea una Misa íntima: mis fami-liares, Decanos del Consejo, Grupo de Propagandistas que presidí, algunos miembros de la Junta Técnica y de los Consejos Superior y Diocesanos de Jóvenes, tres o cuatro docenas de miembros de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas y algunos amigos particulares y del Cuerpo de Aduanas a que pertenecí» [10].

 

         Días después [el 11 de mayo] le dice a José Rivera: «[...] Dile a los hermanos Mansilla, Valentín Gamazo, Romeu y demás, y muy especialmente a Rafael Moya y a Collar que como no tengo tiempo de escribirles a todos lo hago por tu medio, porque tú eres sangre de mártir y hermano de mi hermano del Consejo, el Ángel del Alcázar» [11].

         A todos les pedía que le encomendasen a él y a sus hermanos, que con él iban a ser ordenados sacerdotes o a recibir el Subdiaconado y Diaconado, para que no frustren los miseri-cordiosos designios del Señor.

 

         “Ruega –le dice a la Rvda. Madre Carmen Teresa de Jesús el 11 de mayo de 1947– que nos encomienden. Nuestro interés es el mismo. Ardemos en las mismas ansias de santidad; queremos ser santos para que Él sea glorificado en nosotros, pero a nosotros nos ha elegido para consagrar su Cuerpo y Sangre y para dar su vida a las almas. Pidan ustedes para que seamos otros Cristos no sólo por la santidad ontológica de la Ordenación, sino también por la moral de la perfecta fidelidad en la imitación de Cristo-Sacerdote» [12].

 

         Agradecía sus oraciones y sacrificios y prometía tenerlas presentes en el «memento» de su primera Misa y luego ofrecer el Santo Sacrificio por esa Comunidad.


5.      Pide a su buen amigo Joaquín Ruiz-Giménez le haga el favor de ser con su

mujer Mercedes el padrino de honor de su primera Misa

 

         He aquí el texto de la carta sin fecha:

 

         «Y ahora mi querido Joaquín te pido el favor de que con Mercedes seas el padrino de honor de mi primera Misa. Tu persona representa para mí los dos grandes ideales por los que ofrendé mi vida al Señor en aquellos días hermosos de la Cruzada: La juventud española, que con generosidad y heroísmo alegre dio su vida por Cristo en checas y frentes, y los Pueblos Hispánicos en apretada Comunión de los Santos al servicio de Pedro el Pescador. Entonces cuando os contemplaba partir para el frente, con secreta envidia, le pedí al Señor que se dignara tomar mi vida para que se consumara toda al servicio de esa juventud que la confesaba con su sangre; y entonces también ante el Sagrario y sintiendo en mi alma el estímulo del dolor de nuestros mártires y del gozo de vuestro heroísmo es cuando Él me hizo concebir el Ideal de España y lo hispánico Vanguardia de Cristiandad. Después Él me alumbró con su gracia y os llevé al Pilar y en el Camino de Santiago me sacó de entre vosotros para traerme a su Seminario y en él irme trocando en sacerdote suyo.

         »¿Quieres, bizarro y apostólico Teniente Provisional de la Cruzada, ex-Presidente de Pax Romana y Director del Instituto de Cultura Hispánica, apadrinar la primera Misa del que el Señor escogió para presidiros durante los días en que su gracia nos hizo decir “Possumus”? [...].

         »Pensé primero decírtelo personalmente, pero luego he pensado que por carta es mejor, pues tienes más libertad para decidir.

         »Procede con la santa libertad con que te da derecho el afecto cristiano que nos une; me conoces muy a fondo y sabes que mi afecto es invariable; hace trece años que el Señor, por medio de una caricia de su Vicario en la Tierra, metió en mi corazón un poco de amor infinito que Él os tiene y ese amor de Cristo a la Juventud de España» [13].

 

         6.      El cáliz del Siervo de Dios

 

         Por SIGNO conocemos los datos relativos al cáliz del Siervo de Dios.

         «Fue donado por el Consejo Superior y los decanos del mismo. En él hay algo más que un regalo, ya que en su elaboración han intervenido también motivos sentimentales.

         »El dibujo general del cáliz se debe a Juan del Amo, antiguo propagandista del Consejo Superior y ahora sacerdote. Las viñetas de los misterios y de las advocaciones de la Virgen se han tomado de las que ilustran el misal del P. Germán del Prado, editado en Bélgica por Léfébre, y se deben al inolvidable Manolo Llanos –nuestro Manuel mártir–, que fue también propagandista del Consejo Superior y Delegado de Aspirantes en el Centro de San Jerónimo.

         El texto escrito en la base del cáliz dice:

         »EM: APARICI: PRAECLARO: XPIANAE: HISPA-NIARUM: IV VENTVTIS: COMPOSTELAM: PERGENTIS: PERPETVO: DVCTORI: MERITO: SODALES, cuya traducción es: “Al ilustre Manuel Aparici, perpetuo Capitán de la cristiana Juventud de las Españas peregrinantes a Compostela, sus compañeros”.

         »Este cáliz ha sido realizado por los magníficos orfebres Marcelino y Miguel Cruz, el primero de los cuales fue también decano de nuestro Consejo.

         »Los motivos que ornan la parte superior del cáliz representan la Asunción, la Concepción Inmaculada, la Maternidad y la Mediación Universal de María.

         »En el nudo del cáliz van las cruces: de la victoria, de Santiago, la romana y la insignia de Acción Católica, separadas por las imágenes de los cuatro evangelistas.

         »El árbol del cáliz presenta los símbolos eucarísticos de las espigas y los racimos.

         »El pie, octogonal, recoge los Misterios principales de la vida de Cristo: Encarnación, Natividad, Epifanía, Jesús entre los doctores, Bautismo, el Buen Pastor, Sagrada Cena y Cruci-fixión, separados entre sí por vieiras compostelanas.

         »En la alegoría del último misterio figura al pie de la cruz, por deseo especial de Aparici, la palabra “Sitio”, que es, desde sus primeros momentos de apostolado, el lema de nuestro antiguo Presidente Nacional.

         »El cáliz es de plata sobredorada y pesa 855 gramos» [14].

 

         Pero años antes, siendo todavía seminarista, «la IV Asamblea Diocesana de la Juventud de Acción Católica de Navarra dedicó un recuerdo emocionante al Presidente anterior, Manuel Aparici, hoy alumno del Seminario de Madrid, haciendo entrega al Presidente actual, Antonio García-Pablos, de un magnífico cáliz de plata, obsequio de la juventud navarra, a Aparici para cuando sea sacerdote» [15].

 

         Ninguno de los dos cálices han llegado a la Asociación de Peregrinos de la Iglesia, ignorando dónde se pueden encontrar, ya que todas las gestiones realizadas para su localización han resultado infructuosas.

 

7.      Y tres días después de su Ordenación Sacerdotal, el 3 de junio,

celebraba su primera Misa

 

         «Ecclesia», «Boletín de Dirigentes» y SIGNO (se desconocen las fechas) recogen los momentos emotivos de la primera Misa de Manuel Aparici con palabras cálidas y entrañables [16]. De ellos es lo que sigue.

         El día 3 de junio de 1947 el antiguo Presidente Nacional de los Jóvenes de Acción Católica, Manuel Aparici Navarro, «nuestro entrañable Capitán de Adelantados, que presidió una de las etapas cruciales de la Juventud», celebró su primera Misa  en la Iglesia Parroquial de San Ginés, de Madrid, que era la de su domicilio.

         Ha revestido solemnidad y alegría emocionadas. Toda la juventud española estuvo presente en el «memento» de Manolo, a la par que las representaciones y los amigos rodeaban el altar.

Publicado por verdenaranja @ 0:47  | Espiritualidad
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