Viernes, 19 de septiembre de 2008

La Delegación de Pstoral Penitenciaria de la Diócesis de Tnerife nos envía la historia y motivación de la fiesta de Ntra. Sra. de la Merced, que se celbrará el 24 de Septiembre.


ACERCÁNDONOS A MARÍA, MERCED DE DIOS PARA LA HUMANIDAD

 

El 10 de Agosto de 1218, después de haber trabajado ya algún tiempo como redentor de cautivos, Pedro Nolasco fundó en Barcelona una orden religiosa de caballeros comerciantes dedicada a esa misión. Durante algunos años la orden recibió diversos nombres: de Santa Eulalia, de la redención, de los cautivos, etc.. Poco después empezó a llamarse “de la Merced” y con ese nombre permanece.

 

La palabra “merced” no tenia en aquel tiempo un significado religioso. Significaba “aquello que es gratuito”, el gesto de misericordia o compasión que se dirige a los que están necesitados. “Persona de merced” el que ofrece lo que tiene y es al servicio de los pobres.  En aquel tiempo los más pobre eran sobre todo los cautivos. Por ello en el s. XIII la palabra Merced viene a condensarse y significa “sacar de cautividad”. Tras un proceso rápido en 1272, los frailes de Pedro Nolasco asumirán el nombre de Merced como algo propio y se llamarán así los mercedarios, es decir “redentores de cautivos”.

 

Pero en este proceso ha sido importante el papel de María. Pedro Nolasco y sus hermanos la tomaron como patrona y guía de su empresa redentora. Muy pronto presentan a María como fundadora de la orden, reconociendo que en la base de la fundación ha estado la experiencia de María. Se nos cuenta en forma de leyenda, con el estilo clásico de las teofanías, este encuentro de María con Pedro Nolasco, donde María aparece como promotora de redención: es desde la praxis liberadora  de donde se experimenta a María como apoyo, impulsora y compañera de la liberación. 

 

María es la mujer que desde su compasión y cercanía con su pueblo pobre ha entrañado el proyecto Redentor de Dios, su sueño de plenitud.

 

María penetra hasta el fondo el sufrimiento y la injusticia de la historia. Nos invita a descender al cautiverio. María junto a la cruz del hijo, comparte el sufrimiento de Jesús. Penetra hasta el fondo el sufrimiento y, de alguna manera, lo hace suyo. Con Jesús, lleva en ella el dolor de todos los oprimidos y crucificados de hoy, el dolor de la división, violencia  y contradicción humana, lleva en ella el mismo dolor de Dios.

 

Pero no es vencida o derrotada, no es un dolor infecundo, sino el dolor de maternidad, el dolor que lleva a comprometerse.. Su dolor es  dolor de parto que da lugar a la humanidad nueva. Es madre de nueva creación. Por ello es reconocida como MADRE Y PROTECTORA DE CAUTIVOS.

 

María, profetisa. En el Magnificat,  al incluirse como sierva entre la masa de oprimidos de la tierra, María canta su liberación como principio y signo de una libertad que está extendiéndose a todos. Por eso desde el mismo centro de su historia personal ella introduce una palabra de transformación social, el cambio más profundo de la historia. María anuncia como profetisa la llegada de una humanidad en la que todo se comparte. No habrá ricos, personas que se elevan y caminan por encima de los otros; triunfaran los pobres, aquellos que, apoyados por el mismo Dios, comparten de manera gratuita la existencia.

 

María es Merced de Dios, porque es la mujer comprometida con la historia, que se une al compromiso de Jesús y colabora en la misma tarea redentora, empeñada con Cristo y como él en la tarea de transformación liberadora con su fe y su ser entero.  

 

Acercarnos a ella nos compromete. Jn 2, 1-11 (bodas de Caná)

 

Es la mujer que orienta nuestra mirada al corazón de nuestro mundo,  nos lleva hasta el lugar de la necesidad humana para decirnos “falta el vino”, falta el amor y libertad para mis hijos, falta el evangelio de la gratuidad que nos hace hijo/as y hermano/as .. y nos lleva hasta Jesús, “haced lo que el os diga”.

 

María promueve en medio de nosotras un camino de transformación y redención para los pobres.

 

María nos invita a romper nuestras seguridades y miedos que nos protegen y paralizan, a descender al cautiverio, a adentrarnos en el lugar del sufrimiento, en el tejido de injusticias y opresiones que destruyen. Nos invita a dejarnos “embarazar”, a cargar con ello.. aunque lo vivamos desde la impotencia, pero acogiéndolo desde la entraña. Ese cargar con el dolor de otros y otras nos ira configurando, “engendrando” como mujeres comprometidas, como mujeres habitadas por el deseo de redención, con la confianza que un día habrá alumbramiento, nacerá lo nuevo.

 

Para ello, es necesario el análisis social, no basta con vivir: hay que entender lo que se vive. Adentrarnos y conocer en profundidad los mecanismos que destruyen nuestro mundo y los espacios en donde está ya Dios trabajando por la vida

 

María nos invita a celebrar,  a descubrir la acción liberadora de Dios y celebrar la plenitud de vida y presencia del Reino ya realizada. En el Magnificat ella ha iniciado una liturgia jubilosa de agradecimiento redentor, liberador. Ella salta de gozo y nos invita a acompañarle porque el Reino ha comenzado a realizarse. 
 

María mujer que nos empodera, es promotora de redención. Nos enseña  a empoderar a otros,  a promover y acompañar todo proyecto liberador, toda actividad humana por la vida y la justicia.

 

Es la mujer que desde su propio deseo de vida y Redención, desde su compromiso con la historia, promueve, inspira y  acompaña todo proyecto por la liberación y redención. También desde su fe fuerte que ha confiado a pesar de las oscuridades:

 

María aparece apoyando y “empoderando a Jesús en su misión”: en las Bodas de Cana, adelantando su hora; al pie de la cruz porque es la mujer que cree y confía en la oscuridad y le da su apoyo hasta la muerte.  Es la mujer que está, que acompaña y empodera a la primera Iglesia, iglesia pobre, que busca, que vive la persecución. Esta en medio de ella como “una más” pero como presencia que condensa en ella  el anuncio y la esperanza de una humanidad nueva.

 

María inspiró y confirmó   a Pedro Nolasco en su empresa Redentora y a la Madre Margarita.

Ella nos cuenta que de la mirada a María, a la iglesia y Cristo brota su decisión de hacerse Misioneras, de salir, de desplazarse hasta el dolor y necesidad humana, para hacerse redentoras. La mirada a María es fuerza para arriesgarse en la aventura misionera, aunque acechen las dudas, el no saber como será y se vislumbren las dificultades. 

 

María es la mujer que nos  confirma en nuestra misión redentora, nos sigue animando como a Pedro Nolasco... “no dudes en nada.... “   Ella nos impulsa a ser audaces, no tener miedo cuando se trata de la vida de los pobres, cuando se trata del Reino, a pesar de las oscuridades, de no ver claro, y de sentir fuertemente nuestros límites y pequeñez.


Porque ella sabía muy bien que nuestra pequeñez y nuestros límites, cuando son reconocidos y acogidos, es el espacio donde comienza la posibilidad de Dios.


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