Domingo, 21 de septiembre de 2008

Comentario a las lecturas del domingo veinticinco del Tiempo Ordinario  - A, publicado en Diario de Avisos el domingo 21 de Septiembre de 2008 bajo el epígrafe “el domingo, fiesta de los cristianos”.

Nadie nos ha contratado

DANIEL PADILLA

 

Cuando, hace algunos años, leía esta parábola de los jornaleros de la viña, recuerdo que apenas me detenía en su primera parte y trataba de profundizar seria­mente en la segunda. ¡Qué quieren: no me impresionaba de­masiado esa galería de "hombres ociosos" en la plaza, a to­das las horas del día! Me pareció una historia poco verosí­mil. ¡Claro, eran años de pluriempleo y horas "extras"! Los hombres trabajaban diez y hasta doce horas y el nivel de vi­da crecía proporcionalmente. Por eso, prefería fijarme en la segunda parte: en esa extraña y sorpresiva manera del dueño de la viña a la hora de valorar los méritos de sus jornaleros, ya que a todos -los últimos y los primeros- les pagaba el mis­mo jornal: un denario. Sí, esa segunda parte era la que me llamaba la atención.

 

Pero he aquí, amigos, que, de pronto, en las fechas que vivimos, me está sucediendo lo contrario. No es que ahora ya no me interese la manera de pagar del dueño, sino que, de la noche a la mañana, y a la chita callando, veo que lo que antes parecía una fábula, pura ficción literaria, ha tomado cuerpo y se ha hecho sangrante realidad. La gran plaza de  nuestro pueblo se ha llenado de      "ociosos". Son gentes de todas las edades, de todos los estilos,  de toda condición.

 

- ¿Nadie los ha contratado?

 

- Nadie, Señor. Ni a la hora de tercia, ni a la hora de sexta, ni a la hora de nona.

 

En la gran plaza de nuestro país hay millones de parados. Y en la plaza más recoleta de nuestra provincia, miles. Y es ésta: que aquí y ahora, nadie viene a contratar a nadie.

 

¿Por qué? Hoy día, claro, hay explicaciones para todo. Y las explicaciones, más o menos, y simplificando mucho, son éstas. Los dueños de la viña tienen miedo. Miedo a invertir. (Sabido es que "el miedo guarda la viña"). Tienen miedo de no vender sus productos. Si no venden sus productos, tienen miedo de no poder seguir ampliando la viña, prefieren, pues, "cerrar el kiosco". Como, por otra parte, los jornaleros "ociosos", al no poder cobrar dinero, no pueden adquirir sus productos, llegamos a lo de "la pescadilla que se muerde la cola".

 

Y lo malo no queda ahí. Lo malo es que, además, ese mundo del "parado" termina afectando a todo: a la integri­dad y equilibrio del propio parado, al armónico desarrollo de su familia, al entorno social y la seguridad ciudadana, acaso hasta a sus mismas vivencias religiosas.

 

¿Qué hacer, Señor? No lo sé. Pero me gustaría que la parábola volviera a ser tal y como Tú la contaste. Es decir, me gustaría que todos -Administración y empresarios, banca pública y capitales privados, ciudadanos de la "jet-set" y cualquier poseedor de una viña- salieran a las plazas de nues­tros pueblos a contratar operarios. A la hora sexta y a la de nona. Hasta dejar vacías todas las plazas. Porque no hay fe­licidad más grande en este tema que la que expresó tan cer­teramente aquel obispo: "Dichosos lo que se empobrecen por "invertir" y crear puestos de trabajo, porque acumulan "acciones" para el Reino".


Publicado por verdenaranja @ 11:23  | Espiritualidad
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios