Mi?rcoles, 24 de septiembre de 2008

Carlos Peinó Agrelo, peregrino, Cursillista, Colaborador en la redacción de la Positio super virtutibus del Siervo de Dios nos envío historia del movimiento de cursillos de cristiandad.

HISTORIA

DEL MOVIMIENTO

DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD

 

 

 

24 de Septiembre de 2008.

Nuestra Señora de la Merced



Cuatro son las facetas, perfectamente diferenciadas, en el comportamiento de Bonnín, que vamos a presentar con sus palabras, las de Francisco Forteza, Eduardo Suárez, Jesús Valls, Guillermo Bibiloni, etc. Estas facetas son: FIRMEZA, DEBILIDAD, SILENCIOS Y MENTIRAS. Luego juzgue el lector.

 

          1.       FIRMEZA

 

          Eduardo Suárez, en una de sus entradillas, escribe que «[...] resulta delicado comprender que una persona como Eduardo Bonnín, cuyo “pecado” ha sido crear los Cursillos de Cristiandad y defender sus orígenes y principios [...]» [1].

          «[...] Era como todos sabían –escribe Forteza– el dirigente que más defendía sus propios criterios ante los sacerdotes y el Obispo cuando eran discrepantes» [2].

 

                   1.1.    Respuestas de Bonnín a Eduardo Suárez

 

          «[...] El sacerdocio está condicionado por muchas cosas y yo siempre me he sentido un hombre libre, con las mayores posibilidades de poder opinar (aunque no me han dejado opinar casi nunca) y de poder decir lo que he pensado en cada momento [...]» [3]. «[...] Soy una persona que no se parece a nadie, hago lo que me da la gana y disfruto de vivir [...]» [4].

          «Lo  que  defendía  entonces,  y  lo  que  he  defendido siempre, es  el fruto de los Cursillos [...]» [5].

          «La defensa personal no me parece correcta, ahora, cuando has de  defender  algo  que  vale más que tú, hay que jugarse el tipo» [6].

          «Sé muy bien que a la verdad histórica no hay que defenderla, ya que con el paso del tiempo se defiende sola [...], pero entiendo que sí me concierne y me obliga el ineludible deber de tener que salir en defensa de la verdad [...].

          »No soy partidario de acudir donde no me llaman, pero si alguien trata de prostituir mi pensamiento, empleando mi nombre para defender ideas diametralmente opuestas a la verdad, dándoles un sentido completamente contrario a lo que yo quise decir al decirlo, entiendo que es de justicia hacer uso de la santa libertad de los hijos de Dios, y por lo menos protestar, aun sabiendo que el derecho del pataleo no suele ser escuchado por quienes provocan la necesidad de ejercerlo.

          »No obstante, siento que en conciencia tengo la obligación de decir la verdad, aun a riesgo de que el decirla pueda interpretarse como una reacción de mi amor propio, de mi orgullo o de mi ambición, que aunque sé muy bien que a menudo debo corregirme de cada una de estas tres cosas, o de las tres juntas, sería tonto emplearlas para defender la verdad, ya que la verdad, como dije, tarde o temprano flota siempre por sí misma y no necesita flotadores» [7] ... «[...] No necesita interpretaciones ni defensores, ella se defiende sola, basta explicarla [...]» [8] ... «[...] Se impone por sí misma» [9].

          «Desde Mallorca estamos protestando del secuestro que se ha hecho de los Cursillos. Entiendo que es mi responsabilidad y no me quedaría tranquilo sino dijera que, por ejemplo, los Cursillos Mixtos van contra la esencia del Movimiento de Cursillos. Nadie está obligado a escucharme, pero yo en conciencia, me veo obligado a decir esto [...]» [10].

          «En una carta de aquella época comentas –escribe Eduardo Suárez en la pregunta que le hace a Bonnín–: “Mi situación es muy pintoresca y todo movimiento mío despierta una serie de susceptibilidades”. Este comentario lo encontré repetido en muchas otras cartas. En otra, decías: “Estoy en entredicho y no se me permite ejercer mi libertad”. Y todavía en una carta de 1969 podemos leer: “el haber dicho algunas verdades en las alturas, me ha situado fuera de juego”. ¿Cuánto duró esta situación?

          «Era la verdad –le contesta Bonnín– y creo que todavía lo es [...]» [11].

          «En Roma, hace mucho tiempo, dieron la orden de que los Cursillos deberían ser únicamente para los hombres de una determinada edad; yo protesté, pero como siempre, no me escucharon [...]» [12].

          «Yo ahora soy gubernamental, me han acogido en el OMCC, por lo tanto yo no puedo estar en contra. A mí me gusta la revolución, pero si las cosas ya están revolucionadas para qué voy a armar más revoluciones, es un tontería. Pero considero que en este momento la idea de los Cursillos es completamente distinta de lo que se necesita ahora [...]» [13].


                   1.2.    Jesús Valls

 

          «Eduardo ha tenido la imagen de infranqueable y contumaz en las exigencias de llevar a cabo un método» [14]. «[...] Quien le contradice en su pensamiento cursillista, se encuentra una “guardia suiza” en las puertas de su criterio [...]» [15].

 

                   1.3.    P. Antonio Pérez Ramos

 

          «No le falta una tozudez amable, la de quien conoce las fuentes, los genes, las raíces, el devenir de una criatura que lleva en la mente y en el corazón. La de quien no tolera que nadie tergiverse  o  manipule  o profane  un  proyecto  hecho  carne con tanto afán, contra viento y marea [...]» [16].

 

                   1.4.    Frances Ruppert

 

          «[...] Su carácter humilde y su estilo discreto y amistoso, puede a veces contrastar considerablemente  con  sus  fuertes  convicciones,  presentadas  de manera enérgica y entusiasta [...]» [17].

 

                   1.5.    Guillermo Bibiloni

 

          «[...] Bonnín ha defendido desde 1944 el valor universal del método de Cursillos. Ardua y dolorosa ha sido la lucha para conseguir que se aceptara su punto de vista [...]» [18]. «[...] Defenderlos a capa y espada [...]» [19].

          «[...] Si hay un campo donde no tiene rival, es éste de los cursillos, en cuyo altar ha quemado toda su vida. Timeo hominem unius libri, decía Tomás de Aquino. Temo al hombre de un solo libro, de una sola idea. Por esta razón resulta un adversario temible e imbatible. El mismo confiesa a Cesáreo que “tiene cierta implacable firmeza cuando defiende lo que cree verdadero”. Reconoce, al mismo tiempo, que “él no es la verdad, pero por haberla vivido, entiende que puede contarla”. Y la cuenta [...]» [20].

          «[...] Con gran sorpresa de todos, sigue donde ha estado siempre: firme contra viento y marea, fiel a si mismo y sus raíces, inamovible en su genuina concepción de los Cursillos, a los que quiere como a la niña de sus ojos, por los que vive y se desvive, y que, a no dudarlo, representan el sueño dorado de su vida. Esta firmeza y fidelidad a unos principios, se paga caro en una sociedad elástica como la nuestra. El precio que por ello ha debido de pagar, podemos barruntarlo nosotros, más únicamente él lo conoce en realidad» [21].

          «[...] Eduardo sigue siendo el mismo de siempre, el lector apasionado, el eterno aprendiz de cristiano, una asignatura que dura tanto como la vida, el amigo de la verdad más que de Platón [...], el que nada a contracorriente y avala con su conducta la teoría que ha forjado, el hombre, en fin, cuya única y gran pasión son los Cursillos de Cristiandad. Sabe de fijo que goza de un amplio respaldo popular, y que si algunos en la cúspide lo menosprecian y miran con recelo, son muchísimos más los que lo aprecian y estiman, aprueban su labor y confían plenamente en su palabra y en su obra» [22].

          «Existe  otra  carta  de Eduardo a Mons. Enciso. En ella  defiende Bonnín los Cursillos [...]» [23].

          «[...] En la entrevista celebrada en el despacho del obispo Hervás [el 30 de octubre de 1966 en Ciudad Real [24], éste trató de convencerle para que firmara un documento en el cual se hacía constar que los Cursillos comenzaron el año 1949 y no en 1944. Y viendo que no lograba convencerle por las buenas, comenzó a hablarle de Averroes y otros herejes con el fin de infundirle miedo. Pero Eduardo se mantuvo firme, negándose a firmar, gesto que le honra y que por sí sólo da la talla del personaje; un hombre de carácter que sabe decir no cuando debe decir no [...]» [25].

 

          Sin embargo, firmó como veremos en el punto siguiente.

 

                   1.6.    D. Juan Capó

 

          «En este mismo libro [Pequeñas Historias escrito el año 1970] trata de los orígenes de los Cursillos. Cita  en primer lugar –escribe Bibiloni– a don Sebastián Gayá, su antecesor en el cargo de Consiliario de los Jóvenes [...]. Luego pregunta: “¿Otros nombres?” Y responde él mismo: “No hay duda que existieron. Los más conocidos: Eduardo, el nombre a secas lo califica sin ambigüedad posible. Es muy pronto para intentar un análisis sintético de su personalidad tan rica y compleja como difícil. Le ha caracterizado siempre un afán obsesivo, que nace de su convicción profunda de influir estratégicamente, siempre de una forma indirecta. Preguntas, consejos, sugerencias, la ironía magistral con que pinta las situaciones erradas. Ha buscado siempre en el ardor de otros una especie de contrapeso. Encuentra en la pasión ajena el ámbito donde aportar la subjetiva y absoluta seguridad de sus esquemas de pensamiento. Procede por formas simples, esquemas, con una imaginación que suple y suplanta el razonamiento. Con una claridad en lo que piensa y una tenacidad en lo que quiere, propia de quien ha sentido siempre la responsabilidad de la conducción. Incansable y tenaz”» [26].

 

          2.       DEBILIDAD

 

          «Por qué en el libro “El cómo y el  porqué” –le pregunta Eduardo Suárez a Bonnín– das como fecha decisiva en la vida de los cursillos enero de 1949 y no mencionas agosto de 1944?»

          «Ten en cuenta –le responde– que antes teníamos que apoyarnos en la jerarquía, ellos eran el derecho a la vida, sino nos mataban. A mí me quisieron hacer prometer que los Cursillos no empezaron en 1944 y que empezaron en 1949, yo no tuve más remedio que decir que en el 49 empezó la numeración, la oficialización de los Cursillos. Ésta es la verdad» [27].

          Pero, ese  libro  está firmado por ti y por Miguel Fernández , le pregunta de nuevo.

          «Yo siempre –le contesta– he estado en libertad vigilada, no tuve más remedio que decir lo que querían que dijera. Si en ese momento no lo hubiera aceptado, el movimiento de Cursillos hubiera sido condenado [...]» [28].

 

          Este mismo hecho lo refiere después Bibiloni.

 

          «Otro despropósito es el referente a la fecha del primer cursillo. ¿Cómo es posible –se pregunta Bibiloni– que Fernández y Bonnín suscribieran semejante versión de los hechos? Recordemos, en descargo suyo, que en aquellos años no se podía decir públicamente otro cosa. Desde las alturas se había puesto nombre y fecha al primer cursillo, y era tenida por heterodoxa cualquier otra versión. En consecuencia, dan la del 7 de enero de 1949 como fecha decisiva, y consideran al de San Honorato por sus especiales características como el primer cursillo, aunque no lo expresan con la rotundidad de don Juan Capó. “Este Cursillo fue como todos los demás”» [29].

 

          3.       SILENCIOS

 

          «[...] Llegaron a ordenarme que no viajara y que les enviara todas las cartas que recibía y también la contestación. Pero si yo en aquel tiempo me hubiera rebelado, seguramente hoy no tendríamos Cursillos» [30].

 

                   3.1.    Francisco Forteza

 

          «[...] Yo era testigo privilegiado de una actitud permanente de Bonnín, de llevar su obediencia a la Iglesia jerárquica mucho más allá de lo que el derecho canónico preveía, hasta el punto de poner en riesgo el verdadero carácter de una obra como los Cursillos, por él inicialmente diseñada.

          »Para cerciorarme de esta impresión, reforcé mis estudios de Derecho Canónico, que compatibilicé con los de Derecho Civil, y con ello no hice sino llegar a convencerme de que Eduardo tenía no sólo el derecho sino también incluso el deber, de mantener públicamente su discrepancia en los temas metodológicos y conceptuales controvertidos: punto en el que nunca me dio la razón el propio Bonnín, siempre partidario de que sólo diría sus discrepancias a quienes le preguntaran, para no suscitar desconcierto o escándalo o división innecesarios en un movimiento que trascendía con mucho a él mismo, a Capó, a Hervás y a todos sus dirigentes [...].

          »Mucho más tarde  he entendido que, atendida la dinámica histórica de la Iglesia visible en este siglo, Bonnín llevaba razón, y que agrandar diferencias entonces hubiera quizás imposibilitado la situación actual» [31].

 

          Obsérvese que Forteza, aunque después exculpe a Bonnín, era en principio de la opinión que «Eduardo tenía no sólo el derecho sino también incluso el deber, de mantener públicamente su discrepancia en los temas metodológicos y conceptuales controvertidos». Pero Bonnín guardó silencio.

 

          «[...] Ante las inexactitudes históricas que patrocinaba el Secretariado Nacional de Cursillos de España, el P. Seguí elaboró un texto con el título de “Orígenes de los Cursillos de Cristiandad. 1941-1949” [...], que explica la génesis y el nacimiento de los Cursillos en su más veraz perspectiva, y que puede considerarse demasiado breve y por tanto incompleto, pero en absoluto tendencioso, ya que en él no se menosprecia la labor de ninguno de los protagonistas iniciales del Movimiento. Sin embargo, evidentemente constituyó una descalificación cualificadísima de la pseudo-historia de Cursillos, que acababa de completar el Secretariado Diocesano de Mallorca dirigido por D. Juan Soler, con la colocación de una lápida en la Monasterio de Randa, donde se celebró el cursillo de enero de 1949 [...] afirmando que “Aquí se celebró del 7 al 10 de enero de 1949 el primer Cursillo de Cristiandad de la historia”.

          »La reacción al trabajo del P. Seguí fue muy virulenta, tanto en Ciudad Real como en Córdoba, dando lugar a la publicación de réplicas por parte de D. Francisco Suárez y D. Clemente Sánchez y del propio D. Juan Capó, pretendidamente descalificadoras, y que en realidad aportaron muy poca luz, sobre todo, por la negativa de Bonnín a terciar en la polémica pública.

          »Sin duda hubo quienes pensaron que el P. Seguí escribió aquel trabajo histórico inducido por el propio Bonnín, pero puedo asegurar que no sucedió así, y que a Eduardo le sorprendió ese trabajo tanto como a los demás, aparte de que le confortara su contenido. Más aún; puedo asegurar también que el efecto más directo del estudio del P. Seguí fue el que Bonnín propusiera una vez más la elaboración de la “Vertebración de Hechos” [...] precisamente porque no le parecía evangélico tener que historiar contradiciendo y por tanto descalificando de alguna forma a personas como Hervás, Capó o Suárez, sin las que los Cursillos nunca hubieran sido lo que son; ya que creía que estos previos posicionamientos históricos en clave de polémica podrían teñir de afán de protagonismo lo que no quería ser sino llana afirmación de la verdad» [32].

 

          El hecho es que Bonnín se negó a terciar en la polémica pública porque no le parecía evangélico tener que historiar contradiciendo y por tanto descalificando de alguna forma a personas sin las que los Cursillos nunca hubiesen sido lo que son. Sin embargo, la historia, ¿real  u oficial?, se escribió y se escribió con estos silencios.

          ¿Aún así hemos de aceptar la invitación de Bibiloni de que «[...] acudamos a las fuentes en busca de información, y ninguna, a su juicio, más fidedigna que la del propio Eduardo [...]»? [33].

          ¿Dicho sea con todos los respetos, cómo saber cuándo Bonnín ha dicho la verdad y cuando no?

 

          «[...] Bonnín nunca se atrevió, hasta la década de los 70, a exponer en público que a su entender nadie en Cursillos, y por tanto tampoco ningún sacerdote, debía poder tener protagonismo alguno si no integraba una auténtica reunión de grupo [...]» [34].

          A este hecho también se refiere Bibiloni lo que no tiene nada de extraño, toda vez –como el mismo nos dice– acude a Forteza hartas veces.

 

                   3.2.    Guillermo Bibiloni

 

          «Pese al revuelo que se armó, a raíz del escrito del padre Seguí, Eduardo guardó silencio y se negó a terciar en la polémica. Por sensatez, no quería contradecir a personas como Hervás, Capó o Suárez, a quienes tanto debían los Cursillos y sin cuya contribución jamás hubieran llegado a ser lo que hoy son. Por otra parte, deseaba evitar la sospecha de que lo hacía inducido por un afán de protagonismo y no por defender la verdad» [35].

          Con fecha 6 de abril de 1964, a tan sólo cuatro meses de la muerte de Manuel Aparici, Mons. Hervás le dice a Bonnín «haberse enterado confidencialmente de que [...], cuando se halla de viaje por el extranjero y oye que le llaman Fundador de los Cursillos de Cristiandad, no lo desmiente, sino que con un chiste deja la cosa en el aire y hasta parece que lo confirma. Y advierte: “Sinceramente, creo que tienes el grave deber de conciencia de aclarar siempre que se te dé tal título que eres uno de los Fundadores, pero no “el Fundador” [...]. Conviene [...] que dejes claro este punto [...].

          «Queriendo o sin querer –escribe Bibiloni–, Hervás ha tocado la fibra más sensible de Eduardo: los Cursillos de Cristiandad. Se le presenta ahora la gran ocasión,  y no la desaprovechará, para vindicar la verdad histórica, que algunos –entre ellos el propio obispo prior– desconocen, tergiversan o niegan. No es cuestión de vanidad, ni defensa personal y menos ambición, sino de algo más serio y trascendental. Se trata de verdades históricas, que por ser verdades y por ser historia de la Iglesia valen mucho más que quienes, las sostienen, tergiversan o niegan.

          »Bonnín quiere que el obispo Secretario Nacional de Cursillos tenga todos los datos precisos acerca del origen de los mismos a fin de que pueda encauzarlos debidamente. Si no los aprovecha, es su responsabilidad. Eduardo tendrá, por lo menos las manos limpias y la conciencia tranquila. Por vez primera en la vida va a revelar la verdad, toda la verdad, con el mayor respeto y sumisión. Reconoce su parte de culpa por no haberlo hecho antes, por haberse callado durante tanto tiempo a causa de un respeto y un jerarquismo mal entendidos. Y así escribe: “Con sinceridad, entiendo que ha llegado la hora de decirle, no para recoger ningún laurel, ni para que lo sepa nadie, pero sí para que los sepa Vuestra Excelencia que los cursillos en sus líneas esenciales, y hasta en sus detalles concretos, estaban ya estructurados y perfilados en casi todos los pormenores que lo integran ahora, en el año 1946, y que los concibieron y estructuraron seglares únicamente” [...].

          »Inicialmente, no había ningún sacerdote en el grupo que los concibió y estructuró. Comprendo que sería más bonito lo otro, pero esto es lo verdadero. Lo recuerdo perfectamente y el relato de la Proa citada y su fecha, lo sitúa fuera de toda duda. Por esto, cuando me han hecho preguntas concretas al respecto no he dicho más que la verdad, porque no creo que haya nada ni nadie que pueda obligarme a decir mentiras. Los Cursillos se gestaron los años 1944, 1945 y 1946, valiéndonos de las notas y de las experiencias que teníamos de los que se celebraron el año 1941 y 1943 por los del Consejo Superior. Esta es la verdad.

          »Ni el gallo de Pitágoras cantó más claro. Se necesitan agallas para decirle a quien se considera el “Obispo de los Cursillos” y [...] lo que acaba de decirle Eduardo [...].

          «“Si la primera vez que, de seguro de buena fe, se faltó a la verdad histórica –le sigue diciendo Bonnín– , me hubiera apresurado a decir la verdad con caridad, en lugar de optar por la cómoda solución de decir, callándome, que era blanco lo que sabía bien que era negro, tal vez no habríamos llegado a este estado de cosas en que uno parece que se defiende a sí mismo con decir tan sólo lo que siempre fue verdad, aunque nadie lo dijera. La realidad de los hechos, sin culpa de nadie más que mía por haber callado, se ha ido tergiversando de tal manera que hasta Vuestra Excelencia ha podido decir, creyendo decir verdad, que los Cursillos fueron “fundados” por un grupo de sacerdotes y “algunos” seglares, entre los cuales estaba yo”» [36].

 

          En contra de lo que pudiera parecer, Bonnín le da la razón a Mons. Hervás. Él no es el Fundador de los Cursillos, pues le dice (en plural) que Cursillos «los concibieron y estructuraron seglares únicamente».

          Por otro lado, destacar que es en Mayo de 1964 cuando Bonnín dice que por vez primera en la vida va a revelar la verdad, toda la verdad, para vindicar la verdad histórica. Nunca antes, según él, lo había hecho, pero, sin embargo, una historia ¿real u oficial? se había escrito con esos silencios.

          ¿Sólo ésta es la verdad? ¿Quiere decir que cualquier otra afirmación hecha por él antes de esa fecha no la hemos de tener por verdad?

 

          «El operario se fue de este mundo sin haber comprendido cabalmente el qué y para qué del MCC. Menos aún supo comprender las razones que tuvo Eduardo para guardar silencio frente a las falsedades históricas propaladas, silencio del cual se ha dolido y reconocido culpable [...]» [37].

 

          Es de agradecer su reconocimiento de culpabilidad, pero lo escrito, escrito está con sus silencios ¿Historia Real? ¿Historia Oficial? ¿Historia ... ?

 

          4.       MENTIRAS

 

                   4.1.    Mons. Cordes

 

          «[...] Debo confesar –repetimos– que a veces miento hablando en plural, pero el singular me da mucho fastidio. En la mejor de las hipótesis, la culpa es mía por haber adoptado la solución fácil de callar verdades vividas; pero no lo he hecho para elegir el camino más fácil, sino por haber experimentado en la carne, infinitas veces, que se daba más importancia a la obediencia que a la verdad, y mi interés era que los cursillos siguieran adelante a pesar de todo» [38].

 

          ¿Es de extrañar, pues, que convivan dos historias de Cursillos?

 

          CONCLUSIÓN

 

          Comprendemos y admiramos el sacrificio de Eduardo por los Cursillos, pero se estará de acuerdo con nosotros que se ha puesto y ha puesto a otros ante una situación muy delicada que afecta a la veracidad histórica. Por todo ello, hemos de preguntarnos cuánto hay de verdad en la llamada historia real de los Cursillos de Cristiandad, cuánto en la llamada historia oficial, y sino es necesaria  una revisión de ambas historias.

 

Publicado por verdenaranja @ 0:26  | Movimientos
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