Mi?rcoles, 01 de octubre de 2008

Monseñor Francisco Cases, director de OMP en España,  presenta la Campaña del Domund 2008 que lleva por lema "Como Pablo, misionero por vocación". (Información proveniente de la revista ILUMINARE enviada dentro de los materiales para la Jornada 2008).


Como Pablo,
misionero por vocación

Estamos celebrando el "Alzo Paulino " como tiempo de gracia y gratitud a este gran apóstol de los gentiles. Recorda­mos su vida y tenemos la impre­sión de que mucho tuvo que amar a Jesucristo como para entregar generosamente su vida a favor del Evangelio. Se dedicó a llevar, con su palabra y con su vida, la fragancia del Evangelio y, como embajador de Jesucristo, lo hizo presente en todos sus abun­dantes viajes. Por ello, exclama: "Predicar el Evangelio no es pa­ra mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. Y ¡ay de mí si no predicara el Evangelio!"


(1 Co 15,16). Su experiencia es tan profunda y está tan impregnado de amor, que no puede por menos que identificarse con Cristo y difundir en todas partes el olor de su conoci­miento, "pues nosotros somos para Dios el
buen olor de Cristo" (2Co 2,14-15). Pablo, realizando un servicio profundo por el bien de los demás y para que descubran la grandeza de creer en el Salvador de la humanidad, no puede dejar de entregarse, puesto que dirá: "Mi parte, muy gustosamente gas-taré y me desgastaré totalmente por vuestras almas" (2Co 12,15).

 

El apóstol Pablo se dejó llevar por la voluntad de Dios y siempre fue fiel al proyecto misionero de Dios. ÉI mismo se consideraba como "encadenado por el Espíritu" (Hch 20,22) y esto porque, camino de Damasco y esclavizado por sus opciones erróneas, se topa con Cristo, que le lleva a la conversión del corazón. Ya no se dedica a perseguir y a matar, sino que se deja encadenar por el Espíritu para ser auténticamente libre. Quien se encadena al Espíritu Santo es libre, y la razón fundamental es porque sólo desde el amor se puede ser libre. Dos personas que se aman se encadenan, se unen, se ayudan, se for­talecen. A Pablo le urge anunciar la caridad de Cristo; urge que él reine y nos una en su amor

 

A partir del encuentro con Jesucristo, Pablo aprendió a reconocer que en todo ser humano está la huella de Dios. Ya no puede perseguir: porque sería al mismo Cristo a quien persiguiera. Es la conversión, que siempre tiene este matiz. No puede haber cristianismo verdadero si no hay un estilo de vida que ayuda a realizar el mandamiento nuevo, que es el amor al prójimo. El rostro del hermano se confunde con el rostro de Cristo. Este distintivo será el "carné de identidad ", puesto que en la caridad, en el amor, se conocerá al auténtico discípulo de Jesucristo. Y esta comunidad de hermanos lleva a Pablo a defi­nirla como Cuerpo o expresión de Cristo. Es la Iglesia, que tiene como garan­tía y protagonista a Jesucristo; sus miembros son frágiles y débiles, pero la fuerza de Dios es vencedora y no se doblega ante las incomprensiones de los seres humanos.

 

Pablo no se acomoda y vive de rentas; al revés, se muestra inquieto por-que ha comprendido que anunciar a Jesucristo es lo más importante. Su mi­sión consiste en "anunciar el Evangelio allí donde el nombre de Cristo no era aún conocido" (Rm 15,20). Él mismo se siente "deudor de todos" (Rm 1,14), urgido por la caridad y sin otra razón de ser que la de anunciar el Evangelio; un misionero de por vida y con una entrega total. No son las solicitaciones de la sociedad, sino la pasión por el Evangelio, lo que le lleva a pasar por todas la penalidades. Ha comprendido que la historia del género humano tendrá su plenitud en el momento que Dios "sea todo en todos" (I Co 15,28). Nadie está inutilizado para conocer a Jesucristo y a todos se les ha de anunciar; puesto que los pueblos, "como coherederos y copartícipes de las promesas de Jesu­cristo" (Ef 3, 6), son merecedores de tal don, el de la fe en el Evangelio.

 

Este año dedicado a San Pablo y que ha sido abierto el día 28 de junio de este 2008 en la Basílica de San Pablo Extramuros de Roma por el Papa Bene-dicto XVI ha de ser un revulsivo esencial en la experiencia de los creyentes, para demostrar que la misión es ley fundamental de todos, sin cansarse de anunciar con gestos, palabras y hechos que Jesucristo es el único Salvador del género humano. Una Iglesia Misionera es una Iglesia siempre viva a pesar de las pequeñas o grandes dificultades que haya para el anuncio explícito o implícito. Quien vive de Cristo no puede por menos que anunciarlo, pues de lo contrario se convertiría en un cristiano falseado.


Espero que la Jornada del Domund 2008, que celebramos el día 19 de oc­tubre, sea un tiempo de gracia y esperanza para que todos los españoles mos­tremos, con generosidad y alegría, la nobleza de nuestro corazón, que es el rostro amoroso de una fe secular que ha hecho posible que muchos hayan op­tado por la misión. Agradezco a todos, y de modo especial a nuestros misione-ros, todo el bien que realizan con su servicio generoso a Cristo y a su Iglesia en los pobres y desvalidos de la Tierra. Que. fomentemos en nuestros niños y jóvenes este espíritu misionero para que muchos se sientan llamados por Cris-to a ser "misioneros de la esperanza ".


Publicado por verdenaranja @ 23:56  | Misiones
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