S?bado, 04 de octubre de 2008

Publicado en Boletín "Misioneros Javerianos", número 444, AGOSTO-SEPTIEMBRE 2008

ENTRE NOSOTROS
COMPARTIENDO UNA ILUSIÓN
ALBERTO PIEROBON- TRES HERMANOS MÁRTIRES
1927-1976

Alberto Pierobon nació el 14 de diciembre de 1927, en Cittadella-Padua-Ita­lia. En un diario italiano, a mitad de septiembre de 1976, aparece este titu­lar: «Misteriosa muerte en Brasil de un Misionero Javeriano»; se trataba del P. Alberto Pierobon, encontrado muerto.

 

Después de quinto curso de primaria, Alberto, quería ingresar con los Francis-canos, pero sus padres le aconsejan que espere, que lo piense mejor, y así lo hace. Pasa el tiempo y Alberto se plantea ins­cribirse en un instituto técnico para ha­cerse mecánico.

 

Todo cambió

 

En 1944, los nazis fusilan a Luis, her-mano de Alberto. Luis era dirigente de la Acción Católica y jefe partisano. Desde el primer momento, Luis, fue considerado un mártir de la resistencia, dejó un profundo vacío en su familia e influyó profundamente en la vida de Alberto: decide imitarle en su entrega, este deseo de en­trega le hace, junto a otras motivaciones, llamar a las puertas de los Javerianos en 1946, tenía 18 años.

 

Javeriano

 

Alberto entra en el noviciado en 1946, un año después emite su primera profe­sión. Sigue los estudios de filosofía y te­ología, emite la profesión perpetua y es ordenado sacerdote en junio de 1955.

Los primeros servicios, Alberto, los re­aliza en Italia en diversas comunidades ja­verianas como administrador, son años de trabajo realizados con dedicación y en una situación difícil, la post-guerra, para el sostenimiento de las casas y misiones javerianas.

 

En Brasil

 

El P. Alberto marcha a Brasil en 1961. Pronto escribía: «... Lo único negativo, si así se puede decir, es el profundo dolor y desánimo por no poder llegar a todas partes y dar lo que pide la gente: una ayu­da espiritual adecuada».

El primer servicio, el P. Alberto, lo re­aliza en el Estado de Paraná, en la diócesis de Londrina. Una vez más le toca tra­bajar en la administración, todos conocían su capacidad de trabajo, de organi­zación, su sentido práctico: le encargan la construcción del seminario javeriano en esta diócesis.

 

De Paraná a Pará

 

En 1964, el P. Alberto, es llamado a la primera línea de la misión, en el norte, en el estado de Pará, en la nueva diócesis de Abaeté. Aquí casi todo está por hacer y organizar. El obispo quiere dotar a la nueva diócesis de las estructuras necesa­rias: escuelas, templos, capillas, hospital, casas para los misioneros..., conociendo al P. Alberto a él se le encarga este come­tido que alternará con el trabajo pastoral.

 

Parroquia de Acará

 

Casi concluidas las construcciones, el P. Alberto es destinado al trabajo pastoral en la parroquia de Acará que tiene unos 12.000 kilómetros cuadrados, un peque­ño centro urbano y muchas aldeas disper­sas por la selva a la orilla de los ríos.

En Acará la gente tiene una gran ca­pacidad de acogida, es generosa a pesar de la pobreza existente, tiene grandes ga­nas de vivir la fe cristiana en torno a la comunidad parroquial.

 

Su hermana Sandra

 

Sandra, la hermana del P. Alberto, que desde Italia ayudaba a la misión, decide pa­sar una temporada en Brasil ayudando a su hermano y compartiendo el trabajo y la vida de la gente; no terminará el período de trabajo para el que había ido: muere en un accidente de autobús. La muerte de Sandra será, como lo fue la de su herma­no Luis, un duro golpe para el P. Alberto.

 

Moreira Salles

 

En 1974, el P. Alberto vuelve al esta-do de Paraná, a Moreira Salles. Es una parroquia grande: iglesia central, resi­dencia del misionero, multitud de capi­llas-sucursales, muchas pequeñas comu­nidades cristianas dispersas.

Sobre su trabajo en la nueva parroquia dice: «El único lenguaje que los parro­quianos entienden es el de la caridad ver­dadera...», «Cuantas batallas calladas tengo que sostener para defender los mí­nimos derechos de la gente abandonada por las instituciones y casi esclava de las minorías dominantes...»

 

Julio de 1976

 

La preocupación del P. Alberto por el bien y los derechos de los demás le pasó factura. El 31 de julio desaparece, se le busca durante semanas sin ningún resul­tado. El 7 de septiembre la policía en­cuentra un cuerpo en avanzado estado de descomposición y con la cabeza y los bra­zos cortados, se trata del cuerpo del P. Al­berto. En la cartera de bolsillo se le en­cuentra una carta de un parroquiano que le pide que intervenga denunciando la existencia de grupos que roban y extor­sionan en la zona, las autoridades cierran un ojo, aún más, parece que saquen pro­vecho de la situación... Todos intuían la causa de su muerte, aunque oficialmente nunca se llegó a una conclusión.

Así, el P. Alberto, a los 48 años y des­pués de 15 años en Brasil siguió la sen-da de su hermano Luis y su hermana Sandra: la senda de Cristo, de la entrega total, hasta dar la vida por los demás. n

 

P. Luis Pérez Hernández s.x.


Publicado por verdenaranja @ 0:00  | Misiones
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