Domingo, 05 de octubre de 2008

Comentario a las lecturas del domingo veintisiete del Tiempo Ordinario  - A publicado en el Diario de Avisos el domingo 5 de Octubre de 2008 bajo el epígrafe “el domingo, fiesta de los cristianos”.

 

Matar al mensajero

 

DANIEL PADILLA

 

Corno pueden observar, cuando Jesús quería analizar las conductas humanas y su entrega a la construcción del Reino volvía siempre a la imagen de "la viña". Hace dos semanas nos recalcaba que el viñador llama a todas las edades, en todos los momentos de la historia. El domingo pasado pintaba dos "tipos" de trabajadores: uno, el trabajador de "apariencia"; otro, el trabajador de "verdad", aunque con pinta de rebelde.

 

La parábola de hoy da un paso más. No sólo denuncia la vagancia, el pasotismo o la picaresca que pueden surgir en­tre los trabajadores de la viña. Sino algo peor: "la avaricia que rompe el saco" y lleva a la violencia, el desenfoque que pueden hacernos creer que somos "dueños", cuando sólo so­mos "administradores"; el olvido de que hemos sido llama­dos por "pura gracia" y que, por lo tanto, "somos siervos inútiles", a los que simplemente, se nos brinda la oportuni­dad de "hacer lo que tenemos que hacer". Sí; la parábola de hoy nos previene contra el peligro que tenemos de "matar al mensajero" y utilizar la fuerza para alcanzar el fin "porque me llamo león". ¿Es posible esto?

 

Increíble y demencialmente, es así. Lean, por favor, muy despacio, el "cantar de la viña", de Isaías, en la misma litur­gia de hoy: "Mi amigo tenía una viña en fuerte collado. La entrecavó, la limpió de piedras y plantó buenas cepas...". Léanlo, sí. Luego escriban con cuidado, una sobre otra dos frases. Una, de Jesús: " ¡Jerusalén, que matas a los que a ti son enviados! ¡Cuántas veces quise cobijarte como una ga­llina a sus polluelos; y tú no has querido!" Y otra, de los di­rigentes de Jerusalén, refiriéndose a Jesús: "Es necesario que uno muera por todos". Una vez así colocadas, verán que sólo rima en "disonante", en muy disonante.

 

-¡Pero eso es una historia pasada!- me dirán.

- Pasada, presente y, mucho me temo que "futura".

 

Porque... seguimos "matando al mensajero", amigos. O matamos su "mensaje", que es lo mismo. O lo silenciamos. O lo tergiversamos y apañamos a nuestra conveniencia, que es peor.

 

¿No tienen la impresión de que, más de una vez, con pa­labras del evangelio, con frases pronunciadas por Jesús, he­mos defendido posturas, acciones y situaciones que en nada estaban concordes con el "espíritu de Jesús"? ¿No creen que muchas guerras y guerrillas, a las que hemos apellidado "re­ligiosas" y "santas", eran, sobre todo, eso: guerras, modos más o menos camuflados de matar, posturas humanas muy alejadas de la esencia del evangelio; muy "poco santas", por lo tanto?

 

En cuanto al mensaje, pleno, del evangelio, ¿no opinan que, según convenía, hemos "arrimado el ascua a nuestra sardina" muchas veces y hemos hecho que pareciera "predi­car a Cristo, y éste crucificado", lo que quizá sólo eran "pa­labras de humana sabiduría"?

 

¿No es verdad, igualmente, que hemos subrayado, con fuerza, páginas indiscutibles de Jesús, "porciones" de su evangelio, mientras hemos "silenciado" otros lados también indiscutibles? ¿Qué diría Pablo, aquel Pablo que se cuestio­naba a cada paso: "¡Ay de mí si no evangelizo!" O, ¿qué diría aquel Jeremías que, angustiado entre dos extremos -o "abandonar al Dios que le seducía, sí, pero que le llevaba al sufrimiento" o "seguirle decididamente"-, al fin, se entrega­ba y decía: "Pero la Palabra era fuego ardiendo en mis en­trañas, intentaba contenerla, y... no podía". Sí. ¿Qué nos diría?

 

Creo, amigos, que hay muchas maneras de "matar al mensajero".

 

 


Publicado por verdenaranja @ 11:19  | Espiritualidad
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