Domingo, 12 de octubre de 2008

Síntesis de las intervenciones que se pronunciaron en el Sínodo de los Obispos durante la octava congregación general que se celebró en la mañana del viernes, 10 de octubre.


(Parte Primera)


- S. Em. R. Mons. Julio César TERÁN DUTARI, S.I., Obispo de Ibarra (ECUADOR)
- S. Em. R. Mons. Pablo Virgilio S. DAVID, Obispo titular de Guardialfiera, Obispo auxiliar de San Fernando (FILIPINAS)
- S. Em. R. Mons. György UDVARDY, Obispo titular de Marazane, Obispo auxiliar de Esztergom-Budapest (HUNGRIA)
- S. Em. R. Mons. Charles Maung BO, S.D.B., Arzobispo de Yangon (MYANMAR)
- S. Em. R. Mons. Vincenzo PAGLIA, Obispo de Terni-Narni-Amelia, Presidente de la Federación Bíblica Católica (ITALIA)
- S. Em. R. Mons. Jabulani NXUMALO, O.M.I., Arzobispo de Bloemfontein (SUDÁFRICA)
- S. Em. R. Mons. Jesús PÉREZ RODRÍGUEZ, O.F.M., Arzobispo de Sucre (BOLIVIA)
- S. Em. R. Mons. Musie GHEBREGHIORGHIS, O.F.M. Cap., Obispo de Emdeber (ETIOPIA)
- S. Em. R. Mons. Miguel Angel SEBASTIÁN MARTÍNEZ, M.C.C.I., Obispo de Lai (CHAD)
- S. Em. R. Mons. Joseph Mukasa ZUZA, Obispo de Mzuzu (MALAWI)
- S. Em. R. Mons. Antons JUSTS, Obispo de Jelgava (LETONIA)
- S. Em. R. Mons. Néstor Rafael HERRERA HEREDIA, Obispo de Machala (ECUADOR)
- S. Em. R. Mons. Eugène Lambert Adrian RIXEN, Obispo de Goiás (BRASIL)
- S. Em. R. Mons. Patrick Altham KELLY, Arzobispo de Liverpool (GRAN BRETAÑA)
- S. Em. R. Mons. Paolo PEZZI, F.S.C.B., Arzobispo de la Madre de Dios en Moscú (FEDERACIÓN RUSA)
- Revmo. P. Antonio PERNIA, S.V.D., Superior General de la Sociedad del Verbo Divino



- S. Em. R. Mons. Julio César TERÁN DUTARI, S.I., Obispo de Ibarra (ECUADOR)

En América Latina ha surgido la llamada 'teología de la liberación' que pretendía basarse en una exégesis bíblica desde la propia situación de pobreza, orientada a los anhelos múltiples de liberación en nuestros pueblos. Bien acertadamente el Magisterio ha llamado la atención repetidas veces sobre errores y peligros de estos ensayos. Pero no ha dejado tampoco de alentar a los teólogos, para que la Escritura Sagrada ilumine los nuevos itinerarios que la Palabra de Dios quiere cumplir, respondiendo a las esperanzas y desafíos de hoy; hay que recoger de allí los puntos siguientes:
1. La reflexión teológica debe ubicarse en el contexto de la propia comunidad cristiana, sujeto privilegiado para comprender el sentido profundo de la Escritura, superando interpretaciones subjetivas, reduccionistas o ideológicas; se trata no de una 'iglesia paralela' ni de una iglesia exclusiva de los pobres, sino de la Iglesia particular que, dentro del misterio de Cristo, está constituida jerárquicamente
2. Esta lectura comunitaria de la Escritura debe confrontarse con los signos de pecado y de gracia que configuran el mundo globalizado y, en América Latina, ha de prestar una especial atención a los pobres con sus muchos rostros y voces, en las nuevas y lacerantes formas de pobreza, y en las nuevas y esperanzadoras vías de liberación integral, atendiendo también al testimonio de quienes dan su vida día a día, a veces hasta derramar la sangre, en el seguimiento de Jesús pobre y humilde de corazón (Cf. Documento de Aparecida, 399-405).
3. Así, la elaboración de la reflexión teológica, sobre todo en las Universidades Católicas, no tendrá dificultad en articularse también con la exégesis científica, en conformidad con las oportunas indicaciones del Magisterio para impulsar ese nuevo espíritu misionero que requiere hoy la cambiante situación cultural de nuestro continente (Cf. Aparecida 124, 341,344).
4. Como culminación del trabajo de los teólogos ha de ofrecerse siempre la persona misma del Señor de la Iglesia: ese Jesús histórico que aparece en los Evangelios y que es el mismo Cristo resucitado, realmente presente en la Iglesia por el misterio de su Pascua.

[00148-04.06] [IN107] [Texto original: español]

- S. Em. R. Mons. Pablo Virgilio S. DAVID, Obispo titular de Guardialfiera, Obispo auxiliar de San Fernando (FILIPINAS)

El Documento de Trabajo justamente reclama la atención sobre la sana tensión entre la exegesis y la teología en la Iglesia. Mientras que la teología con frecuencia insiste en el poder de la Palabra de Dios, siempre tendremos necesidad de la exegesis para recordar, al mismo tiempo, la humildad de la Palabra de Dios. ¿Acaso no nos encontramos a menudo sin palabras ante lectores serios de la Biblia entre nuestros fieles, que se sienten escandalizados por pasajes de la Escritura llenos de violencia, intolerancia, crueldad, duplicidad y todas las demás contradicciones que son características de la humanidad que compartimos con todos los demás hijos e hijas de Adán? Y, a pesar de ello, no los hemos eliminado del canon de las Escrituras. En este canon, existen textos que niegan la resurrección y la vida después de la muerte y textos que la confirman. Hay textos que consideran a Satanás un miembro de la corte celeste con una tarea específica y otros que lo presentan como un ángel caído. Tenemos textos que declaran que el mal es una consecuencia del pecado del hombre e insisten en la culpa humana, y otros que presentan el mal como una enfermedad y los seres humanos como simples víctimas, que únicamente pueden confiar en la misericordia de Dios. Tenemos textos que ponen énfasis en la gracia divina y otros que colocan el esfuerzo humano en primer plano.
Ascenso y descenso, lo divino y lo humano, lo sublime y lo despreciable son aspectos del misterio de la revelación divina, de la Palabra de Dios en palabras humanas, del Dios encarnado, que siempre requerirán la contribución tanto de los exegetas como de los teólogos y, sobre todo, de los pastores, que tienen la tarea de mantenernos unidos en humildad y con la debida disposición a la escucha y la abnegación, con la atención concentrada en Jesús - el Dios con un rostro humano - en su potencia en la debilidad, en su sabiduría en la necedad, en su exaltación mediante la humillación.

[00147-04.03] [IN109] [Texto original: inglés]

- S. Em. R. Mons. György UDVARDY, Obispo titular de Marazane, Obispo auxiliar de Esztergom-Budapest (HUNGRIA)

Hago referencia al capítulo quinto del Documento de trabajo.
La catequesis de la Iglesia - tanto la catequesis inicial como la sistemática -, junto con la liturgia, la diaconía y la vida de testimonio de la comunidad, tiene grandes posibilidades y responsabilidades en la tarea de dar a conocer la Palabra de Dios y conceder nuestra vida a la persona, a las enseñanzas y a la Iglesia de Jesucristo. En la catequesis, adaptándonos y siguiendo la naturaleza de la Palabra de Dios, podemos mostrar la característica de la Palabra de Dios: su fuerza personal, que invoca e invita o interroga.
La Palabra de Dios - aunque la leamos "del libro", nos transmite una historia de milenios atrás, aunque lleve signos de una cultura que nos es poco conocida -, sin embargo, se pronuncia "ahora", se dirige a "mí". La Palabra resuena desde el eterno presente de Dios. Dios actúa "ahora" mediante su Espíritu Santo. Me llama ahora a examinar mi vida, me invita a renacer - a la conversión - Él nos da consuelo y esperanza, Él nos libera y Él pronunciará un juicio sobre nosotros (cfr. Is 55, 10-11).
Nuestra catequesis es eficaz si percibe y sirve a este momento creador. Con este momento podemos esperar que el conocimiento adquirido pueda transformar verdaderamente la vida.
A veces los libros, los medios auxiliares y los métodos utilizados en la enseñanza religiosa y en la catequesis de las diversas edades usan la Santa Escritura - Palabra de Dios - como una historia para ilustrar un tema, como una parábola moral, o la presentan únicamente como un testimonio de una experiencia existencial fundamental y general.
Está claro que se podrían mejorar muchos libros, medios, métodos para la catequesis, pero el éxito, de vez en cuando, depende de la persona que hace la catequesis - del pastor, del catequista. Éste se convierte - siguiendo la dinámica de la Encarnación - en el método de la Palabra de Dios, ofreciendo su vida a la obra del Espíritu de Cristo.
Es bellísimo contemplar la historia de los discípulos de Emaús (cfr. Lc 24, 13-35), donde Cristo Resucitado aparece como maestro, hermeneuta - quizás se pueda decir - como catequista.
Por lo tanto, a mi juicio, el uso correcto de la Biblia no es fundamentalmente una cuestión metódica, sino que es la cuestión más personal: mi relación personal con la Palabra de Dios.

[00131-04.03] [IN115] [Texto original: italiano]

- S. Em. R. Mons. Charles Maung BO, S.D.B., Arzobispo de Yangon (MYANMAR)

La Iglesia en nuestra zona del mundo proclama el Evangelio en medio de duras restricciones, privaciones y de un auténtico sufrimiento. Con Pablo podemos decir: "completo lo que falta a las tribulaciones de Cristo en mi carne" (Col 1, 24). Muchos de nuestros grupos étnicos tienen su propia Biblia, a menudo realizada con la ayuda de misioneros pioneros.
La Palabra se encarna de muy diversas maneras en los distintos países. En el mundo libre, mediante la proclamación, el anuncio público; pero en otras partes del mundo, la misión de la Iglesia, la Buena Noticia, tiene que enfrentarse a retos asfixiantes. Su deber de predicar la Buena Noticia es desafiado por las fuerzas de las tinieblas. Durante este Año Paulino, tenemos que afrontar los mismos desafíos que encontró el gran apóstol de la Palabra.
Somos una Iglesia pobre y nuestra única gloria es "conocer a Cristo" y el "apoyo de la Palabra". La Palabra tiene un papel importante en la vida de nuestra gente. "La diakonia o servicio de la caridad es una vocación de la Iglesia de Jesucristo [...]. Es necesario que la Palabra de Dios lleve al amor del prójimo" (IL 39). Nos guían las palabras del Santo Padre en la Deus Caritas est: "La Iglesia no puede descuidar el servicio de la caridad, como no puede omitir los Sacramentos y la Palabra" (22).
El mandato evangélico, "dad de comer a los hambrientos, vestid a los desnudos", ha recobrado fuerza después del reciente paso del terrible ciclón Nargis. Casi 150.000 personas murieron y dos millones se convirtieron en refugiados en su país. La nación vivió un luto.
Con la ayuda del Señor hemos devuelto la vida a muchas comunidades. Las iglesias se han convertido en campos de refugiados. En estos campos hemos celebrado una liturgia única: la de anunciar la Palabra, acompañando y compartiendo el pan a través de la ayuda. El mundo se ha convertido en nuestro altar y hemos partido el pan de la hermandad con las multitudes destrozadas. El Evangelio predicado ha sido el alimento dado a los hambrientos, que ha producido la vida y la luz que hemos dado en los últimos cinco meses.

[00133-04.03] [IN117] [Texto original: inglés]

- S. Em. R. Mons. Vincenzo PAGLIA, Obispo de Terni-Narni-Amelia, Presidente de la Federación Bíblica Católica (ITALIA)

Urge un nuevo Pentecostés. Debemos salir del cenáculo y predicar a "los setenta pueblos"- a todos los pueblos de la tierra- el único Evangelio en las diversas lenguas. Y nos encontramos ya ante un desafío: hay más de seis mil lenguas, pero la Biblia se ha traducido por completo sólo en 480 lenguas y el Nuevo Testamento en 1.168. Quedan más de 4.000 lenguas. Estamos frente a una tarea que es también de carácter económico. Para algunas lenguas se puede repetir la aventura de ser codificadas con la traducción de la Biblia. Obviamente, el desafío es de orden pastoral. El acuerdo entre la Federación Bíblica Católica y las Sociedades Bíblicas es un pequeño ejemplo de comunión también en el campo ecuménico. Es necesario que del Sínodo surja un nuevo entusiasmo por las Escrituras. Ya lo decía el beato Juan XXIII. Existen las condiciones para que este entusiasmo atraiga la atención de la gente. La encuesta promovida por la Federación Bíblica demuestra la aceptación con la que cuenta la Biblia entre todas las personas. La mayoría de los entrevistados en los dieciséis países del mundo donde se llevó a cabo dicha encuesta considera oportuno que la Biblia sea enseñada en las escuelas. Al mismo tiempo, sin embargo, todos consideran que la Biblia es de difícil comprensión y que necesita ayuda para ser entendida. Se podría decir que los datos confirman que la Sola Scriptura no alcanza. Es necesario también un acompañamiento. Es el verdadero desafío que tenemos por delante.
No debemos temer que la Biblia abunde en manos de todos, no sólo de los fieles. Lamentablemente, si por un lado es verdad que en las casas suele haber una Biblia, es rarísimo que cada cristiano tenga su propia Biblia personal. A mi juicio, debería ser uno de los objetivos del Sínodo. Si la Biblia, además, como dicen los Padres, contiene "La carta de amor de Dios a los hombres", ¿por qué retrasar o, peor aún, evitar la entrega? En todo caso, lo que se nos pide es que redoblemos el compromiso para acompañar su lectura. La gente debe aprender a rezar con la Biblia. Por desgracia, la encuesta pone en evidencia que sólo un pequeña minoría lo hace. Es precisamente esto lo que debemos proponernos: ayudar a nuestros fieles y a todos aquellos que se acercan al texto bíblico a entrar en el misterioso y salvífico diálogo que entreteje la Escritura entera. La lectura de la Biblia dilata la mente y calienta el corazón.

[00134-04.03] [IN118] [Texto original: italiano]

- S. Em. R. Mons. Jabulani NXUMALO, O.M.I., Arzobispo de Bloemfontein (SUDÁFRICA)

La experiencia actual es ésta: pequeñas comunidades cristianas y grupos de vecinos se encuentran regularmente para realizar algunas actividades, y han establecido como regla que, antes de cualquier tarea, se dedique un poco de tiempo a la lectura orante del texto sagrado y a la fracción del pan de la Palabra bajo la guía del Espíritu Santo, que se reflexione sobre la Palabra y se comparta la oración. Los grupos o pequeñas comunidades cristianas reciben una nueva fuerza y crecen impregnados de alegría y vitalidad, ya que Jesucristo está presente en medio de ellos (DV 2). Esto mejora también la calidad de las celebraciones litúrgicas en las parroquias. Por lo tanto, este Sínodo no discute a vuoto de la importancia de la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia. Mientras intenta hacer más intensa la promoción de la Escritura en la vida de la Iglesia, esta asamblea también está inspirada por lo que ya está sucediendo y creciendo en el seno de la Iglesia. En este evento existe una dialéctica que une, ya que los Padres sinodales se sienten estimulados por lo que ya está sucediendo en sus vidas y, a su vez, confirman y animan a los ministros de la Palabra y promueven la formación, para hacer que madure lo que ya está suciediendo en el contexto de la misión de la Iglesia. En otras palabras, se trata de consolidar lo que ya se ha iniciado, si bien todavía se encuentra en una fase inicial en muchas partes del mundo, y de favorecer un nuevo aumento y desarrollo de este compromiso pastoral, espiritual y bíblico.
Por lo tanto, como parte del desarrollo de este compromiso, la Lectio Divina, el método de los siete pasos y otros métodos semejantes para la lectura de las Escrituras y para la reflexión orante, deberían ser accesibles a todos los miembros de la Iglesia (DV 22). Ello exige una inversión espiritual enorme y de personal para este ministerio: sacerdotes, religiosos, laicos y jóvenes, según el desafío del Concilio Vaticano II (DV 24) porque existe un deseo ardiente de hacer de la Escritura el alma de la vida y de la misión de la Iglesia. Por consiguiente, esto es una invitación a desarrollar con fuerza y a instituir nuevos centros para el apostolado bíblico y para la formación en los métodos y en el arte de leer la Escritura, para la reflexión sobre la Palabra y la oración bíblica, y para ahondar en el conocimiento de las Escrituras. Los que ya existen han demostrado su validez y deberían ser dotados de personal que trabaje con dedicación. Por último, un elemento fundamental: hay que hacer traducciones de la Biblia en las lenguas locales para alcanzar todos los rincones de la tierra.

[00135-04.04] [IN119] [Texto original: inglés]

- S. Em. R. Mons. Jesús PÉREZ RODRÍGUEZ, O.F.M., Arzobispo de Sucre (BOLIVIA)

Hay que marcar las relaciones intrínsecas, vitales y permanentes que hay entre la Biblia y la catequesis. En la práctica, bien sabemos que el uso que se ha hecho de la Biblia en el trabajo catequístico ha sido fragmentario, limitado y, a veces instrumentalizado. Nos hemos ido quedando mas bien en el cauce desgastado del río y no hemos ido a beber de la fuente, donde brota la vida. La Sagrada Escritura se ha constituido mayormente apenas en apoyo o mero soporte de los contenidos, y no en FUENTE NORMATIVA Y VITAL de los mismos.
Como profesional de la Palabra de Dios el catequista debe conocer la Sagrada Escritura, saber traducir el misterio de la salvación consignado en ella a un lenguaje accesible y compresible que ayude a educar la fe de su comunidad en el contexto que ésta vive y para que ella sepa dar respuestas creativas a las interpelaciones de Dios que le llegan a través de los desafíos que la realidad global le plantea. Por ello, la Conferencia Boliviana ve como un reto adecuar el lenguaje bíblico a las necesidades y lenguajes de hoy, al mundo moderno.
La catequesis de la comunidad ha de cuidar, en su práctica, algunas claves de lectura que le ayuden, por un lado, a respetar el texto sagrado y, por otro a interpretarlo correctamente para la vida de las personas y de los pueblos.
La relación primaria entre Biblia y catequesis ha de entenderse y asumirse como FUENTE y no como un recurso didáctico o un simple apoyo a los contenidos.
Es importantísimo distinguir la catequesis en general de la catequesis bíblica, en particular.
Es necesario que el texto bíblico llegue a todos, desde los niños. Para ello, la Iglesia Boliviana se ve imposibilitada.
Por eso, pide a las iglesias con mayores recursos económicos ayudar a la adquisición de la Sagrada Escritura a los que tienen menos posibilidades.
Así mismo, pensamos que se pudiera señalar una Jornada Mundial de la Biblia, ya son varios los países que tienen, no sólo el día de la Biblia, sino también el mes de la Biblia.

[00137-04.03] [IN121] [Texto original: español]

- S. Em. R. Mons. Musie GHEBREGHIORGHIS, O.F.M. Cap., Obispo de Emdeber (ETIOPIA)

Como para todas las iglesias cristianas, para la tradición eritreo-etíope la Biblia es "Palabra inspirada", "Palabra de Dios". Uno de los testimonios bíblicos invocado en apoyo de esta afirmación es el pasaje de la segunda epístola a Timoteo 3,16-17 que dice: "Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para argüir, para corregir y para educar en la justicia; así el hombre de Dios se encuentra perfecto y preparado para toda obra buena". Los autores sacros están iluminados, es más, están "habitados" por el Espíritu Santo. Todos los libros bíblicos considerados canónicos por las demás iglesias cristianas lo son también para la iglesia eritreo-etíope, la cual además posee el mayor número de libros inspirados: son 81 libros, 46 del Antiguo y 35 del Nuevo Testamento. En la tradición eritreo-etíope el concepto de canon es flexible y tiende a incluir más que a excluir. La inspiración que ha dado vida a los libros sagrados se concibe como un proceso dinámico que se mantiene dentro de la comunidad de los creyentes. El vasto patrimonio de la tradición cristiana se considera justamente como irradiación, muchos textos como brotes de la Palabra de Dios. Es este el motivo por el que algunos de los textos bíblicos, presentes en el canon de la Iglesia eritreo-etíope, son descritos como awald (hijos, progenie [de la Biblia]).
La tradición eritreo-etíope ve la traducción de los textos bíblicos de las lenguas originales al geez y su interpretación como a dos hermanas, como dos caras de la misma moneda. El mismo Espíritu que ha iluminado al autor sacro guía el corazón y la mente del intérprete que con la fe busca el misterio que encierra la palabra. Los comentarios conocidos como andemta tienen ante todo un imperecedero valor pedagógico. El primer paso, el fundamental, es el aprendizaje de la Palabra. Se lee el texto geez y se traduce en la lengua corriente procurando captar los distintos matices del original. A la lectio le siguen el análisis gramatical y una discusión sobre algunas posibles cuestiones de crítica textual. La primera clave de interpretación se busca dentro de la Biblia. Explicar la Biblia con la misma Biblia es uno de los elementos fundamentales de la hermenéutica eritreo-etíope. Además, los Padres de la Iglesia son una fuente inagotable para los intérpretes.

[00138-04.03] [IN122] [Texto original: italiano]

- S. Em. R. Mons. Miguel Angel SEBASTIÁN MARTÍNEZ, M.C.C.I., Obispo de Lai (CHAD)

Les hablo en nombre de la Conferencia Episcopal de Chad. Este país, ubicado en el centro de África, ha sido evangelizado sólo desde hace pocos años.
Nuestra Iglesia Familia de Dios que está en Chad ha optado, según el deseo del Sínodo para África, por las Comunidades Eclesiales de Base. Estas comunidades se nutren de la Palabra de Dios y de la Eucaristía. Durante su reunión semanal, se lee la Palabra, se reza y se busca lo que los cristianos deben hacer para cambiar todo aquello que, en sus vidas, no está en conformidad con el Evangelio. Los cristianos se reúnen los domingos, pero muchos de ellos sólo para la celebración de la Palabra, porque no contamos con muchos sacerdotes.
En nuestro país vivimos unas situaciones sociales y políticas muy conflictivas, debido, sobre todo, a una interminable guerra que lleva ya más de cuarenta años. Nosotros estamos convencidos de que la Palabra de Dios es una palabra de Paz, una palabra que anuncia la Paz y que invoca la Paz, el perdón, la reconciliación y la justicia. La escucha y la oración de la Palabra de Dios son esenciales en la vida y en la misión de nuestra Iglesia. ¡Ello es un desafío para nosotros!
La Palabra de Dios nos ilumina y nos anima a comprometernos por la promoción del hombre y la mujer de Chad. El nuestro es un país empobrecido a pesar de nuestras riquezas naturales, por eso trabajamos para un desarrollo humano integral. Desarrollamos este trabajo junto con nuestros hermanos protestantes.
Tenemos otro desafío: el de la difusión de la Palabra de Dios. A causa del porcentaje de analfabetismo, de la falta de Biblias en lengua local y del coste de las Biblias. Queremos trabajar por el apostolado bíblico.

[00139-04.03] [IN123] [Texto original: francés]

- S. Em. R. Mons. Joseph Mukasa ZUZA, Obispo de Mzuzu (MALAWI)

En nombre de la Conferencia Episcopal de Malawi (ECM), deseo decir que la mayor parte de nuestras pequeñas comunidades cristianas (SCC) depende de la Palabra de Dios y vive de ella pues celebra la Eucaristía sólo una vez al mes y en ocasiones, hasta una vez cada tres o más meses. Ellas viven de la Palabra de Dios.
Es, por lo tanto, importante para nosotros formar a los distintos agentes de evangelización y a nuestros cristianos en la Lectio Divina y en la Palabra compartida. Apreciamos el ejemplo de María, nuestra Madre, que escuchaba, meditaba y vivía la Palabra de Dios (Lc 2, 19)

[00140-04.03] [IN124] [Texto original: inglés]

- S. Em. R. Mons. Antons JUSTS, Obispo de Jelgava (LETONIA)

En mi discurso hago referencia al número 28 del Documento de trabajo: la Palabra fluye (cf 2 Ts 3, 1) y desciende como una fecunda lluvia del cielo (cf Is 55, 10-11). También deseo hablar de los mártires del siglo XX, especialmente los de mi país, Letonia. Sacerdotes, hombres y mujeres han muerto por haber proclamado la Palabra de Dios.
Recuerdo a nuestro sacerdote letón Viktors, que durante el régimen soviético de Letonia fue arrestado porque tenía la Santa Biblia. A los ojos de los agentes soviéticos las Sagradas Escrituras aparecían como un libro antirrevolucionario. Los agentes tiraron al suelo las Sagradas Escrituras y ordenaron al sacerdote que las pisara. El sacerdote se negó y se arrodilló a besar el libro. Por este gesto fue condenado a diez años de trabajos forzados en Siberia. Diez años más tarde, cuando el sacerdote regresó a su parroquia y celebró la Santa Misa, leyó el Evangelio. Alzó el leccionario y dijo:"¡La Palabra de Dios!". La gente lloró y dio gracias a Dios. No se atrevió a aplaudirlo, porque habría sido interpretado como una nueva provocación.
En Letonia, durante la era soviética, no estaba permitido imprimir libros religiosos, Sagradas Escrituras o catecismos.
El razonamiento era el siguiente: si la Palabra de Dios no está impresa, no habrá ninguna religión. Nuestro pueblo letón ha hecho lo que ya habían hecho los cristianos de los primeros siglos: se ha aprendido de memoria fragmentos de las Sagradas Escrituras. Todavía hoy en Letonia se conserva viva una tradición oral. Estamos sobre los hombros de nuestros mártires para proclamar la Palabra de Dios. Nuestros nietos recuerdan a sus abuelos y a sus abuelas, que murieron por su fe y desean, a su vez, ser "héroes" de la fe.
¡En Letonia proclamamos la Palabra viva de Dios! Hacemos procesiones y peregrinaciones, cantamos y rezamos y decimos: "Ésta es la Palabra de Dios" por la que han muerto nuestros abuelos. En Letonia, cuando la Santa Misa dura sólo una hora, la gente dice que se trata sólo de un calentamiento para el verdadero encuentro con Dios en el Sacramento y en su Palabra.

[00141-04.03] [IN125] [Texto original: inglés]

- S. Em. R. Mons. Néstor Rafael HERRERA HEREDIA, Obispo de Machala (ECUADOR)

Si la Palabra de Dios es fuente de vida para la Iglesia y alma de su acción evangelizadora, surge la importancia y necesidad de una Pastoral Bíblica, la cual implica:
1. Poner la Palabra de Dios, la Biblia, al alcance de todos
La Constitución dogmática sobre la Divina Revelación dice que los fieles deben tener fácil acceso a la Sagrada Escritura y que la Palabra de Dios tiene que estar disponible en todo tiempo y para todos (DV 22). Gracias a Dios en la actualidad, como en los comienzos de la Iglesia, se hacen traducciones de la Biblia en diversos idiomas que la sitúan al alcance de todos. La Nueva Evangelización se realiza precisamente con y desde la Biblia. En América Latina hay una gran difusión de la Biblia en las comunidades, en los grupos y movimientos apostólicos y sobre todo a través de la catequesis.
2. Leer la Biblia en la vida
El objetivo principal de una pastoral bíblica no es tanto difundirla para leerla sino para interpretar la vida con la ayuda de la Biblia. Las comunidades cristianas, los grupos y movimientos instruidos en el conocimiento de la Biblia creen firmemente que Dios les habla directamente y la consideran escrita para cada uno.
3. Leer la Biblia a la luz de la fe
Para el pueblo creyente la lectura de la Biblia es el ejercicio de su propia fe. Y es que la Biblia hay que leerla en un ambiente de oración, así el Espíritu puede esclarecer su sentido y manifestar a través de qué realidad nos está hablando el Señor. Una forma privilegiada es la Lectio Divina que con sus cuatro momentos: lectura, meditación, oración y contemplación favorece el encuentro personal con Cristo (A 249).
4. Como fuerza de transformación
La comunidad cristiana toma en serio la Palabra de Dios. No lee solamente para entenderla sino para tratar de ponerla en práctica El pueblo busca en la Biblia un sentido para vivir y lo encuentra porque tiene la certeza de que es Dios mismo el que habla. La lectura de la Biblia lleva a la conversión porque es un libro de autoridad, inspirado por Dios y que exige obediencia.

[00035-04.03] [IN010] [Texto original: español]

- S. Em. R. Mons. Eugène Lambert Adrian RIXEN, Obispo de Goiás (BRASIL)

Una de las grandes conquistas del camino bíblico en nuestro país, ha sido el descubrimiento de que la Biblia es el libro predilecto de la catequesis que no cumple su misión si el fiel no llega a descubrir la importancia de tener la Palabra de Dios entre sus manos y vivirla. Sin duda alguna en Brasil, debido a la transformación y a la movilización que la Biblia estimula, ha llegado a ser, con seguridad, el libro más leído, amado, admirado y vivido por los fieles. Para nosotros, no es aceptable un proyecto catequético que no parta de la Biblia y que no conduzca a ésta.
En nuestro país, la catequesis tiene como primera fuente la Sagrada Escritura que, leída, explicada y rezada en el ámbito de la Tradición y del Magisterio, ofrece el punto de partida, el fundamento y la norma de lo que se transmite a los fieles con el fin de que todos sean discípulos y misioneros de Jesucristo, celantes, dinámicos y profetas. Una de las características de nuestra catequesis es que ésta, opera para que los fieles descubran la manera en la que Dios actúa hoy, aquí y ahora, en el lugar en el que Él nos ha puesto para testimoniar su amor y de su acción liberadora.
Es importante retomar aquí lo que fue afirmado por los Obispos presentes en la Segunda Conferencia del Episcopado Latinoamericano de Medellín en 1968: "En la catequesis se debe tomar la Sagrada Escritura como fuente principal, leída en el contexto de la vida, a la luz de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia, transmitiendo además el símbolo de la fe, dando así importancia al apostolado bíblico que difunde la Palabra de Dios y forma grupos bíblicos" (cf. Medellín).
Así mismo en Santo Domingo en 1992, fue recordada la importancia de la Biblia en la catequesis: "la Nueva Evangelización debe enfatizar una catequesis kérygmatica y misionera. Para la vitalidad de la comunidad eclesial son necesarios más catequistas y agentes pastorales con un sólido conocimiento de la Biblia que eduquen a leerla a la luz de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia, para iluminar, a partir de la Palabra de Dios, la propia realidad personal, comunitaria y social" (cf. SD, 49).
La V Conferencia del año 2007, confirma con fuerza una catequesis bíblica, kérygmatica, misionera y mistagógica. Recuerda la importancia de comenzar por el Kerygma, guiado por la Palabra de Dios que acerca la persona a Jesucristo para conducir a la conversión y al compromiso en una comunidad eclesial en la que maduren la práctica sacramental y el servicio (cf. DA 288). La catequesis debe ser mistagógica porque debe tener carácter experimental, litúrgico, de celebración y oración (cf. DA 289). Destaca que "la iniciación cristiana ofrece la posibilidad de un aprehensión gradual en el conocimiento, en el amor y en el camino de la señal de Cristo" (cf. DA 291).
Se necesita retomar, como se afirma en las Líneas de Orientación, el ministerio de la Palabra en la predicación pastoral, en la catequesis y en todo tipo de educación cristiana. La homilía litúrgica debe ocupar un lugar privilegiado en la celebración, nutrirse con provecho y vigorizarse santamente con la Palabra de la Escritura (cf. Líneas de Orientación n° 23).
Es menester valorizar, sobre todo, la importancia de la lectura orante de la Biblia en el ámbito personal y comunitario, además de promover una catequesis que sea la iniciación en la Sagrada Escritura, vivificando con ésta los programas catequísticos y los mismos catecismos, la predicación y la piedad popular (cf. Documento de trabajo -IL- n° 32).
En cada catequesis integral, siempre deben estar inseparablemente unidos el conocimiento de la Palabra de Dios, la celebración de la fe en los sacramentos y la profesión de la fe en la vida diaria (cf. Sínodo del 1977, Mensaje al Pueblo de Dios, n° 11).

[00049-04.03] [IN021] [Texto original: francés]

- S. Em. R. Mons. Patrick Altham KELLY, Arzobispo de Liverpool (GRAN BRETAÑA)

Diálogo con judíos y musulmanes.
La naturaleza del diálogo en otras disciplinas.
Las implicaciones de las convicciones arraigadas en eventos específicos en la fidelidad de judíos, cristianos y musulmanes.
El Nuevo Testamento como testimonio tanto de una Persona como de los eventos específicos que aún siguen dando testimonio para hacer que el diálogo sea fundamental para la fidelidad a este texto básico; así que, quizás, aunque sea testimonio de Alguien y de unos eventos específicos, no representa un obstáculo a priori para el diálogo con judíos y musulmanes.

[00053-04.03] [IN034] [Texto original: inglés]

- S. Em. R. Mons. Paolo PEZZI, F.S.C.B., Arzobispo de la Madre de Dios en Moscú (FEDERACIÓN RUSA)

En el momento histórico actual, no hay que separar la Palabra de Dios del acontecimiento de Cristo mismo. Él es el Logos, la comunicación del Padre, Su rostro (cfr. Col 1,15). Al mismo tiempo, no podemos olvidar que, por obra y sugerencia del mismo Espíritu, las palabras de Jesús y los hechos que realizó se han transmitido. Su vida se ha transmitido y esa transmisión dura hasta nuestros días. En este sentido, son decisivas las palabras con las que Benedicto XVI inicia su encíclica sobre la caridad: "No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva".
En el relativismo actual, que tiende a nivelar cualquier diferencia, de manera que todas las palabras son válidas y ninguna lo es más que las otras, en el que todo queda reducido a un juego de opiniones, la palabra bíblica tiene que encarnarse en la belleza de sus testigos, si quiere atraer al mundo hacia la verdad. En el Documento de Trabajo (IL 48), se observa agudamente que "haciendo de la Palabra de Dios y de la Sagrada Escritura el alma de la pastoral [el Obispo] será capaz de llevar a los fieles al encuentro con Cristo" [ ... ] "para que, por propia experiencia, vean que las palabras de Jesús son espíritu y vida (cfr. Jn 6, 63) [ ... ]".
El anuncio de la Palabra de Dios, por lo tanto, tiene que tener como objetivo poner a las personas -por así decirlo- en presencia de una Persona viva: ser testigos de la Persona de Jesucristo, Logos hecho carne. O según las espléndidas palabras de San Pablo: tiene que "dibujar a Cristo crucificado ante los ojos" de los hombres. La Palabra de Dios es fuente de auténtico y cada vez más profundo conocimiento de Cristo, de "la gloria de Dios que está en la faz de Cristo" (2Co 4, 6). El resplandor de Cristo enciende un fuego en nosotros, se convierte en deseo de dar testimonio de Él.
Se dice en el Documento de Trabajo (IL 54) que "la escucha de la Palabra de Dios es lo primero en nuestro compromiso ecuménico". Es preciso que se renueve entre los cristianos la tensión hacia la persona de Cristo, el deseo de conocer más en profundidad su misterio. Mediante el encuentro con el Verbo hecho carne, que el Espíritu hace posible, redescubrimos la comunión con Él: es la fuerza del Espíritu de Cristo Resucitado que atrae al pueblo disperso hacia su único cuerpo.

[00057-04.03] [IN036] [Texto original: italiano]

- Revmo. P. Antonio PERNIA, S.V.D., Superior General de la Sociedad del Verbo Divino

Por lo que respecta a la tercera parte del Documento de Trabajo, quisiera hacer una referencia al argumento tratado en esta sección, es decir a, la centralidad de "la Palabra de Dios en la misión de la Iglesia".
Y deseo hacerlo formulando de nuevo el título de esta sección y decir: " la Palabra de Dios ES la misión de la Iglesia".
Esta idea se basa en una afirmación del Concilio Vaticano II relativa al origen trinitario de la misión ( AG 1-2, 9). Aquí se ve a Dios Trinidad como comunión y diálogo entre el Padre , el Hijo y el Espíritu Santo. Esta comunión íntima o diálogo, impregna - o más bien abraza - la creación y la historia. La misión, por tanto, es el diálogo incesante de Dios Uno y Trino con el mundo y la humanidad, un diálogo que invita y atrae a la humanidad a la plena comunión con la comunidad divina.
El primer agente del diálogo incesante de Dios con el mundo es la misma Palabra de Dios. Jesús, el Verbo encarnado, es la Palabra de Dios a la humanidad. Es el incesante diálogo de Dios con el mundo. El logos divino es el dia-logus de Dios con el mundo. La Iglesia existe para colaborar en el diálogo constante de Dios con el mundo. La Palabra de Dios es su razón de ser, el sustento de su vida, el corazón de su actividad.
Por esto, a través del lente de la Palabra de Dios, es necesario que la misión de la Iglesia sea entendida en términos de diálogo. De hecho, el Evangelio que proclamamos es la invitación de Dios al diálogo.
Es necesario mirar a los diferentes grupos de personas con los cuales tratamos de compartir el Evangelio (I.L. 42) como "interlocutores en el diálogo". El diálogo, sin embargo, significa que la evangelización no es un camino que va en un solo sentido, sino que es un intercambio recíproco de dones entre el misionero y el pueblo. En consecuencia el misionero debe estar dispuesto a evangelizar y a ser evangelizado, a hablar y a escuchar, a dar y a recibir. El documento del Concilio Vaticano II, Dei Verbum, dice muy oportunamente "Dei Verbum audiens et proclamans"; escuchar la Palabra de Dios y proclamarla (DV I). La Iglesia misionera proclama la Palabra de Dios, y la escucha también así como le es revelada en las Sagradas Escrituras, pero también en las "alegrías y las esperanzas, en las tristezas y angustias de los hombres de hoy, sobretodo de los pobres y de todos aquellos que sufren". (GS 1).
Los hombres y mujeres consagrados, especialmente los misioneros comprometidos en las fronteras de nuestra fe y en los márgenes de la sociedad, pueden ser una "ayuda a la escucha"para la Iglesia, mientras intentan escuchar la Palabra de Dios revelada especialmente en la vida de las personas, en la búsqueda de los que buscan la fe, en las tradiciones culturales y religiosas de las personas que pertenecen a otras fes, en las aspiraciones de los pobres y de los marginados.
De esta forma, la vida consagrada puede ayudar a que la Iglesia sea una comunidad que no solamente proclama, sino que también escucha. "Dei Verbum audiens et proclamans".

[00056-04.05] [IN039] [Texto original: inglés]

 


Publicado por verdenaranja @ 23:48  | Hablan los obispos
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