Lunes, 13 de octubre de 2008

Ottawa (Agencia Fides) – Los Obispos de Canadá han publicado al termino de su Asamblea Plenaria celebrada del 22 al 26 de septiembre (ver Fides 22/9/2008) un Mensaje Pastoral en el 40 aniversario de la Encíclica “Humanae Vitae”, en el que invitan a todos los creyentes y descubrir y redescubrir en el mensaje de la Encíclica publicada por Pablo VI en 1968. 

 

 

MENSAJE PASTORAL DE LA CONFERENCIA CANADIENSE DE OBISPOS CATÓLICOS

CON OCASIÓN DEL 40 ANIVERSARIO DE LA ENCÍCLICA HUMANAE VITAE

POTENCIAL LIBERADOR

 

1. Cuatro décadas han transcurrido ya desde la publicación de la encíclica Humane Vitae por el Papa Pablo VI (1968),  un texto que causó gran controversia, provocó reacciones contradictorias y se encontró con considerables malentendidos.

 

2. La asamblea plenaria de la Conferencia de los Obispos Católicos de Canadá (CCCB) aprovecha este 40 aniversario para invitar a los fieles a descubrir, o redescubrir, este documento profético que pone la atención en “la trasmisión de la vida humana… el papel más serio en el que las personas casadas colaboran libre y responsablemente con Dios Creador,”1 una materia que está “íntimamente conectada con la vida y felicidad de los seres humanos.”2  Animamos a los católicos a profundizar su comprensión del texto original de esta encíclica (www.vatican.va) en orden a meditarla y a integrar en su vida esta importante enseñanza.

 

3. Efectivamente, ¿cómo podemos desconocer su carácter profético cuando consideramos la evolución preocupante de dos instituciones humanas fundamentales, matrimonio y  familia? Ambas continúan estando afectadas por la mentalidad contraceptiva temida y rechazada  en la encíclica del Papa Pablo VI. ¿Y qué se puede decir del déficit del futuro demográfico que afrontan las  sociedades occidentales? Esto no es insinuar que no existe una legítima preocupación por la planificación familiar natural y por espaciar los nacimientos en una experiencia de pareja.

 

4. No obstante, la Humanae vitae es mucho más que un “no a la contracepción”. Esta encíclica es en realidad una mayor reflexión sobre el designio de Dios por el amor humano. Propone una visión de “todo el hombre y de toda la misión a la que es llamado… ya sea natural, aspectos terrenos, ya sea sobrenatural, aspectos eternos”.3  Es una invitación a abrirse a la grandeza, belleza y dignidad de la llamada del Creador a la vocación del matrimonio.

 

5. Es significativo que el Papa Juan Pablo II continuó esta reflexión desde el principio de su pontificado en sus 129 catequesis de los Miércoles entre los años 1979 y 1984. Trayendo una riqueza de 27 años de experiencia pastoral con parejas jóvenes, el Papa expuso un acercamiento original y positivo al plan divino para el matrimonio y sexualidad – particularmente a través  de su atracción a una inspiración profunda del personalismo.

 

6. Su “teología del cuerpo” es una pedagogía que nos ayuda a entender el verdadero sentido de nuestros cuerpos. Ofrece apreciaciones teológicas y pastorales de increíble profundidad e inestimable riqueza que integra y clarifica aquellas ya presentes en la Humanae Vitae. Sugiere una mirada más amplia  del verdadero significado de la existencia humana, un significado que constituye la respuesta a toda búsqueda del ser humano por la felicidad: aprender a amar como Dios ama, aprender a darse a sí mismo. Creemos que ha llegado el tiempo  de considerar algunos elementos clave de esta “teología del cuerpo” para conseguir un mayor entendimiento del plan divino y para adherirse a él con una conciencia bien informada.

 

7. Al buscar la verdad de los seres humanos, Juan Pablo II apeló a la antropología bíblica. Él pregunta: ¿Cuál era la intención de Dios al crear al “varón” y a la “mujer” con un cuerpo sexual? Le respuesta se encuentra  en las primeras páginas del Génesis. A través de experiencias de soledad original, sed de unidad, y desnudez original, una desnudez que refleja total transparencia de Adán y Eva y confianza  de uno a otro, nuestros primeros padres descubrieron su llamada fundamental – una llamada a darse a sí mismos y a la comunión en el amor.

 

8. Son despertados así al significado conyugal de sus cuerpos. Es aquí donde  su dignidad de personas se encuentra, en su capacidad para darse a sí mismos de uno a otro libremente, con su psicología, sus afecciones y sentimientos, su sexualidad específicamente masculina y femenina querida por Dios. Como Juan Pablo II nos recuerda: “… por medio de su masculinidad y feminidad visibles, el cuerpo, y solo él, es capaz de hacer visible lo que es invisible: lo espiritual y lo divino. Fue creado para trasladar en la realidad visible del mundo el misterio escondido desde tiempo inmemorial en Dios, y así ser un signo de él”.4

 

9. ¿Cuál es este misterio? Es el único revelado a nosotros por Cristo: “Dios en sí mismo es intercambio de amor, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y nos ha destinado a participar en ese intercambio”5 para la eternidad. Todos los seres humanos, sea en el matrimonio sea en el celibato, están llamados a darse a los otros. En el caso de una pareja casada, es en el momento de llegar a ser una carne: “es en el momento del descubrimiento de la comunión de cuerpos que el hombre y la mujer llegan totalmente a ser imagen de Dios. Es a través del acto de la carne, el don de cuerpos, que expresa la totalidad del don de unas  personas a las otras, que el hombre y la mujer son, en la carne, la imagen de la divina Trinidad”.6

 

10. La Biblia vuelve una y otra vez a la imagen nupcial para ilustrar el amor de Dios a la humanidad y el amor de Cristo a la Iglesia. Esto nos ayuda a entender que “la comunidad íntima de vida y el amor que constituye el estado matrimonial ha sido establecida por el Creador y dotada por él con sus propias leyes; está fundada en el contrato de sus parejas, esto es, en su personal consentimiento irrevocable… Este sagrado lazo no depende sólo de la decisión humana. Porque Dios mismo es el autor del matrimonio y lo ha dotado con diversos valores y fines.”7

 

11. Ya que Dios ha hecho toda vida del matrimonio y, más específicamente, el acto conyugal, como una expresión de su propio amor, por tanto la cuestión es: ¿Cómo ama Dios? Cristo, Dios hecho hombre, nos da la respuesta. El reflexionar sobre la Cruz y la Eucaristía nos capacita para comprender todas las cualidades y demandas del amor que se da así mismo “hasta el fin”. Este es el amor al que las parejas están llamadas en su matrimonio.

 

12. Para que el matrimonio refleje el amor de Cristo, las parejas están llamadas a un amor total y sin restricciones, fiel, y fecundo. En esta vía, se esfuerzan en imitar el amor de Cristo. El amor de Cristo es total y sin restricciones. No guarda nada para sí, sino que nos da todo: su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad.

El amor de Cristo es fiel, hasta la muerte. “Y tened en cuenta, yo estoy con vosotros siempre, hasta el final del mundo”.8

Y el amor de Cristo es fructífero. “Vine para que pudieran tener vida y la tuvieran más abundante”.

El amor de  Cristo es libre, y por tanto plenamente humano. “Esto es por lo que el Padre me ama, porque yo doy mi vida… Nadie me la quita, sino yo la doy por mí mismo”9

 

13. El cuarenta aniversario de la encíclica Humanae Vitae proporciona una oportunidad ideal para profundizar en nuestro aprecio a este extraordinario misterio del amor de Cristo. El amor libre, total, fiel y fecundo de Cristo que da su vida por su esposa la Iglesia y sus miembros es el amor al que los esposos son especialmente llamados. Las promesas del sacramento del matrimonio de hecho llegan del deseo de amar al otro como Dios nos ama. Así, toda vez que ellos son una “sola carne” están llamados a renovar, a través del lenguaje de sus cuerpos, el compromiso matrimonial a vivir un amor libre, total, fiel y fecundo, que se expresa en nuevas vidas. ¡Qué dignidad!  Además, es al alimentarse de la Eucaristía que los esposos encuentran la fuerza para vivir como Cristo. Es en la Eucaristía donde ellos descubren la fuente y modelo de amor del que procuran dar testimonio en la vida diaria.

 

14. Reflexionando sobre la naturaleza unitiva y procreativa del abrazo conyugal, un filósofo contemporáneo escribió con acierto:

El cuerpo humano no está hecho solamente para la procreación,  como si respondiera a un imperativo biológico en nosotros como en los animales. La fecundidad, en y a través de la procreación, es una sobreabundancia de amor. El cuerpo humano con y a través del sexo está hecho para la comunión de personas. El fruto de esta comunión, como su extensión, es fecundidad en otra persona. Pero no podemos reducir la sexualidad a la función procreativa  sin traicionar el significado de la vocación conyugal del cuerpo. Lo que viene primero es comunión; procreación es lo segundo, porque es el fruto de comunión. En este sentido, es la prueba de la verdad de comunión.10 (Traducción).

 

15. Es para proteger la verdad de esta comunión que la encíclica Humanae Vitae insiste en “la inseparable conexión, establecida por Dios, que el hombre por su propia iniciativa no puede romper, entre el significado unitivo y el significado procreativo que son ambos inherentes al acto matrimonial. Aborto, esterilización y contracepción están en oposición a la intención del Creador en el fondo de las relaciones sexuales, impidiendo, si así Dios lo desea, la creación de una alma única para el único cuerpo que los esposos ayudan a formar”.11 Más que nunca, es urgente recordar la importancia que existe entre el amor conyugal, sexualidad y fecundidad. En el corazón de Dios, estas tres dimensiones conyugales están conectadas. La sexualidad, signo de amor, está llamada a estar abierta a algo que es mayor que él mismo, esto es, a acoger la fecundidad, que sucesivamente está unida al bien de los esposos y expresa su amor conyugal. Así este amor es un don unido a la vida.

 

16. Huelga decir que no todo acto matrimonial dará como resultado una nueva vida. Los esposos tienen el derecho y el deber de planificar su familia y ejercer sus responsabilidades de maternidad y paternidad sensatamente bajo la guía del Espíritu Santo. Deben, con generosidad y lucidez, “manteniendo un recto orden de prioridades, reconocer sus propios deberes hacia Dios, a sí mismos, a sus familias y a la sociedad humana”,12 y discernir si es el momento para ellos dar vida a un nuevo hijo. Si en conciencia ellos estiman que deberían dilatar un nacimiento por serias razones a causa de condiciones físicas, económicas o psicológicas, les estarán permitidos los métodos de planificación natural para controlar su fertilidad, respetando “el nexo indivisible entre la unión  cariñosa y el potencial procreativo de las relaciones sexuales en el contexto del amor de casados”.13

 

17. Colaboradores en autodisciplina, los esposos que eligen la planificación natural familiar reconocen y se acogen el uno al otro en toda su dignidad de personas, incluyendo el don de su fertilidad. Descubren también “las alegrías y recompensas de modular su pasión de acuerdo con los ritmos naturales de su pareja. Todos los amantes estarán de acuerdo que la sexualidad humana es mucho más que simplemente la unión física de un hombre y una mujer. Es un lenguaje de comunión, un vehículo de ternura y el supremo acto de intimidad”.14

 

18. Esto es también lo que el Papa Benedicto XVI deseó explicar en su encíclica “Dios es Caridad” cuando escribió: “No es el espíritu solo ni el cuerpo solo que ama: es el hombre, la persona, una criatura unificada compuesta de cuerpo y alma. Sólo cuando ambas dimensiones están verdaderamente unidas, el hombre adquiere su plena talla. Sólo así el amor-eros es capaz de madurar y conseguir su auténtica grandeza”,15 llegando a ser ágape, esto es, “… preocupación y cuidado por el otro. No más buscarse a sí mismo… en su lugar busca el bien del amado, llega a ser  renuncia: y está listo, y e incluso dispuesto, para el sacrificio”.16

 

19. En pocas palabras, la Encíclica Humanae Vitae de Pablo VI y la subsiguiente “teología del cuerpo” desarrollada por el Papa Juan Pablo II dan un enorme reto a un mundo que está muchas veces ocupado en protegerse así mismo contra el potencial extraordinario de vida de la sexualidad. En pos de estos dos Papas proféticos, la Iglesia, “experta en humanidad”, emite un mensaje inesperado: la sexualidad es una amiga, un don de Dios: Nos es revelada por el Dios Trinitario que nos pide mostrarla sucesivamente en toda su grandeza y dignidad a nuestros contemporáneos en este comienzo del tercer milenio. La teología del cuerpo ha sido comparada a una revolución que tendrá positivos efectos a través de todo el siglo 21 de cristianismo. Invitamos a los fieles a ser los primeros en experimentar su potencial liberador.

 

20. En continuidad con el Papa Pablo VI y Juan Pablo II y bajo las enseñanzas de Benedicto XVI, invitamos a los católicos y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a promover y defender la vida y la familia. Que puedan encontrar inspiración en la rica tradición de la Iglesia para educar a la juventud y familias en la belleza del amor de casado, y trabajar incesantemente para salvaguardar la belleza y grandeza del matrimonio y de la familia.

 

21. A las parejas casadas reiteramos nuestra admiración y ofrecemos nuestra ayuda. Vuestra vocación es grande y difícil: ser ministros de amor y de vida en este mundo, como la Conferencia Episcopal de Obispos Católicos han declarado en su mensaje Una Visión Integral del Amor Marital y la Transmisión de la Vida con ocasión del 25 aniversario de la encíclica Humane Vitae. Que el amor y la comunión de vida en Dios sea una fuente de vida, fortaleza y luz a ser testigos del amor y fidelidad que habéis pedido sean concedidas a través de vuestro compromiso bautismal y de matrimonio!

 

Asamblea Plenaria

De la Conferencia de Obispos Católicos de Canadá

 

26 de Septiembre

 

1 Pablo VI, Humanae Vitae, No 1.

2 Humanae Vitae, No 1.

3 Humanae Vitae, No. 7.

4 Juan Pablo II, Audiencia, 20 de Febrero 1980, Nos. 3-4.

5 Catecismo de la Iglesia Católica, Nº 221.

6 Juan Pablo II, Audiencia, 14 de Noviembre de  1979.

7 Gaudium et Spes, 48, Nos. 1-2.

8 Mateo  28, 20.

9 Juan  10, 17-18.

10 Yves Semen, La sexualité selon Jean-Paul II, Paris: Presses de la Renaissance, 2004, p.109. –  Ver también Christopher West, Theology of the Body Explained, Boston: Pauline Books & Media, 2003, pp. 415-416.

11 Humanae Vitae, Nº 12.

12 Humanae Vitae, Nº 10.

13  Organización Católica para la Vida y la Familia, In the Name of Love: The natural approach to family planning, 1998.

14 Organización Católica para la Vida y la Familia,, In the Name of Love: The natural approach to family planning, 1998.

15 Benedicto XVI,  Dios es Caridad,  Nº 5.

16 Benedicto XVI,  Dios es Caridad,  Nº 6.


(Traduccción particular no oficial desde el inglés) 

 

Links:
Texto completo del Mensaje Pastoral
http://www.cccb.ca/site/images/stories/pdf/humanae_vitae_en.pdf



Publicado por verdenaranja @ 23:15  | Hablan los obispos
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