Jueves, 16 de octubre de 2008

Artículo de Monseñor Juan José Omell, obispo de Calahorra y Consiliario de Manos Unidas, publicado en "MEMORIA 2007 Campaña XLVIII" agradeciendo la la labor realizada en Manos Unidas por tantos colaboradores.


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La Iglesia
y la sociedad española no lograrán nunca agradecer su­ficientemente la labor que Manos Unidas ha desarrollado, y sigue desarrollando, en sus cuarenta y nueve años de existencia. ¡Cuántas personas han dado alma, vida y corazón sensibilizando a la sociedad ante el grave problema del hambre en el mundo y han posibilitado que se puedan llevar a cabo proyectos de desarrollo en las poblaciones más pobres y necesitadas del Tercer Mundo! Siempre les ha movido una idea muy clara: que los protagonistas del desarrollo deben ser los beneficiarios de esos proyectos de desarrollo.

 

La Memoria de este año 2008 es un botón de muestra de toda esa ingente labor realizada gracias a trabajadores asalariados, vo­luntarios, socios, miembros de comunidades cristianas y parro­quiales, colegios, instituciones, Servicios Centrales y Diocesanas, administraciones locales, autonómicas y del Estado. A todos ellos mi gratitud, la de la Iglesia y de toda la sociedad. ¡Cuánto derro­che de amor a través de un trabajo oculto y callado!

 

Las personas merecen la pena


Pero todo ello es posible porque en el corazón de las personas hay una gran fe. Y sabemos que la fe no puede quedar encerrada en las casas particulares, ni en el interior de las iglesias, sino que ha de expresarse en obras, en iniciativas y en presencia social. Los seres humanos somos sociales, y este carácter hemos de mantenerlo también en las cuestiones relacionadas con el sentido último que le damos a nuestra vida, en nuestra relación con Dios, en las celebraciones comunitarias, en los criterios éticos que orientan nuestra acción y en el compromiso con los demás seres humanos. Vivimos la fe dentro de la Iglesia, en comunión con nuestros hermanos los hombres, y plasmada en iniciativas y acti­vidades transformadoras. ¿Qué sentido tendría pretender decir que todo esto es sólo una cuestión privada, como parecen querer hoy algunos? Cualquier intento de reducir las expresión de nues­tro ser y de nuestra acción como creyentes, cualquier intento de relegarla o hacerla menos visible en la vida social, no es de recibo.

 

En algunos ámbitos de esta presencia social de la Iglesia tienen un papel especial los laicos. Así ocurre en el campo de la cultura, de la política, de los medios de comunicación y de la acción social orientada a mejorar la situación de los más desfavorecidos. Esta última tarea es tan amplia y necesaria que todos hemos de estar implicados en ella. La Iglesia ha procurado siempre hacerlo de dis-tintas formas. Pero son especialmente satisfactorias las iniciativas de los seglares, sobre todo si lo hacen de un modo tan organiza-do y eficaz como es el caso de Manos Unidas. Para la Iglesia es una bendición el contar con esta organización de seglares, puesta en marcha por ellos mismos, y con la gran tarea que realizan.

 

Otra característica de Manos Unidas, complementaria a la ya se­ñalada de su laicidad, es su carácter voluntario. Esta ONGD ha si-do, de hecho, pionera en la promoción de la cultura del volunta­riado en España.


¿Qué es un voluntario?


Un voluntario es una persona con convicciones éticas. Es una per­sona de acción, y no únicamente de pensamiento. El voluntario valora y apoya al prójimo real y concreto, particularmente a aquél que se encuentra en alguna situación de dificultad o de desven­taja, y aquí observamos muchas vocaciones y servicios diversos, puesto que las situaciones de debilidad son muchas. El voluntario aporta valores que nos hacen falta en esta sociedad de tantas pri­sas, como por ejemplo el acompañamiento al otro. Por lo general, tienen esa virtud extraordinaria de mirar al sentido profundo de las cosas y no sólo la parte más visible y utilitarista. Un voluntario piensa que la persona merece la pena. Está convencido de que en la actitud de servicio existe algo importante para los demás y tam­bién para él mismo, de tal forma que establecen un nexo entre la realización de los demás y la suya propia. Por lo general, nos dirán que reciben tanto como dan. El voluntario actúa gratuitamente, sin un sueldo. Por lo tanto, nos encontramos ante unas caracte­rísticas muy valiosas y positivas. Creo que hemos de dar gracias a Dios por el hecho de que ellos estén ahí y por la buena acogida social con que cuentan hoy. Nuestra sociedad le encuentra senti-do a la acción voluntaria.

 

Tengo la sensación de que, en un panorama parecido al que he descrito, podría estar pensando el Papa cuando se refirió a la cuestión del voluntariado, durante el encuentro que celebró en la Konzerthaus de Viena, ante 12.000 peregrinos, en septiembre pasado. Benedicto XVI dijo: "El voluntariado no es sólo hacer. es ante todo una manera de ser, que comienza con el corazón, con una actitud de agradecimiento por la vida, y lleva a restituir y com­partir con el prójimo los bienes recibidos"

 

Señaló también que "no hay nadie que no pueda ser voluntario: incluso la persona más pobre y desaventajada tiene seguramente mucho que compartir con los demás, ofreciendo su propia contri­bución para construir la civilización del amor:"

 

En toda situación podemos, por lo tanto, prestar nuestra contribu­ción, de maneras diversas, para hacer más presente en nuestra sociedad esta actitud de servicio. Podemos ser un apoyo para mu­chos y también, si actuamos coordinadamente con otros, realizar grandes obras. Manos Unidas es una muestra de eso.

 

Enhorabuena a todos los que hacéis posible este hermoso pro­yecto que es Manos Unidas. A través de vuestro trabajo estáis po­niendo las bases de una nueva civilización, la del amor.

 

Con mi afecto y gratitud


+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño
y Consiliario de Manos Unidas


Publicado por verdenaranja @ 22:37  | Hablan los obispos
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