S?bado, 18 de octubre de 2008

Extracto de DOSSIER FIDES “Especial Jornada Misionera Mundial 2008” publicado por Agencia Fides el 19 de octubre de 2008

 

 

“San Pablo, modelo de quienes trabajan en promover la Palabra de Dios entre los pueblos”: la reflexión del Card. Andrea Cordero Lanza de Montezemolo, Arcipreste de la Basílica Papal  de San Pablo, para la Jornada Misionera del Año Paulino

 

 

La proclamación  por parte del Santo Padre Benedicto XVI del Año Paulino, (28 de junio de 2008 - 29 de junio de 2009), asume una importancia histórica en la bimilenaria vida de la Iglesia, ya que, por primera vez, se celebra de modo solemne el Santo Apóstol de las Gentes. Efectivamente, nunca se había dado tanta atención a la figura de San Pablo, quien a través de sus escritos y su ejemplo, representa la bisagra de la teología pasada y presente y que se propone para el     futuro  como guía seguro en la incertidumbre de los acontecimientos humanos.    El Santo Padre, al encender la llama paulina ante la Basílica y en al invocar "Vox Pauli vivificet nos" hace llegar a los corazones de todos los cristianos un mensaje de amor y renovación. Estos sentimientos son motivo de estímulo y de nuevo impulso a todos aquellos que  son llamados cada día a consagrarse incondicionalmente a los otros.   

 

         A través de la oración se puede pedir a San Pablo que ilumine a quienes viven la experiencia de estar en contacto con los misioneros, para que abatan la indiferencia y sepan ofrecer con alegría la debida acogida a los "mensajeros del Señor”, abriendo las mentes y ampliando los corazones a las palabras de salvación que reciben de ellos.   

 

         San Pablo es anunciador y testigo por excelencia. Mirándole a él, pensando en lo que hizo concretamente, revisando por un momento con la mente el inmenso bagaje doctrinal que ha dejado, destaca con vigor una de las muchas virtudes del apóstol: la determinación.   

 

         Siempre fue determinado en sus elecciones. Nunca tuvo dudas. Judío de formación, realizaba de modo escrupuloso su misión de reprimir toda naciente evidencia de la joven comunidad cristiana. También fue determinado, después de la "conversión" en el camino de Damasco, para anunciar a todos el mensaje de salvación proclamado por el Señor.   

 

         Pablo se  acercó a los pueblos y lo hizo con toda humildad pero con la convicción de un hombre orgulloso, seguro de sus propias ideas y acciones. Siempre fue decidido en todo, firmemente convencido de alcanzar los objetivos establecidos, usando incluso la fuerza. Cuando era Saulo empuñaba la espada, fiel aliada en su lucha acérrima contra los cristianos. Una vez convertido en Pablo se armó de "paciente y benigna" caridad, que no "es envidiosa, no se jacta, no se hincha, no falta de respeto, no busca su interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no goza de la injusticia, se complace en la verdad… ", y que "todo lo cubre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta" (1 Cor 13,4-7).    

 

         El Apóstol de las Gentes, que trabajaba particularmente por llevar la Buena Nueva a todos los pueblos, y que tanto trabajó  por la unidad y la concordia de todos los cristianos, anima a todos los llamados a "anunciar y testimoniar", los guía y los protege, otorgándoles la certeza de que todo es posible con la caridad.   

 

         ¿Cuánta de la convicción de obrar por el bien y en el bien, y cuánta de la determinación en la acción de San Pablo está presente en el alma de cada uno de nosotros? Este es lo que nos debemos   preguntar y ésta es la pregunta al que cada misionero da una respuesta concreta fijándose en el apóstol de las Gentes.   

 

         San Pablo, en efecto, debido al carisma y las peculiares dotes de anunciador y testigo, se convierte en modelo para quienes trabajan en la promoción de la Palabra de Dios entre los pueblos. Pablo siempre ha considerado su apostolado como una colaboración improrrogable en la obra de Dios, interpretando  con profundo sentido realista el deber de  hacerse "todo a todos, para salvar a toda costa a unos cuantos” (1 Cor 9,22).   

 

         Quien siente que tiene en si una vocación misionera que imite a  Paolo, quien  supo con habilidad conformar su enseñanza según la capacidad, la mentalidad y las necesidades de quienes, poco a poco, se convertían en espectadores interesados y  lectores asiduos del Santo.   

 

         Las numerosas peregrinaciones que, en este Año Paulino, llegan desde todas las partes del mundo a la Basílica Papal de San Pablo Extramuros, testimonian que Pablo es escuchado, es leído, es   imitado, es admirado. El deseo  es que este Año Paulino especial pueda suscitar nuevas vocaciones misioneras, por el bien de la Iglesia pero, sobre todo, por el bien del mundo entero. (Card Andrea Cordero Lanza de Montezemolo, Arcipreste de la Basílica Papal de San Pablo Extramuros)     


Publicado por verdenaranja @ 23:15  | Misiones
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