Mi?rcoles, 05 de noviembre de 2008

Subsidio litúrgico enviado con los materiales para la celebración de la Jornada de la Iglesia Diocesana.


DOMINGO XXXIII DELTIEMPO ORDINARIO - A
Día de
la Iglesia Diocesana


ENTRADA

Hermanas y hermanos: De nuevo se nos pide hoy reafirmar nuestra esperanza en la plenitud de vida a la que ya estamos llamados, pero que todavía no se ha manifestado. Esto nos exige conformar nuestra existencia a las enseñanzas del Evangelio, respondiendo personalmente a la llamada del Señor y haciendo fructificar los dones que hemos recibido gratuitamente de su mano generosa.


Esto nos exige también participar en la construcción de la Iglesia Diocesana, DANDO TESTIMONIO DE LA FE, que recibimos en su seno por el bautismo. Por eso, porque en ella y por ella, hemos nacido a la vida de Dios; porque la Iglesia es regalo del Señor y por los bienes espirituales que recibimos por su medio, debemos quererla de un modo muy especial, interesándonos con cariño por todo lo que atañe a su funcionamiento. Se nos invita, además, a PARTICIPAR APOSTÓLICAMENTE, según la llamada de cada uno, y a colaborar económicamente, según nuestras posibilidades, ya que también es necesaria la cooperación económica que se nos pide en este Día de la Iglesia Diocesana. Hacen falta recursos económicos para que la Iglesia pueda desarrollar su misión, ya que son más las necesidades que los medios de que se dispone.


LITURGIA DE LA PALABRA


Las tres lecturas de hoy son un canto al trabajo, a la actividad, a saber aprovechar el tiempo, porque nunca sabemos cuándo se nos acaba. Esa es la verdadera sabiduría: mirar seriamente al
futuro, como el estudiante a lo largo del curso, como el deportista desde el comienzo de la competición, como el campesino desde el momento de la siembra.

 

 

ORACIÓN UNIVERSAL

 

1.-Por la Iglesia; para que pueda anunciar con libertad la buena noticia del Evangelio en todo el mundo. ROGUEMOS AL SEÑOR.

 

2.-Por nuestra Iglesia Diocesana; para que con la colaboración personal y económica de todos sus miembros pueda realizar la tarea de mantener viva la llama de la fe en las cuatro Islas que la forman. ROGUEMOS AL SEÑOR.

 

3.-Por todos los que sufren, por los pobres, los parados: para que no desesperen del amor de Dios y encuentren hermanos que les socorran. ROGUEMOS AL SEÑOR.

 

4.-Por todos los difuntos: para que Dios, Padre misericordioso, los reciba en su Reino eterno y les premie el bien que hicieron a su paso por esta vida. ROGUEMOS AL SEÑOR.

 

5.- Por todos los que celebramos la Eucaristía: para que la Comunión del Cuerpo de Cristo fortalezca nuestra esperanza en la vida eterna. ROGUEMOS AL SEÑOR.


IDEAS PARA LA HOMILÍA

"A uno le dejó cinco talentos, a otro dos, a otro uno; a cada cual según su capacidad" Acabarnos de escuchar en el Evangelio la parábola de los talentos hoy, Día de la Iglesia Diocesana. ¡Cuántos bienes y cuántos talentos y qué valiosos recibirnos gracias a nuestra Iglesia Diocesana y a través de ella!

La Diócesis es para cada uno de nosotros la expresión condensada y auténtica de la misma Iglesia universal fundada por Jesucristo. Desde nuestra Diócesis, presidida por el Obispo, sucesor de los Apóstoles, la Iglesia se nos presenta cercana, familiar, concreta, con sus deficiencias y necesidades, pero también con sus tesoros sobrenaturales y sus fuentes de vida verdadera.


Entender que la vida merece ser vivida, aunque tenga sinsabores y sufrimientos, porque es regalo de Dios; entender que Dios cuida de nosotros y nos encomienda la tarea de hacer un mundo más habitable, es un fruto precioso de la fe cristiana que hemos recibido en esta Iglesia Diocesana, que preside el Obispo y de la que somos miembros gracias al bautismo. Por eso el lema de este año: TÚ ERES TESTIGO DE LA FE DE LA IGLESIA. ¡Participa!


Entender el amor como lo entiende Jesucristo, que encuentra más alegría en dar que en recibir, que tiene predilección por los enfermos y los pobres y que entrega la vida por nosotros, es verdaderamente una manera fina y altísima de entender el amor, que aprendemos en el testimonio y predicación de la Iglesia de la que formamos parte a través de la Diócesis.


Esperar en un Dios dispuesto a perdonar hasta "setenta veces siete", que se hace humano y frágil para caminar a nuestro lado, cruz con cruz, mientras luchamos, sufrimos y morirnos, y tener la seguridad de que, al final, El nos sale al encuentro para un abrazo de vida y amistad eternas, es realmente una esperanza que no tiene precio y que mantenernos con la ayuda de esta comunidad cristiana que es nuestra Diócesis.


Es verdad, ¡cuántos bienes y qué valiosos hemos recibido
gracias a la Diócesis y a través de ella! Hemos de sentirnos Iglesia Diocesana como nos sentimos familia, hemos de trabajar por nuestra Diócesis como por nuestra casa. En Ella, en la Iglesia diocesana hemos recibido los dones de Dios. En ella debemos hacerlos producir y desde ella compartirlos con todos los hermanos y hermanas del mundo. Eso es ser testigo de la de la Fe de la Iglesia.


Desde las enseñanzas de Jesucristo en el Evangelio de hoy estamos ungidos a desplegar una fe creativa y arriesgada. Nuestra Diócesis necesita hoy sacerdotes, vocaciones contemplativas, religiosas y misioneras, seglares bien formados, dispuestos a nutrir los equipos parroquiales de evangelización, a salir al Tercer Mundo o a quedarse aquí, dando un testimonio ejemplar de vida en la familia y en el campo profesional. Eso es ser testigo de la de la Iglesia de la que somos miembros.

Nuestra, Diócesis necesita también ayuda económica para dotarse de instrumentos eficaces de comunicación de la fe, para construir y reconstruir templos y para atender en los servicios de caridad las demandas de tantos necesitados.


La vitalidad evangelizadora de una Diócesis depende de la fuerza de Dios que actúa por el amor real y la fe operante de cada uno de los miembros de la comunidad diocesana.


Nada de esconder el talento recibido, es decir, nuestras posibilidades humanas y cristianas, bajo tierra, como escuchábamos en el Evangelio. Que nuestro modo de situarnos y
de participar en la Iglesia Diocesana sea tal que merezca la felicitación y la alabanza de Jesucristo: "¡Muy bien, eres un

empleado fiel y cumplidor, entra en el banquete de tu Señor!"


Publicado por verdenaranja @ 22:27  | Liturgia
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