Martes, 11 de noviembre de 2008

Saludo dirigido al Santo Padre Benedicto XVI por el Card. Julio Terrazas Sandoval Arzobispo de Santa Cruz y Presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana durante la audiencia general tenida el 10 de noviembre con motivo de la visita Ad Limina Apostolorum.



Discurso del Card. Julio Terrazas Sandoval,  Arzobispo de Santa Cruz

y Presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana,

durante la visita Ad Limina Apostolorum

 

Santo Padre: 

 

Los pastores de la Iglesia en Bolivia venimos con gozo y esperanza a Roma, ciudad en la que se escribió la historia del testimonio de fe y amor de los Apóstoles Pedro y Pablo. Legamos como peregrinos buscando acrecentar la comunión con el Pastor de la Iglesia universal y fortalecer la fe animados por el luminoso ejemplo de los Apóstoles. Nuestro gran deseo es que este encuentro se convierta en vivencia de todos nuestros sentimientos de afecto al sucesor de Pedro.

 

Antes de la Visita ad limina hemos querido hacer un alto en el camino con un retiro espiritual en La Verna: el silencio de la montaña, la oración, la meditación de la Palabra en aquel lugar donde Francisco fraguó su amor incondicional al Señor y a su Iglesia, nos han brindado la certeza de que este primer encuentro de nuestra Conferencia con Su Santidad, nos animará a “remar mar adentro” en la actual situación que vive nuestro país.

 

Somos portadores del profundo cariño y afecto que el pueblo de Dios  en todos sus sectores profesa al sucesor de Pedro. Sus enseñanzas, llenas de luz y fuerza evangélica, animan la vida y manifiestan el rostro de Dios en creyentes y hombres de buena voluntad. Todos coinciden en agradecer sus palabras de aliento en la prueba para seguir penetrando el misterio de amor de un Dios que envió a su Hijo para salvarnos.

 

Las Encíclicas “Deus caritas est” y “Spe salvi”, así como la Exhortación Apostólica “Sacramentum caritatis” han calado en la conciencia y el caminar de nuestra Iglesia. Ocupa también un espacio privilegiado su hermosa obra “Jesús de Nazaret”, regalo de Su Santidad en el que conjunciona la vivencia de fe con un profundo contenido bíblico – teológico que enriquece nuestro espíritu. De la misma manera, sus vivenciales homilías alimentan el alma y nos llevan a renovados y actualizados  compromisos.

 

Santo Padre, le expresamos, de un modo especial, nuestra gratitud por su presencia cercana en Aparecida. Allí, con una admirable sencillez, pronunció palabras proféticas que alentaron y despertaron a América Latina y el Caribe a ser “misioneros del Evangelio, no sólo con la Palabra, sino sobre todo con la propia vida, entregándola  inclusive hasta el martirio” (A. Mensaje final, 4)

 

También nos ha conmovido que, en medio de sus múltiples solicitudes por la Iglesia universal, Ud. haya manifestado su preocupación y nos ha asegurado su oración en los momentos difíciles que ha vivido y vive nuestro país. Le agradecemos sus desvelos de Pastor por nuestra Iglesia que, entre logros y dificultades, avanza hacia la plena y definitiva manifestación del Reino de Dios.

 

Dentro de ese espíritu, queremos presentar a su corazón de Padre y Pastor “los gozos y esperanzas, las tristezas y angustias” de nuestro país.  Todo esto en forma somera, ya que cada hermano Obispo ha tenido la oportunidad de abundar sobre lo que el Espíritu realiza en su Iglesia mediante los informes quinquenales enviados con antelación. Entre los gozos podemos resaltar:

 

La “Misión Continental” que lanzaremos a inicios del próximo año, para despertar todo el impulso misionero en nuestros fieles  y en los  sectores del Pueblo de Dios en Bolivia.

 

El nuevo Enfoque y Directrices Pastorales de nuestra Conferencia Episcopal, que busca “iluminar, animar y acompañar la vida y la acción pastoral de las Iglesias particulares de nuestro país”, durante el próximo quinquenio.

 

La valoración creciente de la Eucaristía dominical y el anuncio de la Palabra de Dios como  centro de la vida de la comunidad eclesial y de su compromiso para que todos en Cristo tengan vida.

 

La presencia de religiosos y misioneros, que entregan sus vidas al servicio del pueblo de Dios con generosidad en tantos lugares alejados y abandonados y, muchas veces, en situaciones muy precarias.

 

Particular empeño ha merecido la promoción de la Pastoral Vocacional dinámica y creativa en todos los ámbitos eclesiales, reavivando un despertar esperanzador entre los jóvenes a nuevos ideales. Aunque es justo reconocerlo, nos queda un largo camino a recorrer para responder a todas las necesidades pastorales de nuestros fieles y a los nuevos desafíos que se nos presentan.

 

Siguiendo las indicaciones de Aparecida, estamos implementando itinerarios formativos de la iniciación cristiana y la formación permanente de los bautizados, fundamentada en la Biblia, la Tradición, el Magisterio de la Iglesia y la Doctrina Social, que iluminen la vida y motiven el compromiso personal, comunitario y social, y así cubrir con urgencia un  vacío de liderazgo hoy existente en la construcción de una sociedad justa y solidaria que no conviva  más con la postergación de miles de hermanos.

 

Pero tampoco faltan los momentos de zozobra y desconcierto. En Bolivia vivimos tiempos de cambios profundos. Se proyecta refundar Bolivia para convertirla en una tierra sin pobreza, problema que aún azota a la mayoría boliviana, una tierra en la que terminen las injusticias seculares, y la discriminación y exclusión social. Sin embargo, las medidas políticas y los mecanismos jurídicos puestos en marcha hasta hoy, no parecen suficientes y adecuados para construir juntos una Bolivia para todos.

 

Preocupa que este proceso de cambio no encuentre aún canales que respondan al valor y riqueza espiritual de todo un pueblo que soñaba con caminos de justicia y de paz. Ha crecido la intolerancia, se ha enrarecido la fecundidad de un diálogo racional, se ha renunciado con frecuencia a la cordura, para recurrir a la violencia física, verbal y ética que siembra desconcierto, dolor y luto en el país.

 

Seguimos con inquietud la reaparición de nuevas exclusiones, el aumento del revanchismo, del odio, del racismo y hasta de signos de xenofobia. Estas manifestaciones, vividas con una fuerte intensidad, han debilitado el estado de derecho y la institucionalidad de los organismos que tienen que garantizar la democracia.

 

En este proceso, no ha faltado nuestra palabra de Pastores llamando constantemente a la reconciliación, al perdón, a la cordura, al diálogo y a la oración por la paz. De manera especial hemos ofrecido nuestro aporte y reflexión al proyecto de la nueva Constitución Política del Estado y a los Estatutos autonómicos, desde los principios evangélicos y la Doctrina Social de la Iglesia.  En esas orientaciones pastorales hemos insistido en aspectos fundamentales como, la sacralidad de la vida, la dignidad de la persona humana, la libertad, el bien común y la convivencia democrática.

 

Hemos vivido momentos de intensa incertidumbre que felizmente se han aplacado después de una larga y penosa búsqueda de consensos para servir al país integralmente.  Destacamos el hecho de que tantos los líderes como los grupos y personas que se han movilizado en búsqueda de un futuro mejor, no hayan sucumbido al lenguaje de algunos revanchistas o articuladores de violencia.

 

Mientras anhelamos que se instaure una cultura de paz, seguiremos insistiendo en que todos se comprometan a la creación de una paz duradera que sea expresión clara y concreta de las raíces culturales y herencia cristiana de nuestro pueblo.

 

Santo Padre, estos y otros muchos son los desvelos que desafían nuestra misión de Pastores. Hoy se los confiamos y compartimos con Usted, seguros de poder contar con sus oraciones y su palabra iluminadora y de aliento, que con mucha alegría transmitiremos a nuestro Pueblo.

 

Agradecemos de todo corazón la acogida cálida y fraterna que nos ha dispensado y le pedimos su bendición apostólica para que en nuestra querida Bolivia se instaure plenamente la justicia, la reconciliación, la libertad y el amor, fundamentos de la paz. Extienda Santo Padre su bendición a todo el pueblo de Dios: a nuestros fieles laicos, a los jóvenes, a nuestros presbíteros, a la vida consagrada, a nuestros monasterios de vida contemplativa y, de manera especial, a nuestros seminaristas y sus formadores.


        
Ciudad del Vaticano - Noviembre 2008 

 

Card. Julio Terrazas Sandoval,

Arzobispo de Santa Cruz y Presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana 


Publicado por verdenaranja @ 23:04  | Hablan los obispos
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