Mi?rcoles, 12 de noviembre de 2008

 Mensaje del Arzobispo de Burgos Don Francisco Gil Hellín con motivo de la celebración del "Día de la Iglesia Diocesana".

 Tú eres testigo 
   

                   

                   

         «Tú eres testigo» es el lema del ya inminente «Día de la Iglesia Diocesana». No es un eslogan sino que responde a la realidad. Efectivamente, «tú eres testigo» de que la Iglesia, la diócesis y las parroquias realizan una importante tarea tanto en ámbitos que afectan a los creyentes como en sectores sociales que benefician a todo tipo de personas, independientemente de cuál sea su raza, lengua o religión. Para comprobarlo, bastaría girar una visita un día cualquiera a nuestra Cáritas Diocesana de la Calle de san Francisco -que el año pasado invirtió más de tres millones de euros para cubrir diversas necesidades, o a cualquiera de las muchas Cáritas Parroquiales.


Pero Cáritas no es la única institución que realiza en la diócesis una función de carácter social. Baste pensar, por ejemplo, que en Burgos existen unas mil parroquias diseminadas por toda la geografía de la provincia y que gracias a ellas la Iglesia se hace presente en todos nuestros pueblos, barrios y ciudades. Esta presencia abarca todo el arco de la vida humana: desde el Bautismo de los hijos hasta el entierro de nuestros mayores, pasando por la Primera Comunión, el Matrimonio o las bodas de Plata y Oro. En las parroquias se educa a los niños, a los jóvenes y a los adultos. Se celebran las fiestas patronales y locales, así como todos los acontecimientos festivos que jalonan el año.


Nuestra iglesia diocesana realiza también una muy meritoria labor en el terreno de conservación y mejora del Patrimonio artístico. Además de las importantes obras realizadas en la Catedral, se está llevando a cabo una tarea, mucho menos vistosa pero valiosísima, de conservación y mejora en tantas iglesias y ermitas de pueblos muy pequeños; así como la construcción de nuevas parroquias y casas parroquiales.

Como es lógico, la Iglesia no se siente satisfecha de esta labor, sino que desea ampliarla, sin invadir espacios que no sean de su competencia. Su ilusión sería que no hubiera ni una sola persona necesitada, sea del color o religión que sea, que quedase al margen de su cuidado humano y espiritual. De hecho, siente una gran alegría cuando ayuda a los pobres de otras partes del mundo. El año pasado, por ejemplo, envió casi medio millón de euros a las misiones de diversos países y un cuarto de millón al Tercer Mundo, a través de Manos Unidas.


Para todo esto, así como para cubrir la retribución del Clero y empleados seglares que trabajan a su servicio, se necesitan recursos económicos. Como es sabido, desde hace más de un año el sostenimiento de la Iglesia Católica depende exclusivamente de los católicos, pues ha desaparecido la partida asignada a la Iglesia Católica en los presupuestos del Estado. Además, ya no existe la exención del IVA. Ante este nuevo marco económico, los católicos españoles –y quienes, sin serlo, valoran la acción de la Iglesia-, están respondiendo con generosidad a su llamada.


Estoy seguro de que la crisis económica no impedirá que la respuesta continúe; más aún, que sea incluso más generosa. Ciertamente, habrá personas que no podrán aportar más que su buena voluntad. Pero habrá otras que serán capaces de seguir poniendo en las manos limpias y eficaces de la Iglesia una parte de sus bienes, para que la Iglesia siga ayudando a los demás, especialmente a los más necesitados y desfavorecidos.


Ante el «Día de la Iglesia Diocesana», que se celebrará el domingo 16 de noviembre, sugiero a todos los católicos y personas de buena voluntad que hagan una aportación generosa en la colecta y –si les es posible- domicilien en el banco una ayuda periódica. Entre todos podremos seguir ayudando, por amor, a los demás, y fomentando espacios de acogida y fraternidad. No perdamos de vista que la crisis económica afectará de modo especial a los pobres y marginados, que serán los primeros en acusar los efectos del desempleo, las hipotecas y la carestía de la vida.


† Francisco Gil Hellín
Arzobispo de Burgos      

 

 

 


Publicado por verdenaranja @ 23:03  | Hablan los obispos
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