Mi?rcoles, 12 de noviembre de 2008

Artículo semanal del Padre Fernando Lorente, o.h. publicada en EL DÍA el miércoles 12 de Noviembre de 2008 en la sección CRITERIOS bajo el epígrafe “Luz en el Camino”.

 

LUZ EN EL CAMINO FERNANDO LORENTE O.H. *

 

Nuestra sociedad: ¿a dónde la llevamos?

 

¿Y DÓNDE la quiere Dios? Estamos viviendo unos tiempos en que la necesidad más importante es desmitificarlo todo, destruir fachadas, echar abajo sistemas e ideologías para preguntarse qué es lo que puede quedar realmente como importante. Los empeños de muchos políticos avanzan por este sendero y el resultado -como lo más importante que saben hacer- ahí está: corrupción; ahora crisis económica con todas sus consecuencias. El ser humano, sea o no político, tiene otros destinos de la máxima importancia. Para Cristo lo único importante y decisivo es que el ser humano sepa amar a Dios y al prójimo. Ahí se encierra como en germen todo lo que la Humanidad ha de desarrollar.


Actualmente, con fines naturales, sociales y políticos, se habla y se escribe mucho sobre el amor al prójimo. Del amor a Dios apenas habla nadie en esta sociedad cada vez más insensible al encuentro con Dios vivo y eterno. Y, sin embargo, según Cristo "este mandamiento es el principal y primero". Sería una grave equivocación olvidarlo. Dios es algo más profundo. Nosotros estamos dispuestos a dar cualquier cosa antes que darnos a nosotros mismos.


El amor a Dios exige la entrega total de nuestro ser, que es la liberación progresiva de nuestro egoísmo, de ese amor que vivimos sólo para nosotros nos tenemos a nosotros mismos. Sin esta entrega y liberación nunca encontraremos la verdadera orientación de nuestra existencia hacia el verdadero amor en nosotros mismos con los demás.


Vivir este amor es conocer esta afirmación: que se puede no ser cristianos y amar, pero lo que no se puede es ser cristiano sin amar. Se puede adornar la práctica religiosa, con un largo surtido de palabras y gestos de amor a Dios; pero si todos esos gestos externos no han pasado por el crisol del amor al prójimo no podrán engendrar un solo acto verdadero de amor a Dios. El amor de Dios y el amor al prójimo son los dos grandes pivotes alrededor de los cuales gira el entramado religioso de los seguidores de Cristo, que siempre han existido y seguirán existiendo. Con todos los defectos de nuestra época tecnificada, hedonista y consumista, con todos los riesgos intraeclesiales y sus tensiones internas... hay que admitir que el amor heroico, el servicio abnegado, la entrega generosa, el compromiso con los pobres, la comunicación de bienes, la solidaridad con los marginados son hoy una realidad constatable y experiencia edificante protagonizada por miles de hermanos y hermanas que han comprendido, desde una opción social, religiosa, y hasta rectamente política, tomada desde la fe, que el único camino que lleva a Dios es el ser humano.


En esta empresa de amor, siempre hay trabajo "fijo" y nunca hay "paro". Hay trabajo a todos los niveles y para todas las capacidades profesionales. El reglamento laboral que aplicaríamos en nuestro tiempo es muy sencillo y de pocas palabras. El de S. Juan de Dios reza así: "Dios delante sobre todas las cosas del mundo... Y en nombre de nuestro Señor Jesucristo y de la Virgen María"... Si acá venís (a su hospital), no habéis de venir sino para trabajar y no holgar, que al hijo más querido se le dará mayores trabajos". "Tened siempre caridad que donde no hay caridad no hay Dios, aunque Dios en todo lugar está"... "Haceos bien a vosotros mismos dando limosna (de vuestros bienes materiales o de toda vuestra vida) a los pobres"...


Quizás a muchos de nuestra época ¿no les hubiera gustado compartir la vida con el Cristo físico de hace veinte siglos o con la de algunos de sus seguidores existentes hasta nuestros días, como la vida S. Juan de Dios? ¿Quién se lo impide? Basta con que se acerquen al ser humano, a todos, sin distinción, pero con mirada cristiana, porque Cristo vive su vida en la vida de cada ser humano.

 

* Capellán de la clínica S. Juan de Dios


Publicado por verdenaranja @ 23:13  | Espiritualidad
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios