Jueves, 13 de noviembre de 2008

Comentario al Evangelio  (Lc 17, 26-37) del viernes de la 32 Semana del Tiempo Ordinario sacado del libro “Enséñame tus caminos” de Guillermo Gutiérrez

 

Cuándo y dónde

 

Muy pocos son los despreocupados por el futuro de la vida, pero son muchos los despreocupados por la vida del futuro. Los que preguntan con curiosidad cómo y cuándo tendrá lugar el fin del mundo no suelen inquietarse demasiado por el fin de su vida y por lo que a cada uno espera detrás de su muerte. Si detrás de la muer­te es todo incierto, dicen, aprovechemos las posibilidades reales que se nos ofrecen antes de ese momento.

El evangelio habla de los hombres preocupados por comer, beber, casarse, comprar, vender, plantar, edificar: es el cuadro de actividades humanas de este mundo. Muchos son los acaparados por estas activida­des, como si en ellas consistiera el todo de esta vida, pero la vida no con­siste sólo en eso. Tras la muerte viene un futuro que depende del pre­sente. El paso del presente al futuro llega a destiempo, fuera de todo cálculo y pronóstico, en la hora que a nadie le es dado conocer. Los dis­cípulos deseaban saberlo pero no se les especificó la respuesta. «Se ocul­ta aquel día para que se observen todos» (san Agustín).

Desde los primeros cristianos hasta los Testigos de Jehová han si­do muchos los que han anunciado la inmediata venida. No ha sucedi­do así. La discreta respuesta de Jesús alerta: en cualquier momento puede venir. Sus palabras no responden al cuándo ni al cómo del fin del mundo, sino a la disposición con que hay que estar preparado. El destino se fijará en función de una manera de vivir temporalmente. Sólo los valores espirituales permanecen. La esperanza futura esti­mula a trabajar por un mundo mejor sobre la base de los valores es­pirituales.

 

«Jesús aceptó la muerte con todas sus asperezas para fortalecer la debilidad humana ante la seriedad de nuestra muerte. Con ello abrió de­finitivamente la entrada en el camino que, a través de umbrales nebulo­sos, introduce en el misterio de la vida divina» (B. Welte).


Publicado por verdenaranja @ 20:58  | Espiritualidad
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