Jueves, 13 de noviembre de 2008

El Santo Padre Benedicto XVI ha recibido en audiencia el 6 de noviembre, en la Sala Clementina a los participantes en el primer Seminario organizado por el Foro católico-musulmán, instituido por el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso y los representantes de los 138 líderes musulmanes que firmaron la carta abierta a los líderes cristianos el 13 de octubre de 2007.

 

  

Queridos amigos,

Me alegra recibiros esta mañana y os saludo a todos  muy cordialmente. Doy gracias especialmente al Cardenal Jean-Louis Tauran así como a Shaykh Mustafa Cerić y Mr Seyyed Hossein Nasr por sus palabras. Nuestro encuentro tiene lugar en la conclusión del importante Seminario organizado por el “Forum Católico-Musulmán” establecido entre el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso y representantes de 138 líderes Musulmanes que firmaron la Carta Abierta a los líderes Cristianos de 13 de Octubre de 2007. Esta reunión es un claro signo de nuestra mutua estima y nuestro deseo de oírnos respetuosamente uno a otro. Puedo aseguraros que he seguido unido a la oración el progreso de vuestro encuentro, consciente que representa un paso más a lo largo del camino hacia un mayor entendimiento entre Musulmanes y Cristianos dentro del marco de otros encuentros regulares que la Santa Sede promueve con diversos grupos musulmanes. La Carta Abierta “Una Palabra Común entre nosotros y vosotros” ha recibido numerosas respuestas, y ha dado incremento al diálogo, iniciativas específicas y encuentros,  encaminados a ayudarnos a que nos conozcamos  unos a otros más profundamente y a crecer en estima por nuestros valores compartidos. El gran interés que el presente Seminario ha despertado es un incentivo para que aseguremos que las reflexiones y los desarrollos positivos que emergen del diálogo Musulmán-Cristiano no sean limitados a un pequeño grupo de expertos y eruditos, sino que sean pasados como un legado precioso que sea puesto al servicio de todos, que lleve fruto en el modo de vivir cada día.

 

El tema que habéis elegido para vuestro encuentro – “Amor de Dios, Amor del prójimo: La Dignidad de la Persona Humana y Respeto Mutuo” – es particularmente significativo. Ha sido tomado del la Carta Abierta, que presenta el amor de Dios y el amor del prójimo como el corazón del Islam y del cristianismo por igual.  Este tema realza aún más claramente los fundamentos teológicos y espirituales de una enseñanza central de nuestras respectivas religiones.


La tradición cristiana proclama que Dios es Amor (cf. 1Jn 4,  16). Fue por amor que él creó todo el universo, y por su amor  llegó a hacerse presente en la historia humana. El amor de Dios ha llegado a ser visible, manifestado plena y definitivamente en Cristo Jesús. Así Él  bajó a encontrar al hombre y, permaneciendo Dios, asumió nuestra naturaleza. Él se dio así mismo en orden a restaurar la dignidad plena a toda persona y a traernos la salvación. ¿Cómo podríamos explicar siempre el misterio de la encarnación y de la redención si no es por el Amor? Este amor infinito y eterno nos capacita para responder dando todo nuestro amor a cambio: amor a Dios y Amor al prójimo. Esta verdad, que consideramos fundacional,  fue la que deseé resaltar en mi primera Encíclica, Deus Caritas Est, ya que esta es una enseñanza central de la fe cristiana. Nuestra llamada y misión es participar libremente con otros del amor que Dios derrama sobre nosotros sin ningún merecimiento por nuestra parte.

 

Sé bien que los Musulmanes y los Cristianos tienen diferentes enfoques en temas que se refieren a Dios. Sin embargo podemos y debemos ser adoradores del único Dios que nos creó y se preocupa de cada persona por todos los rincones del mundo. Juntos podemos  mostrar, por nuestro respeto mutuo y solidaridad, que nos consideramos miembros de una familia: la familia que Dios ha amado y reunido juntamente desde la creación del mundo hasta el fin de la historia humana.


Me alegra saber que vosotros fuisteis capaces  en este encuentro de adoptar una posición común sobre la necesidad de adorar a Dios totalmente y a amar a nuestros prójimos y prójimas desinteresadamente, especialmente a aquellos en peligro y necesidad. Dios nos llama a trabajar juntos por el bien de las víctimas de enfermedad, hambre, pobreza, injusticia y violencia. Para los cristianos, el amor de Dios está inseparablemente unido al amor de nuestros hermanos y hermanas, de todos los hombres y mujeres, sin distinción de raza y cultura. Como San Juan escribe: “Aquellos que dicen, amo a Dios, y odian a sus hermanos y hermanas son mentirosos; porque aquel que no ama a su hermano o hermana a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto” (1Jn 4, 20).

 

La tradición musulmana es también completamente clara al alentar el compromiso práctico del servicio al más necesitado, y de buena gana recuerda la “Regla de Oro” en su propia versión: vuestra fe no será perfecta, a no ser que hagáis a los otros eso que deseáis para vosotros mismos. Por lo tanto deberíamos trabajar juntos en promover el respeto sincero por la dignidad de la persona humana y los derechos humanos fundamentales, auque nuestras visiones antropológicas y nuestras teologías justifiquen esto por diferentes caminos. Existe un gran y extenso terreno en el que podemos actuar juntos por defender y promover los valores morales que son parte de nuestra herencia común. Solo empezando por el reconocimiento de la centralidad de la persona y la dignidad de cada ser humano, respetando y defendiendo la vida que es el don de Dios, y por tanto es sagrada para los cristianos  y musulmanes igualmente – solo sobre la base de este reconocimiento, podemos encontrar  un terreno común para construir un mundo más fraternal, un mundo en el que las confrontaciones y diferencias sean tranquilamente resueltas, y el poder devastador de ideologías  sea neutralizado.


Mi esperanza, una vez más, es que estos derechos humanos fundamentales  sean protegidos por todas las personas en cualquier lugar. Los líderes políticos y religiosos tienen el deber de asegurar el libre ejercicio de la religión. La discriminación y violencia que incluso hoy día experimentan personas religiosas por todo el mundo, y las persecuciones a menudo violentas a la que ellos están sometidos, representan actos inaceptables e injustificables, aún más graves y deplorables cuando son realizados en el nombre de Dios. El nombre de Dios solo puede ser un nombre de paz y fraternidad, justicia y amor. Tenemos el reto de demostrar, por nuestras palabras y sobre todo por nuestros hechos, que el mensaje de nuestras religiones es infaliblemente un mensaje de armonía y entendimiento mutuo. Es esencial que obremos así, no fuera que debilitemos la credibilidad y la efectividad no sólo de nuestro diálogo, sino también de nuestras religiones mismas.


Pido que el “Forum Católico-Musulmán, ahora confidentemente dando sus primeros pasos, pueda llegar a ser siempre más un espacio de diálogo, y nos ayude a pisar juntos el camino hacia un conocimiento siempre más pleno de la Verdad.  El encuentro presente es también una ocasión privilegiada a comprometernos a una búsqueda más sincera por el amor de Dios y amor del prójimo, condición indispensable para ofrecer a los hombres y mujeres de nuestro tiempo un auténtico servicio de reconciliación y paz.

 

Queridos amigos, unamos nuestros esfuerzos, animados por la buena voluntad, en orden a superar todos los malentendidos y desacuerdos. Decidámonos a s superar prejuicios pasados y a corregir las imágenes a menudo distorsionadas  del otro que incluso hoy día pueden crear dificultades en nuestras relaciones; trabajemos con uno y otro para educar a todas las personas, especialmente a los jóvenes., para construir un futuro común.

 

Quiera Dios mantenernos en nuestras buenas intenciones, y capacitar  nuestras comunidades a vivir consecuentemente la verdad del amor, que constituye el centro del hombre religioso, y es la base del respeto por la dignidad de cada persona. Quiera Dios, el único misericordioso y compasivo, asistirnos en esta desafiante misión, protegernos, bendecirnos e iluminarnos siempre con el poder de su amor. ((2008-11-06)

(Traducción particular no official desde el ingles)

Texto completo del discurso del Santo Padre, en inglés
http://www.evangelizatio.org/portale/adgentes/pontefici/pontefice.php?id=1272


Publicado por verdenaranja @ 22:51  | Habla el Papa
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