Martes, 25 de noviembre de 2008

Información sobre el Siervo de Dios Manuel Aparici enviada por Carlos Peinó Agrelo, peregrino, cursillista, colaborador en la redacción de la Positio super virtutibus.

LA ENFERMEDAD
PRIMERA ETAPA DE DOLOR
SEGUNDA Y TERCERA ETAPA DE DOLOR
CUARTA ETAPA DE DOLOR



APÓSTOL CON VOCACIÓN DE CRUCIFICADO QUE ÉL MISMO PIDIÓ A CRISTO

QUINTA ETAPA DE DOLOR
Año 1960: Su mejoría, aunque lentamente,
va consolidándose.  

         Con fecha 17 de febrero contesta a la carta de Sor Carmen 

         «Amada en Cristo Madre Carmen Teresa de Jesús, Priora del Palomarcico de Fuenterrabía:

         »Con la ayuda de Dios voy a tratar de contestar a tu carta de Madre Priora; es decir Madre portavoz o amanuense de esa Santa Comunidad de Carmelitas Descalzas, que nuestro amorosísimo Padre celestial ha querido darme como ángel de consuelo y confortación en el Getsemaní de mi vida.

         »Si el Señor me hace consideraros así, ¿cómo tus cartas pueden producirme empacho o enojo? Todo lo contrario, pues la letra, las voces, las casullas podrán ser de la Priora o de la Comunidad, pero el espíritu que las anima y vivifica es el de la Divina Paloma que anidó en las almas que Él eligió para desposarlas consigo en ese santo palomar. Me consuelan y confortan tus cartas; si al Señor, que era el Santo de los Santos, le alentó y confortó el ángel que el Padre le envió ¿cómo a mí que soy un pobre pecadorcillo (pues ni aún soy grande) no me han de consolar las pruebas de amor que Dios me da por medio de sus santas monjitas?

         »¿Por qué entonces tardo tanto en contestar? Por varios motivos: la máquina no la domino y me cansa, a mano también soy lento y me cansa, alguna que otra visita que se entrecruzan y, sobre todo, porque estoy –como dicen– bajo de forma y perezoso para reaccionar; y claro es, como no he perdido el sentido de la responsabilidad, al escribir tengo que cuidar de no perjudicar ningún alma de las que el Señor ama; y como por otra parte tengo que enfrentarme conmigo mismo y al enfrentarme comprendo que Jesús me está pidiendo mucho que no le doy, pues retraso el escribir para retrasar el enfrentarme, pues si me enfrento no tendré más remedio que rendirme totalmente a las exigencias de su Amor; por eso ahora en la Septuagésima escribo para reanimar mi vida al conjuro de sus divinas palabras:·”He aquí que subimos a Jerusalén, donde el Hijo del Hombre, le azotarán, escupirán y darán bofetadas, y lo entregarán a los gentiles y le darán muerte; y resucitará”; pues pese a todo: a las lecturas frívolas, a las desganas, a la falta de ratos de oración, si Él me preguntara tendría que decirle como San Pedro: Tú sabes que te amo.

         »José Manuel [de Córdoba, sacerdote] sigue viniendo, incluso me preguntó si tendría inconveniente en dirigirle; yo le contesté que probaríamos, con plena libertad de dejarme si no convenía a su alma, ya que por eso no se iba a enfriar nuestra amistad.

         »Me duele el poco aprecio que se hace hoy de los mártires.

         »La comencé en la Vigila de Pentecostés, pero visita de familiares me impidió terminarla y hoy feria tercera la continúo.

         »Como te decía antes espero inaugurar el Oratorio en este mes. Un grupo de ex-jóvenes que actuaron conmigo como Rectores de Cursillos de Militantes de Cristiandad me lo regalan; tuve hace unos días pintores, ayer acuchilladores y volverán mañana, y espero que en esta semana traigan los cortinajes de fondo y el Altar, y todo esto me tiene un poco ocupado y algo fatigado, aunque gracias a Dios sin que la mejoría se resienta.

         »Termino para no diferir más la salida de ésta.

         »Con todas mis bendiciones para esa Venerable y amada Comunidad queda siervo vuestro en Cristo Jesús» [1].

         Siete días después le escribe de nuevo

         «Amada en Cristo, Madre Priora:

         »Esta vez no estará quejosa tu Reverencia de tardanza en contestar. Seguramente mi carta anterior se cruzó con la tuya que recibo hoy.

         »Esta viene a ser contestación de la anterior. No daba noticias de mi salud; ésta me permite celebrar ya tres veces por semana, sentado, claro es, pero ya es un avance; el médico no espera mejoría hasta que me haga la punción abdominal, ya que dice que tengo una scitis (hidropesía) residual que es lo que me produce la fatiga y que por la vía normal no eliminaría o tardaría tres o cuatro años. Espero que en abril me pinchen y si Dios quiere, mejorar.

         »De salud del alma también estoy mejor. Jesús me urge, siento que quiere que esta Cuaresma viva muy unido a Él; estoy empezando otra vez las meditaciones y consideraciones del mes de Ejercicios de San Ignacio y ruego la ayuda de mis monjitas de Fuenterrabía, mías, porque son de Cristo y Él también quiere hacerme todo y sólo suyo, aunque le ponga pegas y más pegas. Y también tendré especialmente presente a esa amada Comunidad durante la Santa Cuaresma.

         »Bien haces siguiendo el consejo de San Ignacio para cuando el alma se encuentra en consolación..

         »Yo me encuentro como quien perdió la hacienda; hay que reconstruirlo todo: hábitos de oración, examen, lecturas, etc., pero, pese a todo, tengo alegría y paz; confío en que Él, en cuanto me vea empezar a corresponder a su gracia, lo hará todo.

         »En fin, creo que vuestras reglas en Cuaresma os impiden la correspondencia, entonces hasta el Aleluya de Pascua.

         »Saludos  a  mi Capellana y encomendándome a esa Comunidad las bendice en el Señor»  

         El 10 de Mayo la vuelve a escribir 

         «Carísima en Cristo Madre Carmen:

         »Unos renglones para acusar recibo de la última y darle noticias mías.

         »Hoy, por la infinita bondad del Señor, he recibido la bendición con el Santísimo, después de casi tres años de no poder visitar físicamente un Sagrario. Esto quiere decir que estoy mejor, llevo ya unas cuantas salidas y hoy, en taxi, me fui al Seminario para asistir y tomar parte en el ejercicio de las flores. ¡Qué bueno es el Señor! Él y su Madre me llevaron con su gracia hasta este Sagrario y esta Capilla en la que tantísimas veces me manifestó su Amor, con su presencia en la Eucaristía, en mis superiores, en los hermanos, en los libros, Él me hizo sentirme como en el vientre virginal de la Iglesia para que nuestra Madre me gestara como nueva criatura que recibiera el sacerdocio santo de su Esposo.

         »¡Qué vida aquella! Continuamente las saetas del amor Divino herían mi pobre alma para renovarla encendiándome en el ansia de ese día de la ordenación en el que empecé a ofrecerle a Dios el propio Hijo de su Amor para amarle como Él merece ser amado, con el Corazón Santísimo de su Hijo y en Él, con Él y por Él, con el de Nuestra Santísima Madre y el amor de todos sus santos del cielo y de la tierra. Y hoy por la infinita bondad del Señor ese Sacramento del Orden, por el que me participó sus poderes sobre su Cuerpo Físico y Místico, me permite ofrecerle sacramentalmente por mis propias manos, corazón, entendimiento y voluntad ungidas con la gracia que exige el carácter sacerdotal. Yo, gracias a Dios, estoy más convencido (sin falsas modestias) de mi pequeñez, no por criatura, sino por mis pecados, infidelidades, regateos, indiferencias de horas, de días ante su sed; pero también cada día creo más en su Amor y me duele amarle tan poco y sólo ofreciéndole su propio Amor manifestado en María y su Iglesia y su Amor oculto … que encierra su Divino Corazón que bastaron a inflamar en amor a todas las humanidades posibles en esos 400.000 millones de nebulosas con sus 400.000 millones de soles cada una y que aún quedaría intacto, se pueden pacificar un poco las ansias que Él posee.

         »Así es mi vida: un continuo desear, pero siempre con las manos vacías, y no teniendo propio más que miserias las ofrezco al Padre lo que Él me dio su propio Hijo y en su Corazón refugio de pecadores mi miseria.

         »Trataré de redactar para la querida Comunidad de Carmelitas de Donamaría unas  notas para el retiro el Domingo 29 Infraoctava de la Ascensión; tal vez resulte un poco largo, pues aunque “servata proporcione” quisiera imitar a San Juan “lo que vivimos y palpamos y tocamos con nuestras manos del Verbo de la Vida eso es lo que os anunciamos para que tengáis unión con nosotros y nuestra unión sea en el Padre y en su Hijo Jesucristo. Y os escribimos para que tengáis gozo y vuestro gozo sea completo” y trataremos algo de la Resurrección y Ascensión como aceptación y estipendio del Padre del sacrificio de su Hijo, Pentecostés como estipendio anticipado de la Trinidad por las Misas que Cristo-Sacerdote celebraría a través de los tiempos por manos de sus sacerdotes, y con la cooperación de su pueblo fiel y María porque es mucho para vosotras y para mi pensar, era Ella siempre, pero aún más en el mes de mayo.

         »Ana María [hermana de Sor Carmen] te enviará la copia de unas notas de uno de los Retiros que di a mis jóvenes en el Año Mariano, las encontré y por si le eran útiles se las dejé para que sacara copias y una os la enviara por si también os podían servir para algo.

         »Y ahora para daros otra alegría os pido seis purificadores y un amito; no urgen pues tengo seis, pero están un poco pasaditos y amitos tengo dos, pero uno es el de mi ordenación que quisiera reservar para las solemnidades.

         »Y nada más por hoy pues tengo que dedicarme a ponderar en mi corazón todas esas cosas que el Señor me ha hecho barruntar para nuestro día de Santo Retiro.

         »Encomendándome  a  las  oraciones de esa Comunidad queda su siervo in Corde Jesus.

         »P/S. Comenzada el 10, terminada el 12» [3]. 

         A primeros de julio, día 1, contesta brevemente a varias cartas de Sor Carmen        

         «En el Señor amada Madre Priora:

         »Contesto brevemente a las varias cartas que debo; así se lo hacía entrever a tres seminaristas salmantinos que me visitaron ayer. Allá en el Seminario muchas veces Jesús me lo hizo presente, no te prometo sino que no es el siervo mayor que su Señor ni el enviado mayor que quien le envía, como me han seguido a mí os seguirán a vosotros: te aguarda la soledad, el abandono, la incomprensión, el olvido, la enfermedad, la desolación, incluso el sentirte abandonado de mí, a pesar de esto, ¿quieres qué te participe mi sacerdocio? Y en mi alma, su gracia, le contestó: precisamente porque me prometes la cruz me atrevo a pedirte que me participes tu sacerdocio, pues ¿cómo podría sin crucificarme contigo participar de tu sacerdocio? ¿Cómo, pues, no estar contento cuando Jesús es fiel? Todo Getsemaní es precedido de un Domingo de Ramos: eso fue mi vida casi hasta la enfermedad, pero ¿no son Getsemaní y el Calvario, el Huerto y el Monte dónde nos amaste?

         »Él nos dijo los cielos y la tierra pasarán, pero mi palabra no pasará, y aquella palabra suya que públicamente me hizo leer en Isaías cuando por vez primera ejercí el Orden del subdiaconado: “Aunque una madre pudiera olvidarse del hijito de sus entrañas yo no me olvidaré de ti, dice el Dios omnipotente”. Por eso, espero que me hago todo suyo, cada vez que urge más y yo también os urjo hermanas del Carmelo: ¿si supierais un poquito de los terribles peligros que acechan a los jóvenes de uno y otro sexo, a los sacerdotes, a los casados, a todos los hijos de Dios?

         »Recuerda lo que le hice considerar a Antonio [hermano de Sor Carmen]: sabemos que Jesús nos llama a ser santos, mientras no lo seamos podemos ser los dos únicos que le faltan para completar el número de los que Dios tiene acordados que son suficientes para perdonar y santificar a las gentes de España.

         »Por eso hermanas, cuando sepamos de pecado golpeémonos el pecho porque Él nos escogió para que en Él, por Él y con Él ser pago de redención por muchos y le estamos fallando y por eso las almas privadas del auxilio que habíamos de prestarlas en Cristo y a que tenían derecho caen en el pecado.

         »Pedid mucho por dos almas que se ven azotadas de muchas tentaciones y que Él ha puesto en mi camino.

         »En Cristo unidos» [4]. 

         Días después, el 12 de julio, le escribe de nuevo 

         «Amada en Cristo Madre Priora:

         »Dos líneas para unirme espiritualmente a la Rvda. Comunidad en la fiesta de la Virgen y en vuestra clausura. Os mando unas cuartillas, por si os sirven, escritas a vuela pluma; son un trozo de mis ansias de lo que le pido a la Madre que sea mi vida. Ayudadme a alcanzarlo. Espero confiado en María y Jesús, pero duele tardar porque es la sed suya la que empieza a arder en mis venas.

         »Pedir mucho por esos queridos hermanos sacerdotes […] que han padecido esa obcecación.

         »Que Dios os bendiga hermanitas de plegaria; con todo el corazón os bendice este pobre sacerdote del Señor» [5].

          El 29 de noviembre, le escribe Sor Carmen, Priora, con el cariño de

         siempre y un humor más que saludable 

         «Amadísimo en el Señor:

         Unas letritas para mandarte la copia del retiro. No lo hemos hecho aún, pero al copiarle me afirmo en lo que te decía el otro día. Siempre que puedas no dejes de hacérnoslo porque nos hace francamente bien.

         »Estoy francamente contenta de la marcha de la Comunidad y, si no es mi optimismo o pasión de Madre, te digo francamente que me maravillo de cómo el Señor va realizando todo lo que Él me ha hecho desear. Leo lo que N.M. Santa Teresa dice de sus primeros conventos y pienso que no podría decir otra cosa en este caso salvo en lo de las mercedes extraordinarias que a veces me parece que un poco en N.M. Santa Teresa es influencia de la época y a veces me preocupa de si no vamos por buen camino, pero en cuanto a lo de busca sincera de Dios, alegría, entrega generosa a la voluntad divina, sea como sea, no sé que más pueda hacer, teniendo en cuenta que para la vida espiritual son almas tan nuevecitas. En fin, ayúdame a dar gracias a Dios y pídele que no lo estropee porque bien veo, que con la magnífica disposición que hay, donde podría llegar si no fuera porque yo muchas veces no respondo y me quedo baja en criterios de fe y mucha más baja en la generosidad al actuar.

         »Y respecto a tu alma, por lo que se transparenta en el retiro que tú dices que es algo de lo que la gracia quiere obrar en ella, aunque no tengo ninguna autoridad para dictaminar e incluso tú piensas además que son el cariño y la admiración lo que me hacen pensar así, me parece que no que es el conocimiento de su Amor que Él por tu medio me hizo descubrir lo que me hace pensar que pues Él te ama tanto y su Amor ha sido eficaz hasta aquí. Mira el camino recorrido; no tienes más que ejercitar la confianza para que el Amor suyo pueda invadirte más plenamente y realizar todo su amorosísimo plan. Ya sé por experiencia que es mala la quietud para no verse uno a sí mismo y es malo y difícil verse y no desanimarse, pero como tú mismo me has dicho muchas veces que lo que alaba a Dios no son nuestras cosas sino las misericordias y las maravillas obradas en los hijos de los hombres. Yo no creo que eres santo, pero no dudo de que el Señor por su Amor infinito terminará en ti su obra y fíjate por eso no te mando los originales, porque poca importancia me voy a dar y con tantos autógrafos del santo, aunque lo malo es que tendré que mandarlos todos a la Santa Congregación de Ritos. Por cierto, que tu proceso va a ser eterno porque con todo lo que has escritos … que va a llegar el día del juicio sin que haya dado tiempo a venerarte [6].

         »Bueno en serio. No te desanimes nunca. Mira, yo creo que la gente lo que dice de nosotros es verdad. Yo me creo lo malo que dicen de mí, pero no me parece justo no creerme nada de lo bueno. Pues todos los que me han hablado de ti, con o sin admiración, con cariño o sin apenas conocerte, los que piensan como tú y los que piensan distinto, nadie duda de que ha hecho el Señor en ti y por ti grandes cosas y que has respondido a ellas al menos con una buenísima voluntad. Como sabemos que esta buena voluntad también es regalo suyo, pues sin duda ninguna hay que alabar al Señor por ti constantemente. Hoy estaba leyendo a N.P. San Juan de la Cruz y le he pedido que te puedas aplicar íntegra la segunda parte de aquel verso suyo, así como creo que te puedes aplicar la primera: “Mi vida la he gastado y todo mi caudal en su servicio. Ya no guardo ganado, ni ya tengo otro oficio que ya sólo en amar es mi ejercicio”. Y conste que ya sabes que no creo que dejes de amar ni cuando oyes la radio, ni leas alguna novela, ni el pobre cuerpo y la misma pobre alma se angustien ante el dolor y quedan tristes y agobiadas, como Él quiso estarlo, ante lo largo del destierro y la ausencia sensible del que siempre te está sosteniendo. Pide un poquillo por mí. El día 2 voy a Madrid y he avisado a Córdoba [José Manuel, sacerdote], si no puede ir nada, pero si va que no pierda yo el tiempo y me sirva para poder acercarme luego más a Dios.

         »Que Dios te pague todo con más conocimiento de su amor para que te goces con el gozo suyo y nadie pueda quitarte este gozo.

         »En Él siempre tuya» [7]. 

         El 21 de diciembre, le escribe D. Manuel Pérez Barreiro, buen amigo,      condiscípulo en la  Universidad Pontificia de Salamanca, Facultad de  Teología, y testigo en su Causa de Canonización le 

         «saluda desde Astorga con todo afecto a mi muy amado Manolo, su inolvidable señor Abade, con el calor navideño quiero romper el hielo del silencio epistolar de estos largos meses. Desde nuestra última entrevista mi vida ha sido bastante intensa. Los estudios de Madrid se coronaron con Premio Extraordinario en la defensa de la Tesis; los de Salamanca con la misma calificación en la Tesis Doctoral. Desde entonces vino el verano; en él hice mis Ejercicios y dirigí otras dos tandas; una en León, otra en Navarra; la muerte del Sr. Obispo nos dejó de nuevo sin Pastor. Ahora pido a Dios que mire con cariño por mi Diócesis de Astorga. En el curso sigo como años anteriores con Filosofía y con el Consejo de Mujeres y con Religiosas; éstas me sirven de remanso de paz. En el Consejo procuro dar lo que puedo, poco es, porque son muchas cosas. Este año nos hemos propuesto recorrer la Diócesis y creo que, con la ayuda de Dios, lo conseguiremos. El 30 de octubre hemos tenido la Asamblea Diocesana, pues hemos celebrado varias Asambleas comarcales y hemos visitado varias zonas importantes y, gracias a Dios, observamos que el laicado responde maravillosamente bien.

         »De mi vida esto es lo más saliente: también hay noticias de vida íntima, gracias a Dios, agradables, que cuando te vea, iré desvelándolas poco a poco.

         »De tu salud ¿qué me dices? De tus sufrimientos físicos y morales ¿cómo te encuentras? No te olvides, querido señor Abade, “que omnes qui pie vivere volunt in Christo Jesus, persecutionem patientur”. ¡Qué bien predico! ¿verdad? Pide por mí para que diga menos y haga un poco más.

         »De tus conocidos de Astorga es poco lo que puedo referirte: Bernardo sigue con el Seminario y el Instituto, además de la Canonjía. Bernardino está en Ponferrada, lo mismo que Tino.

         »De tu abaiciño ya ves como camina.

         »Pide por mí; por ti lo hago; estos días mueven la pluma a recordar afectos viejos, que, como el vino, cuanto más añejo mejor es, así ellos son más íntimos y duraderos.

         »Jesús nos dé a gozar las luces de Navidad.

         »Un abrazo y la promesa de oraciones.

         »P/S De Librado he tenido noticias hace cosa de un mes; sigue trabajando y sufriendo un poco; de salud está bien; le he escrito a principios de éste. Vale» [8]. 

Casi finalizado el año, el 27 de diciembre, le escribe desde Ceuta el Dr. Justo L. Martínez de Serdio. Le dice:

         «Querido Manolo:

         »Al cumplirse hoy los 23 años de nuestra promesa de Propagandistas del Consejo Superior, te he recordado con cariño en la Misa y he pedido a Dios te conceda lo mejor de sus dones. Deseo, sobre todo, que te encuentres muy mejorado de tus dolencias.

         »Y no dejes de acordarte de mí y ofrecer algo de tus dolores por quien puedes considerar un hijo en la vocación sacerdotal. Recuerdo aquella tu carta inolvidable y decisiva que yo recibí el 15 de abril de 1938, en Jerez, cuando me creía, por un error afortunado de diagnóstico, con un plazo breve de vida como víctima de una granulia pulmonar total.

         »Saludos a los amigos y hermanos de promoción. Un fraternal abrazo»[9]. 

         Y tres días después le escriben Victoria y Manolo 

         «Querido D. Manuel:

         »No sé de que manera pedirle a Vd. perdón, ya que desde el 7 de julio de 1.960 que me contestó llevo queriendo escribirle y no me decidido hasta hoy en que ya es totalmente imposible. Perdón.

         »Frecuentemente sé de su salud mediante los buenos amigos que Vd. tiene en Toledo.

         »Pedimos para que Jesús le mejore totalmente y le fortalezca por dentro y por fuera en el próximo 1.961. Ójala sea así. Que el Señor deje concluida ya la prueba y le conceda todos los bienes que Vd. se merece y que le deseamos.

         »Reciba nuestra felicitación cariñosa y sepa que el día 1 redoblaremos nuestras oraciones en su favor.

         »La carta ya citada me gustó tanto y es tan buena que innumerables veces la he leído y cada vez me ha hecho mucho bien, pues cada frase es una enseñanza y un motivo para estimularme a ser más santo y dar gracias a Dios por haberle conocido, tan estupendo y tan humilde, aunque tan grande a nuestros ojos y no me cabe duda que a los del Señor también.

         »Comprendo sus razones para hacerme ver que Dios nuestro Padre oculta los defectos de las personas que nos propone como “guías” para arrastrarnos hacia Él.

         ¡»Qué bueno eres, Señor! que a la juventud española la has dado este modelo tan lleno de amor y celo apostólico, tan humilde y desinteresado, tan entregado y probado. El Señor, no me cabe duda, le tiene preparada buena corona como premio a su correspondencia. Él sabe todo cuanto Vd. ha hecho por su amor –mejor que nosotros– y le compensará nuestras omisiones hacia Vd.

         »¡Ojalá comprenda el verdadero sentido de lo que escribo malamente!

         »¡Lástima que la juventud que le tuvo por compañero, después por jefe y posteriormente como pastor bueno, no le imitemos y obedezcamos en su vida y magisterio amoroso!

         »Gracias por las dos veces que ofreció por mi intención la Santa Misa. Cuanto agradezco, cuanto me dice al alegrarse de que le encomendara una en acción de gracias. Verdaderamente es tanto lo que debo al Señor, y con carácter extraordinario, que algo tengo que hacer para corresponderle, y pienso, aunque quizás algo egoísta, que saldo totalmente cuenta si Cristo Hostia se ofrece por mi al Padre en el Sacrificio Eucarístico, aunque pensando estas atrevidas, aunque reales palabras, tengo que quedar aún más reconocido, aún más todavía, al tener un ministro tan santo y bueno como Vd. Ójala pudiera yo ayudar esas Misas, al menos, para participar más activamente.

         »Abusando de su confianza, me permito encargarle otras dos. Son idénticas las intenciones, aunque tengo que redoblar mi agradecimiento, pues el Señor, en este lapso, se ha volcado por mí y me ha mostrado en muchas ocasiones su bondad y predilección.

         »Contraje matrimonio el día 21 de septiembre. Alrededor de este hecho tan trascendente para mí, hay tantas dificultades vencidas, tan ayudas experimentadas, tantos “mimos”, que cuando lo pienso me parece mentira.

         »Ahora, D. Manuel, creo que vamos a ser padres y cuanto le pido –Él lo sabe– que bendiga a Victoria y a mi hijo, para que luego él le dé mucha gloria e incluso le elija para su servicio y de esta manera salde en parte yo tantas deudas y “racanerías” como le he demostrado, tanto en mi adolescencia como en mi juventud.

         »¡Qué bueno eres Señor! –diré una vez más con Vd.–.

         »Luego, además de por el alma de mi padre, también elevaremos sufragios por el de mi suegra, los cuales, cumplían años en diciembre.

         »Para estipendio le remito, mediante giro postal, 200 pesetas, y por delante mi agradecimiento eterno.

         »Somos varios amigos los que pedimos (matrimonios jóvenes) por Vd. y algunos posiblemente le escriban en breve.

         »Una vez más, sepa que estamos con Vd. y que nos tiene a su disposición en todos los órdenes, en lo que humildemente podemos ofrecerle, pero con sinceridad.

         »Perdone lo pesado que soy y la demora en escribirle.

         »Pida por nosotros para que cada vez estemos más cerca de Dios y siempre seamos un buen ejemplo para los hermanos que nos rodean, y que por el mero hecho de intentar ser buenos, ya nos admiran.

         »Que el Señor le compense su soledad, sus sufrimientos y privaciones, le ayude en todo, se restablezca y nos le muestre como ejemplo vivo de santidad, bondad, caridad, humildad y tantos dones como Vd. tiene.

         »Tenga la seguridad de que le queremos y sentimos no poder visitarle y estamos dispuestos a lo que Vd. mande.

         »Pidiéndole su bendición y oraciones, reiterando nuestra felicitación, quedamos de Vd. s.s. s.s.» [10].



 
[1]  C.P. pp. 1824-1827.

 [2]  C.P. pp. 1828-1829.

 [3]  C.P. pp. 1830-1833.

 [4]  C.P. pp. 1834-1835.

 [5]  C.P. p. 1836.

 [6]  Por carta de 21 de julio de 1989, Sor Carmen le dice al Rvdo. D. José Manuel de Lapuerta y Quintero, entonces Consiliario de la Asociación de Peregrinos de la Iglesia: «Vi con la mayor alegría que los Peregrinos están ya […] tras el asunto de Aparici. Yo quisiera de verdad que el Capitán llegara antes que nadie». «Siempre le consideré –afirma después en su declaración– que llegaría a los altares. Mi hermano José decía que había tratado con tres santos y uno de ellos era Manuel Aparici (los otros dos, nuestro hermano Antonio y el P. Nieto). Después de morir se habla más todavía de su fama de santidad».

Mons. Maximino Romero de Lema estima que la fama de santidad tiene fundamento sólido; opinión ésta que comparten también otras muchas personas, testigos, Cardenales, Arzobispos, Obispos, etc., y no testigos. La fama de santidad la tenía tanto en vida como a la hora de la muerte y después de su muerte como veremos.

 [7]  C.P. pp. 8617-8618.

 [8]  C.P. p. 8501.

 [9]  C.P. p. 8519.

 [10]  C.P. pp. 8603-8608.

 


Publicado por verdenaranja @ 22:57  | Espiritualidad
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios