Mi?rcoles, 26 de noviembre de 2008

 

         Además de la práctica individual de la Lectio, también existe la posibilidad de hacerla comunitariamente. Las diversas experiencias que existen han demostrado que la lectura de la Biblia en grupo presenta muchas ventajas ya que ayuda a vencer el desánimo que puede existir cuando se realiza esta lectura en solitario. Además de favorecer la perseverancia, la lectura común permite enriquecerse mutuamente con los conocimientos y aportaciones de los demás, asimismo contribuye a disminuir el riesgo de interpretaciones falsas o caprichosas, al tiempo que ayuda a comunicar y expresar la propia fe para hacernos más conscientes de ella.


        
Pero la “Lectio” comunitaria no anula la lectura individual sino que la favorece ya que siempre es un paso previo para que el grupo avance y progrese. La lectura común anima y estimula el trabajo personal de leer y reflexionar la Biblia.


        
Además de todo esto, hay que tener en cuenta otro aspecto y es que leer juntos la Biblia hace surgir el sentido eclesial y fortalece en todos el regalo común de la fe.

 

1.- ¿Cómo comenzar el Grupo Bíblico?

 

Ante todo, un grupo bíblico no puede ser algo forzado, un grupo creado por “no quedar mal” ante una invitación a la que no se supo decir que no. El grupo bíblico debe nacer de personas que quieran profundizar personalmente en su conocimiento y meditación de la Biblia, y estén convencidos de que la lectura en común va a ayudarles a perseverar y a mejorar su propio conocimiento.

El número ideal está entre ocho y quince personas, ya que si son menos se empobrece el diálogo, pero si son más, no permite crear el clima de confianza y conocimiento mutuo necesarios para la marcha del grupo. En todo caso, dado el escaso interés que hoy suele haber a la hora de comprometerse seriamente en las actividades eclesiales, si existiese un pequeño grupo que desea comenzar esta experiencia, sería bueno buscar alguna fórmula para comenzar y, más adelante, intentar animar a otros para que se sumen a la experiencia.

 

2.- El animador o animadora del Grupo.

 

Un papel fundamental es el del Animador o Animadora. No tiene por qué ser un experto en Biblia, pero sí debe tener capacidad para preparar la reunión, orientar el sentido de los pasajes bíblicos, guiar la reunión ágilmente, saber dar la palabra equitativamente a todos los miembros, etc. No debe existir en el grupo la idea de que el animador/a es quien más sabe, ni se reúnen para escucharle a él, ni debe siquiera imponer opiniones; ni tampoco, por el contrario, debe estar ausente, dejando el grupo “a la deriva”. El animador no es el dueño del grupo; su función es la de crear un clima adecuado para favorecer la marcha del grupo, de modo que éste avance poco a poco en el conocimiento de la Biblia, en las relaciones personales que se establecen entre los miembros y afiance el método seguido en cada sesión.

El grupo debe tener claro que la persona que anima no tiene todas las respuestas, pero si es bueno que el animador conozca diversos materiales como comentarios bíblicos o diccionarios que orienten al grupo en las dudas que surjan.

 

3.- Otros aspectos importantes para el Grupo.

 

Hay grupos que cuentan con un secretario/a que tiene la lista de los miembros, sus teléfonos, el calendario de reuniones u otras actividades, y también puede ir haciendo un breve resumen del desarrollo de cada reunión. Asimismo puede haber un servicio de acogida realizado por una o dos personas para preparar la sala donde se tengan las reuniones ambientándolas según el tema de la sesión, y también pudiendo ofrecer algún café u otra cosa si se cree oportuno; este servicio de acogida puede encargarse, además, de preparar algún otro tipo de actividad extraordinaria que favorezca en el grupo la convivencia y el buen clima.

Otro aspecto a tener en cuenta es el lugar donde se tiene la reunión, lo ideal es que sea un local con buena iluminación, y la tranquilidad necesaria para favorecer la escucha y el diálogo sin interrupciones. Sin embargo, tampoco andamos sobrados de locales, así que en cada lugar habrá que adaptarse como mejor se pueda a lo que haya; por eso es importante que antes de la reunión se ambiente de la mejor manera posible para favorecer la buena marcha del grupo. Es preferible disponerse en círculo, que los asientos no se hundan sino que mantengan cómodamente a las personas en posición recta, quizás pudiera haber alguna manera de apoyarse para escribir, etc.

Desde el principio debe fijarse el horario y la frecuencia de las reuniones, y comprometerse todos a cumplir lo establecido. Podría ser semanal o quincenal. Parece que hoy en día sería preferible que las reuniones sean de hora y media y reunirse quincenalmente. Además de las reuniones habituales, en alguna ocasión puede tenerse alguna para revisar la marcha del grupo y también alguna celebración de la Palabra; una buena manera puede ser, quizás, tener al final de cada trimestre una sesión de una hora para la revisión finalizando con una celebración. Sea cual fuere el itinerario a seguir, si que debe informarse al grupo desde el comienzo sobre el calendario previsto.

 

4.- Sentido del Grupo Bíblico y compromiso de sus miembros.

 

         Todo miembro debe tener claro que el objetivo del grupo es “hacer crecer y madurar la propia vida y la propia fe a la luz de la Biblia, leída como Palabra de Dios”. (¿Por qué vas a ese grupo, para qué gastas tu tiempo en esas reuniones? “para conocer más la Biblia y que me ayude a crecer como creyente y persona”). Esto quiere decir que cada miembro se compromete a leer en su casa lo que haga falta para preparar la siguiente reunión, además de su propio estudio o lectura personal que por su cuenta realice; y también, que todos se comprometen a asistir a la reunión, salvo causa grave, por respeto a los demás miembros. Pero además, como se explicó en la parte anterior, no se va a leer la Biblia por curiosidad sino que se busca un crecimiento personal en la fe a través de esta actividad.

 

         Desde luego, el grupo bíblico es compatible con cualquier otra actividad que cada miembro realice en la Iglesia, no se busca la formación de un “movimiento” o “asociación piadosa” que aísle, sino que favorezca el compromiso cristiano, fundamentalmente con la parroquia. Incluso puede que, al cabo de unos años, se vea conveniente la desaparición del grupo, no por hastío o decaimiento sino porque se ha cubierto el objetivo principal y los miembros encuentran otro tipo de compromiso eclesial que responda mejor a lo que necesiten en otro momento.

 

5.- Funcionamiento

 

         Para comenzar, lo más apropiado es escoger uno de los Evangelios, como el de S. Marcos, que facilita la lectura comprensión del texto. También podría comenzarse siguiendo las lecturas del Domingo, aunque existe la dificultad de que a veces pueden encontrarse lecturas un poco áridas para la comprensión. Otra manera puede ser la de ir escogiendo pasajes diversos para cada sesión, escogiendo entre aquellos que resulten más familiares y apropiados para este tipo de meditación, o bien, aquellos que estén relacionados con un tema concreto que se haya escogido, para lo cual se puede consultar un diccionario bíblico.

         Lo ideal es que el animador del grupo vaya guiándolo según las necesidades y dificultades que va encontrando, cambiando el método seguido según vea que se adapte mejor a las personas que lo forman.

         Existen muchas maneras de llevar a cabo la reunión de grupo, pero pueden agruparse en dos tipos: los que dedican más tiempo a una profundización en los conocimientos bíblicos y luego sacan conclusiones para su experiencia personal, y los que dan prioridad a los acontecimientos de la vida para luego iluminarlos con la lectura de la Biblia. En cualquier método hay muchos elementos comunes; en general, una sesión tiene las siguientes partes:

 

  • Ambientación: se busca “crear clima de silencio”, romper con las preocupaciones y otras distracciones que dificulten la escucha y el diálogo en grupo. Para ello se hará un momento de silencio, se puede comenzar con un canto, un salmo o una oración recitada juntos, o espontánea. Se pide la luz del Espíritu Santo.
  • Lectura o Hecho de vida: Aquí está la mayor diferencia entre los grupos, tal como se ha dicho, unos comenzarán directamente leyendo el texto bíblico propuesto, pero otros preferirán comenzar con un acontecimiento de la vida cotidiana para luego pasar a la lectura.
    • Los que optan por la lectura bíblica, habitualmente harán una primera proclamación del texto, un silencio para meditarlo y luego una o dos lecturas más de manera que se vaya ampliando la atención a lo que dice la Palabra.
    • Los que comienzan por un hecho de vida, expondrán un caso de actualidad, imaginario o, incluso, un acontecimiento que ha vivido algún miembro del grupo. Luego, mediante unas preguntas para el diálogo, se profundiza en ello.
  • Lectura bíblica: Si ya se hizo una primera lectura, seguramente se volverá a leer fijándose en las notas de la Biblia o respondiendo a unas preguntas, etc. Mientras que si se ha comenzado por el hecho de vida, ahora se proclama el texto bíblico, se deja un silencio meditativo y luego se pasa al diálogo.
  • Comentario bíblico: Es posible que se dedique también un tiempo a escuchar un comentario que aclare el sentido del pasaje bíblico.
  • Diálogo en común: En todo grupo un momento fuerte es el tiempo dedicado a exponer en confianza las aportaciones de cada uno. El animador puede guiar el diálogo con preguntas, etc. Si no ha habido hecho de vida, las preguntas irán guiando la reflexión del grupo en ese sentido. En todo caso, se va concretando en el diálogo algún compromiso que cada uno pudiera asumir en su vida.
  • Oración: Se termina la reunión con una oración espontánea o previamente preparada. Antes de marchar debe quedar concretado el tema de la próxima reunión para hacer el trabajo personal en casa, y la fecha de la próxima sesión.

Publicado por verdenaranja @ 22:09  | Liturgia
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