Jueves, 27 de noviembre de 2008

Información sobre el Siervo de Dios Manuel Aparici enviada por Carlos Peinó Agrelo, peregrino, cursillista, colaborador en la redacción de la Positio super virtutibus.

 
QUINTA ETAPA DE DOLOR   

 

SEXTA ETAPA DE DOLOR

Año 1961: A pesar de que la enfermedad sigue su

curso, es feliz y continúa su entrega generosa

sin tregua alguna.      

 

         El 8 enero anota en su Diario:

 

         «Vuelve Carlos [Castro Cubels, sacerdote] a visitarme confirmándome su petición de que le ayude […]».

 

         El 14 enero anota de nuevo:

 

         «Aun cuando no anoté nada en el Diario en estos días pasados el Señor no ha cesado de ayudarme para mantener vivo el deseo de serle más y más fiel. Hoy me ha ayudado a hacer la hora de meditación. La comunión hizo que la preparara mejor; me ayudó a pedir perdón a la sirvienta a quien regañé y recé mejor el Oficio».

 

         Con fecha 12 de enero le dice a Sor Carmen:

 

         «Amada en Cristo, Madre Carmen:

         »Contesto a las últimas tuyas. Tardé porque el 9 del pasado, como te habrá contado Ana María [hermana de Sor Carmen], se me rompió una variz de la pierna; perdí algo de sangre y hube de estar inmovilizado varios días y a continuación cogí un catarro bronquial que no solté del todo hasta el 27 o 28; después las visitas de unos y otros; en fin, sin tiempo.

         »Pasemos a contestar a la tuya sin fecha en la que me envías la foto de vuestro presbiterio, que es precioso.

         »Conforme con todo lo que me dices sobre el Amor de Dios; cuando por amor nuestra voluntad se pierde en la de Cristo, como la gota de agua se pierde en el Cáliz, nuestros actos son también de Cristo y como suyos tienen un valor latréutico, eucarístico, propiciatorio y expiatorio pleno según la medida de nuestra incorporación a Él por la caridad. María apenas si hizo algo que se notara y viera y sin embargo, ¿quién cómo Ella ha sentido más el mundo después de Cristo?

         »En cuanto a la dirección espiritual conforme también con todo lo que dices en el dirigido: a) espíritu de fe; b) confianza en que Dios obra por su instrumento; c) generosidad, mejor diría fidelidad al plan aprobado por el director y d) sencillez.

         »En el director: sentido de su instrumentalidad que le haga ayudar al Espíritu Santo y no suplantarle y sentido de su responsabilidad ante el Padre de aquel Jesús que confía en el dirigido para ayudarle a crecer en edad, sabiduría y gracia delante de Dios y de los hombres, para lo cual el director tendrá que tratar de ser letrado y santo –como decía Santa Teresa–.

         »Si tú crees que con tu actual director te va bien, sigue; si vieras que te estancas cambia pues el Señor quiere servirse de otro instrumento. Pero en general no creo que las almas que están en acusado período de vida activa convengan demasiado a las vocaciones contemplativas. No sé si Pepe [hermano de Sor Carmen] te habrá hablado de D. Carlos Castro Cubels, fue compañero suyo en Salamanca, son muy amigos. También fue dirigido mío antes del Seminario y mientras yo estuve en Salamanca y ahora hace pocos días me pidió que volviera a dirigirle; ahora está en Zaragoza de Subdirector del Convicto Sacerdotal, puede quedar en cartera por si algún día fuera necesario.

         »Sí, a pesar de todo le amo; negarlo sería negar su gracia y su don, pues bien sé que le amo con el Amor Suyo que el me da. Tampoco, por su misericordia, he dudado jamás de su Amor; ¿y cómo podría dudar si desde hace casi cuatro años es cada día más creciente y más íntima la revelación de su Amor? Lo que pasa es que a veces es tan íntima, tan íntima esa revelación de amor, que la sensibilidad no se entera y el alma en su parte baja y sensible, que linda con el cuerpo, sigue sufriendo tedio, asco, hastío?

         »Sin embargo, como el otro día le decía a un joven de 26 años, que teniéndolo todo se siente desgraciado, yo soy feliz.

         »¿Y cómo no voy a ser feliz si Él me da lo que tanto le pedí? Allá, en el Seminario, en mis noches de oración, Él me hizo componerle esta plegaria: ¡Oh amor de los altos cielos, que te entregas en mi nada, para alzarme desde el cieno a tu pureza sin mancha! ¡Oh amor que entre paja y hielo, con tu vida me regalas para abrasar con tu fuego las escorias de mi alma! ¡Oh amor que muriendo matas la muerte de mi hombre viejo y que mis heridas sanas con las llagas de tu Cuerpo! ¡Oh amor que en el loco exceso del amor con que me amas, enjugar quieres con besos de eucaristía mis lágrimas. No me envíes más consuelos y caricias a mi alma; hazme luz, incendio y llaga, brazo de cruz, pregonero del loco amor que te abrasa!

         »¿Cómo, pues, no ser feliz si Él es tan amorosamente fiel que me da algo de lo que le pedí? Y digo algo, porque Él quiso padecer sin consuelo para ser Él nuestra consolación en nuestros padecimientos.

         »Ya ves, me dices algo sobre los Consiliarios nuevos, esto no me contraría, de una parte porque aunque ellos tal vez no se den cuenta ambos, Miguel [Benzo, sacerdote, Secretario General de la Acción Católica] y Mauro [Rubio Repullés, luego Obispo], son en parte fruto del desposorio de Cristo con mi pobre alma pecadora; y de otra como buenos sacerdotes ya les mostrará el Señor cuanto les conviene padecer por causa de su nombre. Pero en cambio lo que sí ha hecho impacto en mi alma de sufrimiento y de gozo íntimo y celeste ha sido el silencio y el olvido: entre los setenta y tantos Obispos españoles sólo Su Eminencia en junio y ahora el Auxiliar de Málaga me han escrito unas líneas cariñosas de despedida; ni un sólo Consiliario Diocesano ha tenido un recuerdo para el compañero que cayó enfermo en el campo de batalla apostólica y que cesaba por enfermedad, y entre los jóvenes sólo el articulista de SIGNO que escribió con el corazón, exagerando, y los de la redacción y entre los antiguos sólo otro de La Coruña. Todo eso duele, aunque por la bondad divina se haya buscado sólo la gloria de Dios, pero es que Jesús torna a sufrir en mí el “heriré al pastor y se descarriarán las ovejas …”  y saber que Él, el infinito, el inaccesible, el inefable se hizo carne para sufrir esto por mí y todavía más que se aviene a vivir oculto en mi miseria para volverlo a sufrir, esto me produce un íntimo gozo.

         »¡Ah Hermana Priora, qué hermosa es la cruz vista de frente! Asusta porque la vemos por el lado que no está Cristo clavado, que viéndola por donde está, nos dice –como les ponía a los muchachos en un Vía Crucis para Cursillos–: “Los pies tengo clavados para esperarte y los brazos abiertos para recibirte en ellos”.

         »Voy a terminar porque me canso y no quisiera diferir el saludo.

         »Una noticia que te alegrará, José Manuel [de Córdoba, sacerdote] suele venir al menos una vez al mes; se desahoga y hasta ahora el Señor, que tanto nos ama, ha puesto palabra suya en mis labios que le han dado paz. Supongo que toda la Comunidad le encomienda. Son las palomicas del Señor las que alcanzan esa palabra oportuna que le hace bien a él y a mí.

         »Por tu hermana Ana María hice una petición a esa Comunidad: unas cintitas para la cucharilla de mi Cáliz (que es una concha y un bordón de peregrino) que tenga bordada la palabra ¡Sitio!

         »Nada más por hoy, que el Señor bendiga a las hermanas tan queridas de esa Santa Comunidad como las bendice con todo afecto en el Corazón Divino su humilde Capellán»[1].

 

         Con fecha 25 de enero el Deán del Excmo. Cabildo Metropolitano de

         Zaragoza, Rvdo. D. Hernán Cortés Pastor, saluda

 

         «A su querido Manolo y le anima, tras de leer su carta tan buena, del 14 de los corrientes. Tal vez su alma se sintiera aliviada y se soltara más aún hacia Dios si, en vez de llevar un horario rígido: lectura, examen, etc., tomara el sistema de utilizar su tiempo y su ánimo con más holgura. Por ejemplo, se halla a gusto leyendo, pues lea, acaso para varios días. Siente llamado a bucear en sí mismo, profundice, pues, y haga menos hondos los exámenes diarios ..., y así. Santo es llevar el método ignaciano “ad apicem”; pero no es para todos los espíritus. Y el de Vd. no es de niño que se forme y presumo que no es de asceta que se regula .... Vuele hacia donde Dios le inspire con sabor grato o amargo, pero déjese llevar sin reglas duras, pero tampoco en anarquía ...

         »Sí, predestinados para vivir puros en la caridad; vida que en raíz y en savia y en flor y hasta en fruto, todo es caridad. Y Dios es caridad. Y esa vida está en nosotros, pues en Él vivimos, nos movemos y somos, o como dice el catecismo, está en nosotros por esencia, presencia y potencia. Y cuando el alma consciente de esta presencia va hacia ella ..., entonces Dios hace en nosotros morada de caridad y de gracia, que es vida divina, crecer puros por la caridad en Cristo Jesús .... Un abrazo. Vale» [2].

 

         El día 30, le escribe, desde Zaragoza, el Rvdo. D. Carlos Castro Cubels y le dice:

 

         «Mi querido D. Manuel:

         »Supongo en su poder, y quizás leídos, los libros que le envié. He dejado pasar unos días, antes de escribirle para poder decirle más cosas, ya desde mi nueva situación de aquí.

         »Los días pasan, la oración continúa, pero debía continuar mejor, más constante, y … sobre todo más cordial, más “desde todo el corazón” como decía San Ambrosio. Y cuando llego a este punto, no sé por qué coincidencia me sale usted siempre al encuentro y me pregunta con bastante “mala intención” para cerrarme el camino: ¿No le das gracias al Señor porque, a pesar de esa falta de cordialidad, Él sigue instándote sin impaciencia? Y claro entonces uno tiene que callarse y no seguir preguntando.

         »Tengo más paz esta temporada. Creo que he simplificado los problemas y espero. Pero cada vez la cosa está más clara. He depuesto o lo intento, todo lo que haya de impaciencia en cuanto al modo, de una nueva situación. Que el Señor decida. Pero sé que debo cambiar y debo orientarme por otro camino.

         »Le he propuesto a Maximino [Romero de Lema, más tarde Arzobispo] que formemos una fraternidad sacerdotal en torno a su Iglesia del Espíritu Santo. Creo que lo debemos plantear con todas las consecuencias y compromisos. Me parece, mirando hacia atrás que hemos estado cortos, varias veces, en la decisión de formar un auténtico grupo, con miras más sobrenaturales que de acción inmediata. Ha llegado la hora de poner, en primer término, el acento en un modo de vida, de oración, de sacrificio. La acción será la consecuencia. Y, sobre todo, hemos de comprometernos y abrazar una vida concreta de mucha entrega y renuncia.

         »Conforme a lo que hablamos, me parece que si ésta u otra posibilidad no son viables, por mi parte es ya el momento de llamar a la puerta de un monasterio. Espero que me dé su parecer antes de exponerle todo esto al Sr. Arzobispo en este curso para preparar el próximo.

         »En esta fraternidad con la que sueño y me ocupo en la oración y en la soledad usted tendría un papel muy importante. Me parece ver que muchos hilos invisibles de nuestras vidas, en estos años últimos pueden irse uniendo.

         »Encomiende todo esto. Cuídese. No tenga miedo a esa “comodonería” que dice, pues el Señor sonríe al verle que necesita cuidarse. Al cuidarse, como necesita, da testimonio muy visible de que acepta ser débil de criatura. Y este es el gran testimonio de humildad.

         »Le besa la mano» [3].

 

         De nuevo vuelve a escribirle el día 13 de febrero

 

         «Mi querido D. Manuel:

         »Hoy he celebrado la Santa Misa por la Unidad de la Iglesia. Misa votiva, extraordinaria, magnífica, paulina, jacobea a la vez. “ … donec occurramus onmes in unitatem fidei, et agnitionis Filii Dei, in virum perfectum, in mensuram aetatis plenitudinis Christi …”. Y después en el Evangelio: “… Ut sint unum, sicut et nos”.

         »Le he tenido especialmente presente al leer estos textos en el altar porque siempre recuerdo que me ayudó mucho a ir encontrándoles el sabor escondido que tienen. Y especialmente se les encuentra ese sabor, en medio de esos crepúsculos que todos pasamos, y que se parecen, como una gota de agua a otra, a aquel estado de ánimo de los discípulos de Emaús. Necesitamos entonces que se nos abran los ojos a las Escrituras, para poder decir luego: ¿No ardían nuestros corazones dentro de nosotros mientras en el camino nos hablaba y nos explicaba las Escrituras?

         »Todo esto se lo digo a propósito de su sugerencia oportunísima sobre “una fraternidad” o “fraternidad” sin artículo indeterminado y peligrosamente divisor. Como usted tiene tiempo, gracias a Dios, y por eso sirve para mucho le voy a exponer algo por extenso lo que pienso acerca de este punto importantísimo.

         »Perdóneme si soy lento o insistente en alguna cosa, pero ya llevo muchos años explicando y se pega en todo el afán de aclarar hasta la saciedad las cosas.

         »La idea de la fraternidad se me ha ido presentando y perfilando muy lentamente y ahora, veo que ha influido decisivamente en ello el comprobar que es imposible enseñar de palabra. Los conceptos no convencen a nadie. Mejor dicho, convencen, pero no transforman. Lo que transforma las vidas no es otra cosa que la vida misma. Es decir, que el único magisterio y ayuda verdaderos está en la realidad de una vida transformada que transforma a los demás. De nuevo sale a nuestro paso la Palabra de Jesús: “Venid y veréis” donde habito.

         »En el trato con los sacerdotes he percibido que es imposible “convencerlos” con palabras y con conceptos por muy buenos y sinceros que sean estas palabras y conceptos. Como tampoco podemos llegar a la conclusión de que “no hay nada que hacer”, solamente queda un camino: llamar, no a ideas, sino a vida, pudiéndola mostrar en un acto de fraternal ofertorio. Por ello no se trata de “una” fraternidad, sino de la fraternidad de todos, pero ya realizada en concreto para que crean de verdad. Porque los hombres no creen más que en lo que ven. Solamente realizando, en concreto. Esa fraternidad, se puede invitar a todos a que la vivan. No es, pues, un grupo, que se separa, sino unos pocos que parten en cabeza, con el ejemplo y no sólo con la palabra. Y esto, en la sencilla humildad de los que ven que han de cumplir con un deber que se les hace insoslayable.

         »Tenemos el querer enseguida “enseñar” y dar ejemplo y esto es lo peor que nos puede ocurrir. La fraternidad que todos necesitamos no la podemos predicar, sino realizar. Por ello hemos de buscar el camino que sea más fácil para que se dé y lo demás será la añadidura. Porque también estoy convencido de que no se puede enseñar una cosa que no se tiene. Y aquí el otro punto que usted toca atinadamente: que hemos sido hasta ahora “poco concretos”.

         »Ciertamente entre nosotros, este grupo de entrañables amigos, ha habido grandes cosas: comunidad de sentimientos e ideas, espíritu de generosidad, etc. etc., pero, creo, como le he dicho varias veces a Maximino que ha faltado el “lanzarse” a compromisos concretos. Hemos tenido demasiado miedo, precisamente a ser un “grupito”, hemos querido, demasiado, conservar la independencia personal, etc.

         »Me voy a atrever, ahora, al cabo de los años, a decirlo con toda claridad: ha faltado la decisión de la obediencia, del sacrificio de alguna cosa, para formar un nuevo ser: la comunidad.

         »Pero el Señor es muy bueno y paciente con todos nosotros. Y cuando veo como cada uno en su vida, al pasar los años “vuelve”, sin haber encontrado lo que buscaba, no puedo menos de darle gracias. Si dudamos, en un  primer intento de esa “concreción”, parece que el Señor nos invita de nuevo tras desengaños. Para mí, realmente, no lo han sido pues estoy asistiendo a “una película ya vista”. Y esto no es petulancia, sino acusación de mayor, quizá, cobardía, pues sé cada vez más, que me habría debido decidir ya hace tiempo.

         »El panorama que se ofrece en nuestros medios sacerdotales (no los escogidos y de excepción, sino en los normales) sería para descorazonar a cualquiera, si lo miramos sólo con ojos naturales. Comprendo, perfectamente, a quien hoy dice que “no sabe que hacer con su vida y con su sacerdocio”. Lo comprendo, pero no puedo compartir con él esta situación. Es que, realmente el panorama es duro y desalentador. Es tan grande el problema que no se puede tratar de resolver con fórmulas ni con decretos, ni menos con consejos. Es preciso, hacer un esfuerzo supremo (el esfuerzo que da la fe) y ponerse a vivir en fe, “dando de mano” muchas cosas. Tengo la impresión de vivir es medio de un gran coro de fantasmas borrachos y es necesario conservar la serenidad y no tambalearse al ritmo de lo que está a nuestro alrededor. Esa serenidad sólo puede venir de la fe y de la estrecha amistad con Jesús. Pero no una amistad cualquiera sino del íntimo abrazo con su Persona tal como SÓLO la oración y el abandono en Él, pueden dar. Hoy, se me aparece claro, clarísimo que no es urgente ni el apostolado. Lo “único necesario” es la transformación de nuestra vida, la religiosidad, la santidad. Lo demás vendrá sólo y cómo y cuándo Él quiera. Sólo un proyecto, sólo una idea: conocer y amar a Jesús. ¿Cuándo? Desde ahora mismo, como decía el P. Lebbe.

         »Lo primero que hay que hacer, como siempre, es “remover” los obstáculos. Por ello dedicarse, EXCLUSIVAMENTE, a ir hacia el Señor. No podemos pensar en “reformar el clero”, ni en “instruirle”, sino en reformarnos nosotros mismos, e instruirnos nosotros. Y no para “hacer bien” a otros, sino primero “para vivir el bien”. Para ser buenos y verdaderos que ya es hora. “Jam este hora de somno surgere”.

         »El comienzo de la fraternidad no puede ser sólo el “estado actual de las cosas” sino el comienzo del Cántico Espiritual: “Cayendo el alma en la cuenta de lo que está obligada a hacer, viendo que la vida es breve … conociendo por otra parte la gran deuda que a Dios debe …”… “tocada ella de PAVOR Y DOLOR de corazón interior sobre tanta perdición y peligro, renunciando todas las cosas, DANDO DE MANO A TODO NEGOCIO sin dilatar un día ni una hora, con ansia y gemido salido del corazón …”.

         »Insistiendo más en lo concreto me pregunto si esto es compatible con el estado que ahora tengo. Creo que tengo el suficiente desapego, para poder decir que, en última instancia, no me inquieta la respuesta afirmativa o negativa. Lo cierto es que la cuestión de fondo es inaplazable. Creo más: Me parece que es la última vez que se me va a presentar. Tengo la conciencia que la decisión a tomar ahora es la definitiva. Y se abren dos caminos que veo también con antelación como realizados. No me va a extrañar ninguno de los dos, sea el que sea el que tenga lugar. Los caminos son éstos: Una decisión limpia que me lleve a la fidelidad con la paz consiguiente o, bien, un “compromiso” y expediente insincero que producirá cualquier evasión, dentro si de una honestidad externa, pero a conciencia de que es una trampa.

         »En el fondo es la trampa que vivo yo. Una mediocridad compatible con una buena “honestidad social”. Esta dorada mediocridad que permite la tranquila “iglesia establecida”. Pero no. No puedo conformarme con esto por una sencilla razón: esto no me sirve para morir y resucitar. Esto es una fantasmagoría.

         »Ciertamente, insistiré cerca de Maximino [Romero de Lema, más tarde Arzobispo] y de Puchol [sacerdote] en el sentido que me dice, que es el que acabo de exponer.

         »Para terminar este largo desahogo o sueño, o como quiera llamarlo, le he de añadir, pues por algo es mi director, algo que se refiere a mi estado de ánimo. Es cierto que en todo lo dicho late una gran esperanza, pero no debo ocultarle que también hay una gran dosis de cansancio, de profundo cansancio. Junto al cansancio hay algo de temor y sobre todo deseos de más arrepentimiento y gratitud para con el Señor. Junto con las esperanzas hay tanto estúpidos enredos, tantas debilidades y tantos olvidos que no sabe uno por donde empezar …

         »Me encomiendo a sus oraciones y a su enfermedad.

         »Le besa la mano» [4].

 

         A mediados de febrero, concretamente el día 17, le escribe, desde León,

         el Rvdo. D. Librado Callejo Callejo, Magistral de la S.I.C.

 

         »Muy querido Manolo:

         »Tu carta del 2 cte. me ha traído mucha alegría. Tu restablecimiento, aún no siendo total, tus ánimos, tus proyectos ... ¡Bendito sea Dios! que alarga su mano para seguir bendiciéndote. Por lo que hace a mi insistencia en mantenerme en primera línea de la correspondencia … nada tiene que merezca ponderarse ni agradecerse. Es un gesto tan natural y tan “obligado” que no merece ni reparar en él. Puede ser que estas “obligaciones” tan humanas y sacerdotales, las descuidemos a veces con perjuicio para nosotros mismos. Me alegra, pues, tu mejoría, y el Señor hará que sea total.

         »Respecto a la idea de Castro y tu plan, todo lo encuentro aceptable. Y estimo buenos puntales Puchol y Romero de Lema. Ahora bien, la realización de dicho plan sería conveniente someterlo a estudio. La U.A., a la que creo pertenecemos todos, necesita vigorizarse, vitalizarse. Es lástima que no rinda mucho más. Ya lo lamentábamos en Salamanca, como recordarás. Si tenemos una Institución que podría acoger nuestros deseos y canalizarlos, acaso sea mejor utilizarla, vitalizándola, así que pensar en invenciones nuevas. En septiembre próximo se reunirá el Capítulo general de la U.A. en Madrid. El Director Nacional (en carta íntima) solicita que le sugiramos temas a tratar en dicha reunión (que durará 4 días). Uno de los temas que ya figuran en la agenda es el tercer grado de espiritualidad. Yo le sugería algunos otros, y, entre ellos, llegar, por medio de la U.A. a los Institutos Sacerdotales Diocesanos. Inclusive, le apuntaba la idea de crear la “Casa de la U.A.”, en Madrid; algo así como la antigua Casa del Consiliario, donde se formase un núcleo selecto que luego, situados en puestos claves diocesanos,  impulsase vigorosamente el espíritu sacerdotal. Cuestión fundamental –le decía al Director Nacional– en la U.A. como en toda Obra es la de las “personas” que carguen con ella. Y la realidad nos demuestra que muchos de los sacerdotes que “dirigen” la U.A. en las Diócesis, resultan “inofensivos”, pero “no son dinámicos” y emprendedores. Hombres de iniciativas y de tesón para montar por encima de dificultades y obstáculos.

         »Por tanto, creo, que esa idea de las Fraternidades Sacerdotales podría muy bien incorporarse, vivirse, en la U.A. Y la Casa de la U.A. te ofrecería campo ancho y largo para actuar sobre equipos escogidos de sacerdotes diocesanos. A la vez, se ofrecería al sacerdote diocesano la oportunidad de vivir su sacerdocio diocesano con la integridad de la “vida perfecta”, con votos o promesas.

         »Yo lo concebí –ya hace algún tiempo, y recluté para esta idea grupos de sacerdotes de esta Diócesis– de manera parecida al Instituto de las Teresianas (en mujeres) o al Opus (entre hombres), con la diferencia de que estos Institutos sacerdotales, entrando en la categoría de los Institutos Seculares con todas las ventajas, no sólo no perderían la “diocesanidad” sino que la arraigarían más. En ellos podría haber dos clases de miembros (por lo que hace a su situación social): a) la de aquellos que, temporal, o perpetuamente, hacen vida de comunidad, y b) la de aquellos que, ocupados en sus ministerios y viviendo con los suyos, están tan ligados jurídicamente al Instituto como los otros. Pero una circunstancia especial, que puede ser la de la familia o la de no encontrarse con fuerzas para la “vida comunitaria”, les deja en el mundo pero con los mismos deberes y derechos. Como las Teresianas, por ejemplo, que viven en los pueblos. Aun estos mismos (para entendernos, vamos a llamarles “externos”) podrían pasar “comunitariamente” algunas temporadas, para entonar el espíritu que decae, para superar una crisis, para ver claro los deseos de Dios, etc. , aparte de los tiempos en que todo miembro habría de hacer vida retirada para Ejercicios, Cursillos o Convivencias, o suplencias de los internos. Quiero creer que esta idea es realizable hoy. Y quiero creer que podría serlo en la U.A. Si Dios da los deseos de “vida perfecta” a los sacerdotes seculares, sin quitarles su deseo de permanecer “diocesanos”, no habrá una fórmula para “nosotros” como la hubo siempre en la historia cuando las almas buscaron a Dios por la senda de la perfección evangélica?

         »¿Habrá surgido esa fórmula (pues de ahora es la Providentissima Mater) para los laicos y religiosos y no para nosotros? Nunca me he resignado a creer que no “quepamos” nosotros en ella. ¿Podría conciliarse tu idea y esta idea?

         »No conservo aquellas  notas de los Retiros. Y ya me gustaría tenerlas a mano. Y ahora mismo, ni tengo idea de las orientaciones. Con Puchol conservo algún contacto.

         »Espero que me digas cómo ves lo de los Institutos Sacerdotales, y sí la Fraternidad está en la U.A., sería cosa de preparar los caminos para aquellas jornadas.

         »Para entonces –mediados de septiembre– espero que podamos vernos y charlas despacio.

         »Un abrazo. Te encomiendo. Encomiéndame. Tuyo en Él.

         »P/S Es posible que haya de utilizarte como resorte en alguna ocasión» [5].

 

         A primero de abril, el día 5, le escribe a Sor Carmen y le dice:

 

         «Amadísima hija en el Señor:

         »Ya que tan largo ha sido mi silencio, no quiero, pues, parecerme, que tampoco lo quiere Jesús, que deje de enviarte a ti y a la Rvda. Comunidad que Él te ha confiado la expresión del gozo celeste con que me ha unido en la Santa Misa el domingo, el martes y hoy a vuestro gozo, por el gozo y la gloria de Nuestro Jesús Resucitado, y también a la alabanza que tributáis al Padre por el Hijo en el abrasado amor con que nos oprime el Espíritu Santo; alabanza y gozo al que por su gracia me he unido y espero en su misericordia que me seguiré uniendo en las Santas Misas que su amor me permita celebrar.

         »Sí, hijitas muy amadas del Corazón de Cristo, ser muy fieles a esa vocación para la que os eligió, de amar, hasta morir de amor, por los que no aman o aman poco, y de adorar y santificar y glorificar el nombre de Dios por los que no le adoran, santifican y glorifican. ¡Es muy triste que haya tantos cristianos que hayan olvidado cómo empieza el Padre nuestro! Sí, dicen Padre nuestro que estás en los cielos, pero a continuación dicen: “Venga a nosotros tu Reino”; ¡cómo si fuera posible que, sin santificar el nombre de Dios, pudiera establecerse en nuestras almas su Reino! ¡Qué triste es ver que ahora preocupan más las estructuras sociales, un mundo mejor ... y que, en cambio, parece que preocupa poco que Cristo sea conocido y amado en la luz del Espíritu Santo como don del Padre! “Sic enim delexit Deus mundum […]”.

         »Pidámosle al Padre que revele a nuestros hermanos la adorable caridad que en su Hijo, por su Hijo y con su Hijo, en los adorables misterios de nuestra Redención: Nacimiento, Infancia, Vida Oculta, Vida Pública, Cenáculo. ¡Pasión ...! ¡Cruz ...! ¡Resurrección ...!  para que alaben con obras y palabras a fin de que otros también la conozcan y se gocen con su inefable bondad.

         »Con una cordial bendición en Cristo Resucitado queda vuestro» [6].

 

         En la Vigilia de Pentecostés vuelve a escribir a Sor Carmen

 

         «Muy estimada en Cristo:

         »Siquiera en la Vigilia de Pentecostés este testimonio de que el Espíritu nos une. Aunque no lo parezca estoy recordando casi incesantemente a esa Rvda. Comunidad; en la primera semana de Pascua comencé a preparar un retiro, pero no he podido pasar de la primera meditación; unas veces tanto me ilusionaba el Señor que luego no podía traducir en palabras, otras era al contrario, tal sequedad que tampoco podía escribir nada; después pensé que como en el retiro que os envié el pasado año había suficiente material, centré el intento de mi oración en esos temas: Resurrección, Ascensión, Pentecostés; volveré al retiro que preparaba: “Scitis quid feceriem vobis ...?”; éste es el tema general distribuido en tres meditaciones:

         »1ª    Desiderio desideravi hoc pascha manducare vobiscum …

         »2ª    Coepit lavare pedes discipulorum.

         »3ª    Hoc facite in meam conmemoratione.

         »Noticias: Estoy mejor de salud; de espíritu no sé como estoy, ciertamente que Él pone en mi alma un mayor afán de no contristarle y un saber interior de que vivir sin amarle es el infierno y a seguidas un temor a que mi amor a sus miembros sea sensiblería y palabrería vana. Pero en medio de todo Él me da una confianza invencible en que a pesar de todas mis flaquezas y miserias, y tal vez por ellas mismas, me ama de tal forma que es una pena inmensa no amarle como merece ser amado, y así la Santa Misa es mi refugio de amor y de paz.

         »No he desistido del Oratorio; espero, aunque sin reservado todavía pues lo están gestionando, inaugurarlo este mes.

         »Y ahora, aunque brevemente, pues son las doce y cuarto de la noche y he de acostarme, algunas noticias de mi alma: aunque sobre un fondo un poco cardenio (?): penas y sufrimientos y estado delicado de salud de mi hermana; desde la fiesta de San Andrés me sorprende frecuentemente musitando la frase de uno de los responsorios: “qui per te me recipiat qui per te me redesunt” y las pruebas de amor con que me acosa; pues cuando Carlos [Castro Cubels, sacerdote] me pidió dirección espiritual, en el primer momento me asusté y estuve por no aceptar, era la reacción de la soberbia: ¿Cómo yo tan vacío de ciencia y santidad puedo ayudar a este sacerdote que sé que el Señor quiere llevar a una gran santidad? Pero enseguida el Señor me hizo ver que Él era quien tenía que hacer en mí y que era Él quien en Carlos me pedía que le sirviera. Tendré que repasar mis empolvados tratados de Teología que pedirle espíritu de oración; pero Él me ayudará.

         »Así que me encuentro más animado y con un mayor afán de servirle, pues Carlos y otros dos sacerdotes, que también me pidieron ayuda, son el primer término de ese Cuerpo Místico de Cristo que hace tantos años hace llegar hasta mi alma el clamor del Cenáculo: “Desiderio desideravo”; de Getsemaní: “Si posibilis est transeat a me cáliz iste” y del Calvario: “Sitio”; pero detrás está Pepe [hermano de Sor Carmen], vosotras, todos los que presidí y de los que fui Consiliario, los sacerdotes, los seminaristas, la Iglesia actual y la potencial.

         »Termino, pues; es muy tarde. Otro día seguiré.

         »Saludos a la Rvda. Comunidad, a mi madrina de oraciones y con todo afecto en el Señor te bendice» [7].

 

         El 4 de agosto le escribe desde Donamaría (Navarra) el

         Rvdo. D. José Manuel de Córdoba

 

         »Querido Manolo:

         »No sé donde te irá a encontrar ésta; me vine con un poco de pena viéndote pasar calor, molestias y contrariedades “adicionales” al cupo corriente en ti. Quiera el Señor que todo haya pasado e incluso que hayas encontrado las fuerzas suficientes y el sitio a propósito para tener “un trozo de jardín” donde pasear y tomar el aire … distinto del de tu cuarto.

Publicado por verdenaranja @ 22:42  | Espiritualidad
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios