S?bado, 29 de noviembre de 2008

Comunicado que han escrito el arzobispo y el obispo auxiliar de Antequera-Oaxaca (México), monseñor José Luis Chávez Botello y monseñor Oscar Campos Contreras.

 

Según datos aparecidos la última semana de octubre de una encuesta nacional sobre el alcoholismo entre jóvenes y niños, manifiesta un incremento de este fenómeno y se señala que, en la actualidad, hasta niños de primaria son ya consumidores de bebidas embriagantes; un promedio de ocho de cada cien niños de primaria las consumen, mientras que en secundaria se eleva a un veintiséis y en preparatoria a más del cincuenta por ciento.


Las causas de este fenómeno son sin duda variadas. Las hay de tipo genético, pues es muy probable que padres alcohólicos engendren hijos con esa misma tendencia; por otro lado, nuestro ambiente ofrece pocas oportunidades a los jóvenes de pasar el tiempo libre de una manera sana, sufren además una propaganda permanente que invita al consumo de licor aunada a la gran facilidad para su distribución y para su venta. Y por si todo eso fuera poco, tenemos que añadir la desintegración familiar que permite que los hijos tomen caminos equivocados en la vida. Lamentablemente, el mismo ambiente religioso no está exento de este daño, pues gran parte de las fiestas patronales se celebran consumiendo bebidas embriagantes.


El alcoholismo es una enfermedad que daña no sólo la salud física, sino la misma capacidad de decisión y de acción de las personas al desubicarlas de su realidad. Es una enfermedad que afecta la mente y la voluntad y, en consecuencia, también las relaciones humanas. Son innumerables los accidentes y los delitos en los que el alcohol está de por medio; muchos casos de desintegración y de violencia intrafamiliar están marcados por el consumo del alcohol, la ausencia laboral y el daño económico a la familia y a la sociedad son cada vez mayores. En algunos casos, la incapacidad de superación y de solucionar los problemas y limitaciones económicas tiene aliento alcohólico.


Ante este problema grave de salud pública que afecta a la familia en general y ahora cada vez más a los jóvenes y niños en particular, generando graves daños sociales, no podemos quedar indiferentes. Todos somos responsables del futuro de los niños y jóvenes; a todos nos toca dar ejemplo de responsabilidad ante el consumo del alcohol.


La familia tiene un papel muy importante en la prevención y atención de los niños y jóvenes. ¿Cuál es el ambiente que se vive al interior de la familia? ¿Cuál es el ejemplo de los padres? ¿Con quién y en qué ocupan el tiempo libre los niños y jóvenes? ¿Quiénes son los amigos de sus hijos? ¿Qué diálogo se da en familia ante estos problemas? La autoridad por su parte, además de promover diversas oportunidades de aprovechar mejor el tiempo libre, lo mínimo que urge hacer será asegurar que no se facilite el consumo, impidiendo la venta a menores de edad y vigilando que se cumplan realmente las disposiciones que deben existir para el caso. Descuidar esta responsabilidad, se convierte en otra forma de corrupción.


Con nuestra bendición para todos.


Publicado por verdenaranja @ 23:04  | Hablan los obispos
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