Lunes, 01 de diciembre de 2008

Información  enviada por Carlos Peinó Agrelo, peregrino, cursillista, colaborador en la redacción de la postitio super virtutibus sobre el Siervo de Dios Manuel Aparici.

SÉPTIMA ETAPA DE DOLOR

         Año 1962: ¡Qué admirable ha sido el Señor para conmigo

durante mi enfermedad!, exclama

 

 SEXTA ETAPA DE DOLOR

 

         En marzo le dice a Sor Carmen:

 

         «Respetada y amada en Cristo Jesús:

         »Unas líneas para contestar a la tuya del 8. Gracias a Dios ya estoy bien de la bronquitis gripal que padecí a fines y principios de año; un día estuve bastante achuchado pero, a fuerza de pinchazos, todo pasó. Por cierto que Pepe [hermano de Sor Carmen] hizo conmigo de excelente enfermero; como la muchacha estaba en cama y mi hermana salió a por leche, tu hermano me calentó la cama y me acostó.

         »Ciertamente que Jesús es fidelísimo; como me ve cobarde, remolón para acudir al abrazo de su cruz, de vez en cuando la carga un poco sobre mis hombros y además, como es fiel, me da gracia para darle gracias por ese admirable amor que me muestra hasta humillarse a volver a padecer en mí las molestias y dolores de una bronquitis gripal ...; y así quiere mostrar también esa fidelidad de su amor a todos los que sufren, y ellos, pobres y amados hermanos, no saben que Él quiere hacerles esa maravillosa revelación.

         »Si lo consideras un poco, también tú te asombrarás más y más de la maravillosa fidelidad de la Trinidad Santísima, ¿quién te llevó al Carmelo y a mí al sacerdocio; quién me lleva a celebrar la Santa Misa y a ti a concelebrarla; quién en darle gracias en las tribulaciones, etc., si no su Amor, su gracia, ese Amor que el Padre nos tiene en el Hijo y el Hijo en el Padre, por el cual después de habernos dado al Hijo nos da también, con el Hijo, al Espíritu Santo que de entre ambos procede? Sí, hermana en el Señor, la gracia de Cristo nos persigue y acorrala porque “quem dilexisset suos qui erant in mundo infinem dilexit eso”.

         »Junto a estas maravillas yo no soy más que un miserable, ruin, comodón, aburguesado, egoísta; en fin sólo Dios, que pone bondad en lo que ama, puede amarme aunque sea indigno de su amor, pues como sólo su amor puede curarnos, así más y más me lo muestra. Vosotras me amáis porque sois de Dios y amáis lo que Él ama.

         »Termino porque es tarde. Ya ves que estoy hecho un pequeño lío. Me gocé con lo de Antonio [hermano de Sor Carmen]. Ya te escribí sobre eso. Mi hermana está mejor, aunque no está bien del todo.

         »Encomendarme que yo os encomiendo. Unido en Cristo Jesús bendice a la Priora, a mi Capellana y toda la Comunidad» [1].

 

         Al mes siguiente, 26 de abril, le escribe de nuevo:

 

         «Muy estimada en Jesucristo:

         »Unos breves renglones portadores del Aleluya Pascual: “Resurrexit Dominus Vere”; y su Vida, cuya comunicación nos ganó con su muerte, es la Vida eterna, la Vida sin limitaciones, la Vida que callada, silenciosa, pero inexorablemente, va matando a la muerte en nuestro entendimiento, memoria, voluntad y sentidos y potencias, y no sólo en nosotros sino también en todos los que previó y santificó y predestinó a hacerlos conformes a la imagen de su Divino Hijo.

         »Entonces nuestras alabanzas al Rey Triunfador con vivir más abrasados en su sed de glorificación de las infinitas bondades de Dios Uno y Trino. Pues bajo esta neblina de odios, miserias, egoísmos y pecados humanos ¡cómo brilla cegadora la luz de su infinita caridad!

         »Él me fue inmensamente fiel durante la Santa Cuaresma y sigue siéndolo aún más en su Resurrección y espero que me quite mis miedos a no serle fiel.

         »Con mi más cariñosa bendición a toda es Rvda. Comunidad, se encomienda a vuestras oraciones no olvidándoos en la suyas.

         »P/S. Después de escrita ésta, recibo tu carta. ¿Has pensado bien eso de la dirección espiritual? Lo pensaré ...  Creo que diré: Intentémoslo. Me obligará a estudiar y a orar más. Pero ¿cómo decirle a Cristo que no? Ya escribiré más extenso. 3 de mayo de 1.962» [2].

 

         El 28 de mayo le escribe a Antonio Santamaría González, sacerdote,

         amigo y testigo en su Causa de Canonización

 

         «Querido Antonio:

         »Aunque la correspondencia se haya roto por mi parte debido a mi enfermedad, estoy seguro de que la entrañable caridad con que Cristo nos amó, no solo no se ha roto, sino que es cada día más viva porque cada día Él nos hace más patente y manifiesta su infinita y fidelísima caridad hacia nuestras almas ungidas con la participación de su Santo Sacerdocio.

         »Desde el 2 de junio de 1956 en que caí enfermo apenas si fui persona hasta mayo del 59; 23 meses seguidos estuve sin poder celebrar la Santa Misa; antes tuve algún intervalo de mejoría que me permitía celebrar unos días para volver a recaer; el 26 de mayo del 59 celebré mi primera Misa de enfermo, sentado con permiso de la Sagrada Congregación; a los pocos días murió mi madre (q.e.p.d.), nueva recaída, gracias a Dios  pasajera; todo el año 59 estuve celebrando los Domingos, después dos días en semana, más tarde tres, y desde marzo del año pasado (61) todos los días.

         »¡Qué admirable ha sido el Señor para conmigo durante mi enfermedad! Siempre lo fue; pero ahora se ha mostrado maravilloso; porque seis años que hará en marzo son muchos meses, semanas y días ¡cuántos baches! ¡Cuántas tibiezas y frialdades! ¡Cuánta indiferencia para su Sed de almas largas temporadas disipándose mi alma con lecturas necias y frívolas, y eso el sacerdote que había elegido como lema de su vivir sacerdotal, el que lo fue de su apostolado seglar, la quinta palabra de la Cruz “Sitio” ...! y Él, Él me cumplió lo que había creído y predicado: “tanto ama a sus sacerdotes que, aunque sea necesario hacer un milagro para que vuelva a Él un sacerdote descarriado, si se lo pedimos con fe, lo hará”; y en mi caso, a pesar de haber estado más de año y medio desahuciado por los médicos, me fue devolviendo la salud para que, cuando pudiera, darme cuenta mirarme como debió mirar a San Pedro ...

         »Maravilloso el Señor, cada día agradezco más a la Trinidad Santísima que me eligiera para participarme el Sacerdocio del Unigénito del Padre, porque sólo en la Santa Misa se mitiga esa sed que Él enciende en mi alma de adorarle y darle gracias por su Inefable Bondad, pues en la Santa Misa le adoramos y amamos con su propia adoración y amor hecha Eucaristía en nuestras manos.

         »Perdona estas expansiones, querido Antonio, y ahora dame tu opinión y consejo. Algunos antiguos amigos me han sugerido que ahora que tengo un poco más de salud que escriba la historia de la Juventud de Acción Católica, al menos de la etapa de la Cruzada [3]. Vacilo porque el anonimato y silencio en que gracias a Dios vivo me agradan; por otra parte, fueron tantas las gracias que derramó el Señor sobre la Juventud de Acción Católica que enterrarlas en el olvido parece ingratitud.

         »Dame tu opinión y dime si tú conservas un ejemplar de los tres que hiciste tú de aquel magnífico resumen sobre la Juventud de Acción Católica Española y los Centros de Vanguardia. Me parece recordar que hiciste tres copias. Una me la diste a mí, otra fue para el Consejo y otra creo que te la quedaste tú; el Consejo perdió la suya, la mía hice la tontería de dejarla a unos hispanoamericanos y no me la devolvieron, así que en todo caso quedará la tuya.

         »En espera de tus noticias, te envía un entrañable abrazo tu siempre affmo. En Cristo Sacerdote» [4].


         Al mes siguiente, 11 de junio, le dice a Sor Carmen:

 

         «Estimada en Cristo Madre Carmen:

         »Aunque empiezo la carta  después de terminados los Ejercicios con las divinas efusiones de Pentecostés, unos renglones para dar la aceptación definitiva, en prueba; no sabemos si el Señor querrá valerse de mí, probaremos.

         »Y ahora una buena noticia en reserva y que deseo quede discretamente silenciada pues lo encarga la concesión; vísperas de Pentecostés recibí la concesión de la Sagrada Congregación de Sacramentos para poder tener reservado al Señor Sacramentado en mi Oratorio, ahora tengo que pedir la concesión de Oratorio privado, pues la que tenía era de altar portátil, pero ésta es fácil.

         »Ya puedes figurarte mi gozo, pero también mi miedo a no corresponder a tan inmensas gracias de Dios.  Ahora más que nunca tendré que pedirle gracias para vivir el “déjame hacer ahora …”.

         »Agradecimiento que confía y se entrega “ecce ancillae Domini” para que Él complete en nosotros lo que le falta a su Pasión por el cuerpo de Él que somos miembros, es la gran norma que te repito a ti y me repito a mí.

         »Confiemos en ese amor del Padre que en su Hijo, que es su Verbo y su Boca se abajó a besarnos haciéndose para ello carne y, en esa carne asumida, llaga de amor vivo para que, juntando labios de llaga con las llagas de nuestra carne de pecado, saltara el beso divino con el fuego y el amor del Espíritu Santo. Que Él te llene y a toda es Rvda. Comunidad le pide vuestro siempre affmo. en Cristo Jesús» [5].

 

         Al día siguiente, le escribe de nuevo

 

         «Estimada en Cristo Madre Carmen:

         »Aún cuando no he podido aún tener una lectura detenida, completa y reflexiva de tus notas, sin embargo para que, al menos el día de Nuestra Señora del Carmen, tu excelsa Patrona, no te falte la expresión de las plegarias que elevo al Señor por ti y esa Rvda. Comunidad que el Señor te ha confiado, te pongo estos renglones.

         »En esa especie de índice que haces al final del cuaderno, en la letra E he notado que nada pones sobre propósitos en la virtud de la esperanza y sin embargo es la virtud que más necesitamos que aumente el Señor a través del don de la fe: “Creo Señor, pero ayuda a mi incredulidad, auméntame la fe”. Creemos que nos amó hasta darnos su vida y luego no creemos que su vida puede matar nuestra muerte. También noto que empleas demasiado la primera persona “ni siquiera somos suficientes para pensar algo como nuestro, nuestra suficiencia viene de Dios”, dice San Pablo; dices: “Cuando hice la meditación” y debías decir: “Cuando Él me llevó con su gracia a la oración y me dio gracias para luchar con las distracciones y tratar de recogerme, etc. …”. y entonces en su luz verías la luz; ¡qué fidelidad incansable y condescendencia adorable la suya! A pesar de que no tenía ganas me llevó y quiso tratar conmigo (gusano vil) de los inefables amores del Padre a mí y a mis hermanas en su Cristo ...

         »Algo de esto os decía en el retiro “déjame hacer ahora que así conviene que cumplamos … ”. Si no te das cuenta de que se hizo hombre para ayudarte a llevar su yugo “no sentirás suave y ligero el peso suyo”.

         »Termino. La empecé el 12, la concluyo el 15; el 17 me voy a Torrelodones Hostal del Pinar, desde allí con más sosiego te escribiré.

         »Deseando que la Virgen Santísima en su advocación de Monte Carmelo derrame plenitud de  gracias  sobre  ti y esa querida Comunidad, os bendice y se encomienda a vuestras oraciones» [6].

 

         Su buen amigo Antonio Santamaría le contesta que cree que debe escribirla,

         al menos en la etapa de la Guerra [7]

 

         «Quizá –le dice– sea aun en esto providencial tu restablecimiento a 25 años de perspectiva. Se han publicado cosas buenas del tiempo de la guerra, mas este aspecto está inédito. Serviría también para explicar la raíz de muchos frutos espirituales hoy pujantes que germinaron entonces con dolor.

         »Mas antes de los que pudieran ser los esquemas del libro debes intentar reunir material abundante. SIGNO tiene algo publicado; pero hace falta escribir historia. De conservarse las cartas en el Consejo [8] se hubiera podido citar nombres y unidades militares que harían irrefutables ciertos heroísmos que pudieran parecer a algunos fantásticos y tener una buena acogida entre ex-combatientes que se verían allí reflejados.

         »No he tenido en mi poder ningún resumen de las actividades de la Juventud en aquel tiempo. Una copia llevó Maximino Romero en su viaje a América, quizás sea la tercera copia a que tú te refieres.

         »Te incluyo todo lo que he podido encontrar relacionado con ese trabajo; un calco del informe elevado por ti al llorado Cardenal Gomá, una de las lecciones de Acción Católica y un informe de la situación moral de entonces; me he retrasado algún tanto por si encontraba algo más y porque quería enviártelo desde Burgos para más seguridad en el correo».

 

         Pero, que se sepa, la historia de la Juventud de Acción Católica no llegó a escribirla lamentablemente.

 

         A finales de agosto, día 30, vuelve a escribir a Sor Carmen:

 

         «Muy estimada en Cristo Madre Carmen:

         »Voy a intentar contestar a tu última. No sé si la contestaré toda porque con este calor asfixiaste apenas tengo ánimos más que para la oración mental, el Divino Oficio y la Santa Misa y un poquitín de lectura.

         »Me parece que hasta ahora mal te va con haberme elegido como director. En fin, seguiremos probando hasta el otoño.

         »Todo período intenso de oración, como son los Ejercicios, son un cerco de gracias para que percibamos más el llamamiento que nos hizo a la unión con Él. Dios no se muestra, pero nos va transformando a nosotros, nos va haciendo más espirituales, más capaces de percibir, saborear y emborracharnos de la “Palabra”, que permanece para siempre.

         »En cuanto a lo que dices de la virginidad, piensa que tal vez fue la dote con la que Él te obsequió cuando te enamoras de sí, pues inició “in oblicuo” un proceso de abnegación paralelo al que “in recto” suscitó de afirmación y prioridad de los intereses de su gloria; tal vez fue Aquel “el rostro recliné sobre el Amado, cesó todo y déjeme, quedando mi cuidado entre sus azucenas olvidado”.

         »¿Por qué Antonio [hermano de Sor Carmen] es santo y nosotros no? Tú misma lo dices porque así lo quiso Dios. A él lo quiso consumar en dos años y a nosotros ... Dios lo sabe. Pero ¿a qué esa preocupación? ¿Crees que te ama aún siendo como eres? Pues esto es lo que agrada al Padre:  que creamos en Aquel que nos ha enviado como Verbo que expresa infinita y eternamente su amor.

         »La humildad es la que roba el Corazón de Dios. Si cuando acudimos, llevados de su gracia, a la cita de la oración, la Misa, el Oficio, el trabajo, etc. nos lanzamos a cogernos a su regazo amoroso, doliéndonos de contristarle con nuestras miserias, pero plenamente confiados al amor de su Corazón, ¿crees que nos rechazará o que sacados del Sagrario de la Divina liberalidad los torrentes de su misericordia embellecen a nuestras almas para que así participen de las complacencias que el Padre tiene siempre puestas sobre Él?

         »Os he tenido muy en mi recuerdo durante estas fiestas del IV Centenario de la Reforma Carmelitana acometida por Santa Teresa y casi cotidianamente ofrezcan vuestras oraciones y penitencias al Señor para cubrir la desnudez de mi espíritu.

         »Del tema de Antonio [hermano de Sor Carme] y de Losada [Agustín], te contestaré otro día pues ahora van a llamar para comer.

         »Perdona el retraso pero estoy tan desmadejado por el calor que todo me fatiga.

         »Encomendándome  a  vuestras  oraciones os bendice vuestro affmo. en Cristo y Capellán» [9].


         Ya casi a finales de año, 20 de noviembre, le dice:

 

         «Muy estimada in Corde Jesus:

         »No me niego al retiro, le estoy pidiendo al Señor que me ayude a prepararlo. No puedo defraudar a Jesús que a través de Vds. me pide que me recoja en Él, que ore insistentemente y que luego ofrezca a las amadas de su Corazón los frutos que su gracia y su amor hayan hecho en mi alma; pero eso tardará aún un poco, aunque en todas estas horas en que el Señor me lleva a la oración está el deseo que Él pone en mi alma de hacer algún bien a esa amada Comunidad.

         »No sé si habrás recibido ya contestación del Rvdo. Carlos Castro, pero me dijo que lo haría con mucho gusto, que como las misioneras de Zurbano, en donde se aloja, tienen magnetofón que ellas le impresionarán y que se los mandarán y que incluso en cuanto se los devuelvan, pues ahora están en América, os enviarán unos Ejercicios completos que siempre soñaron las misioneras.

         »Orad para que el Señor me ilumine y espero que en la próxima semana no más tarde pueda llamar a Agustín para grabar el retiro.

         »Encomendándolas en la Santa Misa, queda de Vds. s.s. en Cristo» [10].

 

         En vísperas de la Navidad, 22 de diciembre, le dice:

 

         «Amada en el Señor Madre Carmen:

         »Qué difícil es tratar de expresar en unas líneas, que forzosamente han de ser breves en estas fechas, cuánto el Señor me hace sentir hacia esa Venerable Comunidad y su Madre Priora! ¡Qué magnífico reflejo sois del Corazón de Jesucristo! ¡Yo regateando todo, y vosotras prodigando bondad, oraciones y obsequios ...! ¡Qué preciosas casullas y conopeos ...! Quiera el Señor permitirme llegar a usar para su honra y gloria la de la Inmaculada.

         »Créeme que estoy avergonzado ante el Señor de como me estoy comportando con Él en vosotras; ciertamente os encomiendo en la Santa Misa, pero paréceme que con esta terrible mediocridad de mi vivir cristiano, os estoy robando, por el vivir de Cristo en vosotras, ayudas y gracias a las que tenías derecho, ya que acepté tu dirección espiritual, que tan mal llevo, y al hablaros en nombre del Señor, y ambas cosas son exigencias del Señor para mi entrega, pues sólo el riego de la gracia puede hacer fecundas ambas.

         »Perdonadme y pedir por mí al Señor para que al fin me rinda de verdad a tanto regalo y requiebro suyo.

         »Debería de estar profundamente alegre “Dominus proper est”; lo tengo en mi misma casa, en el Sagrario, en mi propia alma si, como le pido y espero, estoy en su gracia; cada día su amor hace latir 100.000 veces mi ingrato corazón y, sin embargo, ¡qué pena amarle tan poco ... ! Y cuanto más intento pagar deuda tan inmensa más en deuda quedo, pues sólo con su sacrificio y el de su Iglesia Santa puedo pagarle.

         »Que el Señor os colme de sus gracias en la conmemoración de su Nacimiento, a fin de que más y más nazca en vuestras almas y así glorifiquéis y alabéis a la Trinidad Santísima reparándola de lo mal que yo lo hago.

         »Con todo afecto en Él te bendice a ti y a la querida y venerable Comunidad» [11].


 [1]  C.P. pp. 1861-1862.

 [2]  C.P. pp. 1863-1864.

 [3]  «[…] El sentido de Cruzada que nosotros teníamos –dice Manuel Vigil y Vázquez– era el del Siervo de Dios, de sed de almas para Cristo. El Siervo de Dios, con su llamamiento a la “Cristiandad ejemplo”, permitió situar sin equívocos a la Juventud de Acción Católica en su verdadero papel […]» (C.P. pp. 9886-9893).

 [4]  C.P. pp. 283-284.

 [5]  C.P. pp. 1865-1866.

 [6]  C.P. pp. 1867-1868.

 [7]  Su carta de fecha 12 de junio de 1962.

 [8]  Según Antonio Santamaría, «la copia del resumen se perdió en el traslado del archivo de la Junta Diocesana de Burgos a su antigua sede del Palacio Arzobispal juntamente con importante material original de aquella época».

 [9]  C.P. pp. 1869-1872.

 [10]  C.P. pp. 1873-1874.

 [11]  C.P. pp. 1875-1876.

 


Publicado por verdenaranja @ 0:07  | Espiritualidad
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