Domingo, 07 de diciembre de 2008

Información  enviada por Carlos Peinó Agrelo, peregrino, cursillista, colaborador en la redacción de la postitio super virtutibus sobre el Siervo de Dios Manuel Aparici.

OCTAVA ETAPA DE DOLOR

NOVENA ETAPA DE DOLOR

          Año 1964: Cada vez es más perfecta su inmolación, hasta tal

punto que en este año de su muerte, la cruz consuma

su apostolado en la Acción Católica. 

 

          El 7 de abril escribe a Sor Carmen y le dice:

 

          «Estimada en Jesús Madre Carmen:

          »Ante Vuestra Reverencia y toda la Comunidad me postro de hinojos para pedir vuestro perdón por este abandono en que os he tenido tanto tiempo. No es que no hayáis estado presente a mi espíritu en la Santa Misa y en mis oraciones, pero es que he sido ingrato con el Señor; me dejé ganar por la tibieza, me sentía vacío y debió crecer en mi esa secreta soberbia que no acaba de morir, pues en realidad es cuando con mayor razón debiera de haberos escrito para pediros ayuda, y en vez de hacer esto, decidí callar. También tengo que pediros perdón por esto, pues ya no es sólo que en esta amistad santa que nos une, yo soy el gorrón que recibe siempre bienes sobrenaturales y nada aporta, sino que, al ocultaros las necesidades de mi alma, os he hurtado un estímulo a vuestras plegarias.

          »Cuando tenía escritas estas líneas, que comencé el martes de Pascua y que reiteradas visitas me impidieron proseguir, recibía ayer 6 tu carta y hoy he ofrecido la Santa Misa por vosotras, las Siervas de Jesús, que me atendieron durante los momentos (¡años!) más graves de mi enfermedad, y las Religiosas Oblatas de Cristo Sacerdote, que todas me encomendáis en vuestras oraciones.

          »Otro día, Madre Carmen, contestaré la tuya; ahora sigo con el intento de ésta que era, después de pediros perdón por el abandono que os he tenido, enviaros mi felicitación Pascual.

          »Gocémonos, amadas hermanas, en la Resurrección del Amado ..., ya que para siempre gozoso y glorioso en la gloria del Padre si le amamos. Si Él es nuestra vida ¿qué importan nuestras flaquezas, nuestros sufrimientos, nuestros dolores, si Él vive glorioso a la diestra del Padre? Esos dolores, sufrimientos, flaquezas y miserias son preciosas reliquias de su vivir y morir en nuestra carne mortal, porque si bien Él no conoció pecado, por amor al Padre y a nosotros, se hizo maldición y pecado y varón de dolores experimentado en el sufrimiento.

          »Por eso son reliquias, porque, al ser nosotros miembros de Cristo por el santo bautismo, esos dolores son los mismos que pasó Cristo; entonces estuvieron sólo en la Cabeza y ahora están en sus miembros para que los miembros saboreen el amor que les tuvo la Cabeza y sepan, con ese saber sapiencial de los dones, cuan ligero es el yugo del Señor.

          »Gocémonos en el Amado Resucitado y Glorioso. Ya nos lo decía en el Cenáculo: “Si me amarais os gozaríais porque me voy al Padre y el Padre es mayor que yo”. Ya está en el Padre también como hombre, pero no está sólo. Nos llevó consigo; en la Ascensión (ilegible) llevó cautiva a la cautividad, y el mismo Jesús nos dijo en el sermón de la Cena: “Y entonces conoceréis que yo estoy en el Padre, que vosotros estáis en mí y yo en vosotros”; si habéis corresucitado con Cristo buscad las cosas de arriba, gustad las cosas de arriba donde está Cristo a la diestra del Padre.

          »¿Y los hermanos que nos rodean y que nos muestran en sus obras conocer el amor de Dios? Esos también son los amados del Redentor y, por Cristo, en Cristo y con Cristo, de toda la Trinidad Santa. Su redención ya está hecha; sólo falta su aplicación y esta se hace por la participación del sacrificio de la cruz hecho presente en el sacrificio de la Misa. Pero si el modo de redención fue por satisfacción vicaria obrada por ti, en la aplicación también puede haber, no satisfacción, pero sí satis-pasión vicaria, y eso es lo que Cristo quiere obrar en nosotros: En vosotras y en mí. Ese es el gozo profundo de nuestra vocación: Completar lo que le falta a la Pasión de Cristo por el Cuerpo de Él, que son sus miembros.

          »Veámonos siempre con los ojos de nuestro Amado y desde su Sacratísimo Corazón, con qué amor indefectible, tierno, paciente y fidelísimo nos ama. Nos eligió eternamente sabiendo cómo íbamos a ser: Nada, pecado, flaqueza, ingratitud, inconstancia; pero en medio de todas estas cosas su amor nos comunica su vida que es omnipotencia, santidad, fortaleza, caridad.

          »Amémosle por los que aún no le aman y hagamos penitencia por ellos para que, al arrancar del Padre nuevas gracias, puedan conocer a Jesucristo y convertirse a su amor.

          »Que el “pax vobis” de la mañana de Pascua resuene más y más en vuestras almas y que cuando apliquéis –como decía el Crisóstomo– la boca del alma a su costado abierto para recibir el sacramento del amor, entréis en el gozo que en vida mortal tuvo cuando vio que, como pequeñuelos suyos, acudiríamos a recibir su Vida de su costado abierto, más que por la lanzada de Longinos, porque se le rasgó de amor. Unido a vosotras en la alabanza, el amor y el gozo del Amado os bendice en su Santísimo Nombre» [1].

 

          El 24 de abril le dice a Sor Carmen:

 

          «En Cristo muy amada Madre Carmen:

          »Al fin llega el momento de empezar a contestar la tuya del 3; tendrás que padecer muchas faltas de mecanografía; me he decidido a emplear la máquina para tratar de trabajar; sin darme cuenta caí en la tentación de las interinidades, que es vaguear: pensaba ... para morirme dentro de unos meses para que voy a empezar esto o lo otro .... Y ya ves, dentro de poco se cumplirán ocho años de la enfermedad. ¡Qué mal aprovechados!

          »En la pasada Semana Santa, que me regaló con una pequeña bronquitis, su gracia me hizo pensar en eso: ¡Cuánto tiempo perdido en leer tonterías ...! Si hubiera repasado, si hubiera escrito ... Me dolió por Él; me entregué con todas las miserias mías y le tomé su Corazón para ofrecérselo en reparación de tantos desánimos pasados.

          »Parece que el Amado te oye, porque a cada momento me hace más manifiesto Su Amor, y tal vez este amor suyo es mi mayor cruz por mi impotencia para amarle como Él merece ser amado. Ciertamente que le tengo a Él en mis manos cuando le consagro y en mi alma cuando le comulgo para amarle con su propio amor, pero las miserias diarias mías, las de esta pobre humanidad ... Es verdad que lo permite para que más y más podamos sondear en el abismo sin fondo de su caridad infinita ..., pero este saber es nueva cruz, espada, que también es cruz, que separa carne de huesos. Así, ahora se me ha hecho actual una antigua jaculatoria que su gracia me hacía rezar cuando meditaba su segunda palabra de la cruz: “Amado, desde tu Reino, acuérdate de mí para tu cruz”.

          »Por dentro ya ves un poco como voy: con muchos fallos, pero con mucha confianza en el Amado y renovado afán de consagrar todas mis obras al Rey. Por fuera: el corazón muy débil, circulación lenta, lo que convierte mi sangre en caldo de cultivo para todos los microbios; por eso, el pasado año tuve cuatro bronconeumonías, además el hígado dañado, diabetes, un pulmón casi inútil por estar comprimido por el líquido que se almacenó al lado derecho del tórax, todo este conjunto de cosas me tienen un poco fastidiado físicamente, pero es mi tesoro, pues es la fuente de una serie de dolorcillos que me hacen conocer más la caridad de Cristo.

          »Pasemos a lo tuyo. Creo, amada Madre Carmen, que te falta verte a ti misma en la fe. En todas tus cartas se te escapan expresiones de excesiva preocupación por lo que tú haces o dejes de hacer. Contémplate en la retina de Cristo, en el Corazón de Cristo. Tú antes de entrar en el convento habrás visto muchas madres, ¿crees que los dejaban de amar porque estuvieran sucios, enfermos o impertinentes? Pues si su corazón de madre humana es así ¿cómo será el Corazón de Aquel de quien ha salido la ternura de todas las madres que han sido, que son y que han de ser? ¿Y crees que ese Corazón te va a soltar? Piensa que su fidelidad en amarte y darte su vida y su gracia es la que hace fiel.

          »Córdoba sigue pasando su difícil crisis […]:

          »Sobre Benzo [Miguel, sacerdote, Secretario General de la Acción Católica] ... conformo mi juicio al de la Jerarquía […].

          »Sobre D. Anastasio, le veo con gran afecto y reverencia; siempre le consideré como un magnífico sacerdote, enamorado de Cristo, de la Iglesia y de las almas y lleno de celo apostólico. Sin embargo, no veo motivo para escribirle; yo ahora no soy más que un sacerdote enfermo desde hace ocho años y por ello un poco desfasado de las cosas accidentales que hoy tanto privan en los movimientos de Acción Católica. Si D. Anastasio viniera por Madrid y me hiciera la caridad de visitarme, ya hablaríamos.

          »Y nada más por hoy; todavía la máquina me seca la imaginación y me cansa. Por lo que antes te dije del Corazón de Dios verás que coincido contigo en lo que dices de las fotos de Carolina Kennedy.

          »Te dejo en la escritura porque llega el momento de ocuparme de ti y de mí y de lo que a ambos nos confió en la Capilla ante el Sagrario te bendice en El» [2].

 

          El 8 de Mayo le escribe Sor Carmen, Priora, desde Donamaría (Navarra), y le dice:

 

          «Amadísimo en el Señor:

          »Gracias por tu carta. Desde luego tengo que decir como un seminarista compañero de Pepe [hermano de Sor Carmen] “Dios es para todos Padre, pero para mí, para mí es abuelo, por eso de la ternura”. No acabo de comprender que me atendáis, me contestéis, he hagáis caso. En fin, que como es Amor, lo pone para mí en todos.

          »Empecé ayer los Ejercicios, por eso hoy no voy a ser larga. En cuanto termine te escribiré y te diré lo que Él me haga conocer, desear, etc. en estos días y ya me dirás. Lo de hoy sólo para que desees que sea plenamente de Él.

          »Hoy ha sido un gozoso día … y me pena que siendo para mí Dios así … tan fácil y tierno, esté yo entretenida en tantas cosas y tan poco disponible para su intimidad y más que a soberbia, a esto mismo temperamental y escaso de fe lo achaco en Córdoba [José Manuel de]. De todas formas es pena para él y para mí porque nos perdemos algo … participar de lo infinito claro.

          »En cuanto a lo de Benzo [Miguel, sacerdote, Secretario General de la Acción Católica], yo también pido […].Pide mucho y ofrece algo de lo mucho que tienes. ¡Cuánto te ama el Señor! Que Él te ayude a llenar la medida. La que Él quiera para su gloria y tu felicidad. En Él voy» [3].

 

          El 9 de mayo le escribe, desde León, el Rvdo. D. Librado Callejo Callejo,

          Magistral de la S.I.C.

 

          «Muy recordado y tan buen amigo Manolo:

          »Por separado y con esta misma fecha escribo a tus sobrinos y les informo de la situación en que se encuentra el Sumario y las gestiones que he realizado a su favor en estos días que siguieron a su visita. Ellos te dirán.

          »De verdad que agradecí extraordinariamente su visita, no tanto por conocerlos a ellos (que me dio mucha alegría), cuanto porque ellos me traían noticias tuyas. ¡Dios te lo pague!

          »Puedes estar seguro, querido Manolo, que, aunque la correspondencia epistolar tenga sus colapsos, nada mengua la compenetración y el afecto que nacieron en horas y días vividos intensamente y que jamás olvidaremos. A veces me retraigo de escribirte por no forzarte a que tú lo hagas, ya que me imagino las dificultades con que tropiezas, si bien, como dices, hayas mejorado. De todos modos, comprendo que para ti resulta carga lo que para mí sería distracción, escribir cartas. Por otra parte, cuando las cartas no pueden tener la contrapartida de la respuesta, no sabes cómo orientarlas, pues no es cosa de estar repitiendo en todas el mismo disco, ni tampoco de escribir para dar palos de ciego. Esa es la razón de que suspenda la correspondencia y me refugie en la comunicación interior con el Señor que más eficazmente la hará llegar hasta ti. Bien sabes, mejor que yo, que, aunque nosotros no hablemos, Dios puede hacer sentir lo que uno, sintiéndolo. No puede manifestar por una u otra causa. Eso es todo, Manolo.

          »No sabes cuanto me alegra que te hallan dado al Señor a domicilio y que pueda ser tú su guardián, y Él tu confidente en horas lentas, sin prisas, como otros las padecemos, o nos imaginamos padecerlas. Con Reservado en casa, me hago cargo que tu situación espiritual ha ganado mucho; y el mismo organismo conocerá el esfuerzo tan próximo de la Eucaristía “doméstica”. Ahora es más verdad que nunca estás sólo, y que siempre sois dos, con la aspiración y el conato constante de convertiros en uno. Escucharás tantas veces con gozo inmenso cómo el Padre repite en tu casa, “Ut sint unum”. Me parece además que bien te lo has ganado. Y que esos buenos amigos (entre los que cuentas al Sr. Patriarca difunto) hicieron no tanto una obra de caridad cuanto de justicia, si es que nuestras exigencias pueden llegar hasta forzar a Cristo: Que sea uno más de la casa. Y la celebración, cómo te compensará ... con ese alivio de hacerlo sentado, para que la debilidad de la carne no venza las ansias del espíritu de alargar la media hora del sacrificio. Con esto no quiero decirte que me imagine que en tu vida ya todo sea “vida y dulzura”. No. Sin embargo, la vida así se hace “amable” porque lo es el Señor. “Quam suavis es Dominus …”. y para quien sabe calar profundamente en esa oscuridades luminosas de la fe, como Manolo, aún más. Mi enhorabuena cordialísima por esta prueba de amor de Jesús que tanto se te ha acercado que “se te ha metido en casa para quedarse contigo”. Y desde ahí y con Él, el mundo entero lo tienes cerca de ti y tu actuación resulta mucho más eficaz que la de los que pedaleamos tanto por la tierra haciendo ruido.

          »Puedes imaginarte cómo me ha impresionado la muerte del Sr. Obispo de Salamanca. Nosotros le debíamos tanto … y yo, en particular, más. Cuánto bien nos hizo y cuanto nos ayudó siempre. Dios se lo ha premiado ya. En cambio, me sirve de satisfacción que sustituya al Sr. Patriarca, Morcillo, que tanto te conoce y, sin duda, tanto te quiere. Hará mucho bien en Madrid con ese segundo de abordo, D. José María García Lahiguera.

          »Siempre que tengo oportunidad de que alguien me informe pregunto por ti. Y ya te harás cargo –se lo dije también a tus sobrinos– que mis viajes a Madrid son siempre de compromiso: para gestiones o de paso; pero siempre fugaces. No sólo me gustaría –ten la seguridad– me vendría muy bien una charla calmosa de los dos. Si el Señor me lo quisiera proporcionar … Si buenamente puedes escribir, ya sabes que yo encantado. Y te contestaré siempre. Pero, si no te es posible, supla el silencio de la oración lo que la carta no puede decir. También callando nos entendemos muy bien.

          »Sigue encomendándome. Lo hago diariamente y subrayando nombre e intenciones. Un abrazo muy fuerte. Hasta cuando puedas. Siempre incondicional a tu disposición» [4].

 

          El 10 de junio el Deán del Excmo. Cabildo Metropolitano de Zaragoza,

          el Rvdo. D. Hernán Cortés Pastor le dice:

 

          «Querido Manolo:

 

          «Veo somos tradicionales. Esto es PRESBITEROS, como dice la Iglesia, lectio Sancti Beda venerabilis PREBYTERI. Que es sacerdote y aplomado por la prudencia, y no sólo sacerdote sin aplomo […]. Por todo, Manolo, no desperdicie ni una astillita de su cruz, que Jesús ha cortado a la medida de las fuerzas de usted, para con ella santificarle y santificar todas sus intenciones de apostolado al que se dio tantos años ha. Ofrezca con la hostia santa, pura e inmaculada su cruz para que la campaña atea se trueque en conversión de los ateos y gloria de Dios. Dios le distingue: en su casa, en su Misa, en su alma, en su cruz y en su amor. ¡Sursum corda! María le saluda con mucho cariño. Recuerdos a su sobrina. Mi sobrino se desenvuelve bien.

          »Reciba mi abrazo» [5].

 

          En carta, sin fecha, le dice Sor Carmen, Priora:

         

          «Amadísimo en Él:

          »Quería haberte escrito pues Agustín Losada me dijo que estabas pasándolo muy mal y hasta que ya pensabas en cuando terminaría esto [6].

          »Yo te comprendo muy bien pues es cambiar esta durísima cruz por la “visión”, pero, aparte de la gloria de Dios y de todas las innumerables gracias que alcanzarás con ello, es que amarás más al conocer mejor.

          »Lo tuyo, como lo de la Hna. María Remedios, parece un auténtico milagro, y sólo se explica al pensar que todos estos dolores están siendo un auténtico don del Señor para regalarnos el don de una comunicación más íntima con Él.

          »Ya te he dicho muchas veces la envidia que te tengo porque una cruz así de la que uno no puede escaparse ...

          »Y te recomiendo que, por encima de todos los Ejercicios y de todos, ahondes con mayor amor y con todo en esa “vía Carolina” que te recomiendo con toda el alma porque es que ¿qué vamos a dar nosotros a Dios?

          »Desde luego no te agobies, ¿qué importa que seas débil o que no puedas recogerte? No pidas imposibles de esos que Dios no quiere. No te pide más que le quieras como sea y que sepas que El te ama y te quiere así de débil, de pequeño y de CONFIADO.

          »En una foto de París Mach, viene Kennedy en su mesa de despacho y debajo asoma la cara del crío; el texto dice que mientras el padre trabaja encima el pequeño ha instalado su oficina debajo de la mesa; le está dando la murga a su padre pidiéndole unos lápices que se ha dejado encima y el padre sin perder la paciencia le contesta: “John John, es que estoy ocupadísimo”.

          »Pero lo más notable es la cara de complacencia del padre. Dios es mucho más, ¿no comprendes? ¿Qué le importa que tus lápices sean una novela, o que te duermas porque NO PUEDES con el calor y la fatiga y todo?

          »Aplícate aquello que tantas veces nos has repetido y con lo que nos han abierto tantas veces el camino de la confianza hacia Él. Y vive en un continuo magníficat porque también tú puedes decir que «ha hecho en ti cosas grandes el que es Poderoso.

          »Te confieso que, en el orden de la penetración sobre el apostolado seglar, nadie os ha superado a Herrera [Ángel, Cardenal] y a ti. He leído con un gran consuelo el prólogo de Mons. Riberi a las obras de Herrera. Mons. Tedeschini no podía haber dicho más, y en esa línea estás tú.

          »Yo vivo en una continua acción de gracias por ti y por D. Ángel [Herrera], y porque por Antonio [hermano de Sor Carmen] me acercó a vosotros y gracias a eso siento hoy las oleadas de su infinito amor que me van venciendo.

          »Luego vendrán épocas de sombras porque hay que purificar lo humanísimo aun de mis sentimientos, pero en este instante no sé ni como puedo vivir con tanto como el Señor me hace ver lo particularísimamente que nos ama.

          »Por encima de todo ¿qué hay hoy que ya parece que va de vuelta en la Acción Católica Española? Superada la crisis, España volverá a ser llena del deseo de ser la Vanguardia de esa Cristiandad que el Señor nos hizo soñar. Y todos esos sacerdotes, superada la crisis, serán los sacerdotes de Vanguardia de esa Unidad europea al servicio de la paz del mundo.

          »Tenías razón, “no pasó el Ideal, lo va Dios lentamente realizando en nosotros” y luego se irá extendiendo conforme, no a nuestra fidelidad, sino a su Amor.

          »En conjunto me parece que el libro ha quedado muy bien […]. Córdoba [José Manuel de, sacerdote] te lo llevará seguramente; parece que aún no han salido todos y ya le digo que si no tiene yo le daré a él aquí el mío.

          »Y ofrece un poquillo este mes para que seamos testimonio para Córdoba, que le ayudemos a descansar y que sobre todo sepa recordarle el ideal.

          »Sinceramente me parece que hay dos cosas magníficas en él: la humildad y la generosidad; pide para que con esas capacidades el Señor le haga ver todo lo que quiere de él y la forma en que quiere que él le sirva. Que yo no me busque y que sepa entregarme para que él encuentre plenamente el camino.

          »Si viene con ánimos haremos una vigilia el 24 al 25 y la ofreceremos para que Dios realice sus planes en ti y por ti. Que esta Acción Católica de hoy sea la continuadora de aquella y siga su línea de superación en la eficacia, pero también en la fe y el amor.

          »Dicen que Herrera [Ángel, más tarde Cardenal] habla del consuelo que Dios le ha concedido en la formación de tantos …

          »¿Qué piensas tú? ¿Qué sería de Romero de Lema [D. Maximino, más tarde Arzobispo], de Benzo [Miguel, sacerdote, Secretario General de la Acción Católica], de Rubio [Carlos, sacerote], de Córdoba [José Manuel, sacerdote] ... de los mártires sin tu paso por el Consejo con tantas generaciones sacerdotales, de seglares y ... ?

          »De locura hijo mío, por amor de Él no te atormentes, aunque te veas rematado de mal no te importe nada. Dios es glorificado en darse y a ti que se te dio y se te da tan sin tino y para tantos, ¿qué glorificado será?

          »Sé feliz en tu dolor, cansancio, tristezas ... todo; sé feliz porque Él es tu Padre, tu amigo, el Amado. Te ha dado a su Madre y te ha regalado el fecundar, por tu inmolación absoluta de tu nada pero unido a la suya infinita, a toda la Iglesia actual de España y por ella a la del mundo entero a la Iglesia universal con su Consiliario y su regalo del Papa y tanta y tanta maravilla, y te da a su Madre para que te sostenga y te tiene en sus brazos para que no puedas separarte jamás de su Amor.

          »Mira si yo, tan ruin y en fin ... tan como todo lo humano te quiero, te agradezco, me siento tan unida ¿qué sentirá la Trinidad, la Virgen y los santos, pues eres su obra?

          »En Él llena de agradecimiento por tu alma» [7].


          El 22 de junio, le escribe, desde La Coruña, José Pousa Pérez

 

          «Entrañable Manolo:

          »Hoy mismo le escribo a Mauro Rubio [sustituyó al Siervo de Dios en la Consiliaria Nacional, íntima amigo suyo y testigo en su Causa de canonización, más tarde Obispo] para pedirla las cuatro biografías que se han publicado ya sobre Antonio Rivera, “El Ángel del Alcázar”. Espero que me las mandará rápidamente para poder escribir artículos sobre: “Ya tenemos Santo” a publicar en El Ideal Gallego.

          »También encontré la esquela de Pelagio Viso que me revolcó el corazón con su memoria.

          »Ahora quiero empezar a pensar y a escribir sobre aquél hecho magno de la peregrinación de la Juventud de Acción Católica a Santiago de Compostela, cuando nos hicimos adelantados de peregrinos y prometimos: “Ser peregrino de un eterno camino de santidad para que por mí haga el Señor a todos los jóvenes de España y en especial a los de la Diócesis peregrinos de un eterno camino de santidad”.

          »Me gustaría mucho conocer la interioridad de la que se produjo esa frase, saber, en suma, el camino que seguiste en aquella llamada a la juventud que aún nos estremece en su recuerdo. Tú no olvides que fuiste para La Coruña una gracia tan especial que yo digo siempre: “Soy cristiano por la gracia de Dios y la palabra de Manuel Aparici”.

          »Me acuso de rezar poco por ti. Lo hago siempre que me acuerdo de tu persona, pero pasan horas y días sin que tal ocurra. Es una actitud nefasta y rastrera que te confieso a voz en grito solicitando tu dispensa y haciendo firme propósito de enmienda.

          »Ya tenéis nuevos Obispos en Madrid-Alcalá. Uno muy querido y conocido, como es Maximino Romero de Lema. Otro conocido por su trabajo que es D. José Guerra Campos. Hoy mismo también le mando a Mauro Rubio el artículo que he escrito sobre una frase suya: “La Iglesia, alma de la sociedad”.

          »Besa tu mano y te abraza con toda el alma tu buen amigo y discípulo» [8].

 

          El 29 de Junio, a sólo dos meses de su muerte, su buen amigo, Mons. Ricote

 

          «saluda y bendice cordialmente al Rvdo. y muy querido Sr. D. Manuel Aparici Navarro y le agradece en el alma su afectuosa felicitación con motivo de mi santo y cumpleaños.

          »Aunque ya sé que lo haces así, no dejes de encomendarme en la Santa Misa, pues lo necesito. Yo, a mi vez, pido al Señor que te conceda la salud y te siga prodigando sus gracias, a fin de que todo, lo agradable y desagradable, te lleve a la unión más íntima con Él. Un fuerte abrazo» [9].

 

          El 13 de julio, le escribe, desde La Coruña, José Luis López Mosteiro,

          amigo y testigo en su Causa de Canonización y le dice:

 

          «Mi querido Manolo:

          »¿A qué no aciertas a comprender mi carta? Bueno, sí, tú aciertas siempre, y más en cosas de aquellos a quienes conoces tanto.

          Escribía esta tarde, en uno de esos paréntesis profesionales propicios a la expansión y al afecto, a Mauro Rubio, nuestro Obispo, felicitándole. Y, pleno, intenso, desbordante de emoción en el recuerdo, el sentimiento te trajo a la mente y al alma, cuando el Cursillo de Adelantados de Peregrinos de la Academia de Galicia, contigo a la cabeza, se hizo itinerario obligado de este recorrido del afecto.

          »Busqué tu dirección que, no olvidada, esperaba ocasiones como ésta para actualizarse en un epistolario, y ¡ya está!. Porque en el recuerdo diario no falta nunca ese volar a ti. Quizá me faltase siempre esfuerzo, santidad para imitarte; pero presencia de tu obra, ¡nunca!, porque –mu-chos lo decían– Manolo Aparici era –y sigue siendo– cita obligada en mis charlas y anecdotario de juventud, y hasta de mis libros.

          »Algo voy sabiendo de ti, Manolo, a través de tus sobrinos y de aquellos que guardan mayor contacto contigo. Sé de tus sufrimientos, sé de tu pasear por la Plaza de Oriente, algunos días, y de tu estar sentado, otro; sé de tu capilla privada y de tu Misa en ella; sé ...  ¡tantas cosas que tú no sabes que sé ...! Hasta sé que muchos –yo entre ellos– parece que hemos olvidado tu nombre y tu recuerdo. Pero no, Manolo; el ejemplo que tú grabaste en el alma de muchos, no lo borra el tiempo, aunque decaiga la presencia, epistolar o física.

          »Hoy, –ya ves– pensando en los Obispos que tú forjaste, vuela el alma al forjador. Con todo el cariño y la admiración de siempre, aunque con menos “vocinglería” que en mis años de parlanchín ...

          »Aquí estamos muchos, aún. Vilas, Medín, Souza, Carreira, Pousa, (también con su grave dolencia que le hace “irse” muchas veces y otras “estar” con su plenitud intelectual) ... cuando nos vemos (con Pousa por profesión más veces) hablamos de ti y pedimos por ti siempre, y esperamos verte.

          »La profesión, la vida –tópico muy usado hoy– cada día nos hace más difícil reunirnos, conversar, trabajar activamente. Pero aquello tuyo –de Dios por ti– no se ha perdido ...

          »Con mis dos churumbeles, trabajo como un loco. Dios ha querido que, en pocos años, mi bufete sea una bendición de trabajo: trato de rendir cuanto puedo, y de que la conciencia cristiana brille en esta difícil profesión nuestra. Gracias a Dios todo va saliendo bien y los momentos difíciles –que hay muchos– se superan. De vez en cuando, no puedo sustraerme al encanto de la charla, y heme aquí accediendo a los requerimientos que me hacen, y poniendo un granito de arena en la Obra, que si organizativamente cada vez se parece menos a la que vivimos intensamente, está animada del mismo o mejor espíritu y sigue siendo nuestra, o mejor dicho Obra de Dios.

          »¿Ves, Manolo, como en Coruña “vives” con fuerza?

          »No sé si puedes leer y estoy cansándote. Pero, como ves, el mismo Mosteiro de siempre; si empieza no sabe terminar.

          »Si voy a la consagración de Mauro, D.M., (a la de Maximino no podré hacerlo porque tengo Vista en esta Audiencia, Sala de Vacaciones, el mismo día 18), trataré de verte. Muchas veces quisiéramos ir todos, pero todo se queda en el deseo.

          »Empiezo un trabajo largo para el próximo Año Santo; será, D.M., un libro de no pocas páginas. Lo encabezo con una oración al antiguo modo, que fue el pórtico de mi primer libro: “Santiago Símbolo y Guía”, escrito para la peregrinación de la Hispanidad, libro en que Manolo Aparici fue el “alma” y yo la pluma de amanuense ...

          »En fin, Manolo, el impulso del corazón está cumplido. Haz un hueco en tus sufrimientos para poner en la balanza por mí los que yo no sepa o no quiera dar. Con tu valimiento, de verdad que el Señor me hará todo tan fácil como hasta ahora, por su misericordia, (dar el corazón a los míseros, nos dijiste un día) me viene haciendo.

          »Un fuerte abrazo y tus oraciones» [10].

 

         

 [1]  C.P. pp. 1905-1909.

 [2]  C.P. pp. 1910-1911.

 [3]  C.P. pp. 8542-8543.

 [4]  C.P. pp. 8565-8566.

 [5]  C.P. p. 8588.

 [6]  Por el contenido del texto, la carta fue escrita en 1.964.

Publicado por verdenaranja @ 19:23  | Espiritualidad
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