Lunes, 08 de diciembre de 2008

ZENIT ofrece el discurso completo pronunciado el domingo, 7 de Diciembre de 2008, por el Papa a los fieles congregados en la Plaza de San Pedro con motivo del Ángelus.


Queridos hermanos y hermanas

Desde hace una semana estamos viviendo el tiempo litúrgico de Adviento: tiempo de apertura al futuro de Dios, tiempo de preparación de la santa Navidad, cuando Él, el Señor, que es la novedad absoluta, ha venido a habitar en medio de esta humanidad decaída para renovarla desde dentro. En la liturgia de Adviento resuena un mensaje lleno de esperanza, que invita a levantar la mirada al horizonte último, pero al mismo tiempo, a reconocer en el presente los signos del Dios-con-nosotros. En este segundo domingo de Adviento la Palabra de Dios asume los acentos conmovedores del llamado Segundo Isaías, que anunció finalmente la liberación a los Israelitas, probados por décadas de amargo exilio en Babilonia: “Consolad, consolad a mi pueblo -dice vuestro Dios-. Hablad al corazón de Jerusalén y decidle bien alto que ya ha cumplido su milicia” (Is 40,1-2). Esto quiere hacer el Señor en Adviento: hablar al corazón de su Pueblo, y a través suyo, a la humanidad entera, para anunciar la salvación. También hoy se eleva la voz de la Iglesia: “En el desierto abrid camino al Señor” (Is 40, 3). Para los pueblos agotados por la miseria y el hambre, para las multitudes de prófugos, para cuantos sufren graves y sistemáticas violaciones de sus derechos, la Iglesia se pone como centinela sobre el monte alto de la fe y anuncia: “Ahí está vuestro Dios. Ahí viene el Señor con poder” (Is 40,9-10).


Este anuncio profético se ha realizado en Jesucristo. Él, con su predicación y después con su muerte y resurrección, ha llevado a cumplimiento las antiguas promesas, revelando una perspectiva más profunda y universal. Ha inaugurado un éxodo ya no solo terreno, histórico y como tal, provisional, sino radical y definitivo: el paso del reino del mal al reino de Dios, del dominio del pecado y de la muerte al del amor y la vida. Por tanto, la esperanza cristiana va más allá de la legítima esperanza de una liberación social y política, porque lo que Jesús ha iniciado en una humanidad nueva, que viene “de Dios”, pero al mismo tiempo germina en esta tierra nuestra, en la medida en que ésta se deja fecundar por el Espíritu del Señor. Se trata por tanto de entrar plenamente en la lógica de la fe: creer en Dios, en su diseño de salvación, y al mismo tiempo comprometerse en la construcción de su Reino. La justicia y la paz, de hecho, son un don de Dios, pero requieren hombres y mujeres que sean “tierra buena”, dispuesta a acoger la buena semilla de su Palabra.


Primicia de esta nueva humanidad es Jesús, Hijo de Dios e hijo de María. Ella, la Virgen Madre, es el “camino” que Dios mismo se ha preparado para venir al mundo. Con toda su humildad, María camina a la cabeza del nuevo Israel en el éxodo de cada exilio, de cada opresión, de cada esclavitud moral y material, hacia “los nuevos cielos y la tierra nueva donde habita la justicia” (2 Pe 3,13). A su intercesión maternal confiamos la esperanza de paz y salvación d ellos hombres de nuestro tiempo.


[Después del Ángelus, añadió]

En estos días pasados ha muerto el Patriarca de Moscú y de todas las Rusias, Su Santidad Alejo II. Nos unimos en la oración a nuestros hermanos ortodoxos para recomendar su alma a la bondad del Señor, para que lo acoja en su Reino de luz y de paz.


En la tarde del próximo jueves, 11 de diciembre, encontraré en la Basílica de San Pedro a los universitarios de los Ateneos Romanos, al término de la Santa Misa que será presidida por el cardenal Agostino Vallini. Con ocasión del Año Paulino, entregaré a los jóvenes estudiantes la Carta a los Romanos del apóstol Pablo, y estaré contento de saludarles, junto a los Rectores, los profesores y el personal técnico y administrativo, en esta tradicional cita que prepara a la Santa Navidad.


Estoy contento de dirigir un particular saludo a los Clérigos Marianos de la Inmaculada Concepción, que mañana comenzarán el jubileo centenario del nacimiento y de la reforma de su Congregación. Queridos hermanos, que la Virgen María os obtenga abundantes gracias y os ayude a permanecer siempre fieles a vuestro carisma.


[A los peregrinos en lengua española dijo:]

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española presentes en esta oración mariana y a aquellos que se unen a ella a través de la radio y la televisión. En este tiempo de Adviento, la Palabra de Dios nos invita a esperar la venida gloriosa de nuestro Salvador con una conducta santa y religiosa, procurando vivir en paz con Dios, limpios e irreprensibles ante Él. Feliz domingo.


[Traducción del original italiano por Inma Álvarez]

©Libreria Editrice Vaticana


Publicado por verdenaranja @ 22:21  | Habla el Papa
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