Lunes, 08 de diciembre de 2008

Publicados en la HOJA DE DIFUSIÓN PARROQUIAL E SANTA RITA DE CASIA DE PUNTA BRAVA Y DE SAN PABLO APÓSTOL EN LAS DEHESAS DEL PUERTO DE LA CRUZ, 16 de Abril de 2006, número 75


ALGUNOS CONSEJOS PARA PONER EN PRÁCTICA


La fe va perdiéndose poco a poco, a medida que se va cayendo en pecados. Primero pequeños pecados, luego se va relajando el espíritu y se va cayendo en pecados mayores hasta llegar al pecado mortal. Se van abandonando los ejercicios espirituales, y las devociones. Se va alargando los plazos para confesarse, aunque se siga comulgan-do y si no se hace una buena confesión a tiempo llega un momento que la conciencia no grita. Se va perdiendo el sentido del pecado, se enfría el santo temor de Dios, las prácticas espirituales, aún lo más sagrados como son la Santa Misa, el di-vino Oficio o el Santo Rosario, hasta caer en una vida rutinaria. Luego viene el vacío, la soledad interior. Se pierde la alegría espiritual. Poco a poco se va haciendo vulgar y ordinario en el vocabula­rio, aunque se conserve la apariencia de una bue­na vida espiritual que se llevó en otro tiempo. Pero esta situación falsa, dura poco, porque empezará a notarse en las conversaciones y en el modo de actuar, que está vacío por dentro.

 

Personas de gran vida espiritual llegaron a corrom­perse totalmente. Tienes, pues, que aprender en cabeza ajena, porque también tú eres un ser humano inclinado hacia el mal y el mejor remedio es no abandonar la confesión sacramental, bien hecha, con frecuencia, máximo una vez al mes. Para personas que quieran tomarse en serio la santi­dad, jamás descuidar, ni el menor detalle de sus deberes. Para los que aman de verdad todo es im­portante y no hay cosas pequeñas, todas son grandes. Si te echas a perder la culpa la tienes tú, por falta de fuerza de voluntad y por tener poca humildad, para reconocer que sin Dios no puedes hacer nada. No se trata de ser un héroe un día, y luego los demás días un cobarde. Es cuestión de ser fieles y constante aún en los menores detalles y huir de las ocasiones de pecar. Tenemos que ser honrados y medir nuestra fuerza. No podemos jugar totalmente con la salvación. Ni seamos tan ingenuos de ponernos a medir fuerzas con el de­monio. El demonio es más listo y es más viejo que nosotros y sabe más.

 

Las tentaciones son la carnada que nos pone el diablo para pescarnos. El pescador pone la car-nada junto al anzuelo. El pobre pescado ilusionado con la comida no se da cuenta que hay un anzuelo para quitarle la vida y cae en la trampa engañado. Lo mismo cuando ponemos el queso al ratón o la red a un león. Todos son trampas y engaños. Acuérdate de la trampa y la carnada que le puso el diablo a nuestra madre Eva. "La fruta tenia mucho atractivo y lo que le ofrecía el diablo a cambio, era desobedecer a Dios. Era fascinante": Ser como Dios, igual que Dios, conocedor de todo: del bien y del mal, y cayó en la trampa como el pez, o el ratón o el león. Te­nemos que huir de la ocasión. Que no se te ocurra pararte y ponerte a dialogar o discutir con la tentación que te pone el diablo. Si no quieres caer, huye aunque te digan cobarde. Nunca creas que tienes formación suficiente o bastantes fuerzas para vencer la tentación. Corta ya, razona lejos de la ocasión, al contrario, ponte en el lugar o con algunas personas que hagan prácticamente imposible el caer en la tentación. De todos modos el diablo solo hace lo que tiene que hacer. El es "el tentador" como dice el Señor. Ese es su oficio y por su inteligencia ya que es un ángel que pecó; pero ángel, y por su antigüedad y experiencia sabe más que nosotros.

 

La tendencia que tenemos todos es hacer juicios de la vida y de los actos de los demás. Por eso el Señor prohibió juzgar y si quieres seguir luchan-do por ser santo acuérdate de aquel viejo refrán: si santo quieres ser, los de casa te han de hacer. Cuando uno vive en comunidad o se relaciona con mucha gente es bueno aprovechar primero todos los buenos ejemplos que nos dan los demás. 0 séase conviene apuntar en una libreta, sin poner los nombres, todas aquello bueno que vemos que hacen los demás, para imitarlas. Todo el mundo hace cosas buenas, o tiene buenas costumbres. Hemos de actuar como las abejas, imitando lo mejor que veamos de aquellas personas que en­contramos en nuestro camino, o viven en una misma comunidad. No te fijes en los posibles fallos que puedas ver en las mismas personas. Debes llevarte bien con todo el mundo; pero no conviene estar mucho tiempo con personas que no les agrada la vida espiritual ni que les hablen de Dios. Te pueden, hacer mucho daño, sabiendo que es más fácil imitar el mal que el bien: Dime con quien andas y te diré quien eres. Dime lo que lees y te diré lo que piensas.


Publicado por verdenaranja @ 22:53
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