Lunes, 15 de diciembre de 2008

De la Delgación Diocesana Nivariense


7 de Diciembre de 2008
2º Domingo de Adviento – Ciclo B

 

Lectura del Evangelio según San Marcos: (1, 1-8)

 

Comienzo de la buena noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios.

Está escrito en el profeta Isaías:

“Yo envío mi mensajero delante de ti para que te preparare el camino. Una voz que grita en el desierto: ¡Preparadle el camino al Señor; allanad sus senderos!”

Juan bautizaba en el desierto: predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se le perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados y el los bautizaba en el Jordán.

Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba:

- Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.

 

 Palabra del Señor

 

Lectio: ¿Qué dice el texto bíblico en su contexto?

 

Al comienzo de su Evangelio, S. Marcos lo presenta como “buena noticia”, justamente en griego: Evangelio (Mc 1,1); esa buena noticia es la venida del Reino de Dios, anunciada ya en Isaías (cfr. Is, 40, 3). Esa presentación enmarca el contenido del texto evangélico, que va a ser la narración de la vida y hechos de Jesucristo, ya que el Reino ha llegado en su persona. La Buena Noticia, va a ser proclamada, creída, escrita y anunciada al mundo entero por la predicación de los discípulos.

S. Marcos no habla de la infancia de Jesús ni de su vida en Nazaret; tampoco nos transmite largos discursos, pero si trata de comunicarnos íntegramente la persona de Jesucristo narrándonos muchos de sus gestos. “Jesús –  Hijo de Dios” es la afirmación central del Evangelista desde la primera línea de su Evangelio, expresión repetida al pié de la cruz por el Centurión casi al final el Evangelio (cfr. Mc 15, 39).

Mesías e Hijo de Dios son títulos que hablan de la identidad de Jesús. Tal identidad se irá desvelando y comprendiendo progresivamente a la luz de sus palabras y obras; así, todo el Evangelio de S. Marcos responde a este planteamiento inicial: ¿Quién es ese Jesús – Hijo de Dios? Esa identidad es insinuada ya en la predicación de Juan, y en los acontecimientos que siguen al texto que nos ocupa: el bautismo de Jesús y las Tentaciones en el desierto.

Juan Bautista aparece como figura central en el comienzo del ministerio público de Jesús; es el último de los profetas, personas a quienes Dios comunicaba su Espíritu para que hablen en su nombre. En Israel hacía siglos que no había profetas, sin embargo, Juan es reconocido como tal hasta el punto de que sus seguidores se “bautizaban” al  escuchar su palabra (Mc 1, 5). Sin embargo, el Bautista anuncia que Jesús bautizará “con Espíritu Santo” (Mc 1, 8), subrayando así su condición mesiánica. La tradición veterotestamentaria, efectivamente, señalaba la fortaleza y el don del Espíritu como signos que identificarán al Mesías esperado y anunciado por los profetas.

        

Meditatio: ¿Qué me dice Dios a mí a través de la lectura?

 

Tres elementos han ido preparando la venida de Jesús: la Sagrada Escritura, a la cual el Evangelio de Jesús dará pleno cumplimiento, por lo cual, sólo podrá comprenderse auténticamente al meditar la Palabra donde Dios ya ha hablado. Por esa razón cita el evangelista la profecía. El segundo elemento es el envío de un profeta capaz de indicar a la humanidad el camino de la conversión, no es tanto una predicación moral sino una invitación a esperar a “otro” que vendrá en nombre de Dios. El tercer elemento es el mismo pueblo que, el pueblo del Éxodo, camina hacia el desierto, donde está naciendo un pueblo nuevo.

Si el domingo anterior nos invitaba a la vigilancia fiel, en este segundo del tiempo de Adviento nos reconocemos como miembros de un pueblo, el nuevo pueblo que se congrega al eco de la “voz que clama en el desierto” (cfr. Is 40, 3). Es una invitación a descubrirnos como miembros de una Iglesia (Ecclesia: Asamblea) congregada por la Palabra de Dios. ¿Vivo la fe con esta perspectiva comunitaria o me contagio del individualismo imperante en la sociedad moderna?

Ante el bombardeo de mensajes negativos que demuelen nuestra conciencia, necesitamos profetas capaces de hablar al corazón, no profetas de desgracias. Necesitamos el aliento que nos llega del mensaje profético que hoy hemos escuchado en la voz del Bautista: “Preparadle el camino al Señor” (Mc 1, 3). La austera figura de Juan sacude nuestro propio estilo de vida cuando ya no sentimos necesidad de conversión.

¿Tengo esa fe honda en la salvación que nos ofrece Dios? Si no respondo afirmativamente a esta cuestión, y si tampoco tengo clara mi pertenencia al Pueblo de Dios, ¿qué Buena Nueva podré anunciar a los demás? Siempre tendremos alguien que nos pregunte escépticamente: “¿vale la pena?”. La propia Palabra de Dios nos responde afirmativamente a esta cuestión.

 

Oratio: ¿Qué me hace decirle a Dios esta lectura?

 

Tú nos hablas, Señor, a través de los profetas totalmente inmersos en las vicisitudes de su pueblo y de su tiempo, capaces de estar solos o de ir al desierto a proclamar la Palabras. Nos hablas a través de personas que se oponen valientemente a las modas, prejuicios o tópicos de nuestra sociedad tantas veces insolidaria.

Dame, Padre, la capacidad de mantener abierto el corazón ante la voz de quienes hablan en tu Nombre. Dame la fortaleza necesaria para ir a contracorriente y ser capaz de “salir al desierto” para esperar tu llegada. Que yo sepa renunciar a todo lo que atenaza mi capacidad de respuesta libre a tu Palabra. Que nuevamente descubra el mayor don que Tú me has enviado, el Espíritu Santo, y que me deje guiar por Él.

 

Contemplatio: Pistas para el encuentro con Dios y el compromiso.

 

         ¡Preparadle el camino al Señor!

¡Allanad sus senderos!

         Renueva en mi, Señor, el Don de tu Espíritu, en el que me bautizaste.


Publicado por verdenaranja @ 10:46  | Liturgia
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