Lunes, 15 de diciembre de 2008

De la Delegación Diocesana Nivariense

 

14 de Diciembre de 2008

3er Domingo de Adviento – Ciclo B

 

Lectura del Evangelio según San Juan: (1, 6-8.19-28)

 

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz, y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran: - ¿Tú quién eres?

Él confesó sin reservas: - Yo no soy el Mesías.

Le preguntaron: - Entonces, ¿qué? ¿Eres tú Elías?

Él dijo: - No lo soy.

- ¿Eres tú el Profeta?

Respondió: - No.

Y le dijeron - ¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?

Él contestó: - Yo soy "la voz que grita en el desierto: Allanad el camino del Señor", como dijo el profeta Isaías.

        Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: - Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?

        Juan les respondió: - Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, que existía antes que yo y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.

        Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

 

 Palabra del Señor

 

Lectio: ¿Qué dice el texto bíblico en su contexto?

 

Nos encontramos hoy con un pasaje del evangelista S. Juan, que nos presenta la figura del Bautista al comienzo de su Evangelio. La lectura dominical comienza con dos versículos tomados del célebre Prólogo, y que resume en tres frases el sentido de su misión como precursor del Mesías esperado: “Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz” (Jn 1, 6-8).

Los dos versículos del Prólogo del Evangelio de S. Juan que se leen al comienzo del pasaje que hoy leemos, sirven para situar en su lugar correspondiente la figura del Bautista, ante la excesiva importancia que los discípulos de éste tenían de él. De este modo, deja claro que la presencia de Juan Bautista no es algo paralelo o diverso de la misión de Jesús, sino que su misión está: 1) Inserta en el Plan salvífico que Dios tiene para la humanidad, 2) Unida a la misión de Jesús como precursor suyo. El evangelista no ve a Juan Bautista como un asceta o un predicador, sino que nos lo presenta ante todo como “testigo” de quien va a venir verdaderamente como la “Luz”. (Jn 1, 8)

El texto que leemos a continuación es, justamente, el primer pasaje que el evangelista nos transmite tras su Prólogo, y viene a ser un desarrollo de la idea que ya hemos comentado. Comienza diciendo que los “judíos” enviaron a unos para preguntar a Juan quien era. El evangelista suele utilizar el término “judíos” para referirse a las autoridades religiosas judías, hostiles a Jesús; aunque también hay ocasiones en que lo emplea para hablar del pueblo en general.

“…¿Eres tú, Elías?”(Jn 1, 21a) Es éste uno de los rasgos importantes de la espera del Mesías en la escatología judía: Elías volverá. Jesús explica que Elías vino ya en la persona de Juan Bautista: “…él es Elías, el que iba a venir” (cfr. Mt 11, 14). De este modo, Juan ha venido a clausurar la antigua Alianza sucediendo al último de los profetas, Malaquías, cuya última predicción cumple: “…yo os envío al profeta Elías antes de que llegue el Día de Yahweh” (cfr. Mal 3, 23).

“…¿Eres tu el Profeta?” (Jn 1, 21b) Los judíos esperaban al Mesías como un nuevo Moisés, el profeta por excelencia, que renovaría los prodigios del Éxodo. Así, en otros pasajes del mismo evangelista tenemos la afirmación de que Jesús es el “Profeta” esperado, al ver los signos que realiza: “…éste es verdaderamente el profeta que iba a venir…” (cfr. Jn 6, 14) “…éste es verdaderamente el profeta.” (cfr. Jn 7, 40). Asimismo, en algún pasaje se le pide a Jesús que realice “signos” tal como se esperaba del Profeta esperado: “…¿qué señal haces para que creamos? (…) Nuestros padres comieron Maná en el desierto…”(Cfr. Jn 6, 30-31). Por lo tanto, Juan el Bautista no es el Profeta, sino más bien Elías, mientras que Jesús si responderá al perfil de este profeta esperado.

”Yo soy la voz que grita en el desierto: Allanad el camino del Señor" (Jn 1, 23. Cfr. Is 40, 3). De esta manera, Juan, encarnando esa profecía de Isaías, se proclama a si mismo como un testigo excepcional de Jesús; es el precursor que prepara el camino al Mesías esperado.  La insistencia en responder “No” a cada una de las preguntas sobre si es el Mesías, Elías o el Profeta, nos hace ver que había gente que le atribuía esos títulos; ante los cuales el Bautista se presenta como la “voz en el desierto” que anuncia la llegada de quien será verdaderamente el esperado: “…en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, que existía antes que yo y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.” (Jn 1, 26-27)

 Por último, esta “Betania” donde se desarrolla este episodio, es distinta de la Betania que está cerca de Jerusalén. El significado de este nombre es “casa del testimonio”, lo cual puede tener valor simbólico que indica lo que debe llegar a ser la comunidad, una casa de testimonio. El evangelista concibe su obra como un gran “testimonio” acerca de Jesús de Nazaret como el revelador, el testigo, del Padre. Al final de su evangelio insistirá en este carácter testimonial de su relato: “El que vio estas cosas da testimonio de ellas, y su testimonio es verdadero…” (cfr. Jn 19, 35) “Este discípulo es el mismo que da testimonio de todas estas cosas y las ha escrito…” (cfr. Jn 21, 24)

 

Meditatio: ¿Qué me dice Dios a mí a través de la lectura?

 

         El ejemplo del Bautista debe animar a la comunidad cristiana a presentarse a sí misma como testigo  de Jesucristo. Cada uno puede y debe ser “signo” de Jesús para el otro, imitando la capacidad de desaparecer, como el Bautista. Cada uno puede ser signo útil, pero precisamente por serlo, nadie somos algo definitivo, sino que debemos remitir al Mesías enviado por Dios.

         Ser testigo implica ser previamente oyente, estar atento a la Palabra. Ésta Palabra de Verdad está ya presente: “En medio de vosotros hay uno que no conocéis”, pero hay que permanecer atentos a la escucha. Jesús es la sabiduría escondida que se manifiesta a la humanidad.

         El Evangelio, tal como nos lo presenta San Juan, nos muestra cómo a lo largo de la historia se lleva a cabo un Plan en cuyo centro está Jesús. En este contexto, la comunidad de los creyentes está llamada constantemente a ser testigo de parte de Jesús, quien nos ha dado a conocer el rostro de Dios. ¿Hace visible nuestra comunidad ese rostro con sus propias obras? ¿Vivo hoy y cada día, la verdadera Alegría que litúrgicamente celebramos?

 

Oratio: ¿Qué me hace decirle a Dios esta lectura?

 

         Éste tercer domingo de Adviento es el “Gaudette”, Señor. Tú eres nuestra verdadera alegría, Tú vienes, como nos anuncia el profeta, la voz que grita en este desierto donde vivo.

         Me invitas, Señor, a ser tu testigo, a gritar yo también en medio de mis hermanos que en medio de nosotros, de nuestro mundo, de nuestras cosas, verdaderamente hay Alguien a quien no conocemos; Alguien que es la Luz, porque nosotros hemos de ser, como Juan, testigos de la Luz.

         Haz que sepa “allanar” los caminos ante ti, Señor, para que en este nacimiento próximo ya a celebrar en el tiempo de Navidad, renazca mi fe en ti; y vengas a alumbrar las tinieblas que en mi vida cotidiana intentan apoderarse de mí.  

 

Contemplatio: Pistas para el encuentro con Dios y el compromiso.

 

         Quiero ser “testigo de la Luz”

         Voz que clama en el desierto.

         Él puede más que yo, no merezco agacharme a desatarle las sandalias.


Publicado por verdenaranja @ 10:48  | Liturgia
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